[EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 3 (GRUPO 7)
#17
[personajeinvalido=3367]


La tenacidad impoluta de las almas, aferradas al vano concepto de la vida, vibra en la inhóspita estancia, colmada por una sustancia aeriforme que no deja de arreciar. La vital necesidad de respirar se vuelve infame e ínfima ante el escenario que se cierne sobre ellos. ¿Qué los empuja a continuar? ¿Supervivencia u orgullo? ¿Cólera o miedo? ¿Esperanza o apatía? La dicotomía de la naturaleza humana se torna en motivo de burla para quien los pone a prueba, aquel que se yergue ante ellos con desdén y preeminencia: Landon Coates.

El verdugo.

Aquel uniformado de formidable estatura convertido en el epítome de la arrogancia, en uno de los tantos que se reconocen a sí mismos como los más fuertes, capaces de mostrar la indiferencia más despreciable, de romper los sueños de los más inocentes y ahogar la esperanza de aquellos que anhelan la libertad. ¿Ellos qué son en comparación? Insectos pegados contra la piel en la calurosa selva, la infinidad de partículas de polvo esparcidas por el vasto mundo, el sonido de un solitario pez al nadar en la inmensidad del mar.

Un elefante jamás dedica tiempo a apreciar una hormiga.

Si una de ellas se entromete en su camino, simplemente continúa, así deba pisarla. ¿No es así?

Un parpadeo es suficiente. La mirada se nubla durante un instante, la mente se aferra a conectar imágenes, el cuerpo se tensa repentinamente y los labios se oprimen entre sí ante la incapacidad de emitir vocablos. Cada sentido se atenúa al notar el vacío que se extiende en su estómago. La respiración mengua a vertiginosa velocidad, un sonido atascado emerge desde el fondo de su garganta, obligándola a separar su labios.

Durante un instante todo ha sido oscuridad y después, la mirada chocolate observa el techo del recinto en una posición en la que no recuerda haberse encontrado. El mundo se torna difuso al intentar moverse, percatándose de lo obvio: desde que sus cuellos fueron apresados, unas oscuras y enormes garras se cernieron sobre ellos, sobre sus voluntades.

Un crack llena la silenciosa habitación.

Los labios se separan aún más que antes, temblorosos, la comisura de los orbes se siente acuosa y un grito que no termina de salir se estrangula en su garganta.

”Duele”

¿Qué importa si duele?

”¡Mi espalda!”

¿Qué importa si es su espalda?

”¡DUELE!”

Otra vez

¿Qué importa?

No importa nada. No importa cuando de repente los dientes se presionan entre ellos, apretándose en una resiliencia carente de lógica, un coraje que reverbera en su mirada inyectada en odio y en el hilillo de sangre que chorrea de sus labios al haberse mordido sin darse cuenta. Tampoco importa cuando al instante de haber sido atacada, sintiendo el dolor como una fuente de cordura, su brazo libre, el derecho, gira tres veces a velocidad absurda.

Siente repulsión por aquellas asquerosas manos que se atreven a tocar su anatomía, desea alejarlas, necesita alejarlas. En un movimiento más acostumbrado que consciente lanza un puñetazo que acierta en la muñeca derecha de Landon, aquella que sostiene su hombro. Los orbes chocolate de la fémina se abren con sorpresa al sentir bajo sus guantes el cosquilleo propio de quien actúa impulsada por la violencia.

Ahí está.

La repugnante impresión de entender que con ese tipo de ataques sin sentido no logrará siquiera llamar la atención del elefante en la habitación. ¿Por qué? ¿Por qué la sensación es similar a la de golpear una enorme viga de acero anclada en la profundidad de una superficie firme? El punzante dolor recorre el puño de la amazona, un hormigueo persistente se vuelve irrelevante ante el contraste del segundo ataque ejercido por el marine.


Su pierna.

El rostro de la amazona se desfigura en un gesto plagado de aflicción. Incapaz de gritar a viva voz, continúa apretando los dientes hasta hacerlos chirriar, la conciencia escapa y vuelve al instante, las voces se sienten ajenas y la presencia de todos los afectados en ese lugar se vuelve invisible; un horrible y agudo calambre asciende hasta hacer que todo su cuerpo vibre en un vano intento de escapar del dolor. La acuosa mirada se transforma en una lágrima que cae hacia la superficie al igual que las gotas de sangre que tiñen de rojo el suelo de hormigón.

El cuerpo se siente endeble y lánguido, como si se tratase de un pañuelo raído por el tiempo y las circunstancias, por el uso o el desuso. La cabeza se siente pesada, la mente actúa letárgica y el pecho… ¿Por qué duele tanto algo que no puede sentir con sus propias manos? ¿Por qué se estruja como si hubiera perdido algo? ¿Será el ego? ¿El orgullo? ¿La templanza? La lista se puntúa mientras los vocablos entrecortados de Landon se escuchan como el sonido del agua al descender por un lejano riachuelo.

Aquella repugnante voz solo se ve mermada por el recuerdo de cierto azabache sosteniendo su cuerpo después de verla llorar sin aparente control.

"Eres una guerrera amazona ¿recuerdas?"

Algo en la mente de la fémina empieza a aclararse, no, no solo es su mente; los dedos de su mano derecha se mueven erráticamente, como si se tratase de un impulso involuntario. El pecho asciende y desciende inconscientemente, no se percata en un principio, no hasta que lo hace por una segunda vez. ¿Está… respirando?

"Cuento contigo para que salves mi trasero."

La dulce jocosidad reverbera en sus oídos como si pudiese revivir el momento en el que zarpó de Isla Karate para llegar a Sorbet, donde conocería a varios de sus nuevos compañeros de tripulación, sus amigos… su familia. Los músculos de la mandíbula se relajan un solo segundo al igual que su adolorido cuerpo, como si se estuviera rindiendo, a punto de sumirse en un sueño eterno… hasta que cierta sonrisa es rememorada como un fatídico golpe de realidad. Aquella noche, aquel momento, aquellas palabras…

"Después de todo, confío en ti."

De repente la fémina abre los ojos con fuerza, respira a profundidad y permite que los músculos vuelvan a tensarse. La primera imagen que prima en su campo de visión es la de Landon. Lo segundo que sabe es que su brazo derecho gira una vez  a velocidad absurda.

¿Runin Kitay ha estado a punto de rendirse? ¿A punto de dejarse llevar por la ambrosía de la inconsciencia y, de seguro, posterior muerte?

”¡NO!”

Se dice a sí misma, como si algo rebotase en un golpe seco contra sus propios pensamientos. El brazo gira dos veces más, preparada para contraatacar a una absurda velocidad.

”No será así, no será aquí y, definitivamente, no será contra él.”

No existe tiempo alguno para dudar o elaborar complejas estrategias. Ha pasado toda su vida luchando por sobrevivir, aferrándose a ese concepto frágil y efímero que es continuar con vida… y siempre ha salido adelante. Por ello, incluso bajo esas condiciones, aún con todo en su contra, no hay una sola razón para desconfiar de sí misma.

”Si él… no, si ellos confían en mí, entonces. ¿Por qué no he de hacerlo yo?”

Sin perder tiempo la fémina gira ligeramente su cuerpo hacia adentro, el puño cargado por su fruta del diablo brilla alrededor de sus guantes y por todo el brazo derecho cuando vuelve a alcanzar un segundo puñetazo al antebrazo derecho de su oponente, porque desde ahora se niega a verlo como su captor, aún si está literalmente en sus manos.

Al fin la enérgica voz de la amazona resuena.



—¡DESDE AHORA HARÉ QUE TAMBIÉN ODIES A LAS KUJAS, CARIÑO! ¡¡¡STAR TRIAL!!!

El golpe brilla en medio de ellos. Sus cautivos compañeros han sido atacados anteriormente por Landon, incluso entre ellos -fuera de la mirada de la fémina de mirada chocolate-. Así que ¿Qué posibilidad tienen ahora? ¿Qué pueden hacer contra aquella mole de músculos e irrespeto? ¿Tienen alguna oportunidad?

¿Saben?

Eso no importa.

No importa si le hace o no el daño suficiente. No le interesa si sus posibilidades son nulas, lo único que desea es ver a aquel marine corrupto retorcerse en su propia confianza y arrogancia; porque en cuanto a osadía se trata, aquel cuarteto está muy por encima de Landon Coates; el siguiente en demostrarlo, sin duda alguna, es aquel marine: Akira.



BOLSA DE ESTRELLITAS
[Imagen: MQT49Lq.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 2594 - 1350 = 1244
Energia: 2503 - 98 = 2405
Espiritu: 480 + 0 = 480


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RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 3 (GRUPO 7) - por Runin D. Kitay - 02-04-2026, 02:03 AM

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