[Pasado/Social] Welcome and trap
#5
Todas sus reacciones me hicieron plantearme que qué fue lo que vieron el uno en el otro. Gwendolyn tan tranquila, tan calmada, tan pensativa y filosófica. Owen, por el contrario, era enérgico, era todo un desastre con patas según parecía. ¿Cómo dos personas tan diferentes acaban juntándose? Nunca me lo planteé con mis padres. Siempre estuve metida en mi propio mundo, escuchando las historias tan interesantes que mi abuelo me contaba—. Dime, Owen, ¿no tendrás complejo por el gran poder que esconde Gwen y temas quedarte atrás? —busqué chincharle. No lo decía genuinamente en serio. Sabía, o creía saber, que por lo menos en el corazón de Gwendolyn un sentimiento de inferioridad no era algo que se pudiese plantear. En ella todo era bondad y buen corazón, o al menos eso me había demostrado—. ¿Un mercado de frutas? —reaccioné con gran curiosidad. Es cierto que en mi cabeza no existía demasiado la posibilidad de comer una de esas abominables cosas pero… la curiosidad mató al gato. En este caso, el gato soy yo y la curiosidad es una fruta del diablo—. Hombre, por echar un ojo… —y ahí esbocé una media sonrisa, de esas que buscan un cómplice. ¿Hipocresía? Tal vez. Tal vez en mi interior había un gran dilema. Había visto a Rosse, a Gwen, a Varo, a todos mis compañeros del Cabaret y ahora a todos aquellos de la Mano Vacía con extrañas frutas que otorgan poderes. ¿Cómo no iba yo a tener interés? Todo con afán médico, por supuesto… ¿no?

Ante su advertencia, no esperé respuesta. Nunca lo hago cuando el ambiente empieza a oler a lío, a sudor viejo y a decisiones que se toman en segundos, aunque supuse que ese olor venía de Owen. Desde su hombro sentía el latido acelerado bajo la piel, tal vez de miedo, o no exactamente, quizás de estar en alerta viva. Me acomodé mejor, enroscando la cola a mi alrededor—. Relájate, héroe —murmuré—. Si nos matan aquí, no podrás volver con tu Dulcinea —pero para cuando me quise dar cuenta, ya era demasiado tarde. Estábamos en un extraño antro. Ojalá supiera de qué se trataba con exactitud pero... imposible.

Aún en su hombro, me deslicé hacia atrás, bajando por su espalda con cuidado, usando la tela de la chaqueta como apoyo hasta tocar el suelo sin hacer ruido. Mis pies apenas dejaron rastro en la madera. Me moví despacio, consciente de cada crujido, de cada vibración que subía desde el suelo como un pulso constante. Para mí eran un mundo, aunque tal vez para gigantes como Owen, era algo imposible de percibir. Aquello no era solo un almacén. Me acerqué a los estantes altos, demasiado altos para mí, claro, pero nada que con un salto no pueda alcanzar. Subí con agilidad, o más bien con gracilidad. ¿Ahí arriba? Maquillaje. Blanco, rojo, negro. Grueso. De escenario.

— Te va a encantar esto —dije en voz alta, sin mirarlo. Me manché los dedos sin pudor y dibujé una línea rápida bajo mis ojos, exagerada, casi tribal. No por estética. Tal solo por la gracia. Cerré la caja y la empujé de vuelta con el pie, dejándola caer al suelo con un golpe seco.

El ruido fue deliberado.

Las voces al otro lado de la puerta cambiaron de tono. Más cerca. Más tensas.

— Vale —dije en voz baja—. Cuidado, se acerca nuestro ansiado público.

Salté desde el estante hacia una cuerda gruesa que colgaba del techo. Se balanceó con un quejido viejo, pero aguantó. Avancé por ella hasta situarme justo encima de una mesa, o más bien un tocador, cubierta de telas, copas falsas, restos de lentejuelas. Desde allí tenía una vista perfecta del lugar. Tiré de la cuerda con fuerza y algo cedió. No sabía qué. No me importaba. Una de las paredes falsas se movió apenas un palmo, lo suficiente para que una ráfaga de luz cálida y música explotara dentro del almacén como una bofetada. Trompetas, palmas, una voz grave cantando algo imposible de entender pero imposible de ignorar.

— Ahí está —sonreí, con los dientes—. El corazón del monstruo.

La puerta metálica vibró. Golpes. Una voz malhumorada al otro lado. Me dejé caer de la cuerda de vuelta al hombro de Owen justo cuando uno de los focos parpadeó y se encendió de golpe, apuntando directo a la mesa. Me cubrí los ojos un segundo, evitando cegarme (algo había aprendido de estar con Rosse)—. Demasiado tarde para irse —murmuré—. Ahora toca improvisar. Espero que hayas aprendido algo del Cabaret. Que Gwen se sienta orgullosa de ti.

La puerta empezó a abrirse. Yo abrí los brazos, respiré hondo y dejé que la música me recorriera la espalda. Entraron tres figuras. La primera fue imposible de ignorar. Un hombre ancho hombros, con una camisa abierta hasta donde la decencia ya no vivía y un chaleco lleno de lentejuelas pasadas de moda. Tenía bigote engominado, sonrisa torcida y esa expresión de quien cree que controla la habitación incluso antes de mirarla. En una mano llevaba un bastón fino, más decorativo que útil; en la otra, un cigarro a medio consumir. Detrás de él, dos matones más silenciosos, más grandes, con brazos como jamones y miradas entrenadas para no sorprenderse por nada… aunque fallaron un poco al ver el lugar.

— … —el hombre del bastón se quedó quieto un segundo, ladeando la cabeza—. ¿Qué cojones…?

Me enderecé despacio sobre el hombro de Owen, acomodándome como si aquel fuese mi escenario natural. Dejé que la cola se moviera sola, lenta, distraída, rozándole el cuello solo un poco. No por necesidad. Por efecto—. Vaya —dije, alzando la voz lo justo para que se oyera por encima de la música—. Esto no es el camerino que pedí, pero tiene encanto. Le faltan flores.

Uno de los matones dio un paso adelante. El otro lo detuvo con una mano en el pecho. El del bigote chasqueó la lengua, divertido ahora. Sus ojos recorrieron el almacén, luego subieron… y subieron… hasta detenerse en Owen—. Eso no estaba en el inventario —comentó, exhalando humo—. Ni tú, ni… —me miró de arriba abajo, o más bien me miró, punto— tú tampoco —golpeó el suelo una vez con el bastón—. Este es un espacio privado. Backstage. Personal autorizado —sonrió—. Y vosotros tenéis pinta de muchas cosas, pero no de artistas contratados.

Incliné la cabeza, teatral. Abrí los brazos como si fuera a empezar una función—. Qué pena. Porque justo estábamos ensayando —respondí con ironía—. Improvisación, para ser exactos. Muy exclusiva. Así que tienes dos opciones —continué, con una sonrisa—: o haces como que no nos has visto y vuelves por donde has venido… o te quedas, te sientas y disfrutas del espectáculo.

El hombre soltó una carcajada grave, de esas que nacen en el pecho.

— Me caes bien, muñeca —dijo—. Demasiado —alzó dos dedos. Los matones se abrieron ligeramente, bloqueando la salida—. Pero esto no es un teatro. Es Whiskey Peak. Y aquí, cuando alguien entra donde no debe… —dio una calada lenta, replanteándose sus palabras— suele pagar entrada —algo me decía que empezaba el espectáculo. La pregunta era: ¿qué tipo de espectáculo?
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[Pasado/Social] Welcome and trap - por Alana Sahiba - 10-12-2025, 01:24 PM
RE: [Pasado/Social] Welcome and trap - por Owen Yang - 11-12-2025, 03:28 PM
RE: [Pasado/Social] Welcome and trap - por Owen Yang - 15-12-2025, 09:29 PM
RE: [Pasado/Social] Welcome and trap - por Alana Sahiba - 16-12-2025, 03:26 PM
RE: [Pasado/Social] Welcome and trap - por Owen Yang - 18-12-2025, 07:32 PM
RE: [Pasado/Social] Welcome and trap - por Owen Yang - 26-12-2025, 12:28 AM
RE: [Pasado/Social] Welcome and trap - por Owen Yang - 29-12-2025, 01:39 PM

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