23-02-2026, 06:28 AM
(Última modificación: 23-02-2026, 08:18 AM por Ryota Miyamoto.)
“Bro, hoy en día no se puede confiar en nadie, que mundo tan peligroso…” Pensó el joven de mirada color miel, tras escuchar más de la conversación ajena.
Quizás el misterioso individuo que puso el anuncio, era en realidad un ladrón que deseaba hacerse con el medallón. O también podría tratarse de su legítimo dueño ansiando recuperar el ultimo recuerdo de su hermosa abuela. “Hoy en día ya no se puede confiar en los carteles de extraños… en qué clase de mundo nos encontramos…” Bromeo consigo mismo, para luego notar que un brillo externo se activaba en el suelo.
De inmediato, detuvo su andar abruptamente y deslizó su mirada a los dos hombres en el suelo que no tardaron en reaccionar. ¿Una alarma? ¿En el techo? “Bro, pero esto era robo de chill… que pedo…” No solo ya no se podía confiar en los contratistas misteriosos, tampoco se podía esperar que un trabajo en los suburbios fuera fácil.
Tras notar que los sujetos del suelo no se percataron de su posición, Ryota suspiro aliviado y trató de observar algo que le diera más información, siempre oculto por el borde del techo. “Jefe de seguridad… comienzo a pensar que esto no vale la pena…” Su expresión desinteresada se plasmo en su rostro mientras mantenía la mirada hacia el suelo.
Justo en ese momento pudo notar el característico sonido de las pisadas. Varios hombres parecían dirigirse hasta ese lugar, quizás producto de la alarma.
Ryota no podía creer lo complicada que se estaba poniendo la situación, lo que en principio creyó que sería un trabajo rápido, ahora incluía uniformados y agentes del orden.

“¿Y si mejor me voy a la mierda?”
Llego a pensar inflando una de sus características bombas de chicle. Después de todo, nada le aseguraba poder llevarse el medallón sin luchar antes con los treinta hombres que acababan de llegar intercambiando palabras con los dos que se encontraban allí en un principio.
“Así que, si era una alarma… me pregunto si funcionara con señal de den den mushis…” No dejo de prestar atención a lo que pudiera escuchar desde las alturas. “Almacén 17… y su jefe se encuentra con las cosas…” No necesitaba ser un genio para entender que se trataba de alguien capacitado. Por lo tanto, sería un verdadero dolor en el trasero tratar de tomar el medallón frente a sus narices.
Pese a ello, Ryota mantuvo el sigilo para seguir los pasos de los uniformados, siempre sobre los tejados claro hasta ver que todos se reunieron frente a uno específico. “Debe ser ese.” Concluyo, observando en dirección a donde se reunían todos los uniformados custodiando la puerta del recinto.
En ese momento alcanzó a escuchar una conversación que revelaba información jugosa. Al parecer, en las próximas dos horas comenzarían a cargar la mercancía en una carreta que partiría hacia un puerto privado, donde dejarían la carga. Y una vez allí, sería bastante difícil conseguir dar con el medallón.

“Mmmmmmmmm, no hay de otra… tengo que hacerlo.”
Con decisión en su mirada, Ryota llevó su diestra a los bolsillos de su bermuda y sacó de allí una moneda. “Sello, me largo de aquí a la mierda, cara intento el robo kekeke” Su sensatez le pedía retirarse, pero su ambición y carácter apostador lo impulsaban a arriesgarse en busca del dinero. Así que decidió dejarlo al azar, haciendo una pequeña apuesta consigo mismo.
La moneda fue lanzada al aire, dando varios giros en el aire y cuando cayó en su mano, la fortuna dictaba… “Cara.”
No fue sino hasta que transcurrieron las dos horas que Ryota entró en acción, justo cuando llegó la carroza. Su plan era aprovechar el movimiento del cargamento para evitar adentrarse en la madriguera del oso y dejar que todos los objetos de valor salieran por sí solos.
“Bien, será mejor que me prepare…” De esa forma, Ryota llevó las manos a los bolsillos traseros de su bermuda y sacó un par de guanteletes, junto a una máscara improvisada hecha con una media velada, perforada con cuatro agujeros. Se colocó los guantes con prontitud y ajustó la tela sobre su cabeza. Acto seguido, su cuerpo comenzó a crecer un par de tallas; un espeso pelaje negro cubrió su piel, otros cuatro brazos emergieron, alineándose por encima y por debajo de sus hombros, y en su espalda se formó el voluminoso abdomen de una araña.
Los ahora cuatro ojos de Ryota se abrieron en un tono blanco que observaba el entorno. Había pasado de un ser humano, a un hibrido completo entre araña y humano. “O..o…d..io es…ta… pu…puta… tra…ns…formacion…” Tartamudeó, mientras su cuerpo temblaba arrítmicamente producto del inmenso terror que le generaba estar en esa forma. Sin embargo, por mucho que la odiara, sabia perfectamente que necesitaba aprender a controlar ese maldito poder. “Lo odio, lo odio, lo odio, lo odio…”
INFO
