05-10-2025, 12:01 AM
(Última modificación: 05-10-2025, 12:08 AM por Lucarne Ashveil.)
Ash permaneció estático durante unos segundos, su respiración era pesada y un poco bajoneada al compás de su cansancio. La adrenalina aun le corrompia, como un combustible que no se habia terminado de consumir en totalidad. Sus venas llenas de ella. Sentia una sensación nueva, no era furia ni mucho menos orgullo. Un silencio denso, el viento oprimido y una quietud repleta de algo que no podia describir.
Casi divino, antiguo.
Al mirar al frente aquel carnero se alzaba como figura imponente. Pelaje negro erizandose en lo que fácilmente podia llamarse una «Tormenta en carne», la platinada de la noche se reflejaba en sus cuernos, iluminando aquella ruina cual fulgor espectral. — ¿Es un mink? — Se preguntó, al verlo, físicamente podría entrar en esa descripción, pero... Algo no era habitual. ¿Acaso eran sus ojos? No eran los de una bestia, no, eran los de un dios que alguna vez fue venerado, y que ahora miraba a los hombres con la lástima típica de un adulto cuando ve a un niño jugar con fuego.
Ash apretó los dientes.
La espada le ardia en la mano. No por el calor, sino porque sentia vergüenza de huir ante algo inexplicable, imposible de vencer sin perder una cosa cambio; sus compañeros. Anhelaba dar un paso y desafiarlo, pero su cuerpo no respondió. Cada fibra y músculo de su ser le clamaba que no lo hiciera. Y, aquel hombre que no le gustaba escuchar, escuchó;
—Seret Uhm as te daraki lazorex —retumbó la voz del carnero.
—.... Ahh...— Nuevamente el aire se propago denso, la electricidad levantaba el polvo, las chispas se encontraban contra el metal de la espada. En ese momento sinti a el miedo de todos; de quienes habian perecido, el de los vivos e incluso de quienes no habían nacido. Bal Haámoth no era un enemigo cualquiera, era el temor humano encarnizado.
—Perdonar — gruñó el carnero con voz rota.
—Jensen, no quiero huir de un chivo — Pero analizo la situación, sus compañeros estaban en riesgo y luchar era, cuando menos, una sentencia a quienes se jugaban la vida a su lado. Levanto su cabeza, por breves instantes penso ver humanidad en la figura de cuernos. — Pero.... — Trago saliva.
—¡Nos retiramos! —
El capitán cerró los ojos.
No quería huir.
Pero entendía.
Inhalo aire hondo, con frustración. En su cabeza danzaban los pensamientos de su tripulación. De quienes vivian, de los que confiaban en él para regresar al barco. Cobardia no era, solo supervivencia y estrategia. Y aunque el orgullo lo empujaba a quedarse, la razón lo obligo a retirarse. Su voz de la razon le habló con claridad: no es el momento.
Asveil bajo la espada, el eco se genero en su espada al resonar contra el suelo. Metal y piedra. Se giro despacio sin apartar la mirada de la criatura, paso a paso terminó de retroceder. Y él, seguía brillando, imponente, pero sin moverse. «¿Era compasión o capricho? »
—No vale la pena morir por orgullo. Nos veremos cuando las circunstancias esten de nuestro lado. —
Expresó para el Mink y se retiro. Con el orgullo roto. Un trueno estallo a lo lejos, el aire volvio a oler a lluvia y ellos...
Desaparecieron en la sombra, jurando volver.
Casi divino, antiguo.
Al mirar al frente aquel carnero se alzaba como figura imponente. Pelaje negro erizandose en lo que fácilmente podia llamarse una «Tormenta en carne», la platinada de la noche se reflejaba en sus cuernos, iluminando aquella ruina cual fulgor espectral. — ¿Es un mink? — Se preguntó, al verlo, físicamente podría entrar en esa descripción, pero... Algo no era habitual. ¿Acaso eran sus ojos? No eran los de una bestia, no, eran los de un dios que alguna vez fue venerado, y que ahora miraba a los hombres con la lástima típica de un adulto cuando ve a un niño jugar con fuego.
Ash apretó los dientes.
La espada le ardia en la mano. No por el calor, sino porque sentia vergüenza de huir ante algo inexplicable, imposible de vencer sin perder una cosa cambio; sus compañeros. Anhelaba dar un paso y desafiarlo, pero su cuerpo no respondió. Cada fibra y músculo de su ser le clamaba que no lo hiciera. Y, aquel hombre que no le gustaba escuchar, escuchó;
—Seret Uhm as te daraki lazorex —retumbó la voz del carnero.
—.... Ahh...— Nuevamente el aire se propago denso, la electricidad levantaba el polvo, las chispas se encontraban contra el metal de la espada. En ese momento sinti a el miedo de todos; de quienes habian perecido, el de los vivos e incluso de quienes no habían nacido. Bal Haámoth no era un enemigo cualquiera, era el temor humano encarnizado.
—Perdonar — gruñó el carnero con voz rota.
—Jensen, no quiero huir de un chivo — Pero analizo la situación, sus compañeros estaban en riesgo y luchar era, cuando menos, una sentencia a quienes se jugaban la vida a su lado. Levanto su cabeza, por breves instantes penso ver humanidad en la figura de cuernos. — Pero.... — Trago saliva.
—¡Nos retiramos! —
El capitán cerró los ojos.
No quería huir.
Pero entendía.
Inhalo aire hondo, con frustración. En su cabeza danzaban los pensamientos de su tripulación. De quienes vivian, de los que confiaban en él para regresar al barco. Cobardia no era, solo supervivencia y estrategia. Y aunque el orgullo lo empujaba a quedarse, la razón lo obligo a retirarse. Su voz de la razon le habló con claridad: no es el momento.
Asveil bajo la espada, el eco se genero en su espada al resonar contra el suelo. Metal y piedra. Se giro despacio sin apartar la mirada de la criatura, paso a paso terminó de retroceder. Y él, seguía brillando, imponente, pero sin moverse. «¿Era compasión o capricho? »
—No vale la pena morir por orgullo. Nos veremos cuando las circunstancias esten de nuestro lado. —
Expresó para el Mink y se retiro. Con el orgullo roto. Un trueno estallo a lo lejos, el aire volvio a oler a lluvia y ellos...
Desaparecieron en la sombra, jurando volver.
