Pilar de la pasión. [Pasado] |Trixxie Pappitson
#4
Mientras estaba sentada con la anciana, pensé que el día iba a ser simplemente perfecto, de esos en los que una respira hondo y siente que el mundo la abraza con suavidad. La sombra del árbol de mango, el murmullo del viento, el aroma dulce flotando en el aire todo parecía alinearse para regalarme un momento de paz, pero entonces lo vi, un chico de alas negras sí, negras como plumas mojadas por la noche, caminando con una presencia que no podía ignorarse. Su piel, bronceada por el sol de mil viajes, brillaba como si cada rayo lo buscara especialmente a él y yo, que venía con ánimos tranquilos y cero intención de luchar, no pude evitar sonreír un poquito, qué vista tan agradable. Sí, definitivamente el día acababa de mejorar.

Aunque la alegría no duró, porque apenas lo observé mejor, noté algo que no encajaba, unos hombres, más pequeños que él y nada amistosos, lo seguían con una intención tan oscura que hasta la brisa pareció tensarse, no caminaban, acechaban y sus miradas no dejaban lugar a dudas. Ese tipo de intención la conozco bien, la siento, la huelo, casi puedo escucharla antes de que ocurra y ellos no traían nada bueno, en absoluto. 

Mi tranquilidad se desvaneció como un susurro. El árbol, la sombra, la anciana, todo quedó atrás por un instante mientras mis ojos se afilaban y mi pecho se llenaba de esa chispa peligrosa que solo aparece cuando algo amenaza la paz de alguien que no lo merece, no sé quién era ese chico, pero sé reconocer una injusticia desde lejos. Así que me levanté de golpe, con suavidad suficiente para no asustar a la anciana, pero con la rapidez justa para no permitir que esos tipejos se acercaran al chico del bronceado perfecto y las alas negras.

Sentí cómo mi cuerpo se activaba solo, ese cosquilleo en la sangre que siempre aparece cuando la armonía se rompe, mi látigo de doble punta, ya estaba en mi mano antes de que siquiera pensara en ello, un suspiro, un paso y luego el movimiento, elegante, fluido, casi como una danza. Lancé el látigo con un giro de muñeca que había practicado mil veces, y como si tuviera vida propia, Miwaku voló directo al cuello del primero de ellos. El sonido del impacto fue seco, preciso, yo diría que incluso perfecto. Bastó un tirón firme para que el hombre perdiera el equilibrio y cayera de espaldas al suelo con un golpe que hizo eco entre los árboles.

Yo solo exhalé, acomodándome un mechón que el viento había movido, y levanté la voz hacia el chico alado, —¡Oye, bronceado! ¡Cuida tus espaldas mejor! — Los otros dos seguían allí, tensos, con esa mirada de hienas hambrientas, pero ya no eran mi problema. Yo había abierto la escena, había dado el aviso, había puesto el primer ladrillo en su defensa. Ahora le tocaba al chico bronceado darse la vuelta, ver con sus propios ojos lo que estaba ocurriendo y decidir si quería seguir siendo presa o demostrar que tenía garras.

Yo podía ayudar, claro que sí, pero no iba a pelearle toda la batalla. Me quedé firme, el mango del látigo vibrando todavía entre mis dedos por el último impacto, observando cómo los otros dos dudaban, quizá sin saber si correr o lanzarse. —Vamos, bronceado… —murmuré para mí, sin perder la sonrisa —Esta parte te toca a ti.—
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RE: Pilar de la pasión. [Pasado] |Trixxie Pappitson - por Trixxie Pappitson - 01-12-2025, 03:45 AM

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