Juegos Peligrosos [Aventura T2, Presente Absoluto]
#16
Día 58, 05:00


El silencio tras la refriega era casi tangible, pesado como una manta empapada. El pasillo había quedado cubierto de cuerpos inconscientes, casquillos deformes y charcos oscuros de sangre que reflejaban la luz intermitente de los fluorescentes. El eco de los últimos golpes aún flotaba en el aire, disolviéndose lentamente entre respiraciones agitadas y el zumbido eléctrico de los cables del techo.

El joven pelirrojo había logrado imponerse. El pulso todavía le temblaba en los brazos, la sangre le latía con fuerza en las sienes, y su respiración, entrecortada y agitada, era el único sonido vivo que rompía la quietud de aquel corredor. La fatiga lo envolvía por completo. Cada músculo ardía, cada fibra protestaba, cada latido dolía. Y aun así, todo pareció valer la pena cuando, de entre el caos y la neblina de polvo levantado, una silueta conocida se dibujó al final del pasillo.

Entre los cuerpos caídos y la luz que parpadeaba, Jin se distinguía por fin. Había sangre seca en su ropa, y el filo de su arma aún goteaba. Pero ese cabrón aún estaba de pie, y vivo.

Ambos extremos del corredor parecían converger, como si el azar o un caótico tejedor del destino hubiera decidido reunirlos justo en el momento límite.
Mientras, en el otro lado del pasillo...

A pocos metros de Jin, la figura de Hana se mantenía erguida entre los restos del combate. La joven yakuza parecía haber observado la pelea completa sin perder la compostura. Su porte era elegante, casi relajado, y la manera en que sostenía el cigarro encendido entre los dedos contrastaba con el campo de batalla improvisado que la rodeaba.

El humo dibujaba espirales pálidas sobre su rostro, y aunque la expresión era difícil de leer, había algo en su mirada que no se parecía a la frustración.
Era una mirada evaluadora, casi aprobatoria.

Uno a uno, los cuerpos de sus subordinados yacían a sus pies. Algunos aún respiraban, otros no. Ella dio una calada más, despacio, observando en silencio al hombre que acababa de reducirlos a todos. No había gritado órdenes, ni había llamado refuerzos. Solo lo miraba.

Con un ademán tranquilo, se acercó un paso, el humo mezclándose con el olor metálico del aire. Luego, sin decir palabra alguna que alcanzara a oírse, extendió el cigarro hacia el frente, ofreciéndolo con un gesto medido, casi como una recompensa por su duro trabajo.

El ambiente se tensó apenas un instante, como si ambos comprendieran que aquello, más que un ofrecimiento, era un reconocimiento mutuo.

-Tú y esa maldita tendencia natural tuya a evitar que te mate... -Murmuró, sin perder la sonrisa, aunque visiblemente frustrada. 

Sabía de sobra que no podría vencerte, y menos al ver que el pelirrojo llegaba desde la distancia, más leal de lo que ella había podido pensar en un inicio cuando lo vio escapar. Realmente había vuelto a por ese tipo, quien había soportado la tortura, escapado, y acabado con tantos de sus hombres.

La yakuza exhaló lentamente, y el humo envolvió su rostro un momento antes de que sonriera, ladeando los labios en una expresión que no era de victoria ni derrota, sino de aceptación.

-Me rindo. -Dijo perdiendo el deseo de seguir intentando conseguir un imposible, y se dirigió caminando despacio hacia la salida, dejando atrás al herido pero difícil de matar Jin.

La calma duró unos segundos, hasta que, tras una última calada, la mujer dio media vuelta.

-Espero que te hagas cargo, cara bonita. No haber podido matarte será algo que "Él" no me perdonará. Así que, si los problemas me buscan, yo te buscaré a ti. Espero que sigas siendo tan escurridizo ante la muerte para entonces. Por el bien de los dos.

Su voz se perdió entre el ruido distante del pasillo, cuando comenzó a alejarse hacia la penumbra, dejando atrás los cuerpos, el olor a tabaco y una advertencia muda en el aire.

No hubo disparos. No hubo más órdenes. Solo el sonido de sus tacones alejándose… Y la vaga sensación de que aquel encuentro había sellado una deuda futura.

En el otro extremo de nuevo...


Al fondo, Owen podía distinguir ya la escena. Jin estaba vivo, de pie entre los restos de la refriega. Sin embargo, no alcanzó a comprender por qué aquella mujer, cuya fuerza ya había sentido, dejaba marchar al yakuza sin siquiera intentar capturarlo. 

La hermosa mujer se dirigió entonces caminando despacio hasta su posición, pasando por el costado del pelirrojo en total calma, con una sonrisa confiada en sus labios y un hilo de humo a sus espaldas. Mientras cruzaba el umbral que el propio Owen definía, Hana murmuró unas ultimas palabras, inaudibles para Jin, pero contundentes para Owen.

-Pareces un buen chico. Es una pena. Ese hombre... Probablemente algún día hará que te maten. 

No se podía saber a ciencia cierta si se refería a provocarlo accidentalmente o a ordenarlo directamente, pero la amenaza de peligro de la compañía de Jin era evidente.

Finalmente la joven terminó de recorrer el pasillo, donde cerca de medio centenar de hombres aguardaban tras haber acudido por la alarma local.

Sin embargo, lejos de ordenarles que acabaran con vosotros, de sus labios solo salió una inexplicable orden de retirada. Aunque con dudas y reticencias, sabiendo lo que podía suponer, todos sus hombres obedecieron de inmediato. 

Jin y Owen habían sobrevivido, y al fin se podían reunir de nuevo, pero el precio era evidente, el cansancio, las heridas, la tensión de un escape que todavía no estaba asegurado.

Aunque todo había acabado ya, algo parecía decirles que no había hecho más que comenzar.

Off


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RE: Juegos Peligrosos [Aventura T2, Presente Absoluto] - por Krysser - 07-10-2025, 09:00 AM

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