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Juegos Peligrosos [Aventura T2, Presente Absoluto] - Versión para impresión

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Juegos Peligrosos [Aventura T2, Presente Absoluto] - Krysser - 13-09-2025

Día 58, Verano
04:30


El hombre de la mirada de hielo estaba sentado en una fría silla de madera metal atornillada al suelo, en medio de una sala mal iluminada. Los tubos fluorescentes del techo chisporroteaban, bañando las paredes en un blanco enfermizo. 

Estaba en una sala de unos cinco metros por lado, en el corazón de un complejo laberinto de túneles y salas destinadas a actividades poco éticas y menos legales todavía. Aunque habían visto un pequeño plano desfasado, no era capaz de ubicarse exactamente en la marabunta de caminos y cruces que el complejo de cientos de metros tenía.

El aire olía a humedad, sudor y óxido. Sus muñecas estaban atadas con cuerdas gruesas, y una línea de sangre le recorría la frente, alimentada por un golpe reciente que reavivó la vieja cicatriz en su rostro. 

A su alrededor, tres figuras lo rodeaban. Uno era un hombre grande de aspecto rudo y fuerte, con los nudillos enrojecidos. El otro, de menor estatura pero mirada peligrosa, jugaba con un bate manchado de herrumbre, mientras se reía aparentemente sorprendido por la capacidad de Jin para resistir. 

A cierta distancia, la tercera figura observaba desde las sombras en silencio, apenas iluminada por la tenue luz roja del cigarro que estaba fumando con paciencia, y que dibujaba la sonrisa en sus labios mientras observaba el espectáculo.

Cada golpe que recibía resonaba en el eco de la sala, pero Jin mantenía el porte y la sonrisa, manteniendo la espalda recta, los labios sellados, y aquellos ojos azules fijos como cuchillas sobre sus captores. El silencio del hombre era más amenazante que cualquier palabra, y tras tantas horas de interrogatorio, ya parecía haber dicho todo lo que iba a decir. Nada.

La figura del fondo se levantó, estirándose con naturalidad, crujiendo su cuello después de muchas horas en una mala postura, casi como un mal chiste en comparación a lo que había sufrido Jin.

-Suficiente. -Dijo con su voz suave pero firme, y los otros dos hombres no se atrevieron a contrariarla, dejando al instante sus quehaceres. Con un simple gesto, ambos se separaron del cautivo, permitiendo que ella se acercara a hablar con él. 

Le tomó de la mandíbula con la mano, meneando su cabeza de un costado al otro, casi analizándolo. 

-Qué desperdicio. -Comentó con una sonrisa pícara, mientras echaba el humo del cigarro de su última calada en el rostro del joven. -No me gusta maltratar una cara bonita. -Añadió, sin dejar de mirar a los ojos a Jin, antes de sacar lentamente la espada que colgaba siempre de su espalda y acercar con cuidado el filo hacia la tez del hombre, abriendo un pequeño corte a pesar de apenas haber rozado su piel, dando buena cuenta de lo afilada que era su arma. -Pero creo que haré una excepción. 

[Imagen: ae214708cb7c646247e547217a415227.jpg]

Aquella mujer era Hana, la cabecilla de aquel grupo, una jefa mafiosa local que también era conocida como "Tsubaki" ("Camelia"). Se rumoreaba que había conseguido el favor de alguien importante del bajo mundo y se había establecido en aquella isla para expandir sus actividades, aunque no se sabía mucho sobre ella. 

---------------

Mientras tanto, Owen se encontraba fuera del complejo, escondido en un conjunto de contenedores apilados cerca del puerto. Sus pulmones ardían por la carrera, y sus manos aún temblaban después de aquella salida apresurada. Sabía que había logrado salvarse, pero también sabía algo más. Jin no saldría por su cuenta si no lo ayudaba.

El joven podía ver desde su escondite cómo los hombres armados patrullaban los alrededores, con linternas y Den Den Mushis gritando órdenes enfadadas, así como amenazas para aquellos que fracasaran. La base estaba en alerta después de haberlos encontrado. Owen no podía simplemente entrar de nuevo sin un plan. Pero tampoco podía dejar atrás al hombre que, de todas las personas que había conocido, nunca parecía necesitar de nadie, y aún así ahora le necesitaba. Sólo podía maldecir, recordando cómo habían llegado a esa situación.


Flashback
Día 57, Verano
22:00


La noche en la Isla del Kárate era húmeda, con el aire cargado del olor a tierra mojada y el constante zumbido de los insectos locales. Jin y Owen habían entrado por la parte trasera de un almacén que, desde fuera, parecía uno más de los tantos depósitos portuarios. Sin embargo, los rumores eran claros, ese edificio servía de fachada para la base de operaciones de una red de traficantes locales. El encargo de Jin y su compañero era simple en palabras, complejo en ejecución. Averiguar qué escondían y, de ser posible, apropiarse de ello.

Al principio todo salió según lo planeado. Pero todo se había torcido, como todo se tuerce siempre. Casualidades convenientes que se sucedían una tras otra. Un guardia regresó antes de lo esperado. Un ruido metálico que Owen no pudo sofocar a tiempo. Una sombra que se proyectó más de lo debido. Daba igual que fue, solo sabían que por culpa de ello, el delicado equilibrio de su infiltración se rompió.

En cuestión de minutos, un grupo de hombres armados y tatuados irrumpió en el pasillo estrecho. Jin intentó contenerlos con la misma frialdad con la que siempre afrontaba las crisis, pero eran demasiados, y no estaban para juegos. Owen, improvisando como pudo, logró abrir una ruta de escape. Jin, en cambio, fue rodeado y capturado, y ahora sabía que su destino estaba en manos de su compañero.


Presente
Día 54, Verano
04:45

De aquello habían pasado ya varias horas. ¿Seguía siquiera Jin vivo? ¿Valía la pena regresar ahora? ¿La misión aún podía llevarse acabo? A todas aquellas preguntas, solo existía una respuesta. Y eran ellos quienes debían descubrirla.

Off



RE: Juegos Peligrosos [Aventura T2, Presente Absoluto] - Owen Yang - 14-09-2025

[Imagen: 6aa9dbcf2c139ac3c4ee34b4033b3494.jpg]
-Parece que en mi puñetera vida voy a tener un día normal.-
El picor en los pulmones del joven pelirrojo era, por sobre todas las cosas, lo que más le molestaba mientras intentaba mantener la compostura en una situación que, a todas luces, le había dejado lo suficientemente tembloroso en sus manos por culpa del enorme subidón de adrenalina y tensión vividos en aquella madrugada en Isla del Karate. Se suponía que la operación era igual de sencilla que aquella que había organizado con Jin en el pasado pero que todavía no se había puesto en marcha: Entrar, robar y salir. Lo había hecho tantas veces (Algunas fracasadas, por supuesto) pero esa moralidad...esa maldita moralidad que le permitiría que aquel mafioso termine en manos de otros y poder liberarse de sus ataduras...le carcomía por dentro. Por más malandro que Owen pudiese ser siempre mantenía ese código que oscilaba entre lo heroico y lo estúpido, incluso, ya había ocurrido una situación relativamente parecida con Jensen Valentine, tirador, que decidió deliberadamente volarle la cabeza a un Marine -Me cago en mi puta moralidad sucia y asquerosa. Debería ser más rata.- y sí, el muchacho siempre pensaba en exactamente la misma frase que, de la misma manera, contradecía constantemente. La frustración se volvió tal que mientras su pecho se inflaba y desinflaba sin piedad debido a la agitación, llevó ambas manos hacia el rostro para frotárselo con virulencia, como quien intenta despertarse de esas famosas siestas de tres horas.

Escondido detrás de la entrada de aquel puerto evidentemente falso, Owen no dudó ni un solo segundo en mover su cuello de izquierda a derecha mientras apretaba el rostro, preparándose para utilizar todo lo que había aprendido durante décadas en la Isla Tamanegi (Su hogar) hasta hoy. Miró hacia abajo, viendo como su propia sombra era amplia pero una pequeña tonalidad anaranjada y azul empezaba a inundar el lugar, señalando que era posiblemente inicios de la madrugada muy temprana -Si espero lo suficiente...podría hacer que- mientras decía estas palabras, revisó el bolsillo derecho de su pantalón y sacó uno de sus dos Den Den Mushis: El oscuro. Este tenía unos diez centímetros de diámetro, el tamaño de una pelota que había perfectamente en la palma de la mano -las sombras me oculten, pero seguro la cosa se pondrá muy peluda si dejamos que se dilate más.- este, a diferencia de los normales, tenía una particularidad: Era capaz de poder interceptar comunicaciones más que comunicarse directamente. Sabía que no solamente no podía perder el tiempo, sino, que tampoco podía dejarse capturar por absolutamente nada del mundo; Tenía que saber mínimamente la ubicación precisa de Jin Onizuka.

Tenía que entrar en acción YA, demoró dos segundos para observar muy rápidamente su entorno y, en el instante donde la intensa luz de una linterna hizo acto de presencia, volvió a resguardarse. Sabía que había gente en el muelle pero todavía resultaba sumamente complicado detectar cuántos, pero si notó cómo había una elevación muy notable en el escaparate de muelle que la banda mafiosa tenía. Yendo agachado y bordeando la pared, Owen decidió aproximarse ágilmente hasta justo debajo de aquel lugar de madera para poder utilizar su dote máximo: El oído -Diez...¿Doce? Más de diez tienen que ser.- Tap-tap, tap-tap-tap, tap-tap, las pisadas eran sumamente irregulares, era bastante difícil identificar exactamente cuántas personas podría haber justo por encima de él, pero una cosa era absolutamente cierta: Más de una decena de individuos debían estar patrullando aquella zona, al menos, por la cantidad tan seguida de pisotones que podían escucharse.

Desde su posición, girándose ciento ochenta grados, podía observar con una ligera diagonal una entrada que resultaba ser relativamente estrecha -Coño. Está bien sellada ésta mierda.- solía hablar en voz alta, pero sabía que tenía que mantener aquellos pensamientos bien adentro de él y más sabiendo lo alerta que los sujetos habían quedado. Aún en su mano derecha permanecía el Den Den negro, el cual, ahora sí, Owen activó abriendo de su tapa y, sintiendo cómo unas de las pisadas se estaba alejando más a su derecha lo lanzó hacia arriba y, exactamente al mismo tiempo, salir totalmente disparado hacia la pared de la estrecha entrada, pegándose a la misma con su espalda y manteniendo toda su atención enfocada a cualquier cosa que pudiese salir de la misma. No sabía si su plan iba a ser efectivo, pero el objetivo era relativamente sencillo: Los Den Den Mushis, por su naturaleza, transmiten las señales sonoras por su boca, emitiéndolas en voz alta para que todos puedan escucharla. El ajetreo de los transmisores debería llamar la atención de aquellos que se encontraban en el muelle, distrayéndolos debido a que aquel caracol negro atraparía todas las señales y comunicaciones, generando una reproducción repentina y constante de todas las voces activas. Si alguien dentro del recinto escuchaba el ajetreo o se veía atraído por el posible lío en el sector del muelle, Owen podría interceptarlo y, rápidamente, inhabilitarlo para ingresar sin que nadie pudiese enterarse.

En un movimiento tan ágil como preciso, Owen no demoró en guardar la daga en su porta-dagas trasero y lo metió hacia la muñeca, escondiéndola dentro de la manga de su brazo izquierdo, había que prepararse.

Sabía que podía salir mal, SIEMPRE las cosas pueden salir mal, pero mejor que entrar directamente con una patada, ¿No?

[Imagen: 80aff929d21e1c9d10e159ded6813db7.jpg]
-A veces me gustaría entrar como un simio disparando con un revólver, quién me manda a ser tan rebuscado.-

RESUMEN


KARMAS POSITIVOS / ACTIVADOS (En negrita):


KARMAS NEGATIVOS:


OBJETOS DE OWEN:


OFF



RE: Juegos Peligrosos [Aventura T2, Presente Absoluto] - Onizuka Jin - 18-09-2025

Flashback
Día 56, Verano
12:46am

El humo del tabaco volaba y formaba un camino, desvaneciéndose en el aire pese a que se mantenía en los mismos. Su humor en ese momento no estaba siendo el mejor, había sido interrumpido en una de aquellas noches con el encuentro de un “acompañante nocturno” y tuvo que parar a medio camino justo en el mejor momento, sin llegar a darle siquiera opción a terminar una sola vez. Si fuera otro, solo habría ignorado el llamado, o golpeado a quien fuera pero, ¿qué hacer cuando quien le había citado era su mismísimo jefe? Le molestaba de sobremanera y, sin embargo, allí estaba, entrando en un local discreto, haciéndose pasar por un simple bar y, después de bajar unas escaleras, había una habitación completamente distinta, casi oculta. Jin ni siquiera se molestó en llamar a la puerta, solo la abrió despreocupadamente, con su calma habitual, pese a que sus adentros estaba más que cargado de furia. La bienvenida vino en forma de una mirada seria, ojos fijos, amenazantes, directos hacia el pelinegro de la cicatriz. Pese a la tensión que parecía respirarse en el aire, Jin no se vio amedrentado, solo cerró la puerta tras de sí con toda la naturalidad del mundo.

[Imagen: bnQQuLF.png]
—Algún día deberías aprender a llamar, Jin.

Él no respondió ante la mirada de su superior, por el contrario, apartó el cigarro de entre sus labios, que se encontraba casi consumido por completo y, con toda la confianza del mundo, se acercó a la mesa, apagándolo en un cenicero que obviamente no le pertenecía, ni le importaba que así fuera. Habían hombres en los laterales de aquella mesa, pero no se veía que se movieran. —Fuera. — La orden de aquel rubio serio llegó a oídos de los dos hombres, quienes inclinaron educadamente su cabeza y se retiraron, cerrando la puerta y dejando a solas a los dos hombres con mejor posición que posiblemente ellos.

[Imagen: QOkilXg.jpg]
—Quizás llamaría si no me molestaras cuando estoy ocupado.

Una media sonrisa asomó por el hombre rubio, quien al igual que Jin, mantenía un temple perfectamente pulido y pulcro, incluyendo su propio peinado, cosas que había enseñado al mismo Jin. —Mantener relaciones sexuales no es estar ocupado, Jin.— Porque sí, el hombre lo conocía de sobra, sabía bien sus costumbres y, dejando correr la imaginación del espectador, quizás conociera más de lo que aparentaba.

—Qué quieres esta vez. — se acomodó con calma encima del escritorio de su jefe al decir aquello pese a las palabras de su superior, quien solo sonrió de medio lado y, al fin, se dignó a ponerse en pie, con el cigarro entre sus labios y encendiéndolo con su propio mechero.

[Imagen: JtsYkdC.png]
—Tengo información que necesito que manejes, pero no quiero a uno cualquiera.

Hizo una pausa, soplando el humo del cigarro a la vez que miraba a Jin manteniendo su sonrisa. —¿Recuerdas aquel grupo que intentó hacer un trato y nos rechazó hace no mucho, los Tsubaki? — sí lo recordaba. Un grupo que parecía querer mover drogas, venderlas y, en un inicio, parecían más que dispuestos y, al final, hubo una vuelta atrás inesperada. Por ello, Jin asintió con la cabeza sin apartar la mirada de su superior. —Resulta que sospecho qué los hizo… retroceder, pero necesito a alguien con experiencia y de confianza que pueda terminar de confirmarlo por mí. Aparentemente consiguieron en secreto un dinero extra no autorizado de los de arriba, incluso de algunos de nuestros clientes… Y sospecho que lo tienen escondido en un almacén. Necesito que vayas, encárgate de llevar si necesitas a los hombres que quieras, o toma alguno de los tuyos que consideres útiles. Lo que quiero es que se lo quites y, después, les hagas aprender la lección. Te dejo volar la imaginación de cómo. — sus pasos frenaron al fin, volviendo la mirada hacia Jin con la misma sonrisa confiada.

[Imagen: NF2OyBW.jpg]
—Obviamente, sé que puedo contar contigo, Jin. No me falles.

Jin cerró los ojos por algunos segundos, claro que era un trabajo difícil, de no ser así, no habría contado con él y solo habría mandado a algunos inútiles desechables, pero no a él. Volvió a abrir los ojos, contemplando de nuevo los ojos del hombre. La confirmación estaba ya hecha con aquel gesto.

Flashback
Día 57, Verano
1:24pm

Había podido ponerse en contacto con alguien a quien ya de por sí ponía a prueba; el mismísimo Owen Yang. ¿Para qué? Porque conocía ahora su trabajo algo mejor. Después de aquel primer encuentro, y los posibles previos a ese, ya sabía que podía aprovechar sus habilidades para aquel trabajo. Obviamente no detalló tanto como su propio jefe, pero aquello era irrelevante. Trató de trazar un plan, en el que él entraría primero, incitaría a alguien con sus habilidades y, de allí, el siguiente en moverse podría ser el mismísimo Owen. No se esperarían a un buen ladrón después de que alguien más entrase y, en caso de que algo saliera mal, tendría el respaldo. Había aprovechado que comentaba el plan para que su cigarro aliviara el mono que ya de por sí poseía antes de entrar y adelantarse.

Y oh, casualidad. Pudo con una mujer, que cayó por sus encantos, pese a lo frío que se veía. Y allí fue donde cayó su error; en dejarse llevar demasiado. No solo la cautivó, él mismo “la disfrutó” y, precisamente eso, acompañado de los gemidos de aquella mujer, fue lo que alarmó completamente la seguridad, quienes no solo no esperaban al mismo Jin, sino que para colmo tuvieron que terminar con la mujer que tanto cayó por los encantos del yakuza. Lo pillaron por sorpresa, golpeando con fuerza su nuca, dejándolo inconsciente…

Día 57, Verano
4:45am

Y allí estaba ahora, jadeando, con las manos atadas en una silla, la cabeza gacha. La sangre corría por su frente, la cual poseía la cicatriz. ¿Cuánto tiempo hacía que se había despertado? Probablemente hacía algunas horas. ¿Owen habría entrado ya? ¿Habría comenzado a investigar? Él mismo había hecho pequeños descubrimientos, como una habitación en la que parecía haber sacos de algo, pero no pudo terminar de ver correctamente. El dolor en su cicatriz era palpable, muy doloroso, pero por su parte ya estaba haciendo pequeños malabares con sus manos en la mínima distracción, aprovechando para ir desatando los nudos de las cuerdas que lo mantenían atado a la silla.

[Imagen: c2NkRxF.png]

Abrió sus ojos, ahora sonriendo de oreja a oreja al escuchar la voz de la mujer. ¿Tortura? Quizás para otros sí, pero su propia erección, medio oculta entre sus pantalones, mostraban que estaban muy lejos de lograr que siquiera pudiera ser doloroso… Que lo era, pero aquello era absoluto y completo deleite para sí mismo, y más después de la interrupción en la que se vio impuesto por la inconsciencia. De hecho, pese al dolor, los gritos habían sonado contenidos al apretar su mandíbula con todas sus fuerzas.

Sus ojos se elevaron, sintiendo que ahora la sangre le molestaba en su ojo, cerrándolo por la ceguera que le provocaba el líquido.

[Imagen: vCK09Qg.png]
—Nadie diría que lo lamenta, señorita.

Sus palabras sonaron confiadas, pese a que sentía cómo aquella mujer tomaba su mandíbula, hablando ahora por primera vez desde que inició la tortura, sonriendo de medio lado con picardía. Sabía que estaba ganando un terreno invisible ante la falta de información que estaba ofreciendo. El orgullo le podían por encima de la razón. Mantenía sus armas bien ocultas. ¿Le habrían retirado las dagas en su inconsciencia? Una vez se desatara, lo comprobaría. Probablemente la katana sí se la habrían retirado, pero era algo normal ya que era lo que más tenía a la vista. Aún así, dibujó una sonrisa de oreja a oreja.

[Imagen: lkAgVSq.png]
—¿Quizás quiera una pequeña probada de esta cara bonita?

Su oído podía escuchar los pasos de más fuera de aquella celda donde parecían haberle metido. No se veía asustado en lo absoluto, pero sí había estado atento a los pasos que había podido oír en el momento que fingía “caer inconsciente”. Lo que supo era que fuera parecían haber un mínimo de tres personas haciendo rondas por la entrada, aunque no se mostrasen en la celda y, aunque quisiera, no podría verlos bien. Sus ojos se enfocaban igualmente hacia la mujer, sintiendo el roce del arma con una nueva herida. Solo cerró uno de sus ojos, sin emitir sonido alguno de queja, hasta que su propia sangre descendía por la nueva herida. Estaba seguro de que Owen ya estaba planeando algo, o haciendo algo o, esperaba al menos, que hubiera encontrado algo. Por ahora lo primero era desatarse, revisar si conservaba sus armas ocultas y, de allí, seguir adelante.

Karma Positivo


Karma Negativo


Objetos de Jin


OFF



RE: Juegos Peligrosos [Aventura T2, Presente Absoluto] - Krysser - 20-09-2025

Día 58, Verano 04:52


El aire en el muelle se llenó de estática. El Den Den oscuro de Owen comenzó a vomitar un revoltijo de voces cortadas, órdenes entrecortadas y chillidos metálicos que resonaban en la madrugada como un enjambre de grillos metálicos. La treta funcionó, y al menos una decena de hombres apostados en el muelle se giraron, mientras otros tantos corrieron hacia la zona más próxima al puerto. El eco de sus botas sobre la madera se mezclaba con las linternas que ahora apuntaban en todas direcciones.

El caos estaba servido.

Owen, aprovechando la confusión, se deslizó pegado a la pared de hormigón, avanzando a zancadas cortas hasta alcanzar la sombra de la estrecha entrada lateral que había divisado antes. El olor a salitre y aceite rancio era insoportable allí, pero el refugio momentáneo le permitió contener la respiración, mientras el corazón aún bombeaba como un tambor en su pecho.

Todo parecía ir bien, de acuerdo al plan. Pero el destino, fiel a su costumbre de ensañarse con él, no se lo iba a dejar tan fácil. Mientras trataba de abrir la cerradura, el mecanismo de la puerta chirrió desde dentro, una señal inequívoca de su inminente apertura. 

En un instante, la puerta se abrió revelando a sus ojos una tercera patrulla, que hasta ese momento permanecía en el interior custodiando la puerta, pero que se había apresurado a salir fuera tras escuchar el caos que se había formado. El reflejo de la linterna sobre su propio rostro dejó en claro la traición de la suerte, lo habían descubierto. 

Se trataba de un grupo de alrededor de diez hombres jóvenes, uniformados con el atuendo típico de aquellos matones, ropajes de tela barata gris. El shock del momento los había dejado paralizados, pero no tardarían más de unos segundos en reaccionar. La mayoría, lanzándose a por Owen ferozmente. Otro, sin embargo, tratando de alejarse corriendo hasta la pared del fondo, corriendo como si su vida dependiera de ello.

Contenido Oculto


El segundo siguiente sería decisivo, Owen tenía la daga lista en la manga, pero aquellos hombres también estaban armados y listos para enfrentarle. 


Mientras tanto, en el interior...
Día 58, 04:40
—Nadie diría que lo lamenta, señorita.

La sonrisa de Hana al oír aquellas palabras no pasó desapercibida, pero no hubo más respuesta de su parte que la que había seguido al juego con tu rostro.

—¿Quizás quiera una pequeña probada de esta cara bonita?
Tras aquella muestra de valentía o de estupidez por parte de Jin, la sala de tortura se había llenado de un silencio espeso.

Hana, la llamada Tsubaki, retiró el filo de la espada y lo limpió con un gesto elegante, casi indiferente, como si se tratara de un ritual cotidiano. La sonrisa que dedicó a Jin fue ambigua, una mezcla perfecta de tedio y fascinación.

-Eres más interesante de lo que esperaba. -Susurró, dejándole la mejilla marcada con una nueva línea carmesí, sin perder detalle a la reacción del tipo a su tortura, pues esta saltó a la vista casi de forma inevitable e imprudente. -Pero tendrá que ser en otra ocasión, encanto. No puedo perder más tiempo jugando contigo.

Giró sobre sus talones, con la gracia de alguien que sabe que siempre tiene la última palabra, y el humo del cigarro quedó flotando en el aire cuando ella salió de la sala, recibida con respeto por dos hombres de traje oscuro que habían esperado en el pasillo. El portazo fue un golpe seco, y con él se fue la figura que imponía más con una sonrisa que cualquiera de aquellos hombres con sus puños.

Ahora la responsabilidad quedaba en manos de sus dos hombres de confianza, el grandullón, al que habías oído que se referían como Big Tom, y el otro individuo de menor tamaño, al cual e algún momento llamaron Little Timmy.

El primero, un gigantón de más de dos metros, cuello ancho como un tronco y los nudillos hinchados como rocas, se colocó de brazos cruzados al costado de Jin, tan cerca que podía sentirse su respiración pesada.

El segundo, menudito y de aire nervioso, con una sonrisa torcida que mostraba dientes amarillentos, jugueteaba con su bate oxidado como un niño con un juguete nuevo.

-Qué jodida suerte tienes, eh, guapito. -Dijo Timmy, ladeando la cabeza, con una risa aguda que resonó demasiado en el cuarto. -La jefa se va, pero nosotros tenemos todo el día, y no hemos hecho más que comenzar.

Tom no habló. Se limitó a acercarse despacio, con esa calma violenta que precede a los golpes inevitables, mientras hacía crujir el suelo bajo su peso.

Jin, aún con la sangre corriendo por la frente y las muñecas marcadas por la cuerda, ya había avanzado lo suficiente en su juego de paciencia, y al fin el nudo comenzaba a ceder. No estaba libre, no todavía, pero cada segundo de distracción podía inclinar la balanza. Y en ese instante, con los ojos helados clavados en sus dos verdugos, no parecía ser él quien estaba en desventaja.


Off



RE: Juegos Peligrosos [Aventura T2, Presente Absoluto] - Owen Yang - 22-09-2025

Owen tenía un sentido auditivo altamente desarrollado debido a todos sus años en las calles que le obligaban, día y noche, a tener que estar sumamente pendiente de sus alrededores. Sin embargo...pese a que su olfato no era sumamente espectacular, no hacía falta tener la nariz de un catador de vinos para apreciar el tremendo aroma a puerto marítimo completamente descompuesto, uno que evidenciaba la falta de limpieza y mantenimiento que un entorno así debería tener -Puaf...qué tufo, hermano. Quién me manda a buscar a ese tarado.- casi como si se hubiese dado el dedo pequeño del pie contra la pata de una mesa, la expresión del pelirrojo se retorció durante uno o dos segundos al igual que lo hacía su nariz. Su ceño fruncido y cara asqueada eran índices del inevitable espanto que era mantenerse allí y que, probablemente, todos los secuaces del grupo mafioso debían tener los sentidos atrofiados de permanecer más de diez minutos aguantando semejante olor a putrefacción.

Parecía que la fase uno del plan había sido efectiva, pero, como siempre, la fase dos fue un poco más...caótica. El chirrido de la puerta abriéndose denotaba el óxido de las bisagras que, también, funcionaban indirectamente como alarma para todo aquel que se encontrase dentro del lugar, ¡IIIIIIIIIK!, el sonido fue tan intenso que hasta al propio Owen, poniéndose frente a la misma mientras se mantenía ligeramente encorvado, empezó a escuchar una sucesión de pisadas que denotaba, una vez más, una cantidad de personas acercándose muy rápidamente hacia su posición -¡!- mientras la puerta se iba abriendo lentamente, tenía que irse acomodando: El pelear iba a ser inminente.

[Imagen: 3206c4fe936b185866bfd1bad61d68d6.jpg]
-Ya viene-ya viene-ya viene.-

En un susurro, apenas perceptible para él, observaba cómo el destello de la luz interior cada vez se combinaba con el oscuro pero tenuemente anaranjado día que anunciaba la madrugada. El pelirrojo estaba auto-motivándose, sacudía ambas manos como si estuviesen mojadas e igual lo hacía con sus hombros. Frotó su rostro con fuerza y rapidez, como si se lavase la cara con agua invisible. Todo era un elemento preparatorio para que, en el instante que hizo contacto visual con el primero de los individuos, aquella postura de lince -¡YA!- le hiciese salir disparado como un cohete hacia la confrontación de lo que parecían ser diez individuos con ropas y armas relativamente flojas, cosas que él ya ha visto en innumerables ocasiones. No iba a pararse a analizarlos ni tampoco a debatir, su objetivo era claro: Rescatar a Jin Onizuka, sí o sí, porque su madre, Moria dependería de ello.

[Imagen: fe389a72ead9caea1c88322fc41c6e15.jpg]
-VENGAN A MI, ¡CABRONES!-

Una vez que Owen era detectado ya no se daba marcha atrás; Un chico tan intenso, tan explosivo y tan fugaz no tenía medias tintas ni tampoco escaparía a menos que su vida esté dependiendo de ello. Incluso, esto último, podría ser bastante debatible. A toda la velocidad que pudo, el muchacho salió completamente disparado a golpear exactamente en los puntos donde no dudaría en generar desestabilización; Lo que el pelirrojo siempre priorizaba en las peleas era dejarte inestable, perdido, confundido, porque sería hasta más fácil dejar fuera de combate a quien sea -¡TOMA! ¡Y TÚ! ¡Y TÚ!- el escándalo estaba servido, una vez que se envalentonaba en la acción y la adrenalina nadie lo podía sacar. Su estilo de combate era tan destacablemente precario pero efectivo, demostrando la enorme experiencia que tenía de combatir en las calles: Una patada hacia el talón para desestabilizar a uno, puñetazo al mentón al otro, patada en la espalda al siguiente. Los ojos azules del chico volaban recordando a cierto sujeto de otra dimensión con ojos rojizos que parecía estar en guerra contra el mundo.

Cuando la escena se resolvió, el pecho del pelirrojo se inflaba y desinflaba con mucha intensidad. Su sonrisa estaba tan fuertemente marcada que parecía la de un loco, tenía los ojos, incluso, desorbitados, ansioso hasta de más -Dios, cómo me había olvidado de lo hermoso que es reventarse la cara contra alguien.- los miraba con sus pupilas que bailaban al sol de la adrenalina inyectada en sus venas. Quería seguir, -Coño, este tipo.- pero reaccionó a tiempo, aun sin perder las hormonas explotando en su interior. Llevó su mano derecha hacia su bolsillo y, con rapidez, comenzó a apretar los botones de su Den-Den Mushi personal, el mismo que literalmente había comprado para comunicarse con Jin cuando tuviese que zarpar para realizar el plan orquestado por ambos -...a ver...- ¡Pip! ¡Pup!, ya daba relativamente igual ser descubierto, perseguido o lo que fuese. El desastre que había provocado la puerta, las personas, los gritos, la paliza, todo ya había sido demasiado. Lo que tocaba era una sola cosa: Identificar dónde estaba el mafioso (Ahora compañero) para no perder el tiempo ni un solo segundo más.

No importaba si atendía o no, porque automáticamente su Den Den buscaba comunicarse con el personal de Jin, lo bajó hasta su cintura, sosteniéndolo como si fuese un balón. La mirada de Owen, mientras tanto, viajaba de izquierda a derecha entre aquellos pasillos tenuemente iluminados de los cuales, a simple vista, se veían sumamente laberínticos como para mandarse por cualquier lado. Mientras la adrenalina descendía por sus venas, empezaba a sentir el potente olor a óxido y a humedad que era igualmente de desagradable que en el exterior -No importa si atiende...- mientras el ceño del pelirrojo estaba fruncido, todo lo que quería era detectar más o menos por qué lugar retumbaba más el sonido del caracol comunicador del secuestrado, al son de su famoso "Peré-peré-peré".

[Imagen: 8e5870cb5ccf250398eb070a6a7cf2bd.jpg]
-...necesito a ese cabrón vivo, sí o sí. Venga, de dónde viene el puto sonido...-
 
Resumen

Karmas Positivos/Negativos activados:


Objetos de Owen:



RE: Juegos Peligrosos [Aventura T2, Presente Absoluto] - Onizuka Jin - 24-09-2025

Jadeo.
Respiración.

Su sonrisa se había mantenido allí mientras sus ojos afilados contemplaban a la mujer frente a él. No hacían falta palabras, desde luego que no, pero tampoco había ninguna duda. Una comprensión silenciosa se dibujó en su mirada a la vez que la mujer retiraba su arma, dejando el tono carmesí defender de la pálida piel del varón, uniéndose a la primera que caía por su cicatriz.

—Qué lástima, será un desperdicio no poder disfrutarnos. — su voz, profunda y seria, sonaba ahora juguetona a medida que contemplaba a la mujer alejarse del lugar. Lo sorprendente era que mantenía su temple, calmado, paciente y sin temor, incluso cuando se quedó a solas con los dos hombres. El sudor perlaba ya no solo su rostro, sino también lograba que el característico escozor de los cortes se hiciera notar incluso más.

Sus manos estaban todavía atadas, pero las cuerdas ya estaban comenzando a ceder. Solo un poco más. Un poco más y se liberaría. Sus ojos se elevaron hacia los hombres, con calma, inconsciente de que fuera de allí su acompañante, Owen, pudiera estar peleando o si sencillamente lo hubiera abandonado a su suerte. Ponía en serias dudas la segunda opción, más cuando él mismo se había encargado de que el joven tuviera el conocimiento y, a su vez, desconocimientos suficientes como para no quererlo muerto, por mucho que lo deseara.

Sus ojos se elevaron hacia la voz de el que en su cabeza decidió apodar "pequeño Timmy", mas no dijo su nombre. —Vaya, ¿Apenas empezáis? Tendré que ver y disfrutar hasta el último segundo entonces...

Ya casi estaba, solo un poco más. Pese a la mirada dirigida al "Pequeño Timmy", sus manos ya se estaban desatando, pasando desapercibidas y, en silencio, agradeciendo a su jefe por haberle enseñado a cómo hacerlo con semejante facilidad.

"Peré-Peré-Peré"

Una nueva interrupción, repentina, inesperada incluso para él pero lo suficiente como para poder acelerar un poco el proceso por los dos individuos que sabía de sobra que se iban a distraer por el sonido. ¿Se lo acercarían? ¿O tal vez solo lo observarían y se burlarían de él? Fuera cual fuere el caso, para entonces ya se estaba consiguiendo desatar, pudiendo sentir al fin que los apretados brazos ya estaban más que listos ya para salir de aquella silla y hacer lo que fuera a ocurrir a continuación. Pero, incluso así, buscó una nueva distracción con sus propias palabras.

—Parece que una de mis novias puede buscarme. ¿Qué tal si intentan escucharla gemir cuando respondan?

Una pequeña burla, no con una intención de molestar, sino de disfrutar de sus reacciones antes de lo que iba a pasar cuando se levantara de esa silla.

Objetos de Jin



RE: Juegos Peligrosos [Aventura T2, Presente Absoluto] - Krysser - 25-09-2025

Día 58, 04:54

El momento de desatar aquel caos había tenido un precio.

Owen, jadeante, se erguía sobre el suelo manchado de salitre y sangre, con los nudillos ardiendo y la respiración irregular. Los cuerpos de la patrulla yacían alrededor suyo, algunos retorciéndose aún, otros ya completamente fuera de combate. Lo había logrado. Nninguno alcanzó a dar la alarma. El único que lo intentó, corriendo hacia el fondo, había caído tras un brutal placaje seguido de una lluvia de golpes que terminó por silenciarlo.

-Dios, cómo me había olvidado de lo hermoso que es reventarse la cara contra alguien. -Aquello fue lo que murmuró el pelirrojo, con una sonrisa torcida por la premura de su misión, mientras continuaba con su idea principal y trataba de contactar a su compañero. Tal vez trataba de escuchar un sonido, aunque fuera lejano, pero durante varios segundos no alcanzó a oír más que el mar a su espalda y los agonizantes quejidos de aquellos hombres derrotados que aún mantenían un hilo de consciencia. Al menos, hasta pasados unos segundos, donde un leve sonido de caracol se escuchó al fondo, en el extremo opuesto de la base.

Pero aquella pequeña victoria era solo parcial. En el muelle, las linternas que antes habían desaparecido al perseguir el ruido, regresaban. El cebo que había usado, el Den Den Mushi negro, había sido encontrado. Voces ásperas retumbaban desde la distancia, una serie de órdenes gritadas con vehemencia y aquella confusión que de pronto se transformaba en certeza. El dispositivo fue levantado como prueba, y en cuestión de segundos un guardia transmitía la noticia a través de su propio comunicador.

-¡Tenemos un intruso! ¡Es posible que se haya dirigido hacia el interior...! ¡Bloqueen la puerta principal!

La falsa calma se evaporó. El eco de pasos pesados comenzó a sacudir de nuevo la madera del muelle, esta vez dirigiéndose con disciplina hacia el acceso central. Si Owen no se daba prisa, el hormiguero entero se le vendría encima. Pero no era lo único. 

-Estoy en camino. Aplastaré a esa rata. -Una voz grave, proveniente de alguien que debía ser enorme y fuerte, amenazó con encontrar al pelirrojo. Por fortuna, o por desgracia, aquella voz venía exactamente de la dirección de la que vino el sonido del den den mushi de su amigo. 

--- Mientras tanto, en el interior ---

La sala se estremeció por el eco de aquella llamada, con la estridencia de un Den Den resonando como un puñal en el silencio.

Big Tom, que hasta entonces parecía una montaña inamovible a un par de metros de Jin, giró la cabeza hacia la puerta. Su ceño se frunció con molestia, y tras un gruñido gutural soltó un bufido que casi hizo temblar la lámpara del techo.

-Mierda. -Aquella maldición le salió del alma, sin adornos. -Tenemos compañía. -Aseveró, consciente de lo que aquella llamada debía significar desde el primer instante, tal vez por años de experiencia en la materia. 

Se giró hacia el pasillo, abriendo la puerta con una violencia que hizo chirriar las bisagras. Enseguida, dos de las patrullas que aguardaban afuera le acompañaron a paso rápido. El gigante desapareció tras el umbral, llevándose con él esa presión sofocante que llenaba la sala, el dispositivo con el cual trataban de contactar a Jin.

Solo entonces, el silencio volvió a la estancia.

El único que quedaba era Little Timmy, quien sonrió con esa expresión de rata que nunca lo abandonaba, girando el bate entre sus dedos como si nada hubiera cambiado.

-Bueno, parece que la fiesta afuera empezó sin nosotros. -Chasqueó la lengua, acercándose un paso a Jin. -Pero tranquilo, guapito. Te prometo que no vas a aburrirte. -Comentó, mientras se dirigía hacia la puerta para cerrarla nuevamente y así tener intimidad con su invitado.

Lo que Timmy no sabía era que los nudos ya no retenían las manos de Jin, que si bien aún estaban algo tensas por las marcas de la cuerda, descansaban sueltas sobre los brazos de la silla, listas para actuar en cualquier instante. El momento había llegado, ya no estaba atado.


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RE: Juegos Peligrosos [Aventura T2, Presente Absoluto] - Owen Yang - 26-09-2025

Debido a lo mal que comió durante toda su vida, desgraciadamente, el sentido del gusto del joven pelirrojo pillo estaba relativamente mermado. Ah, ¿Pero el auditivo? Podía escuchar la caída de un alfiler a cientos de metros de distancia, aunque con los estímulos repletos de dopamina de las máquinas tragaperras, sus ruiditos, luces y colores todos sus elementos cognitivos deberían estar bastante más quebrados. Si bien el ambiente parecía estarse revolucionando progresivamente, no había sido detectado del todo.

"Peré, per-"
[Imagen: bb5f2389c8a00866d334684893b4def3.jpg]
-¡Lo tengo!-

Fue breve, muy sutil, incluso pareció subir y bajar de volumen de forma abrupta, tal y como uno lo haría al mover el potenciómetro de un equipo musical de izquierda a derecha y vice-versa. Owen solía ser bastante ágil de mente y veloz para la improvisación; Automáticamente salió disparado en dirección de donde provenía el sonido que, al parecer, resultaba ser el pasillo izquierdo visto desde su primera persona mientras guardaba su caracol nuevamente. Un tumulto opaco, con una fuerte cantidad de graves, empezaba a sonar justo detrás de él -Tsch. Ya lo saben.- desvió su mirada hacia un costado sin ver lo que tenía detrás: la puerta que forzó rápidamente para poder entrar. No podía (Ni quería) perder un solo segundo más.

Con su cuerpo arqueado como lince salió disparado al máximo de su velocidad mientras el sonido de sus ropas se agitaban producto del rápido movimiento. Buscaba mantener la agilidad ya que, al menos aquel grupo anterior, no parecía que lo fuese a delatar de ninguna manera...y menos en su alto estado de inconsciencia. Aquel movimiento en tropel cada vez se hacía más perceptible, al igual que el joven pelirrojo que, como un destello, observó entre la penumbra y siendo levemente distraído por el aún nauseabundo hedor del recinto a otro nuevo grupo de maleantes que parecían estar potencialmente histéricos por su treta a la hora de distraer a las pandillas de los puertos -¡!- no demoró en pegarse en la pared más próxima que tenía a su lado; Necesitaba derrotarlos lo antes posible y, si podía tomarlos desprevenidos, mucho mejor que mejor -Jin Onizuka...más te vale que estés haciendo algo para escaparte de donde sea que estés.- pudo observarse el rostro frustrado del joven pelirrojo que, pegado a la pared como si de un gecko se tratase, demostraba una expresión completamente irritada con sus ojos entre-cerrados.

-Estoy en camino. Aplastaré a esa rata. -
[Imagen: f38303d70f1e4e7d8a60e384e2fca45f.jpg]
-...joder, ¿Qué fue eso?-

Sonó bajo, muy tenue, aunque perceptible. No llegó a distinguir por completo sus palabras debido al fuertísimo retumbar no solamente de sus propias cuerdas vocales, sino, del retumbar tan opaco y algo cavernoso del metálico y oxidado lugar -Eres un cabrón, ¿Eh?- levantó la cabeza hacia el cielo, mirando...¿Al techo? No, más allá del techo, de las nubes del cielo y de la inmensidad del universo. Owen, en su cabeza, le hablaba al mismísimo Dios o, bueno, al menos, el ser superpoderoso que controla los hilos del destino de cada uno. Podría ser un tipo detrás de un aparato tecnológico narrando sus acciones, pero nos se ve tan épico como simplemente una entidad divina todo-poderosa -Siempre le das tus más duras batallas a tus mejores guerreros. ¿¡Me dejas una batalla en paz, cojones!?- y, mientras platicaba en su cabeza y esperaba ser escuchado por este ente magnánimo, esperaba la distracción del grupito no muy lejos de él para, así, derribarle con la misma velocidad con la que hizo contacto visual con ellos. Sabía que se iba a liar.

Resumen

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RE: Juegos Peligrosos [Aventura T2, Presente Absoluto] - Onizuka Jin - 27-09-2025

Podía escucharlo, el caos lejos de allí. Es más, incluso percibir claramente que “Big Tom” estaba más que habituado a aquel tipo de cosas. ¿Pondría en peligro con ello a Owen? Lo mejor era darse prisa, pero no podía soltarse sin más mientras lo miraban, o podría ser problemático. Necesitaba distracciones, cualquier cosa. La fortuna llegó en el momento que el mencionado inicialmente desapareció de la celda, dejando confiadamente la puerta abierta que, por obvias razones, el “Pequeño Timmy” estaba yendo a cerrar. Allí estaba, su gran y preciosa oportunidad, de forma gratuita. Despacio, a medida que sus ojos analizaban la velocidad de los pasos del de menor estatura, sus manos se deslizaron hacia atrás de las cuerdas, sin emitir sonido alguno. Ya se había logrado librar de las ataduras y, lo primero que hizo mientras se iba levantando poco a poco de la silla era palpar las dos zonas donde tenía sus dagas. Oh sí, las conservaba. Su sonrisa se ensanchó de oreja a oreja, retirando primero una de ellas, la que tenía en el traje, con su mano derecha desde el bolsillo izquierdo, con una funda que utilizaba para no dañar sus ropas, en un ligero “clic” que sonó en el instante que posiblemente el Pequeño Timmy se daría cuenta, aunque tarde, de su grave error.

Lo primero que hizo Jin fue elevar su mano izquierda hasta la boca del hombre, apretándolo para que evitara hacer cualquier ruido e instantáneamente colocó la hoja de la daga en el cuello ajeno, hablando finalmente en su oído en su ya característico tono que lograba hacer temblar a muchos de sus hombres, profunda, más segura y más lenta.

[Imagen: UiEnEjS.png]
—¿No te han enseñado a nunca dar la espalda a tus enemigos?

Sin darle tiempo a reaccionar, incluso sabiendo que trataría de defenderse con el bate, Jin hizo un movimiento veloz con la daga, completamente horizontal, por la garganta del hombre. Así, si trataba de pedir refuerzos, no podría. Sintió su sangre en su mano y daga, pero también cómo el contrario se sujetaba la herida, en busca de aire. ¿Lo dejaría desangrarse? Oh, desde luego que sí. Ese hombre ya era hombre muerto desde que su daga había cortado parte de su cuerda vocal, por lo que no podría emitir nada más que sonidos ahogados. No lo soltó, no al menos en la misma puerta, solo sería llamar la atención innecesariamente, por lo contrario, lo arrastró, todavía sujetándolo con fuerza, hasta el lado derecho de aquella celda y, una vez lo soltó en la esquina, pasó la dorsal de su mano por la mejilla derecha, donde habían quedado restos de no solo su propia sangre debido a la cicatriz, sino también del individuo. Pese a lo sucedido, aquello más bien parecía una transacción natural, lejos de alarmarse por terminar con una vida humana. Era otro más en una larga lista que ya había dejado de contar. Lo que sí hizo fue agacharse hacia el cuerpo del “Pequeño Timmy” para rebuscar entre sus cosas. Quizás algún Den-Den Mushi, ya que Big Tom se había llevado el suyo, lo que significaría mayor peligro para Owen. No era bueno, había hecho un trato con aquella mujer de cuidarlo, no ponerlo en peligro. Si pasaba algo, el responsable era él. 

Comenzó el registro del cuerpo, con la daga siendo sujetada por sus propios dientes desde la zona de a empuñadura. Sus dedos finalmente alcanzaron a tocar algo en un lado oculto del cinturón. Un pequeño kit de emergencia. Lo mal que había empezado parecía compensarse al fin con aquello. Sus ojos aprovecharon para abrirlo, para al menos tratar su propia herida, el de su propia cicatriz, tomándose el tiempo necesario, pero sin ir demasiado despacio ya que, por desgracia, el tiempo era oro. A medida que realizaba la labor en sí mismo como recordaba haber visto hacer en Hyákinthos alguna que otra vez, sus ojos viajaban por la habitación, donde finalmente encontró la katana, que no había visto en un inicio por hallarse a sus espaldas. Eso era mejor todavía. Limpió la sangre de la daga con la ropa del Pequeño Timmy, reacomodándola de nuevo en el escondite de su traje y tomó el arma más grande, más seguro de sí mismo. Al menos el sangrado había cesado, se había podido tratar la herida y limpiar la sangre. Respiró profundamente, revisando que su katana estuviera en buen estado y, por fortuna, así estaba. No parecía que hubieran hecho mucho más que justamente quitárselo y dejarlo a un lado. 

[Imagen: vQSQlzV.jpg]
—Nunca te pases de confiado, o acabas muerto.

Su voz sonó bajita, profunda y calmada. Era un consejo, irónico que lo mencionara al que ya había muerto, pero costumbres que adoptó después de un trabajo realizado. Ya listo, se preparó, caminó hasta la puerta abierta de la celda y miró desde el umbral, con la katana a un lateral de su cadera, en su cinturón. Pudo percibir el sonido de voces, tres hombres en total. Aquel afilado y fino oído lograba ser más útil que su propia vista. Elevó su mano derecha hacia la cicatriz, ahora tratada, y dio leves pasos en el exterior de la celda. Sorprendentemente, era como un felino, sin un solo sonido en sus zapatos caros, sin un atisbo de temor, cargado de confianza. No es que los alcanzara a todos de una vez, pero sí que al menos podía verlos, a los tres de espaldas. Procuró en todo momento mantenerse en la zona más oscura posible y menos iluminada, así podría quizás pasar más desapercibido. Su mano se posó en la empuñadura de la katana, listo para desenvainarla lentamente. Solo debía ser veloz, evitar ser descubierto y poder avanzar y, sobre todo, encontrar a Owen antes de que fuera demasiado tarde.


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RE: Juegos Peligrosos [Aventura T2, Presente Absoluto] - Krysser - 29-09-2025

Día 58, 04:55


El caos se extendía como un reguero de pólvora, pero no todos los ojos estaban atentos al mismo punto. Ahora había dos focos de problemas, que no tardarían en extenderse por toda la base, hasta que se unieran en uno solo e imparable.

-Tss, panda de inútiles. -La voz femenina resonó por su habitación con resignación, mientras cogía sus cosas y se ponía en marcha. -Tendré que hacerlo yo misma. -Decidida, Hana se dirigió a la habitación contigua a la suya propia, con la confianza ciega de quien conoce cada rincón de su hogar.

Mientras, cerca de la entrada principal...

El pelirrojo había logrado deducir correctamente la dirección del sonido, apurándose hacia ella. Para su desgracia, había más hombres de los esperados, más cerca de lo imaginado. Centrar su atención en el foco de la voz del caracol le había hecho descuidar la ubicación de aquella patrulla, que estaba por echarse encima del joven en cualquier momento.

Owen, con la respiración aún alterada por la carrera, se deslizó hacia un lateral, encontrando un hueco apenas perceptible en el marco de una sala próxima. La madera astillada del umbral le raspó la espalda al encajarse en aquel escondrijo improvisado, pero su cuerpo quedó completamente oculto cuando el tropel de botas resonó a escasos metros. Los guardias, enardecidos por las órdenes y la alarma, se dirigían al lugar de sus órdenes con la vista al frente, sin percatarse de la presencia del peligro pelirrojo. Sus linternas iluminaron el pasillo en haces fugaces, que rozaron la mejilla de Owen sin llegar a delatarlo.

El joven apretó los dientes, conteniendo incluso la respiración. Sabía que ahora estaban a su alcance, aunque se seguía lamentando del embrollo en el cual le había metido Jin, buscando consuelo tal vez en un ente superior, cuya única respuesta era continuar mandando más y más patrullas a su ubicación, una muestra de crueldad sin duda alguna.

Mientras tanto, en el extremo opuesto del pasillo...

El resto de la guarnición de aquel costado de la base se dirigía de forma apresurada a su captura.

Los veinte hombres corrían en formación apresurada hacia la puerta principal, con el sonido de sus pasos retumbando como un tambor de guerra. Al frente de todos, la mole imponente de Big Tom, cuya sola sombra ya imponía una presión distinta al resto, dirigía la marcha. 

-¡Vamos, cabrones! ¡Hay que aplastar a esa sabandija! -Sus gruñidos eran órdenes, y las respuestas llegaban inmediatas, disciplinadas, como si aquel grupo hubiese sido entrenado para este tipo de cacerías.

Sin embargo, aquellos gritos que les motivaban les impedían ver como, tras el desfile frenético de botas, una figura más se movió en paralelo hacia ellos.

Desde la penumbra, Jin avanzaba con la calma sigilosa que lo caracterizaba. Su katana descansaba de nuevo en su cadera, lista para desenvainarse al menor movimiento hostil, mientras sus ojos calculaban cada detalle de la escena. Su respiración estaba medida, el cuerpo relajado, y sin embargo, todo su ser se mantenía tenso como un resorte a punto de liberarse. Y no era para menos, pues ahora era consciente del verdadero peligro y su magnitud, la cual instantes antes solo había podido calcular ciegamente por culpa de la distancia.

Veintiún figuras. Veinte hombres comunes, sí, pero liderados por ese gigante que no solo imponía con su físico, sino con la manera en que comandaba a sus subordinados. Big Tom avanzaba como un depredador seguro de que la presa no tenía escapatoria.

Jin por su parte, invisible a ojos de aquellos hombres, los observaba como un cazador observa a un rebaño demasiado numeroso para abalanzarse de frente.

Todos iban a la entrada principal, sin sospechar que tanto Jin como Owen se encontraban peligrosamente cerca de sus trayectorias, escondidos, respirando el mismo aire denso de la tensión previa al estallido. Sin embargo ellos tampoco sospechaban que la verdadera amenaza del lugar, Hana, podía aparecer más pronto de lo que ninguno anticipara. ¿Quién acabaría siendo el cazador y quién la presa? No tardaremos en saberlo.


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