[personajeinvalido=1089]
Las horas de fiesta pasaban factura y aunque en situaciones más normales fuera una bomba de energía constante, en este momento se me estaba acabando la batería social, todo lo que habíamos vivido en esos días no fue normal. Las emociones se mezclaban dentro de mi cabeza y no sabía ni cómo debía sentirme. Necesitaba parar por un momento y reorganizar mis ideas.
Desde que salí de mi isla natal con el sueño de ser el hombre más libre de todos, no me había parado a pensar en la consecuencia de mis actos, no me consideraba una persona determinista, y desde luego tampoco era alguien que pensara mucho las cosas. Pero desde que era capitán de los Alas Negras sentía una responsabilidad tremenda, no sólo con los míos, sino con todos los que tengan sed de libertad.
Aún seguía dentro de aquella taberna, sentado en uno de los muchos bancos de madera húmeda y con los codos apoyados sobre la mesa que tenía delante. Aquel banco no era extremadamente cómodo, pero al menos era de mi tamaño. Al estar perdido dentro de mis pensamientos, no me había dado cuenta de que un hombre con alitas pequeñas me estaba pegando unos molestos empujones en el hombro. Giré levemente mi cadera y le miré de reojo, parecía enfadado por algo, pero más vale pedir perdón que pedir permiso, así que agarré una botella de cristal casi vacía que tenía justo enfrente y le golpeé con fuerza la cabeza. No era el método más convencional para que te dejaran en paz, pero sí uno de los más rápidos. Aquel hombre cayó al suelo como un tablón de madera, provocando un fuerte y seco golpe contra el suelo, y por unos segundos se hizo el silencio en la taberna. Volví mi vista al frente y vi cómo Triana no me quitaba ojo, los dos sabíamos que es lo que iba a pasar. Asentí con la cabeza y se pudo ver claramente cómo se dibujaba una sonrisa en su rostro.
Como una centella, Triana se impulsó hacia el techo usando la mesa que tenía delante, se colgó con ambas manos del enorme candelabro polvoriento que colgaba del mismo, y con la energía del movimiento salió disparada hacia un Lunarian que, sin esperarlo, probaría el terrible dolor que es que te claven dos tacones de diez centímetros en el pecho. Aspros se levantó de su asiento y, como si le hubieran ofendido el orgullo, tiró el contenido de su copa contra un grupo de personas aladas, para recibir cada uno de ellos un doble tortazo “SacaMandíbulas” con doble tirabuzón justo después. Jolyne se convirtió en un monstruo jurásico horrible y desapareció de la vista de todos, al igual que muchos de los que estaban en la trifulca. ¿Se los estaría comiendo?
Yo en cambio me levanté de mi asiento y me dirigí con paso firme hacia la puerta, necesitaba tomar el aire y mis muchachos ya no me necesitaban, se lo estaban pasando bien. Tras esquivar un par de sillas, salí al exterior y caminé unos pocos metros, dejando el local y el ruido de la batalla a mis espaldas. Entonces escuché una voz, era de Garnet, y decía que se había quedado buena noche, cambié mi rumbo y me senté a su lado, para luego tumbarme sobre el suelo y pasar mis manos por detrás de mi cabeza, aspiré todo el aire que pude y lo fui soltando poco a poco.
-La verdad que sí es. Oye, se está armando la de Voi D. Rowned ahí dentro, por si te quieres unir a la pelea. Que por cierto, tienen que estar los Shogun Gari por ahí dentro… bueno, se apañarán kikikikiki. -reí calmado.
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