![]() |
|
[Pasado/Social] Welcome and trap - Versión para impresión +- Nakama no Mi - Foro Rol de One Piece (https://nakamanomi.com) +-- Foro: Mundo (https://nakamanomi.com/forumdisplay.php?fid=3) +--- Foro: Grand Line Paraíso (https://nakamanomi.com/forumdisplay.php?fid=227) +---- Foro: Corriente Rakusei (https://nakamanomi.com/forumdisplay.php?fid=148) +----- Foro: Whisky Peak [Primera isla] (https://nakamanomi.com/forumdisplay.php?fid=149) +----- Tema: [Pasado/Social] Welcome and trap (/showthread.php?tid=2723) |
[Pasado/Social] Welcome and trap - Alana Sahiba - 10-12-2025 El sol estaba cayendo sobre Whiskey Peak como cada día, al menos desde que llegamos a la isla después de aquel terrible desastre en los Cabos Gemelos, derramando su color sobre toda la arena dorada que hacía que la isla brillara como si estuviera ardiendo por dentro. Yo caminaba calle arriba como cada día, por uno de esos caminos estrechos (aunque para mí era como una amplia vía) que sube en zig-zag, recogiendo mi famoso mechón rebelde detrás de la oreja mientras observaba a la gente demasiado sonriente. Demasiado amable todo. Ya había visto lugares así: cuando todo el mundo se muestra encantador, es que alguien quiere algo o que alguien esconde algo. No lleva ni diez minutos allí cuando lo noté. Pasos que no coinciden con los míos. Cambio de ritmo cuando yo cambio de calle. Una vigilancia torpe, pero vigilancia al fin y al cabo. No acelero pero no me vuelvo. Doblo la calle hacia un callejón lateral y ella me meto, como quien se equivoca de camino. Y ahí aparecen. ¿Quién? No lo sé. Uno me corta el paso por delante, un tipo alto, piel quemada por el sol, pañuelo azul en la cabeza. Otro por detrás. Ni disimulan. Ni falta que les hace. Suspiro muy hondo, como quien está cansada del mundo entero. Pongo las manos en las rodillas un segundo, aparentando resignación, inclinándome ligeramente. El del pañuelo se acerca, creyéndose con la partida ganada. Levanto la mirada despacio, como si quisiera verle bien la cara… y cuando él ya está demasiado cerca agazaparse sobre mí, le meto un puñetazo en la rodilla que le corta la respiración de golpe. El hombre cae de rodillas, con un bufido. El segundo empieza a avanzar, más cabreado que listo. Las salidas del callejón están bloqueadas, no hay escapatoria rápida. La situación se complica justo cuando Alana alzo la vista hacia la calle principal buscando una opción mejor… y me quedo quieta porque reconozco un rostro, al salir de Samba, en la torre, con Gwen. Él está ahí, ajeno quizá a que estoy en una situación incómoda con un matón acercándose por detrás. No grito. No lo llamo. No intento arrastrarlo a la escena. Solo sonrío hacia él, ladeando un poco la cabeza con descaro, mientras el otro matón sigue acercándose. — Vaya forma de de recibir a la gente de fuera, ¡y más aún: ¿qué formas son estas de tratar a una dama? —dije con un tono ligero, como si todo fuese un mal chiste y no un problema real. El tipo que venía por detrás no tuvo ni tiempo de contestar. Di un paso al lado, apoyé la mano en la pared para impulsarme y le enganché la cola con un barrido rápido. Cayó de espaldas contra el suelo duro, soltando un gruñido que ni su madre habría entendido. El otro, el del pañuelo azul que aún se estaba recomponiendo del rodillazo, apenas tuvo ocasión de levantarse antes de que le pusiera la planta del pie en el pecho y lo empujara hacia atrás. — Ya, ya, que tengo prisa, no me hagáis perder más tiempo —bufé, sacudiéndome la falda como si solo me hubiera rozado el polvo del camino. Los dos se quedaron inmóviles durante un segundo, mirándose entre ellos, hasta que mi mirada se deslizó hacia la figura que estaba al final del callejón. De todas las personas que podría encontrarme en Whiskey Peak, él no estaba en la lista… pero la vida tenía ese humor retorcido que siempre me perseguía, como si quisiera recordarme que el Cabaret nunca apaga sus luces. Le dediqué una sonrisa pequeña, ladeando un poco la cabeza. Aprovechando la confusión de aquellos dos, me deslicé hacia la calle principal. ¿Se acordaría de mí? Salté sobre mi hombro con total confianza. Mejor llevarme un manotazo de alguien a quien yo he asustado, a tener que rendir cuentas con alguien que no sabe tratar a una dama de inicio—. Owen… cuánto tiempo. ¿Te acuerdas de mí? —Mi voz sonó suave, casi divertida, como si no acabara de dejar a dos idiotas en el suelo. Ellos, al ver hacia dónde miraba, se encogieron como perros mojados. Retrocedieron de inmediato, llevándose de golpe toda la chulería con la que habían entrado. Yo solo levanté una ceja, disfrutando el cambio de actitud pero me centré en mi nuevo compañero. — No sabía que tú también siguieras en un sitio como este —añadí, si es que no me había mandado volando con total confianza—. ¿Gwendolyn también está por aquí? RE: [Pasado/Social] Welcome and trap - Owen Yang - 11-12-2025 ![]() -Dónde cojones podrá estar Uker y Maki. No he vuelto a ver a Jensen, ¿Le habrá explotado el percutor del arma en la cara? Tiene el gatillo muy flojo ese tío.-
El pelirrojo hablaba en voz baja aunque un poco para sus adentros, ya que nadie se encontraba a su lado. Ambas manos yacían en los bolsillos de su característica y llamativa chaqueta roja de enorme cuello, mientras sus orbes celeste brillante viajaban en direcciones aleatorias. Arriba, abajo, izquierda y derecha, como quien está encontrando respuestas en cualquier posición de su mirar. Su andar se notaba pesado, algo molesto por el calor de lo que resultaba ser Whiskey Peak, en ese aspecto tan estrafalario que parecían empezar a tener las islas dentro del Grand Line, tierra que muy pocos habían parecido ser capaces de aventurarse en la vida. Tampoco sabía cómo exactamente iba a poder ser capaz de salir de la misma, pero una cosa es segura: Ahora, que tenía a Gwen de su lado, todo podía pesar un poquitito menos. Se había recuperado de la mayoría de las heridas sufridas en los acontecimientos semanas atrás, incluso, pudiendo quitarse el parche del ojo que su doctor, Kiyoshi, le señaló: "Solo los tontos no siguen las indicaciones de un médico. Te quedas el parche así no te haga falta", y bueno, alguien tan inquieto como el pelirrojo jamás contaba los segundos para poder tener habilitada la visión de ambos orbes. Mientras su vista iba en múltiples direcciones, en un determinado momento, sus ojos fueron hacia abajo. Había...algo.
![]() -¿?-
Pudo sentirlo, gracias a su excelentísimo oído, unas pisaditas tan pequeñas pero consistentes que era imposible que no le llamasen la atención. Detuvo su marcha para verla andar y que se le adelante, siguiéndola con los ojos. Parecía humanoide, pero tenía una cola larga, esponjosa, de la misma tonalidad que su cabello que, decorada con dos lacitos, le hacían llamar incluso más la atención debido a su gran cantidad de adornitos dorados -¿Qué...es...- pero se distrajo -¡!- automáticamente, ya que recibió un empujón provocativo, de quien está desesperado por superar a otro, chocándole y haciendo que se centrase en lo primero que divisaron sus ojos: Un pañuelo azul en la cabeza -¿Qué cojones...?- la intriga invadió al pelirrojo y su ceño, automáticamente, se frunció y aquel animalito-humano que se notaba que se percató de la presencia de, ahora, otro individuo más que se aproximaba a ella. Resultaba sumamente evidente, a simple vista y por lo cargado que estaba su caminar, que no había para nada buenas intenciones para con ella -...voy a ver qué ocurre.- no debía meterse en los problemas que no le incumben, era la primera regla de la calle, pero el muchacho, ciertamente y desde la existencia de Gwen en su vida, había cambiado mucho. Hicieron contacto visual, uno en donde vio el rostro de alguien que empezó a resultarle sumamente familiar. Ella le sonrió, como si estuviese en control total de una situación que se veía, a todas las luces, como una pequeña persecusión -...ella es...- Un desvío, uno de esos que se nota que están hechos a propósito por el miedo y la incomodidad -...se viene.- el chico se detuvo, ya que vio cómo parecían estar pendientes de lo que hacía la chica-animalito pequeña y, el muchacho, sabiendo perfectamente lo que ocurre en las calles al haber vivido dieciocho años entendiendo sus códigos, no dudó en colocarse como bloqueo propio del mismo al observar que, aparentemente, deseaban arrinconarla por motivos desconocidos. Todos los acontecimientos vividos hasta ahora, ciertamente, habían hecho de Owen un chico impresionantemente más fuerte de lo que era de cuando salió de Isla Tamanegi, pero nada parecía compararse con aquella chica que tenía un vozarrón impresionante, como si sus cuerdas vocales fuesen las de una persona de "tamaño normal". En un abrir y cerrar de ojos, la chica actuó; Justamente, por ser tan pequeñita, resultaba hasta sencillo hacerle daño a cualquiera casi sin que pudiese darse cuenta en lo más mínimo -¡!- y, viendo como ambos monigotes acomplejados aún estaban intentando recuperar la compostura, la expresión de la muchacha, desafiante y valiente, vino directamente hacia él. ![]() -¡! ¿¡Me vienes a pegar!?-
La expresión del chico se vio excesivamente sorprendido. Saltó encima y, sonriente y desafiante, se posó justo sobre su hombro y, finalmente, se presentaba -¡Espera! ¡Tú eres...- tenía su vista desviada hacia su hombro izquierdo que, cargando un poquitín de peso, pudo divisarla mucho mejor -...estabas en el barco de los Cabaret hace meses!- se acordaba de ella, resultaba imposible que no destacara por sobre todos con ese tamaño tan diminuto pero aspecto tan curioso. Incluso, resultaba ser muy bonita, aunque tuviese esa nariz recta y redondeada -Quería revisar un poco los mercaderes de por aquí y sus rutas comerciales. Al parecer, el mandamás de todo esto es el dueño del banco de la ciudad. Estoy buscando a mi tripulación también.- contestó con una sonrisa ladina, mientras observaba a aquellos maleantes que, incómodos, abandonaban la situación tan patética en la que los había dejado la mujercita compacta -Algo que suele pasarle a Gwenchi es que,- miró hacia el frente, solo pudiendo divisarse los distintos tropeles de personas yendo y viniendo, comenzó a andar mientras dirigía su total y completa atención en la "chica muy chica" -como suele llamar mucho la atención por parecer un angelito, ser extremadamente linda y tener una suerte delirante,- ahora, miraba hacia el frente, esbozando una sonrisa que marcaba esos largos colmillos -la gente la detiene y suele pedir como milagros y cosas así. Para más inri, ¿No has visto que ella es muy religiosa?- aunque, ciertamente, con el devenir de los acontecimientos ha dejado de serlo y mucho -Entonces es como el paquete completo. Milagrosa, hermosa, angelical, religiosa, y todas las cosas que terminen en osa que se te puedan ocurrir.- pero, ahora, el que tenía dudas era él -Espera, tú no viniste en el barco de los Cabaret con nosotros.- justo se había percatado de ello, sin detener ni un ápice su marcha mientras "caminaban juntos" y le miraba fijamente a los pocos centímetros de diferencia de la cabeza pequeña de la muchachita -¿Cómo te llamas? Gwen me habló de ti, pero eras...¿Ariana? ¿Amira?- su rostro se retorcía, cerrando uno de sus ojos mientras la arteria del cuello se marcaba por la tensión de forzar un recuerdo lleno de bruma. Aquello sí le había llamado mucho más la atención, ¿Porqué no habían viajado juntos? -Ahora que me acabo de acordar, estabas...sobre el hombro del tipo que me sugirió capturar a alguien fuerte y pedirle al Pawurs ese que le quite su fruta del diablo, la de los poderes, esa.- aquello, como un flechazo, voló a su cabeza, dejándole la vista perdida -...de hecho,- su mirada, vuelta al frente pero con una evidente expresión pensativa, apareció -por eso estoy buscando información por aquí. Estoy detrás de la fruta más fuerte que pueda existir, o de quien la tenga.- si ella decidía acomodarse en su hombro mejor, así estuviese sentadita como un pájaro o aferrada a su cuello para evitar que se caiga -Incluso el tipo ese decidió sacársela, ¿No? ¿No es una locura? ¿Su fruta era una mierda, o qué?- Owen pecaba de ser brutalmente honesto y expresivo, pero bueno, era el primer paso para entablar confianza con quien podría ser alguien fundamental en su vida. Y una invitada de su futura boda, claro está.
RE: [Pasado/Social] Welcome and trap - Alana Sahiba - 12-12-2025 Lo miro desde su propio hombro, con las piernas cruzadas como si me hubiera subido ahí toda la vida; empezaba a acostumbrarme a hacerlo con absolutamente todas las personas, lo cual era un tanto peligroso, lo sabía, tarde o temprano alguien me pegaría a mí. Mas cuando Owen soltó ese “¿¡Me vienes a pegar!?” casi me atraganto de la risa, llevándome una mano diminuta a la boca. — ¿Pegar a ti? Por favor… si quisiera pegarte lo sabrías —le respondo con esa naturalidad descarada que me sale sola, inclinándome un poco hacia adelante para observarle el rostro más de cerca, intentando además entrar en su campo de visión. Está distinto, pero no tanto. Tiene ese brillo inquieto en los ojos, los Cabos Gemelos nos marcaron a todos, supuse. Entonces recordé a una de aquellas bestias de cuyo nombre no quería acordarme llamándole gritón y mi siguiente pensamiento de “tiene razón”. Segunda risa que tuve que contener. Mientras él hablaba, yo me acomodaba mejor sobre su hombro, recolocando un tirante que se me había caído durante la pelea de hace un momento, como si arreglarme la ropa fuera prioridad absoluta en mitad de aquel calor insufrible. El sol me cae fatal, pero finjo que no. Miré en la dirección en la que habíamos abandonado a aquellos matones. Pero cuando menciona a Gwen, no sé si reír o suspirar. Opto por un punto medio. — Sí… llama la atención, y tú también, tal para cual —comenté, ladeando la cabecita, observando las direcciones en las que mira, cómo se mueve, cómo carga los hombros. Empecé a preguntarme cuánto se apoyarían el uno en el otro como pareja. En toda mi enana vida nunca había pensado en lo que era el amor, no el amor romántico, ese con el que dices “Quiero compartir toda una vida al lado de alguien”, aunque supuse que mi gran amor siempre había sido la medicina—. Que la paren por “milagros” no me sorprende. Yo también le pediría uno si supiera que no corro el riesgo de que en cualquier momento me pise —agrego con un gesto que imita perfectamente el pisotón imaginario, en referencia tanto a mi escueta estatura y su nula visión. Entonces empieza a mezclar nombres, y eso me saca una carcajada sincera—. Ariana, dice… —le doy un golpecito con la punta del pie en el cuello, suave pero lo bastante claro para que se note la protesta—. Alana. A-la-na. Lo vas a aprender aunque tenga que tallártelo en el hueso. Yo creo que con una pequeña incisión justo aquí… Alzo las cejas, buscando su expresión ante mi broma, pero cuando empieza a conectar historias sueltas del pasado, mencionando al Cabaret, las frutas del diablo, y ese nuevo descubrimiento sobre querer encontrar obsesión “la más fuerte”. Me estiro como un felino pequeñito, apoyando las manos en su clavícula para incorporarme un poco. Aquel día no le di demasiadas vueltas a todo lo que estaba pasando. Solo quería salir de allí con vida; con mi vida, la de Dong y la de todos mis compañeros del Cabaret. — Cariño… hay gente que busca oro, hay gente que busca fama… y luego estás tú, que pareces querer ir directo a la boca del lobo porque… —chasqueo la lengua—, ¿por qué eres así? Estoy segura de que si te digo que hay un monstruo durmiendo bajo una piedra, tú vas y la levantas a ver qué tal le huele el aliento. Me dejo caer de nuevo sobre su hombro, ahora boca abajo, con el mentón apoyado en él, observando el suelo moverse bajo nosotras mientras él sigue caminando. Mis pies se balancean en el aire, despreocupados. Aunque no lo estoy tanto: lo que dice sobre buscar esa fruta me despierta algo entre curiosidad y cautela. — ¿Y si la encuentras? —pregunto, con voz bajita, casi seria por un instante—. ¿Sabes lo que hace la gente con poder cuando no sabe llevarlo? Porque yo no, desde luego —me incorporo de golpe, como si ese pequeño momento reflexivo hubiera sido un error mío—. Y nunca viajé con vosotros porque, para empezar, no soy equipaje —subo la barbilla con orgullo casi teatral. Mentira: dolor y pena disfrazado de orgullo—. Y para seguir, quise ayudar al tipo que quiso sacarse la fruta, iba a ser algo temporal pero… he encontrado gente más afín a mí. Con un saltito corto, cambio de postura en su hombro, quedando ahora de lado, la cola moviéndose despacio para equilibrarme. El calor aprieta y me abanico con una oreja del cabello, marcadamente molesta—. Aún pienso en ellos, no me malentiendas, todo está bien por mi parte al menos. Solo sentí que cada uno encontró su propia ruta —y esas eran en ocasiones las despedidas más dolorosas. Ashwin había dolido, más por mi propio orgullo que por lo que realmente fue el alejarse de alguien así. ¿El Cabaret sin embargo? Oh, el Cabaret. No sentía que todas sus luces se hubiesen apagado para mí. — ¿Qué isla tan horrible para llevar falda, de verdad… —murmuro, y de inmediato, en un vago intento por olvidar ese asunto y vuelvo al tema que realmente importa—. Pero bueno, ya que estamos, puedo acompañarte. No quiero que te pierdas. Los hombres grandes veis el mundo desde muy arriba, y claro… se os escapa lo evidente. Señalo el suelo con un dedito pequeñísimo, como dejando claro que “lo evidente” soy yo, o un chicle en el suelo. — Además —y aquí mi sonrisa se volvió más traviesa—, si estás pululando por ahí y tus ojos están ocupados buscando a saber qué, o peor aún, buscando una fruta poderosa, alguien debería vigilar que no te caiga un ladrillo del techo. O un matón del callejón. O un pájaro despistado. No sé, cualquier cosa parece atraída hacia ti. Me giro una vez más, buscando a nuestra espalda aquellos matones que me había encontrado en un inicio pero al no divisar nada, volví a la postura original sobre su hombro, totalmente instalada ya como si fuera parte del atuendo ajeno. La cola se balancea, suave pero vivaz, marcando mi buena disposición. La verdad… la compañía no estaba nada mal. Y yo tampoco—. Y opino que es una locura quitarse una fruta tanto como comérsela. Aprecia un poco tu vida, ¡locuelo! O de lo contrario Gwen se pondrá muy triste por tu culpa; y me sé de una tripulación pirata que no tendrá reparo alguno en golpearte si la haces infeliz: con anillo en mano o no, votos pronunciados o no. RE: [Pasado/Social] Welcome and trap - Owen Yang - 15-12-2025 . Alana. A-la-na. Lo vas a aprender aunque tenga que tallártelo en el hueso. Yo creo que con una pequeña incisión justo aquí…
![]() -¡NO, NO! ¡Ya me lo sé, no me mates!-
Porque ahora, la reconocida como Alana, tenía a Owen objetivamente hablando a su merced: No solamente estaba sobre su hombro como si se tratase de un loro, sino, que tenía la arteria principal de su cuello a tiro para poder hacer lo que sea y, si bien el muchacho era estúpidamente valiente, había que reconocer que estaba a merced de la muchachita. Ella resultaba ser visualmente curiosa, porque era muy bonita, con una nariz recta, redonda y una cola de ardilla marrón en la que, de vez en cuando, el pelirrojo sentía los roces de la misma sobre el cabello y cuello. Lo curioso, mientras andaban, era el comentario sobre lo que el pelirrojo podría considerar como peligroso o como no, incluso, la propia chica entendía los peligros de buscar algo tan objetivamente insensato y difícil de obtener como "la fruta más poderosa de todas", "Si te digo que hay un monstruo debajo de una piedra, seguro que la levantas para ver a qué le huele el aliento" -Si el monstruo tiene la fruta más poderosa del mundo, meto la mano adentro de su boca y se la saco.- sonreía con desafío mientras la miraba, esbozando esos colmillos que tanto le caracterizaban al chico. Sus preguntas eran...interesantísimas, muy, mucho. No detenía su marcha ni un ápice de segundo y ella, acomodándose sobre su hombro, demostraba que resultaba ser alguien sumamente inteligente y que se debate las cosas en multiplicidad de ocasiones. El muchacho, debido a ser alguien tan emocional e hiperactivo, tenía sus momentos de introspección cuando las situaciones escalaban a límites ya peligrosos, pero ella...le asaltó con exactamente la misma duda que él tuvo al querer buscar "ser más fuerte": — ¿Sabes lo que hace la gente con poder cuando no sabe llevarlo? Porque yo no, desde luego —
![]() -...es uno de mis miedos más grandes, sí.-
Miraba hacia el suelo, ya que no sabía si ella se refería a exactamente lo mismo que podía sentir Owen al respecto; Un poder tan abrumador, tan descontrolado, que solamente provocaría daño y terror en aquellos que se cruzasen por su camino, o, incluso, algo mucho peor -Ser tan poderoso que sea temido por buenos y malos por igual. Es como si querer detener a los malos, también, significara intimidar a los buenos. Tal vez...no existirían los buenos, si no hubiesen malos. No sé. Agh.- Su análisis no estaba demasiado errado pero, muchísimas veces, el muchacho evitaba sobre-analizar las situaciones simple y llanamente porque, a largo plazo, estas se volvían bloqueos y miedos que solo le evitaban progresar hasta los caminos en los que él deseaba transitar. ¿Eso era malo? Para nada, ¿Inmaduro? Un poco, pero la muchachita tenía personalidad, mucha, dejándole bien en claro que era un miembro de la tripulación tan o más capaz que cualquiera de los que habría habido en los Cabaret hace un tiempito, aunque este hubiese cambiado de integrantes con mucha velocidad mientras escuchaba sus motivos. Gracias a los excelentes oídos del muchacho, detrás de ellos, ahora, podía volver a escuchar ciertas pisadas que parecían moverse rítmicamente, casi de la misma manera que las había escuchado antes al perseguir a la pequeña mujer -...entiendo, cada uno va a su bola.- aquella frase, si bien la escuchaba, fue dicha casi como para "intentar prestar atención" a sus palabras, cuando, ciertamente, desde su lado izquierdo, miraba con el rabillo del ojo y entrecerrando los mismos hacia un lado. El caminar, detrás de ambos, se había vuelto igual de sospechoso. -A partir de ahora no dejarás que me mate ni me atrape nadie. A mi no era...- y, mientras respondía sobre las posibilidades de que Owen termine aplastado por un yunque o asesinado a cucharazos por un loco en Whiskey Peak, cambió su tono de voz a uno fuerte, estruendoso, para buscar ser escuchado por aquellos que estaban siguiéndoles otra vez mientras ladeaba su rostro sin mirar atrás -...a la que estaban persiguiendo antes.- buscaba que le escuchasen, de la misma manera que, la mujercita remataba: "Es una locura quitársela, como comérsela" -Puede ser. Aunque quisiera ver el mercado de frutas que tienen por aquí.- era una cochina mentira, no existía nada así en Whiskey Peak o, al menos, el pelirrojo carecía totalmente de los conocimientos sobre un negocio así (Aunque Pawurs y el mono fiestero, en aquella torre, le hubiese mencionado de su existencia) -Vamos.- y, comenzando a acelerar el paso mientras su mirada yacía al frente, sin inmutarse, fruncía el ceño. -Hay alguien que te busca, Alana.-
¿O tal vez lo hacía a Owen? No había volteado a ver cuántos eran, pero la irregularidad de los pasos indicaba que podían ser tres o cuatro personas. Sin necesidad de ninguna habilidad especial y por puro instinto callejero, cualquiera podría darse cuenta de que "algo anda mal", es ese sentimiento de que "te vibra la cola" que el pelirrojo ni dudó en balbucear muy por lo bajo a la muchachita a su lado -No voltees.- le aclaró, porque necesitaban arrinconarlos o, al menos, evitar un posible escándalo; Owen tenía un wanted muy reciente que, realizando bullicios o conflictos en la calle, ciertamente, podrían engordar el precio por su cabeza. Nuevamente parecían desviarse por el primer pasillo que se encontraban pero, esta vez, a diferencia de encontrar un callejón, existía algo muy diferente: Una puerta gris, metálica, con un barrote negro que invitaba a ser empujada -Necesitamos saber qué coño es lo que quieren.- nuevamente, en un susurro, hablaba hacia Alana. No le importaba meterse donde fuese para intentar saber las razones del porqué estaban siendo perseguidos (O buscados), ¿Acaso era algún tipo de cazarrecompensas? ¿Marines haciendo oficio de "policía secreta"? No importaba, pero el pelirrojo, sin dudarlo y siendo observado por aquella silueta aún indistinguible, ¡IIIIIIK!, empujó el barrote de la puerta para poder ingresar hacia lo que parecía ser la parte de atrás de...algo sorprendente. ![]() -¿Qué es...todo esto?-
Los artefactos, las luces, todo resultaba tan extraño que provocó que el cuerpo del pelirrojo, tenso como lo estaba, torciese su expresión a una envuelta totalmente en la confusión mientras el sonido de la puerta, ¡CLIC-CLAK!, se bloqueaba justo a sus espaldas. El sonido de sus pisadas hacían retumbar la madera, pero...lo más sorprendente era que, gracias a su fino oído (Y que también Alana podría escucharle) podía prestarse atención a un sonido sordo, opaco, grave, como la música cuando suena en los baños de una discoteca. Era un tono festivo, explosivo, alocado, con trompetas muy destacables y la voz de alguien que, profunda, se perdía un poco en el tono grave y mezclado de todo lo que estaba pasando -Alana, ¿Tienes alguna idea de dónde cojones estamos?- miraba en múltiples direcciones, en búsqueda de alguna respuesta que pudiese darle pistas a la totalidad de aquello. Una idea empezó a germinar en su rostro, él había visto lugares así, de hecho, había vendido entradas (revendidas) en circunstancias pasadas. Un espejo iluminado, adornos, cajas, una inmensidad de cosas que parecían mostrarse como el trastero de...¿Disfraces? ¿Qué guardaban las múltiples cajas en cada sección, barril y rincón? -Coño, no llego hasta allí.- el muchacho, con ambas manos en la cintura, se posó justo delante de varios de los estantes y, efectivamente, estirando su mano izquierda, era incapaz de alcanzar el último -¿Puedes investigar qué cojones hay en las cajas, Alana?- le preguntó, volteándose hacia ella. Sin saber que, ambos, se estaban a punto de meter en una situación tan surrealista como absurda.
RE: [Pasado/Social] Welcome and trap - Alana Sahiba - 16-12-2025 Todas sus reacciones me hicieron plantearme que qué fue lo que vieron el uno en el otro. Gwendolyn tan tranquila, tan calmada, tan pensativa y filosófica. Owen, por el contrario, era enérgico, era todo un desastre con patas según parecía. ¿Cómo dos personas tan diferentes acaban juntándose? Nunca me lo planteé con mis padres. Siempre estuve metida en mi propio mundo, escuchando las historias tan interesantes que mi abuelo me contaba—. Dime, Owen, ¿no tendrás complejo por el gran poder que esconde Gwen y temas quedarte atrás? —busqué chincharle. No lo decía genuinamente en serio. Sabía, o creía saber, que por lo menos en el corazón de Gwendolyn un sentimiento de inferioridad no era algo que se pudiese plantear. En ella todo era bondad y buen corazón, o al menos eso me había demostrado—. ¿Un mercado de frutas? —reaccioné con gran curiosidad. Es cierto que en mi cabeza no existía demasiado la posibilidad de comer una de esas abominables cosas pero… la curiosidad mató al gato. En este caso, el gato soy yo y la curiosidad es una fruta del diablo—. Hombre, por echar un ojo… —y ahí esbocé una media sonrisa, de esas que buscan un cómplice. ¿Hipocresía? Tal vez. Tal vez en mi interior había un gran dilema. Había visto a Rosse, a Gwen, a Varo, a todos mis compañeros del Cabaret y ahora a todos aquellos de la Mano Vacía con extrañas frutas que otorgan poderes. ¿Cómo no iba yo a tener interés? Todo con afán médico, por supuesto… ¿no? Ante su advertencia, no esperé respuesta. Nunca lo hago cuando el ambiente empieza a oler a lío, a sudor viejo y a decisiones que se toman en segundos, aunque supuse que ese olor venía de Owen. Desde su hombro sentía el latido acelerado bajo la piel, tal vez de miedo, o no exactamente, quizás de estar en alerta viva. Me acomodé mejor, enroscando la cola a mi alrededor—. Relájate, héroe —murmuré—. Si nos matan aquí, no podrás volver con tu Dulcinea —pero para cuando me quise dar cuenta, ya era demasiado tarde. Estábamos en un extraño antro. Ojalá supiera de qué se trataba con exactitud pero... imposible. Aún en su hombro, me deslicé hacia atrás, bajando por su espalda con cuidado, usando la tela de la chaqueta como apoyo hasta tocar el suelo sin hacer ruido. Mis pies apenas dejaron rastro en la madera. Me moví despacio, consciente de cada crujido, de cada vibración que subía desde el suelo como un pulso constante. Para mí eran un mundo, aunque tal vez para gigantes como Owen, era algo imposible de percibir. Aquello no era solo un almacén. Me acerqué a los estantes altos, demasiado altos para mí, claro, pero nada que con un salto no pueda alcanzar. Subí con agilidad, o más bien con gracilidad. ¿Ahí arriba? Maquillaje. Blanco, rojo, negro. Grueso. De escenario. — Te va a encantar esto —dije en voz alta, sin mirarlo. Me manché los dedos sin pudor y dibujé una línea rápida bajo mis ojos, exagerada, casi tribal. No por estética. Tal solo por la gracia. Cerré la caja y la empujé de vuelta con el pie, dejándola caer al suelo con un golpe seco. El ruido fue deliberado. Las voces al otro lado de la puerta cambiaron de tono. Más cerca. Más tensas. — Vale —dije en voz baja—. Cuidado, se acerca nuestro ansiado público. Salté desde el estante hacia una cuerda gruesa que colgaba del techo. Se balanceó con un quejido viejo, pero aguantó. Avancé por ella hasta situarme justo encima de una mesa, o más bien un tocador, cubierta de telas, copas falsas, restos de lentejuelas. Desde allí tenía una vista perfecta del lugar. Tiré de la cuerda con fuerza y algo cedió. No sabía qué. No me importaba. Una de las paredes falsas se movió apenas un palmo, lo suficiente para que una ráfaga de luz cálida y música explotara dentro del almacén como una bofetada. Trompetas, palmas, una voz grave cantando algo imposible de entender pero imposible de ignorar. — Ahí está —sonreí, con los dientes—. El corazón del monstruo. La puerta metálica vibró. Golpes. Una voz malhumorada al otro lado. Me dejé caer de la cuerda de vuelta al hombro de Owen justo cuando uno de los focos parpadeó y se encendió de golpe, apuntando directo a la mesa. Me cubrí los ojos un segundo, evitando cegarme (algo había aprendido de estar con Rosse)—. Demasiado tarde para irse —murmuré—. Ahora toca improvisar. Espero que hayas aprendido algo del Cabaret. Que Gwen se sienta orgullosa de ti. La puerta empezó a abrirse. Yo abrí los brazos, respiré hondo y dejé que la música me recorriera la espalda. Entraron tres figuras. La primera fue imposible de ignorar. Un hombre ancho hombros, con una camisa abierta hasta donde la decencia ya no vivía y un chaleco lleno de lentejuelas pasadas de moda. Tenía bigote engominado, sonrisa torcida y esa expresión de quien cree que controla la habitación incluso antes de mirarla. En una mano llevaba un bastón fino, más decorativo que útil; en la otra, un cigarro a medio consumir. Detrás de él, dos matones más silenciosos, más grandes, con brazos como jamones y miradas entrenadas para no sorprenderse por nada… aunque fallaron un poco al ver el lugar. — … —el hombre del bastón se quedó quieto un segundo, ladeando la cabeza—. ¿Qué cojones…? Me enderecé despacio sobre el hombro de Owen, acomodándome como si aquel fuese mi escenario natural. Dejé que la cola se moviera sola, lenta, distraída, rozándole el cuello solo un poco. No por necesidad. Por efecto—. Vaya —dije, alzando la voz lo justo para que se oyera por encima de la música—. Esto no es el camerino que pedí, pero tiene encanto. Le faltan flores. Uno de los matones dio un paso adelante. El otro lo detuvo con una mano en el pecho. El del bigote chasqueó la lengua, divertido ahora. Sus ojos recorrieron el almacén, luego subieron… y subieron… hasta detenerse en Owen—. Eso no estaba en el inventario —comentó, exhalando humo—. Ni tú, ni… —me miró de arriba abajo, o más bien me miró, punto— tú tampoco —golpeó el suelo una vez con el bastón—. Este es un espacio privado. Backstage. Personal autorizado —sonrió—. Y vosotros tenéis pinta de muchas cosas, pero no de artistas contratados. Incliné la cabeza, teatral. Abrí los brazos como si fuera a empezar una función—. Qué pena. Porque justo estábamos ensayando —respondí con ironía—. Improvisación, para ser exactos. Muy exclusiva. Así que tienes dos opciones —continué, con una sonrisa—: o haces como que no nos has visto y vuelves por donde has venido… o te quedas, te sientas y disfrutas del espectáculo. El hombre soltó una carcajada grave, de esas que nacen en el pecho. — Me caes bien, muñeca —dijo—. Demasiado —alzó dos dedos. Los matones se abrieron ligeramente, bloqueando la salida—. Pero esto no es un teatro. Es Whiskey Peak. Y aquí, cuando alguien entra donde no debe… —dio una calada lenta, replanteándose sus palabras— suele pagar entrada —algo me decía que empezaba el espectáculo. La pregunta era: ¿qué tipo de espectáculo? RE: [Pasado/Social] Welcome and trap - Owen Yang - 18-12-2025 — Te va a encantar esto —
![]() -¿Qué encontraste, Alana? Este lugar huele a comida recalentada y sueños rotos.-
Porque, muy probablemente, las personas que suelen encontrarse en estos espectáculos no deben tener demasiado tiempo para poder equilibrar sus pasiones con una vida laboral común. ¿Cómo sabía Owen el olor a los "sueños rotos"? Será una pregunta que jamás obtendrá una respuesta, pero quien empezó a darlas, inmediatamente, fue la pequeña mujer que empujó una caja que el muchacho vio deslizarse hasta que el fuerte ¡PLAF! del impacto de la misma, seco, contundente y muy sonoro, se escuchó sobre un suelo de madera opaco -¡! ¿Qué es...?- y cuando ubicó la mirada sobre la misma, le resultó inevitable agacharse para poder abrir la misma: Era un compartimiento, metálico, repleto de maquillaje y colores variados que, automáticamente, daban aún más indicios de donde se encontraban -¿Esto es...- y, cuando alzó la mirada para buscar a Alana, siguiéndola gracias a esa peluda y frondosa cola marrón, la vio moverse de un lado al otro, sin poder quitarle sus ojos celeste brillante hacia las morisquetas y movimientos que hacía, uno detrás del otro -...maquillaje? ¿Estamos en un camerino o una cosa así? ¿O un circo?- se cruzó de brazos, alzando los ojos hacia el cielo -Para circos, mi tripulación, igual. Tenemos al payasito triste,- mientras su verborrea no paraba de hablar y literalmente hablaba consigo mismo, empezaba a contar alzando el dedo índice y empujándolo hacia atrás con exactamente el mismo de la mano contraria -al payasito gatillo fácil,- alzaba el segundo -al payasito lagarto borracho,- y, antes de que siquiera pudiese terminar, un impulso intenso de luz y música se escuchó justo a su espalda -¡OYE!- uno que, debido a su agudo sentido del oído, le forzó a voltearse y dejar su diálogo sinsentido para enfocarse en tratar de recordar a qué venían: Escapar de quienes perseguían a Alana o, bueno, en este caso, ya a ambos. Alana finalmente se posó sobre su hombro otra vez, mencionando que "allí estaba el corazón del monstruo" y, cuando se aproximó, un foco de luz impactó directamente sobre la mesa, uno que provocó que la mano derecha del pelirrojo fuese a proteger sus retinas mientras desviaba la mirada -¡JOOOOOODER!- y maldecir, en el proceso, por el impacto reciente de la luz. En cuanto la puerta se abrió, finalmente, comenzaban a aparecerse quienes darían las respuestas que, ambos intrusos, estaban buscando. Si bien Owen se veía más perdido que "Adán en el día de la madre" (Referencia religiosa de un universo paralelo), Alana parecía estar "en su salsa"; No solamente no estaba demasiado sorprendida de todo lo que estaba encontrándose, sino, que parecía encarar aquello con un desafío propio de alguien que vivió esta clase de experiencias como si fuese el pan de cada día, aunque en la cara del muchacho solo hubiese sorpresa y un estado perpetuo de confusión. En cuanto apareció el sujeto que evidentemente se diferenciaba de los otros dos mastodontes que le protegían, incluso, la propia mini-muchachita criticó "el encanto del camerino" -Parece que esto es un día en la oficina para ti, Alana.- como ella se mostraba TAN segura de lo que estaba haciendo (y enfrentando), el pelirrojo, ciertamente, no pudo evitar sonreírle mientras le miraba, mostrando esos colmillos blancos y grandes que tanto le caracterizaban y esos ojos aniñados y luminosos, propios de su hiperactividad brutal. o haces como que no nos has visto y vuelves por donde has venido… o te quedas, te sientas y disfrutas del espectáculo.
![]() -¡Exactamente! ¡Lo que dice la tanga-langa!-
¿Tanga-langa? Bueno, era un apodo rápido para dirigirse a Alana en su nombre completo, ya que sus ropas le hacían recordar a una canción muy propia de tierras más desérticas, inhóspitas, repletas de animales preparados para las altísimas temperaturas y oasis varios, por lo que, solamente para seguirle la corriente y para pasar rápidamente a observar cómo la salida, en un abrir y cerrar de ojos y luego de una pequeña explicación por parte del pomposo y muy "lentejuelado" individuo. Y la amenaza, ciertamente, estaba servida: "En Whiskey Peak, cuando alguien entra donde no debe...suele pagar entrada."
El desafío provocó una sonrisa socarrona, algo soberbia, en el pelirrojo -Suena guapo, me gusta.- le miró, como si su rostro no reflejara ni codicia ni miedo, volteándose para ver a su compañerita en su hombro; Si Owen se sentía mínimamente valiente con la confrontación de ellos era, sin lugar a dudas, por lo tranquila y controlada que parecía tener la situación la pequeña pero sumamente feroz Alana -Deberemos seguirles el juego un rato, ¿Qué te parece, Alana?-. [Luego de un rato (Uno medianamente largo)]
-¡DAAAAAAAAAMAS Y CABALLEROS! ¡PESCADOS Y SIRENAS! ¡LICENCIADOS Y DIPLOMADOS! ¡HOOOOOOY VENIMOS A TRAERLES UN ESPECTÁCULO TRAÍDO DESDE LAS TIERRAS MÁS INHÓSPITAS DEL SOUTH BLUE! ¡Una pareja tan dispareja que preferirían pasar por los Cabos Gemelos y golpearse la cabeza tan duro para estar en sintonía con ellos! ¡AQUÍ LES TRAEMOS A OWELINI, EL MARAVILLOSO Y SU COMPAÑERA, LA INSEPARABLE ALLADINA, SAHIBINA!-
![]() -¡BIENVENI-
![]() Owen, aterrado, miró a la muchachita que yacía en su rodilla y con la cual, con su pequeño tamaño, intentaba imitar que fuese su títere personal. No dudó en pegarse a ella durante unos segundos para esperar algún tipo de protección ante un corazón que parecía querer salírsele del pecho por los nervios -¡ALANA! ¡SON GENTE PEZ! ¡ESTÁ REPLETO DE GENTE PEZ!- sus susurros se escuchaban repletos de tensión, uno que, del lado del escenario, solo podían escucharse seseos extraños mientras escondía la boca por detrás de una Alana que, con aquella frondosa cola, evitaba que pudiese verse el errático movimiento de labios del muchacho -¿¡QUÉ HACEMOS!?- Era la primera vez en la vida del pelirrojo que veía a individuos como aquellos; Había conocido a María Merlot, una sirena, típica de los cuentos y las travesías de los piratas...pero esto era mucho, mucho peor: Era como si peces y diversos anfibios hubiesen logrado obtener un aspecto humanoide, tal cual le pasaba a Helena, la Mink mujer-lobo, pero estos eran hombres y mujeres pez. El pelirrojo, aterrado e intentando volver a pegar su bigote falso en el rostro, proseguía -¿¡Cómo se puede divertir a la gente pez!? ¡Jamás en mi putísima vida le conté un chiste a una persona pez! ¿¡Qué hago!? ¡¿Me burlo de lo caro que está el krill, o que si tomas demasiada agua dulce te vuelves diabético?!- el chico era muy veloz para improvisar, pero no tenía PARA NADA los dotes interpretativos o las capacidades de confrontación de un público como lo estaba haciendo, hasta ahora, su muñequita ventrílocua. En el público, progresivamente, comenzó a escucharse los típicos susurros de aquellos que esperan que comience un espectáculo, algo grandioso, formidable. Los ojos celeste brillante del chico no dudaron en desviarse hacia ellos que, con esa mirada anfibia, algo perdida, y opacada por la oscuridad de un recinto que parecía tener las paredes tapiadas para desconectar totalmente del exterior y, así, retenerlos hasta que las velas ardan, lo pusieron derecho y alzando la rodilla para tener a la pequeña muchachita sentada justo sobre la misma. Estaba tenso como tiroteo en un ascensor. Ese sería bueno, ¿No, Owen? -¡B-bienvenidos! ¡Gente...- miró en todas direcciones, efectivamente, SOLO había gente de ese estilo -...pez!- ¡Co-cof! una tos, de esas cortantes, incómodas, apareció mientras la tensión humorística del chico podía cortarse con un cuchillo -¡Vamos a romper el hielo! Ehm...- llevó su mano izquierda, la libre, hacia el mentón, elevándolo rápidamente -¡¿Saben cuál es el pez que da leche?! ¿¡Saben!?- el público, silente, esperaba la respuesta ante una sonrisa preparatoria del muchacho pelirrojo: -¡EL PEZ-ÓN!-
![]() -...-
-Joder, público difícil.- Se lo estaban comiendo. Eran inmutables. No habían cambiado ni un solo ápice ni amagado a una mínima sonrisa. Alana tendría que salvar esto sea como sea, con chistes de peces o sin ellos. RE: [Pasado/Social] Welcome and trap - Alana Sahiba - 19-12-2025 Durante un latido entero, el escenario quedó suspendido en una tensión extraña. La música seguía ahí, flotando como un murmullo húmedo bajo las tablas. El foco principal bañaba nuestras figuras, lo cual al menos a mí me hacía sentirme más expuesta. Es cierto que estaba en mi salsa pero lo que desde luego no esperaba era ser el centro de atención. Jamás lo había sido y jamás había pensado en serlo. Cuando único llamaba la atención, era al grito de “¡una rata!”, así que esto me había pillado totalmente desprevenida. ¡Ser el entretenimiento de gente pez! Estaba casi más tiesa que el propio Owen. De hecho es que yo tenía que permanecer tiesa; no por nada era un muñeco de ventriloquía. Al menos ese trabajo sería bastante sencillo hacerlo: quedarme quieta se me daba bastante bien, al igual que hablar. Si alguien me hubiera dicho que acabaría sobre un escenario improvisado, sentada en la rodilla de un humano enorme, usando mi cara como atrezo mientras una audiencia entera de gente pez me evaluaba como si fuera una comida mal oliente… probablemente habría respondido que eso ya me había pasado antes, pero no en Whisky Peak. Y desde luego, no así. Fue en ese instante exacto, tras el mal chiste del pez-ón (aunque a mí me hubiera hecho gracia) que la multitud había decidido, sin ponerse de acuerdo, que no debía escucharnos, o más bien que no merecíamos la pena. Alcé el brazo, rígido, como si fuese el de una muñeca que no puede articular, con la palma de la mano abierta. El murmullo anfibio fue apagándose como una marea obediente. Las aletas dejaron de moverse. Las mandíbulas se cerraron, a excepción de aquellos más escépticos que tan solo ladearon un poco la cabeza, sin dejar de hablar, pero intrigados. Nos observan, por fin. Alzó despacio una mano, dos dedos extendidos, y el murmullo anfibio fue apagándose como una marea obediente. Aletas dejaron de moverse. Mandíbulas se cerraron. Incluso los más escépticos inclinaron un poco la cabeza, intrigados. — Shhh… —susurré, sin dirigirse a nadie en concreto—. Está nervioso —alcé aún más el brazo, hacia arriba, hacia la enorme cabeza pelirroja que tenía a centímetros—. Cuando se pone nervioso… —no podía alzar el índice en su dirección, pero mis palabras dejaban claro de quién hablaba— …dice estupideces. Noté cómo algunos se inclinaban hacia delante, cómo otros cuchicheaban usando ese lenguaje medio burbujeante que tienen cuando creen que nadie más lo entiende. Un par de anfibios de piel verdosa se miraban entre sí con gesto crítico, como si intentaran decidir si yo era parte del espectáculo… o el entrante. Hasta que una risa aislada brotó desde algún punto del graderío, lo justo para notarlo. Bien. Uno. Respiré hondo. Apoyé esa mano en la mejilla de Owen, como la caricia de alguien que consuela a otro que ha hecho el ridículo, no presioné, tan solo di dos palmadas, era mi turno de susurrarle—. Vale —dije, en voz clara, tan solo para Owen—. Antes de que nadie tire nada, quiero dejar algo claro —hice una pausa larga. Dramática. Dejé que el silencio se estirara como una cuerda a punto de romperse—. Yo hablo. Bajé dicha mano. Joder. Había dejado el listón bastante alto con ese chiste, chiste que no había hecho ni la más remota de las gracias a nuestro público, así que ¿qué podría decir yo, que tenía menos salero que estornudar con diarrea—. No es tímido —añadí esta vez en voz alta, para nuestro público—. Es decorativo —lo cual era irónico, siendo yo el juguete decorativo aparentemente. Algunas risas. Secas. Extrañas. Una carcajada húmeda salió de la tercera fila, de algo que parecía un pez globo con chaleco. ¿Reírme de Owen sería la estrategia que les haría felices? ¿Algún tipo de maldad extraña anidaba en esos seres? En cualquier caso, parecía que ya no querían matarnos y eso, en teoría, es bueno, ¿no?—. Yo hablo, pero no me dejes sola. Incliné ligeramente mi cabeza de “muñeco” hacia el público y, con un cambio claro de tono, puse voz grave, torpe, exagerada, supuse que era lo que buscaban: exceso de dramatismo—. Buenas noches… —las risas fueron instantáneas. No por el saludo. Por lo mal que sonó. Por lo antinatural. Por lo evidente. Muchos miraron a Owen en vez de a mí, pensando que sería él el que estaba produciendo esa voz tan absurda—. No, no —me interrumpí a mí misma, volviendo a mi voz—. Así no. Eso suena como cuando un sapo intenta cantar ópera. Un anfibio azul dio un golpe con la cola contra el suelo, claramente ofendido… Lo cual hizo que yo me callase en seco. Lo había hecho peor que Owen, si es que eso era posible. ¿En qué momento me había envalentonado tanto? Podría haberme quedado callada y haber pagado la entrada, o haber recibido una paliza amablemente y retirarnos, si es que se puede recibir una paliza amablemente, claro. Volví a la voz falsa—. Buenas noches, honorables habitantes acuáticos… Un siseo colectivo. Varias cabezas se inclinaron. — ¿Veis? —dije—. Dices “acuáticos” y ya se cree uno diplomático, catedrático. Moví la cabeza de rígida, de un lado a otro, fingiendo torpeza, hasta acabar por fin buscando los ojos de Owen en medio de todo ese caos—. Hoy estamos aquí reunidos porque… —voz falsa— …nos dijeron que había que pagar entrada —algunos bufidos, un pez león cruzó los brazos—. Y como no tenemos dinero —seguí—, hemos decidido pagar con dignidad. Bueno —rectifiqué—. Con lo que quede de ella. Me acomodé mejor sobre la pierna, relajada ya, sintiendo cómo la tensión inicial se transformaba en hambre de espectáculo, lo cual me parecía incluso peor. Bajé la cabeza, con cierta rigidez mostrada, aún fingiendo ser un muñeco. Miré hacia el público, aún con la misma cara de perplejidad. Al menos aún seguían pendientes de nosotros. La atención estaba ahí. Pesada. Húmeda. Expectante. Notaba cómo el foco me calentaba la cara, cómo el sudor me bajaba por la nuca, pero yo seguía rígida, con la espalda recta y las piernas colgando, dejando que mi cuerpo hiciera ese pequeño balanceo artificial que tienen los muñecos cuando no controlan su propio centro de gravedad. Era gracioso, en realidad. Había pasado media vida fingiendo no existir… y ahora tenía que fingir que no estaba viva. — Vale… —dije, con voz de muñeca cansada—. Vale, vale. Os veo las caras —giré la cabeza un poco hacia la izquierda. Luego hacia la derecha. El movimiento fue torpe, mecánico, casi mal hecho a propósito—. No os preocupéis. —Pausa—. Yo también estaría juzgando. Pero antes de que decidáis si nos tiráis al agua o nos cocináis con algas… —alcé un brazo rígido, señalando al público— …hagamos algo importante, aunque antes que nada, si decidís tirarnos al agua: floto. Incliné la cabeza hacia delante, como si compartiera un secreto. — Conozcámonos. Un murmullo recorrió el graderío. Varias aletas se movieron. Un pez de escamas plateadas se acomodó mejor en su asiento, claramente interesado. Si yo fuese Owen, estaría aterrada. De hecho, yo misma estaba aterrada—. Porque mirad —continué—, yo soy pequeña. —me señalé—. Peluda. Con cola. Claramente masticable. Y vosotros sois… —dejé que mis ojos recorrieran la sala, lo cual impresionó a varios— …una colección fascinante de cosas que mi madre me habría dicho que no tocara. Así que vamos por partes —dije—. Por ejemplo… —giré la cabeza hacia la primera fila— …tú. Señalé a un anfibio de piel moteada, con ojos saltones y expresión permanentemente sorprendida—. Tú tienes cara de haber salido del agua solo para descubrir que el aire también decepciona. Y tú —seguí, apuntando a una sirena de escamas rosadas—. Tú eres de las que dicen “yo no muerdo” y luego te falta media mesa. Incliné la cabeza, orgullosa, como un muñeco que ha recibido cuerda nueva. Pero el silencio seguía ahí. Joder. Jooooder. Entonces bajé un poco la voz, hablando más para Owen que para mí misma—. Yo no opino. Soy un muñeco. Si duele, es culpa de la cuerda. Y ahora… chistes. El murmullo subió de volumen. Había perdido su atención. ¡Oh, no! Ni Owen había llegado a tanto. Alguien gritó algo en lengua pez que no entendí, pero sonaba aterrador—. Empezamos suave —advertí a Owen—. Que hay branquias sensibles —pausa, antes de volver a alzar la voz—. ¿Sabéis por qué los peces nunca usan redes sociales? Silencio expectante. — Porque ya viven atrapados en corrientes… vale —pausa—. Ese era bueno en mi cabeza. En mi defensa, tengo cabeza de muñeco. No todo entra. Silencio tenso. Un murmullo. Sentí la mirada de aquel que irrumpió en el camerino atravesando y fulminando mi nuca—. Gracias, gracias —dije, levantando una mano rígida—. Eso ha sido humor de calidad. No volverá a pasar. Giré la cabeza bruscamente hacia el otro lado, como si algo me hubiera dado cuerda de más—. Otro. Otro rápido. ¿Qué le dice un pez a otro cuando llega tarde? Pausa. — “Nada, nada”. Incluso me costó a mí misma no reírme de la tontería pero el público no reaccionaba bien. Un par de abucheos, que quise pensar que eran cariñosos—. Vale, vale —me defendí con guasa—. No todos los chistes pueden ser un pez-ón. Recordatorio amistoso: sigo flotando. Eso provocó una carcajada colectiva inmediata. Había tocado una fibra sensible. O muy graciosa—. Hablando de eso… —añadí, bajando un poco la cabeza— …los humanos tienen muchos complejos. Especialmente con el cuerpo. Incliné mi cara hacia el público—. Vosotros no. Vosotros sois muy seguros. Os crece una aleta rara y decís “perfecto, ahora giro mejor”. En cambio ellos —señalé con el pulgar hacia atrás, sin mirar, hacia Owen— …se miran al espejo y dicen “¿esto es normal o me voy a morir?”. Un pez globo infló ligeramente el pecho, orgulloso, pero aún así no hubo risas—. Ahora viene uno arriesgado. Algunos siseos expectantes. Como si hasta ahora no hubiese sido todo arriesgado—. ¿Sabéis por qué los peces nunca discuten sobre el pasado? Silencio absoluto. — Porque lo pasado… —pausa— …pasado por agua está. Durante un segundo nadie reaccionó. Y entonces… una carcajada. Ruidosa. Desordenada. Imparable. Yo me quedé quieta, colgando, con la boca abierta en una sonrisa exagerada de muñeco. Vale. Igual no nos tiran al agua, tan solo por esa unidad de carcajada pero por si acaso…— ¿Eres rápido corriendo? —le susurré a Owen. No había más opciones: salir corriendo o volver a escuchar el chiste del pez-ón—. Si no, puedo llevarte a cuestas. RE: [Pasado/Social] Welcome and trap - Owen Yang - 26-12-2025 El nerviosismo de Owen era palpable; Él tenía un don de gentes excelso, colosal, pero tenían un problema muchísimo mayor: Se habían convertido, sin comerlo ni beberlo, en aquellos que buscarían entretener a una importante cantidad de "hombres-pez" (Ya que el pelirrojo desconocía el verdadero nombre de la raza) y que, además, parecía ser un evento importante y de etiqueta, digno de los antros de mayor "standing" de Whiskey Peak. Abandonado total de la suerte, desconocía cuál era el punto débil y aquello que despertaba las sonrisas, ya que los humanos, ciertamente, suelen tener un humor un poco más sencillo (Toc-toc, y tal). ¿Una suerte garrafal? La existencia de Alana Sahiba, quien, en un abrir y cerrar de ojos, empezó a cambiar un poco el paradigma. Ella anunció que iba a ser quien hablaba, quien iba a manejar la batuta del caótico evento que se presentaba delante de ellos y, mientras que el chico solo permanecía en un silencio atroz y nervioso, una pequeña risa se escapó de entre la multitud "pezíl" -¡! ¡Se ha reído uno!- el pensamiento fugaz no dudó ni un ápice de segundo en desviarse hacia su "muñeca ventrílocua" que, ahora sí, en silencio, se lo dejaba bien en claro: Antes de que nadie tire nada, quiero dejar algo claro.
-...-
Yo hablo.
![]() -¡¿Y PORQUÉ COÑO TARDAS TANTO EN DECIRLO?! ¡SE ME ESTÁN DILATANDO TODOS LOS ESFÍNTERES!-
Ella tenía tanto el control de la situación que, incluso, parecía hacerlo con el propio pelirrojo que, muerto de los nervios, se mantuvo absolutamente pendiente de una Alana que estiró lo obvio hasta el punto que le sacó de quicio, viéndose desde el escenario cómo el titiritero parecía estar peleando con su muñeco extrañamente -...- lo que le provocó quedarse quieto, en el lugar, pudiendo palpar con el rabillo del ojo a esos anfibios acusadores mientras se movía mecánica y ortopédicamente con sus ojos nerviosos hacia los "humanos-pez" -¡JAJAJA! ¡Estábamos comprobando si...el material iba a ser de su agrado!- ¡EJHM-UHM!, alguien acomodándose la garganta. La cuestión se estaba poniendo áspera o, mejor dicho, "escamosa". En el momento que Alana saludó, la cosa SÍ parecía empezar a tomar buen rumbo: Una serie de risas, esas que son como una ola y que responden a un buen remate o un comentario atinado, pero no, simplemente fue un saludo -¡! ¡Puede ser que los tenga!- el pelirrojo, nervioso, simplemente sonreía como si fingiese que "estaba hablando por ella". Es más, muchos pensarían que es un excelente titiritero al no verse ni un solo músculo de su garganta tensarse para imitar otra voz sin abrir la boca, y el chico solo respondía con una mirada infundida en el pánico. Uno parecía ofenderse, pero...el ambiente parecía haberse calmado ligeramente, un poco, aunque sea. — …hagamos algo importante, aunque antes que nada, si decidís tirarnos al agua: floto.
![]() -¡JAJAJAJAJAJA! ¡¿ENTIENDEN?! ¡DIJO QUE FLOTA PORQUE ES UN MUÑECO DE MADERA! ¡JAAAAJAJAJA!-
Extrañamente y mientras el resto de los presentes parecía verdaderamente estar interesados en "conocerse" con la Tontatta muñeco, un hombre-estrella de mar, de mandíbula floja y rosa socarrona, se reía en el fondo golpeando la mesa que tenía delante, haciendo que las copas encima de la misma tintineen y varios de los espectadores, con un nuevo espectáculo, también volteasen a verle extrañamente y sirviese de mínima distracción ante el bochorno que todos estaban presenciando. Owen, aterrado, sabía que tomaba bocanadas de aire en el supremo ahogo en el que se encontraba producto de la imposibilidad de cruzar la barrera de confianza de todos aquellos peces elegantes. Alana parecía tener un plan, uno que muchísimos humoristas (Incluso el pelirrojo que tenía como titiritero) solía usar: Referencias para molestar al público presente. Por ejemplo…tú.
![]() -¿KIEN, IO?-
Había un hombre-pez de pie, vestido muy diferente a como estaba el resto y traía su pantalón moteado, sin nada en la parte superior y, efectivamente, una cara de perpetua sorpresa que le caracterizaba en demasía. Alana oscilaba entre la imposibilidad perpetua de romper la barrera del humor de los hombres-pez y las risas totalmente perdidas y explosivas del "risa-fácil" del hombre-estrella de mar, tan extraño y bobalicón que hasta generaba una mueca de burla en el propio Owen. Mueca que desaparecía instantáneamente se topaba con la turba de peces elegantes que, progresivamente, cuchicheaban con complicidad, como si la molestia hacia los que ofrecían el espectáculo fuese lo que los unía, y no el espectáculo en sí. ¿Sabéis por qué los peces nunca usan redes sociales?
Owen desvió la mirada, silente, hacia Alana. Por el amor de dios, que sea el mejor chiste jamás contado.
— Porque ya viven atrapados en corrientes…
![]() -¡JAAAAAAAAAAAAAJAJAJAJAJA! ¿¡QUÉ ES UNA RED SOCIAL!? ¡¿ENTIENDEN?! ¡YO TAMPOCO! ¡JAJAJAJAJAJAJA!-
Otra vez, asistencia del hombre-estrella de mar. Mientras que el silencio sepulcral y el barullo invadía el local, él mitigaba una tensión tan creciente como latente. Alana no es que los estaba perdiendo, los estaba transformando.
Otro. Otro rápido. ¿Qué le dice un pez a otro cuando llega tarde?
-¿¡QUÉ!? ¡¿QUÉ LE DICE?!-
El hombre estrella de mar, un fenómeno a estas alturas.
— “Nada, nada”.
-¡WAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAJAAJAJAJAJAJ! ¡INCREÍBLE! ¡NADA PORQUE LOS PECES NADAN! JAAAAAJAJAJA-
¡TUMB-TUMB!, golpeaba TAN duro la mesa que hizo que las copas y hasta el adorno que emitía la luz de una vela como centro de mesa se volcaron, viendo como este pegaba el rostro sobre la misma. El resto ya comenzaba con ciertos abucheos debido a la complicidad de uno inicial, ¡BUUUUU! ¡BUUUUUU! -¡Alana! ¡LOS PIERDES!- Owen se acercó, parecía como si, todo este tiempo, se hubiese quedado completamente petrificado y el sudor oscureciese la tela sobre sus axilas y cuello mientras sus orbes celeste brillante no se desconectaban ni un ápice de segundo de los anfibios que, excitados por la molestia, ya parecían estar oscilando entre estar ofendidos y reírse de forma suelta de algunas de las morisquetas de Alana. Vino el último chiste, uno que provocó una reacción que fue el detonante de todo: Porqué los peces nunca discuten del pasado:
— Porque lo pasado…pasado por agua está.
![]() -¿Qué cojones?-
El chiste fue tan malo, tan terrible, que un hombre-pez que parecía no estar demasiado pendiente de todo lo que estaba ocurriendo allí no dudo ni una milésima en detener de comer su hamburguesa preparada por krill y otros derivados marinos para voltear a ver al escenario, tan pero tan ofendido, que hasta abandonó sus originales dos dimensiones para ser de tres, incluso, super-detallar su aspecto hasta poder sentirlo excesivamente hiperrealista. ![]() -¡JAJAJAJAJAJAJAJAJA! ¡ES EL MEJOR CHISTE DE LA NOCHE! ¡ME ESTÁ A PUNTO DE REVENTAR UN RIÑÓN!-
Ya el hombre-estrella de mar estaba carcajeándose tanto que comenzó a lagrimear, liberando unas gotas de agua salada que provocaban que él fuese tan espectáculo como los puestos en el escenario -Me parece que más allá de la estrella rosada y gorda no vamos a hacer reír a estos tipos.- torció su cuerpo, susurrándole a la muchachita sobre su regazo y buscando esa complicidad que ahora, ambos, tenían -Aprovechemos que ese tipo no los para de distraer para pintarnos de colores.- y, dicho esto y mientras sus risas, incluso, distraían a los organizadores del evento, ambos dos buscarían volverse por donde se metieron en un inicio. ¡IIIIIK-CLIC!, el sonido de exactamente la misma puerta metálica que les había permitido tener cierta coartada, ahora, era el elemento de su liberación. Bueno, más o menos, todavía no "habían pagado la entrada" que les habían dicho que deberían pagar -¡FIU! Le debemos una al tipo estrella.- Silbó el pelirrojo con aún el mostacho negro, evidentemente falso, pegado en sus narices. En sus ropas yacía un traje sencillo, algo colorido y ligeramente carnavalesco, pero que le daban un aire formal pero divertido -¿Nos habrán dejado de seguir los imbéciles que estaban detrás nuestro?- miró hacia la izquierda y la derecha del propio callejón en el que se había metido en un primer lugar. Al parecer, parecían haber perdido el tiempo suficiente allí dentro como para ganar tiempo -A todo esto, ¿Porqué te perseguían? ¿Qué hiciste?- alzó una ceja mientras su boca era oculta por el bigotón azabache, solo viendo como este subía y bajaba tembloroso por acción de su labio -No habrás ofendido a alguien con alguno de tus chistes. Ahí adentro casi nos volvemos alimento para peces.- y esto, evidentemente, también le despertó una duda genuina -Qué loco que es el mundo fuera de la isla de uno.- llevó su manos hacia la cintura, buscando tener una posición en jarra mientras, con algo de seriedad, observaba la metálica y grisácea pared justo frente a él -Primero existen humanos animales, gigantes, gente con alitas como mi amiga Elara,- una Skypean, precisamente -pero también existe gente pez. Incluso tú, Alana,- la señaló, acusadoramente -¿Qué eres tú? Lo dijiste en el escenario: Eres muy pequeñita, tienes cola, pero eres como una mujercita en miniatura.- tal vez, y pudiendo saber los secretos de este mundo, Owen sería capaz de poder decir mejores chistes que los referidos a los pezones de la gente. RE: [Pasado/Social] Welcome and trap - Alana Sahiba - 27-12-2025 En el escenario, el tiempo no avanzaba normal. Cada segundo parecía un minuto, un minuto era una hora. Los focos me quemaban la piel, el murmullo del público era un animal vivo, y yo sentía cada microgesto como si me lo estuvieran clavando bajo las uñas. Las risas no eran risas; eran mediciones. El silencio no era silencio; era juicio. Yo sonreía. Claro que sonreía. Sonreír era fácil. Era automático. Era una defensa. Cada vez que estiraba un chiste un segundo de más, cada vez que dejaba caer una pausa incómoda, lo notaba. No hacía falta mirarle la cara para saberlo. Y, aun así, no aflojé porque en ese momento entendí algo muy claro: si yo dudaba, estábamos muertos. Así que hice lo único que sabía hacer bien. Seguí adelante. Cada carcajada del hombre-estrella de mar era un salvavidas lanzado desde el fondo del océano. Lo veía con el rabillo del ojo, golpeando la mesa, riéndose sin contención, y pensé: bien. Si uno ríe así, los demás tienen que reaccionar. Aunque sea para abuchear u ofenderse. Y aun así, cada vez que un chiste caía mal… lo sentía. Yo seguía moviéndome, exagerando gestos, jugando con el ritmo, con el absurdo, con la provocación medida… pero por dentro ya estaba calculando salidas. Puerta metálica. Callejón. Giro rápido. No mirar atrás. Cuando llegó el último chiste y el silencio se partió de esa forma tan fea, ni risa, ni expectación, sino ofensa pura, lo supe. No lo pensé. No fue miedo. Fue instinto. Esto ya no iba de hacer reír. Iba de irnos enteros. Y ahí decidimos que el espectáculo había terminado. El aire del callejón me golpeó la cara como una bofetada bendita. Aire. Durante un segundo me quedé quieta, respirando hondo, con las manos aún rígidas. Tenía las mejillas calientes, no sabía si por el foco, la vergüenza o el hecho de haber estado a cinco segundos de convertirme en aperitivo marino con risas de fondo. Parpadeé. Una vez. Dos. Y entonces me llevé ambas manos a la cara— …vale —murmuré—. Vale, vale, vale. Me dejé caer sentada sobre una caja olvidada en el callejón, con la cola colgando por un lateral, balanceándola despacio, como si así pudiera sacudirme los nervios acumulados. El suelo estaba frío, áspero, y aquello me ancló un poco a la realidad. Estábamos fuera. No había focos. No había gente-pez elegantes juzgando mi existencia. No había un hombre-estrella de mar riéndose como si acabara de descubrir el humor. — Acabamos de sobrevivir a eso —añadí, en voz más alta, como si necesitara oírlo, más para mí que para el pelirrojo—. Eso ha pasado de verdad —mentalizándome de lo que acabábamos de vivir. Miré el cielo que apenas se veía entre edificios. Me entró la risa. No una risa limpia, sino esa risa nerviosa que te sale cuando el cuerpo se da cuenta de que ya no está en peligro… y se enfada contigo por haberlo sometido a ello—. He contado chistes sobre peces. A peces —me tapé la boca con una mano, como si hubiese blasfemado a diestro y siniestro—. ¡Ya ni recuerdo qué dije exactamente! Giré un poco la cabeza, todavía sonriendo, todavía con esa adrenalina que se negaba a bajar del todo—. El de la forma de estrella… —dije—. Ese tío nos ha salvado la vida. Se rió demasiado. Nadie confía en alguien que se ríe así. Es antinatural. Distrajo a todo el mundo. ¿Lo habrán contratado los de este sitio? Me incorporé un poco más, estirando los hombros, como si ahora el cuerpo reclamara todo el movimiento que le había negado en el escenario. Miré mis manos. Seguían temblando apenas. Hice un gesto a Owen, indicando que empezásemos a andar, más para alejarnos de aquel lugar que por andar en sí mismo, aunque también lo necesitaba para liberar todo el nervio acumulado. — Aunque reconozco que cuando ese pez dejó de comer para ofenderse… —chasqueé la lengua— …pensé: “hasta aquí hemos llegado”. No me lo esperaba. Me quedé en silencio unos segundos. El murmullo del local seguía ahí dentro, pero ya no nos pertenecía. Ya no éramos el centro. Éramos una anécdota que se diluía rápido, como casi todo en Whiskey Peak. Solté el aire despacio—. No vuelvo a hacer ventriloquía en mi vida —pausa—. O fingir. Al menos la responsabilidad queda en tus manos. ¡Yo solo soy un muñeco! Aunque creo que esa no es la palabra que buscas. Soy una tontatta, como la salsa de atún y anchoas —que buen momento para hablar de comida con peces. Me levanté de la caja de un salto corto y me sacudí el polvo de la ropa, esta vez sí para andar… Caminé un par de pasos, me detuve, y miré el callejón vacío, asegurándome de que nadie nos seguía—. Creo que no nos persiguen —dije, más tranquila—. O si lo hacen, han decidido que no merecemos el esfuerzo. Me encogí de hombros, exagerando el gesto. — Lo cual, honestamente, es un halago, visto lo visto, o escuchado lo escuchado… ¿Y sabes qué es lo peor? —añadí, tras pensarlo un segundo—. Que me he divertido —ladeé la cabeza, abandonando la sonrisa que había aparecido en mi rostro, sabiendo que tenía que revelar información de la cual no me sentía orgullosa— …creo que me buscaban porque hace unas estaciones, cuando aún no viajaba con Gwen… fui parte de un circo. La gran McDonna… No era la mejor contando chistes pero sí era un ser exótico que atraía a muchos curiosos. Ventajas y desventajas de ser tontatta. Lo admití en voz baja, casi con culpa, de esas que pesan y que vas a arrastrar durante un tiempo en tu cabeza, con remordimiento—. Horriblemente. Terriblemente —sonreí con pesar y alivio a la vez, si es que eso puede ser—. No quería. Pero ha pasado. Eso sí —añadí haciendo una pausa dramática para Owen, de esas que no pasan desapercibidas—. La próxima vez que alguien diga “pagad la entrada con un espectáculo”… —alcé un dedo en dirección al pelirrojo— …yo elijo el guion, ¿sí? Por fin fuera del callejón, más tranquila, con ese andar ligero que me sale cuando el peligro ya quedó atrás pero la historia aún pesa dulce en el pecho. Los pelos de la cola habían dejado de estar crispados, en alerta; ahora mostraban una forma más relajada—. Venga, vámonos bien lejos —murmuré antes de hacer una broma nueva—. Antes de que a alguien se le ocurra pedirnos un bis. RE: [Pasado/Social] Welcome and trap - Owen Yang - 29-12-2025 Ese tío nos ha salvado la vida. Se rió demasiado. Nadie confía en alguien que se ríe así. Es antinatural. Distrajo a todo el mundo. ¿Lo habrán contratado los de este sitio?
![]() -Yo creo que estaba tan borracho que le habremos hecho gracia literal. Tú imagínate ser un hombre estrella de mar y que aparezcamos tú y yo, somos el techo total de la comedia.-
El pelirrojo no dudó en intentar destapar uno de sus oídos, esos que él tenía tan bien afilados, producto del inmenso cambio de reverberación y fuerza de amplitud sonora que existía en el recinto en el que habían estado, literalmente, hace algunos minutos atrás de forma esporádica y casi que autoprovocada. ¿Tal vez ganaron el suficiente tiempo para perder de vista a quienes le buscaban? Ella parecía ligeramente frustrada, como si hubiesen estado a años luz de generar un efecto positivo en los anfibios que, muy pretenciosos, parecían tener un humor completamente diferente al que podría tener un humano o, incluso, el que podría tener la muchachita de larga cola de ardilla -¿¡Cómo que no harás más ventriloquía!?- exclamó con esa efusividad que tanto caracteriza al muchacho, desviando su mirada hacia ella con una mezcla de impresión y cierta molestia, hasta que ella aclaró algo que detuvo ese accionar emocional y tan explosivo que solía tener: El nombre de la raza de Alana. Detuvo su accionar, sus palabras y sus pensamientos, para mirarle detenidamente mientras parpadeaba repetidamente, haciendo que su bigote falso solo subiese hacia arriba y hacia abajo, tapando su boca por completo -Ton...ttata.- porque, al parecer, en este mundo, pese a que la enorme mayoría de las especies dominantes tienen rasgos tan distintivos y vienen en todas las formas y tamaños, ciertamente, todos respetaban un origen en común: Eran parcialmente humanos, o tenían una base humanoide que, posteriormente, adquiría ciertas características que les diferenciaban mucho o poco del resto. El muchacho se acomodó. El gesto de Alana de que debían proseguir su marcha, sumado a que mencionaba cómo, tal vez, "no merecían el esfuerzo" y por algo aquellos dos habían sido abandonados total por la persecución previa. La observaba acomodarse, quitarse el polvo de sus ropas, pero aún todavía seguía con las marquitas en la cara, tanto de las líneas de ventriloquía como las que ella misma se había realizado en las mejillas, haciendo que una sonrisa picarona se escapase de parte del pelirrojo que no dudó en agacharse para ponerse a su altura, quedando hecho bolita mientras fruncía el ceño con desafío -Claro que merecemos la pena, tía. Si no hubieses estado ahí para hacer reír al estrellita, nos mordisqueaban esos energúmenos.- porque eso era algo que siempre tenía el pelirrojo: Siempre alentador, amigable, agradable, y más con alguien que, a todas luces, mostraba ser completamente brillante no solo por poder recibir la atención de los focos sin demasiados problemas, sino, por su proceder tan ágil y práctico de mente pese a su tamaño tan compacto. El chico no se agachaba porque pensara que ella fuese menos, en lo absoluto; Era su manera de representar que, ambos, estaban al mismo nivel. Casi de la misma manera, pese a parecer un disparate de tipo, Owen se agachaba delante de los niños que le caían bien y hacía exactamente el mismo gesto, intentando poder hacer contacto visual a la misma altura. Finalmente, los dientes blancos, brillantes y colmillos del pelirrojo aparecieron en cuanto ella, rematando la situación, dijo lo mismo que él pensaba: ¿Y sabes qué es lo peor? —
-Cuéntame, tía.-
—. Que me he divertido —
![]() -¡SI ESTUVO GUAPÍSIMO! ¡Imagina contar esta anécdota farlopera a cualquiera!-
Porque sí, efectivamente, cuando vuelva a encontrarse con Gwen iba a ser un poco absurdo aclarar cómo, durante minutos, se volvieron parte de un show de humor hacia peces humanoides de una raza tan especial como la humana. Owen era alguien de experiencias. Mientras ella contaba parte de su historia sobre una tal "McDonna", el pelirrojo no dudó, ni un ápice de segundo, de sacarse aquel saco de colorines tan vivaz y que apelaba al buen humor a su característica chaqueta roja de cuello grande, reemplazando una prenda por otra a gran velocidad. Aún así, no abandonó nunca su posición; Ella gesticulaba, se acomodaba, pero el muchacho, justo delante de ella, le escuchaba detenidamente hasta que llegó al remate final: "La próxima vez que tengamos un espectáculo, yo elijo el guion", mientras fruncía el ceño con simpatía y desafío al clavar sus orbes celeste brillante en el pequeño dedo índice elevado entre ambos, mientras el chico seguía aún en cuclillas -Prometo buscar chistes de peces que molen para entonces, tú confía.- y, mientras emitía estas palabras, ahora sí, se erguía para quedar de pie y comenzar a seguir su paso a la distancia que progresivamente se marcaba entre ambos. —. Venga, vámonos bien lejos —
![]() -Para nuestro próximo show, yo voy a ser el muñeco de ventriloquía, ¿Estamos?-
Con esa sonrisa que tanto le caracterizaba y acelerando un poco el paso hasta que quedar justo al lado de la pequeña mujercita, mostraba esa complicidad que, ambos, tendrían a partir de ahora -La próxima vez que nos juntemos tenemos que diseñar el mejor chiste jamás contado, ¿Lo tienes?- no se quitaba el bigote por nada del mundo, ya se había mimetizado y fusionado, incluso, con su propia piel -Así que tendrás que esmerarte, Alladina Sahibina.- y, haciendo referencia al nombre que utilizaron para referenciar a la muchachita transformada en muñeca, adquirieron el tiempo suficiente para poder volver a contar una nueva historia, una nueva anécdota. Y una nueva forma de hacer el ridículo. Divertidamente, por supuesto.
|