21-02-2026, 05:36 AM
Los bocadillos se fueron acabando con cada paso dado, hasta llegar a la ubicación marcada en el cartel.
El delicioso sabor dulce en su paladar pronto cambió a uno más frutal, los chicles de fresa fueron el “postre” idóneo para su desayuno vespertino. Durante el recorrido, varias fueron las pompas de chicle que Ryota inflo, contemplando de paso la zona sur de la ciudad, ya bastante conocida para él.
El común denominador de la población era como todas las demás fuera de las grandes ciudades; personas honradas, toscas y sensatas que sabían sudar sus frentes para conseguir las pocas monedas que recibían. A donde los orbes de color miel observaran, solo veían gente produciendo, trabajando y esforzándose por tener un mejor futuro, uno que quizás los llevara hasta esa ciudad podrida en el norte. “No los envidio en lo más mínimo…” Pensó con un semblante despreocupado, sin sentir personales aquellos ajenos ahnelos.
Una vez llegó a la zona señalada en el volante, Ryota percibió de inmediato el cambio de ambiente en comparación con el lugar donde había encontrado el cartel. Allí, varios almacenes se alzaban formando una especie de polígono irregular y se distribuían de manera desorganizada, con distintos tamaños que otorgaban al sector un aire laberíntico.

“¿Dónde choto estoy, bro…?”
Dijo a sí mismo, sin entender del todo por qué la persona que robó el medallón se encontraría en esa zona. Quizás era de esos ladrones que acumulaban, quienes disfrutaban de coleccionar una gran cantidad de joyas antes de venderlas. Solo por esa última idea, continuo su caminar, esperando encontrar a alguien mínimamente sospechoso.
“Capaz habría sido mejor encontrarlo intentando robar a alguien… pero por aquí no hay ni un alma… qué onda con la gente…” Debatía en sus pensamientos, pues lejos de buscar un perfil “discreto” caminaba por medio del camino sin temor a ser visto. Después de todo, infiltrarse en un complejo de almacenes no iba a ser su más grande delito en la isla y justo cuando pensaba ponerse a gritar, sus prodigiosos oídos captaron la conversación de dos personas a lo lejos.

“Waos”
Se quedó de piedra ante la suerte que tuvo, de los nulos personajes allí, justo esos dos sujetos a lo lejos, hablaban de alguien que podría ser a quien buscaba, o podría ser un random cualquiera con otro colgante, pero por lo menos ya tenía un inicio. “Que loco, soy como el mejor puto detective del mundo.” Alabo su suerte para luego hacer lo que cualquier ser humano con dos dedos de frente haría en esa situación.
Buscar resguardo y ponerse a cubierto para mantener su posición secreta.
Al instante, Ryota se deslizó hasta la pared del almacén más cercano y ejerció un impresionante salto que lo elevó 12 metros llevándolo hasta el techo de la edificación. Una vez arriba se agachó, caminando en sigilo una distancia de 15 metros para colocarse justo a 5M sobre el almacén que estaba frente a los dos sujetos que conversaban.
“Si no quieren que nadie moleste, quien soy yo para arruinar su momento. Además, el traslado de la mercancía sonó interesante, quizás podría sacar más dinero de esto…” La ambición del castaño no conocía límites y esperó el momento oportuno, mientras sus ojos dibujaban símbolos de berrys.
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