[EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 3 (GRUPO 7)
#4
[personajeinvalido=3367]


”¿Por qué me condenas por haberte concedido la libertad?”

La flecha sobre la mesa es observada con la devoción de quien, por primera vez en la vida, tiene ante sí su más profundo anhelo. Extiende la temblorosa mano intentando llegar a ella, dudando de su veracidad, de su existencia, deseando que sea real; mas una mano adulta se cierne sobre sus dedos hasta entrelazarlos con los propios, impidiéndole llegar al tan cercano objetivo. La mirada chocolate asciende hasta encontrarse con verdosos orbes que miran sin ver, que analizan sin juicio o criterio, que esconden desapego, traición y el más profundo desamor.

”Te busqué por amor, no debí haberlo hecho.”

Cada vocablo serpentea desde unos abultados labios hasta los pequeños oídos que prefieren no escuchar. La niña estira con rudeza la mano, busca alejarse a toda costa, pero los largos dedos de la mujer mayor la apresan sin aparente piedad. La pequeña niña desea gritar, tomar la flecha y hundirla en la mano de su captora hasta conquistar por sí misma la ansiada libertad; mas no lo logra.

Está paralizada, inmovil; la mente se atenúa, incapaz de hallar salida, mientras esos oscuros orbes verdes penetran en su mente, sembrando profundo pavor. ¿Por qué? ¿Por qué no puede emitir palabra alguna? El corazón bulle en desbocados latidos que provocan dolorosas punzadas en su pecho. La respiración se quiebra, entrecortada e irregular, al borde extinguirse.

”¿Duele? Espero que duela.”

Los jadeos se confunden con el entorno ,y cada pensamiento que atraviesa por su mente es aplastado a vertiginosa velocidad. Nada florece en su interior.

La mirada baja hasta sus temblorosas manos, solo para percatarse de lo inevitable: todo su cuerpo sufre lo mismo. La piel se eriza, y la sudoración hace mella. ¿Por qué hace tanto frío? No debería hacer frío, no debería sentirse pequeña, no debería sentir la mirada acuosa y un nudo en la garganta, no… no…
Baja la mirada hacia sus manos temblorosas, solo para comprender lo inevitable: todo su cuerpo tiembla igual. La piel se eriza, el sudor aflora recorriendo su anatomía en frías y desesperantes gotas que caen por su frente, la espalda, los dedos, el cuello… ¿Por qué hace tanto frío? ¿Por qué a pesar de ello siente que la piel se derrite? Nota los ojos empañados y un asfixiante nudo en la garganta. Se siente… pequeña.

No… no…

”Si quieres esto, deberás buscarlo por tí misma.

Runin.
”

La flecha se desvanece entre  ambas, y el dolor emerge como un súbito ardor, en la mejilla de la pequeña niña. Aprieta con fuerza los párpados cuando las tenues voces alrededor empiezan a explotar hasta desgarrar el silencio. ¿Dónde está? ¿A dónde fue? La figura de la fémina desaparece en volutas que llenan de desesperación a una Runin que, de pronto, parece haber crecido. Extiende ambas manos buscando algo a lo que aferrarse… pero lo único que queda es el vacío.


¿Cuántas veces se ha repetido ese escenario en su mente? La mayoría de ocasiones han sido sueños difusos de los que despierta sin vacilación; esta vez, en cambio, se ha tornado en una pesadilla tan vivida que, al abrir los ojos, siente continuar atrapada en la inmensidad de su propio inconsciente. Allí, lo único que existe es oscuridad, miedo, y las desconocidas siluetas que emergen como testigos de un escenario del que le gustaría no ser partícipe.

“No sé dónde estamos, pero estoy cagado de miedo, no os voy a mentir”

La mirada oscura vacila en un intento de volver a conectar con la realidad. ¿El golpe en su mejilla no ha sido un mal sueño? No, aún arde. No con la intensidad propia de algo que merezca atención, pero si con la necedad de hacerse presente. Las piezas empiezan a encajar en la mente de la fémina al notar a sus compañeros de ¿habitación? Una idea cruza como un relámpago, sacudiendo el interior de su mente mientras el pecho late descontrolado. Siente el cuerpo pegajoso, porque el temblor de sus extremidades y el sudor derramado han sido reales.

Todo ha sido real… O casi todo.

—¿Ryota? —La palabra escapa pastosa, aguda, apagada; desgarrando algo en el interior de su garganta. No está. No está por ninguna parte. Por un instante deja de respirar, no sabe si es consciente o inconsciente cuando el mar de nombres arrulla su mente. Barald. Tezca. Yuuki. Wyatt.

”¿Dónde están?

¡¿Dónde están?!
”

Una mujer de apariencia conocida aparece en su campo de visión, a unos tres metros de su posición, acunada en el interior de amplias alas azabache; el techo se alza sobre sus cabezas a una altura que no le hace justicia a la fémina. El rubio de extravagante peinado continúa hablando, en un intento por “tranquilizarlos”. ¿Marine? ¿Isla peligrosa?

Nuevas conexiones se hacen presentes, y los últimos recuerdos previos a perder la conciencia la golpean de lleno. Las apuestas, las risas entre el castaño y ella, la victoria, el dulce peso de su serpiente enrollándose sobre su cuerpo después de haberse colocado el abrigo. No están. Ese escenario ha quedado atrás ante la inocencia de pensarse en un parque de diversiones donde disfrutar con sus amigos.

No ha respirado durante esos largos segundos; siente náuseas y la piel del rostro se torna violáceo. Es demasiado que procesar, en especial cuando las manos ascenden guiadas por un terrible descubrimiento, algo que tiene en común con los presentes: un grueso collar de metal alrededor de sus cuellos.

Ella también tiene uno.

El joven marine empieza a dar leves saltitos y los engranajes en la mente de la amazona explotan terminando de entender la situación.

El aire regresa a sus pulmones.

OST



—¡E-ESPERA!

Grita estirando la temblorosa diestra hacia el frente, trata de levantarse pero cae de rodillas ante el apabullante pánico que le provoca arcadas. El mundo da vueltas y el sonido de la desconocida voz vuelve a emerger, listo para buscar explicaciones, una salida. ¿No debería estar haciendo ella lo mismo? Las ideas se contraponen una sobre otra, se siente pálida, frágil, ansiosa… se da asco.

—¡Basta! —Emite para sí misma, con la voz cargada de rabia. Es incapaz de verse a sí misma cayendo nuevamente al vacío, no así, no con la mente en blanco y carente de respuestas. Y mientras el joven golpea la puerta con su propia cabeza, ella logra ponerse de pie, apoyada por la pared a su espalda, aún cuando sus piernas tiemblan como gelatina. El ruido de fondo se retumba seco, y ella respira hondo.

¿Qué importan las acciones guiadas por la imprudencia? No le interesa, no cuando decide sacar sus ocultos guantes, comienza a colocarlos en sus manos  aunque siente que se resbalan entre los sudorosos y temblorosos dedos. ¿Por qué han apresado a un grupo de personas pero les han dejado sus armas? ¿Acaso intentan burlarse de ellos? El coraje bulle mientras la imagen de una flecha aparece en su mente. ¿La libertad? ¿A eso se refiere su retorcida madre? Así como no pidió ser sacada de su isla de procedencia, tampoco pidió ser encarcelada en ese lugar.

No sabe quién lo ha hecho, no sabe cómo lo hicieron, no entiende por qué el miedo recorre sus venas como si de un imperioso venenos se tratase. Así que piensa en lo que siente y sabe: Siente repugnancia hacia su propia cobardía y sabe que va a salir de ahí a buscar a Cardan y a sus queridos compañeros de tripulación. ¿Esperar a ser rescatada? Sabe bien que podría haberlo, pero no es algo propio de ella, no cuando entiende que los demás la consideran más que una persona en apuros.



—¿Acaso has perdido la cabeza, cariño? ¿No sabes lo que tienes en el maldito cuello? ¿Sigues siquiera vivo?

Cuestiona elevando cada vez más la voz, tratando de enderezarse y levantar el mentón. —¡Dije que basta! —Grita del todo cuando golpea sus piernas en un intento de dejar de temblar con tanto ahínco. Es una persona abrasiva, de acciones salvajes y emociones latentes. La ira siempre la ha impulsado y, aunque sus labios no dejen de temblar, se rehúsa a que su personalidad se tiña de debilidad también, es por ello que relamiendo sus labios con parsimonia vuelve a tomar la palabra.

—¡L-Levántense! —Ruge, elevando los puños hacia el frente, preparándose para cualquier tipo de contratiempo, de embestida, porque el miedo no solo provoca que el cuerpo se sienta resentido sino también que la mente espere ataques hasta de donde no pueden aparecer. Aunque claro, ella no es de esperar, por lo que empieza a caminar hacia la puerta.

—¿Tienen algo de información? ¿También iban hacia el New Era Joy Park? ¿Saben qué sucedió? —Entre el enfado, el fuerte latir del pecho y los pasos, comienza a entrar en calor. No le importa quiénes son, sino qué quieren hacer.

—Oye, en serio. ¿Estás bien? —Se acerca del todo para ver bien el lugar de impacto de la puerta. Si incluso un marine está atrapado con un collar de esclavo, es porque no existe oportunidad alguna de libertad sin antes luchar; es por eso que busca cualquier tipo de abertura después del impacto.



—Estás enfermo, marine, me agradas…



BOLSA DE ESTRELLITAS
[Imagen: MQT49Lq.png]


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RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 3 (GRUPO 7) - por Runin D. Kitay - 22-03-2026, 10:10 PM

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