Apreciar el arte del combate que hacen los demás me hace ver que tiene belleza. No reside en que se hagan daño los unos a los otros. No es tanto en quien tumba a quien o quien sangra por la nariz, si es verdad que cuando alguien tiene una manera de pegar única, distinta a los demás, inédita, sorprendente. Es normal emocionarse mientras no seas tú quien recibe el golpe. Pero en él al finalizar el combate se dan una reverencia el uno al otro, dándose la mano. Es el momento que me parece realmente especial. Yo no soy un maestro marcial, pero se vé un aprecio por el otro cuando se hacen esos saludos.
Lastimosamente no todos son iguales y por eso es que siempre los trata de ver cuando está de paseo. Había encontrado a unos chicuelos que se estaban midiendo el uno al otro. Son esencialmente buenos a pesar de su corta edad, y su demostración atrae la atención de otros. Entre ellos el hombre de tez oscura. Atraído y atrapado por la emoción del combate a tal punto que cerró sus puños con la clara intención de imaginarse que ocurría en el combate si el estuviese en la posición de esos chiquillos.
Un tintineo se escucha una vez, mientras en su mente está sintiendo la pelea, la patada que gira, impulsada con la cadera y peso del cuerpo. Segundo tintineo, más cerca, el chico bloquea, una postura de pies sólida y una guardia alta a la altura de la cabeza. Tercer tintineo, una sombra está sobre él, el chico que se defendía procede a barrer al que pateaba usando su pie opuesto y balanceando su peso con precisión. lo hace besar el suelo y cambia a una guardia lista para señalar que lo ha vencido. El Cuarto tintineo, inmensamente cerca,voltea de golpe sorprendido ante la presencia de la mujer Oni.
No es incorrecto asumir eso, es un kimono femenino, pero es altísima. su vista estaba a la par de sus rodillas entonces miró hacia arriba inmediatamente. Piel pálida cómo las nubes o el cielo, cuernos, una silueta que aun con esa ropa se puede denotar que debajo se esconde un cuerpo femenino que cualquier adolescente ha tenido en sus sueños. Sus caminar llegó a ser tan próximo que buscó retroceder cuando sintió el paso demasiado cerca ya.
Sus alas plegadas pasaron a abrirse a su máxima envergadura, reflejo de ser tomado por sorpresa. Una mirada atenta, felina, esperó el tiempo mínimo de un segundo. Si ella quisiera hacerme algo ya lo hubiese hecho pues hace un instante era una presa perfecta. En cuanto la ví imposible que no me llamara la atención, un par de aleteos antes de volverme a quedar en una postura neutral. Alzaría su brazo hasta que su codo alcanzará su hombro. —Haalooo.— Saludé informal queriendo llamar su atención. La fémina es dos, no, tres veces más alta que él. Se ve imponente y desde aquí abajo no iba a ocultar que sería una imagen que le gustaría replicar, es una lastima que hubiese tanta diferencia de tamaño.
No quiero sufrir de tortícolis así que cogería impulso flexionando mis rodillas. Mis alas volvieron a abrirse, pero aleteaban para poder volar rodeándola, repetidas veces para poder mantenerme a altura sin tener que moverse hacia alguna dirección, pero nada tuve que bajar nuevamente. No me podía mantener bien quieto así que tendría que aterrizar en un techo para vernos bien. —Me tomaste por sorpresa, demasiado. No hagas eso otra vez.— Su presencia me agarró por sorpresa, pero no me intimida, es una fémina muy guapa.
La señalé de inmediato. —Eres muy elegante. ¿Cómo soportas ser tan sensual? ¿No te pesan las miradas de todos? — No tenía que retraerse ante ella. Me sacaba una sonrisa natural.
