—¡Oye, bronceado! ¡Cuida tus espaldas mejor! —
Una mujer con cabellos rosados comenzó a hacerme una serie de señas y de inmediato no entendí porqué quería llamar mi atención. Seguramente es por mi irresistible belleza pero luego más adelante escuché que hablaba de las personas tras de mí. Aunque no entiendo ¿Me dice bronceado? Ya quisiera el bronceado verse así de bien. al voltear tras de mí pude ver a un trío curioso. No puedo evitar darme cuenta de que parecen aquellos tipos que están teniendo un complot.
—Eh, tienen que estar jodiendo. me querían atracar ustedes trio de palomos. Los tigure no hacen eso. Vamo a resolver esto como los caballeros, hablando. — Su inseguridad fue suficiente para que no quisieran el pleito. Mis alas abiertas y amenazante, pero mi postura no no buscaba problema. Ciertamente sus dudas en uno de ellos fue un desencadenante para que se decidiera qué hacer.
—Yo no voy a permitir que tu me vuelvas a humillar. ¡A por el chicos!—
—Mas te vale que te prepares para lo que te viene.—
—Chicos…—
Sacaron un puñal del tamaño de un antebrazo y se veía afilado y lo manejaban con unas intenciones de no dar el mínimo de duda que vienen por mi. —Se los pido no vengan a mi porque les pueden pasar cosas malas. — Dos de ellos no hicieron caso a mis advertencias. La paz no se pudo hacer y en cuanto se acercaron lo suficiente se dieron cuenta que mi cuerpo no era el mismo ya llevaba un año entrenando en la isla karate y los resultados comenzaron a verse. Sin apuntar matar, pero sin medir sus fuerza parecía que que los ladrones estaban dispuestos a ir por el camino de la violencia y el riesgo.
No deseaba hacerles daño pero en cuanto vinieron por mi con esas armas de filo en sus manos y hiceron sus cortes amenazantes yo me dí cuenta que ellos no iban a retroceder. Lo malo es que alcanzaron a darme cortes en los antebrazos, lo bueno es que no parecían cortes demasiado profundos, solo que la sangre los hacía realmente vistosos. —Yo les pedí que hicieramos paz y no la guerra pero me obligaron a defenderme.— Yo buscaba retroceder e inmediatamente notaba que el trío se habia vuelto violento al superarme en numero así que tuve que darle un buen golpe a uno ellos y mandarlo a volar, un golpe con toda mi fuerza, mi tamaño, mi peso, y mi incontable estilo lo dejó inconciente y en el suelo comiendo tierra.
Habiendo acabado con los uno, dí atención nuevamente a las mujeres del camino y alzando mis alas decidí acercarme a ellas volando y hasta a aterrizar cerca de ellas con una cara sonriente y al mismo tiempo neutral. —Esta gente con estos cuchillos que quieren robarme y matarme, auxilio por favor.— No lo digo del todo enserio, pero sería bueno que me ayudaran ya que los tres tienen armas y comenzaba a preocuparme que pudieran apuñalarme y yo que me pudiera morir aquí en medio de un camino.
Me gustaría tener algo de ayuda pero ahora mismo solo estan las mujeres que estan precesiando este suceso. Deseaba por una señal divina que pudiera ayudarme. No soy un cobarde, por eso no me voy volando.
Una mujer con cabellos rosados comenzó a hacerme una serie de señas y de inmediato no entendí porqué quería llamar mi atención. Seguramente es por mi irresistible belleza pero luego más adelante escuché que hablaba de las personas tras de mí. Aunque no entiendo ¿Me dice bronceado? Ya quisiera el bronceado verse así de bien. al voltear tras de mí pude ver a un trío curioso. No puedo evitar darme cuenta de que parecen aquellos tipos que están teniendo un complot.
—Eh, tienen que estar jodiendo. me querían atracar ustedes trio de palomos. Los tigure no hacen eso. Vamo a resolver esto como los caballeros, hablando. — Su inseguridad fue suficiente para que no quisieran el pleito. Mis alas abiertas y amenazante, pero mi postura no no buscaba problema. Ciertamente sus dudas en uno de ellos fue un desencadenante para que se decidiera qué hacer.
—Yo no voy a permitir que tu me vuelvas a humillar. ¡A por el chicos!—
—Mas te vale que te prepares para lo que te viene.—
—Chicos…—
Sacaron un puñal del tamaño de un antebrazo y se veía afilado y lo manejaban con unas intenciones de no dar el mínimo de duda que vienen por mi. —Se los pido no vengan a mi porque les pueden pasar cosas malas. — Dos de ellos no hicieron caso a mis advertencias. La paz no se pudo hacer y en cuanto se acercaron lo suficiente se dieron cuenta que mi cuerpo no era el mismo ya llevaba un año entrenando en la isla karate y los resultados comenzaron a verse. Sin apuntar matar, pero sin medir sus fuerza parecía que que los ladrones estaban dispuestos a ir por el camino de la violencia y el riesgo.
No deseaba hacerles daño pero en cuanto vinieron por mi con esas armas de filo en sus manos y hiceron sus cortes amenazantes yo me dí cuenta que ellos no iban a retroceder. Lo malo es que alcanzaron a darme cortes en los antebrazos, lo bueno es que no parecían cortes demasiado profundos, solo que la sangre los hacía realmente vistosos. —Yo les pedí que hicieramos paz y no la guerra pero me obligaron a defenderme.— Yo buscaba retroceder e inmediatamente notaba que el trío se habia vuelto violento al superarme en numero así que tuve que darle un buen golpe a uno ellos y mandarlo a volar, un golpe con toda mi fuerza, mi tamaño, mi peso, y mi incontable estilo lo dejó inconciente y en el suelo comiendo tierra.
Habiendo acabado con los uno, dí atención nuevamente a las mujeres del camino y alzando mis alas decidí acercarme a ellas volando y hasta a aterrizar cerca de ellas con una cara sonriente y al mismo tiempo neutral. —Esta gente con estos cuchillos que quieren robarme y matarme, auxilio por favor.— No lo digo del todo enserio, pero sería bueno que me ayudaran ya que los tres tienen armas y comenzaba a preocuparme que pudieran apuñalarme y yo que me pudiera morir aquí en medio de un camino.
Me gustaría tener algo de ayuda pero ahora mismo solo estan las mujeres que estan precesiando este suceso. Deseaba por una señal divina que pudiera ayudarme. No soy un cobarde, por eso no me voy volando.
