05-12-2025, 06:01 AM
(Última modificación: 05-12-2025, 02:46 PM por Dongryong Lu Yan.)
Mi mente estaba dispersa, borrosa, doliente, consecuencia directa de la verdadera realidad de la que me negaba en este mundo imaginario que lejos de representar el deseo parecía intentar protegerme de las incertidumbres, aunque no supusiera diferencia o siquiera menor pista, perfectamente resguardado y teniendo que atribuir todo el cansancio y la fatiga en factores rutinarios que como mucho justificaba con una sonrisa amarga en los labios, entonces para cuando me di cuenta que esta vez mi cuerpo no estaba siguiéndome el ritmo como de costumbre había derramado sobre el portavasos de madera un poco de té, desbordándose de la pequeña mascota de arcilla.
No obstante, sin detener mi atención en la estatuilla de hermoso azul zisha regrese la boquilla de la tetera a un ángulo más prudente y deslice con cuidado sobre la mesa para disponer un momento con el cual limpiar la mesa, extendiendo sobre mi zurda hasta un extremo en el cual ni siquiera la imaginación llegaba para presumir de un pañuelo amarillo bordado delicadamente en un patrón de melocotones que resultaba profundamente interesante, ¿alguna vez había visto aquel pañuelo en el cuello de alguien? no recordaba, pero todavía persistía la idea como sí resultara lo más coherente, algo a lo que de alguna manera me hubiera habituado de ver, así distrayéndome.
Luego de un instante que pareció un punto de inflexión o casi algo habría regresado sin más hacia lo cotidiano buscando frotar un extremo del pañuelo contra la madera para cuidar la mesa y regresando a mi postura usual, intentando acomodar mi espalda, sin pensar en lo que no encontraba sentido, observe en mi zurda el pañuelo y sobre mi diestra nada más que un rastro del agarre que había dispuesto apartar la tetera y apoyarme de la mesa, entonces busque flexionar los dedos de la mano abierta como sí buscara algo en ello pero acabe sin pensar más sobre delirios que amerité nuevamente a mi pesar y sin darme cuenta no recordaba que había hecho el pañuelo.
Estaba seguro que todavía no lo había guardado. Pero, no me quedo de otra que suponer que lo había hecho y regresar mi zurda sobre la tetera para servir en un pequeño vaso ornamentado con la figura de una dama joven, con coletas en su cabello, una cola felpuda de sobremanera y una nariz afilada que me hacia cuestionar esta vez sin importancia sí aquel grabado habría sido hecho como una obra de arte o una broma que se burla del arte. ¿Honestamente? no encontraba la respuesta, no pensaba que hubiera una y tampoco valía la pena lo suficiente como para dejar enfriar el té por lo qué di el primer sorbo con gusto, aunque sinceramente no me sabia a nada.
No obstante, sin detener mi atención en la estatuilla de hermoso azul zisha regrese la boquilla de la tetera a un ángulo más prudente y deslice con cuidado sobre la mesa para disponer un momento con el cual limpiar la mesa, extendiendo sobre mi zurda hasta un extremo en el cual ni siquiera la imaginación llegaba para presumir de un pañuelo amarillo bordado delicadamente en un patrón de melocotones que resultaba profundamente interesante, ¿alguna vez había visto aquel pañuelo en el cuello de alguien? no recordaba, pero todavía persistía la idea como sí resultara lo más coherente, algo a lo que de alguna manera me hubiera habituado de ver, así distrayéndome.
Luego de un instante que pareció un punto de inflexión o casi algo habría regresado sin más hacia lo cotidiano buscando frotar un extremo del pañuelo contra la madera para cuidar la mesa y regresando a mi postura usual, intentando acomodar mi espalda, sin pensar en lo que no encontraba sentido, observe en mi zurda el pañuelo y sobre mi diestra nada más que un rastro del agarre que había dispuesto apartar la tetera y apoyarme de la mesa, entonces busque flexionar los dedos de la mano abierta como sí buscara algo en ello pero acabe sin pensar más sobre delirios que amerité nuevamente a mi pesar y sin darme cuenta no recordaba que había hecho el pañuelo.
Estaba seguro que todavía no lo había guardado. Pero, no me quedo de otra que suponer que lo había hecho y regresar mi zurda sobre la tetera para servir en un pequeño vaso ornamentado con la figura de una dama joven, con coletas en su cabello, una cola felpuda de sobremanera y una nariz afilada que me hacia cuestionar esta vez sin importancia sí aquel grabado habría sido hecho como una obra de arte o una broma que se burla del arte. ¿Honestamente? no encontraba la respuesta, no pensaba que hubiera una y tampoco valía la pena lo suficiente como para dejar enfriar el té por lo qué di el primer sorbo con gusto, aunque sinceramente no me sabia a nada.
