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T1 - Los Hijos de la Soledad - Versión para impresión

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T1 - Los Hijos de la Soledad - Ashura - 15-08-2025

91 de Primavera, Año 16
Hay hombres que nunca aprendieron a amar a las mujeres y otros que simplemente nunca entendieron como ser amados.
El aire es pesado y húmedo. La tormenta en la noche anterior a dejado charcos que se ven como espejos para el cielo, en el suelo arenisco de la isla son abundantes, en la zona que las los losas del empedrado que está en malas condiciones también. Sobre las cabezas de los hombres el día es gris, aún algunas nubes tienen que descargar y el sol se esconde entre estos nubarrones de intenciones oscuras. 

Una campana tintinea en el paseo principal del barrio sur. Un grupo de 10 hombres camina con la capucha puesta, ocultan su cara, cada golpe de la campana avanzan un paso. 

La gente se arremolina alrededor de este curioso paso. 

- Ya están otra vez - 

- Ve a casa Pauline - 

- Malditos virgenes - 

Se escuchan muchas cosas además de la campana, ofensas ante el grupo el malestar general empieza a empeorar y cada vez son peores las palabras que se profesan, pero un último tañido hace que todo se pare. El golpe suena con fuerza y agudo. 

- ¡NOSOTROS! - Dice el más adelantado de los 10, quien porta la campana y que a su vez la levanta en este momento como un trofeo - SOMOS LOS HIJOS DE LA SOLEDAD - Su voz es aguda, el solo escucharla genera vómitos es un tono irritante - ¡PAGAD EL TRIBUTO AL CIELO! ¡GOLPEAD A VUESTRAS ESPOSAS! ¡QUE VUESTRAS HIJAS LO VEAN! ¡HACED DEL GENERO DÉBIL LO QUE ES! - Aunque la voz sea aguada y exasperante se enfoca a la multitud segura. Los 9 hombres a su espalda se preparan, sabe lo que viene después de eso. 

La multitud estalla en gritos. 

- ¡ANIMALES! - 

- MALDITOS IMBÉCILES. ¡ALGUIEN DEBERÍA DAROS VUESTRO MERECIDO! - 

- Algún día os mataré - 

Todas las voces de los viandantes se solapan y empiezan a tirar contra el grupo de encapuchados barro y piedras pero el grupo ni se inmuto. 

- SI NO LO HACÉIS VOSOTROS. NOSOTROS LO HAREMOS - Y entonces el que presuntuosamente es el líder de ellos baja la campana y retoman el paso con cada golpeo de la misma. 

Avanzan impasibles y ni se inmutan ante la multitud embravecida, aceptan el peso de sus palabras, creen que lo que dicen es lo justo y actúan acorde a su justicia. Un último aviso calma las aguas. 

- ESTA NOCHE HABRÁ TRIBUTO - grita el líder, una roca golpea su cabeza y desde debajo de la capucha empieza a caer sangre. 

Los padres agarran a sus hijas con miedo, lo mismo los maridos y sus mujeres. Todos saben lo que significa, nadie actúa ante la posibilidad de convertirse en el siguiente objetivo de esos malnacidos. 


información de la aventura



RE: T1 - Los Hijos de la Soledad - Jensen Valentine - 29-08-2025

Jensen Valentine se frotaba las manos sin parar mientras con la punta de su pie izquierdo daba tres golpecitos en la cubierta de la pequeña barcaza en la que estaba con su compañero Hyakinthos, no podía quitarse la ansiedad de sentirse perdido, sabía que debió haber ido con Maki, pero Rack no se veía como alguien a quien podía confiarle el cuidado del médico de cabellos rosa. ¿Qué pasaba si se dormía y dejaba a Hyakinthos al mando del timón? Seguro naufragarían, asi que había tenido que irse con él en vez de con su amada Maki.
-Maldita sea Doc, si hubiéramos robado un barco más grande donde entráramos los cuatro podría estar ahora con Maki – se quejó, estaba cansado, pero al fin estaban llegando a su destino, isla Karate, donde los mejores peleadores se entrenaban y donde al fin conocerían a su nueva tripulación, el de la capucha roja no le importaban mucho los demás, con tal de estar cerca de Maki se daba por pagado.
-No te separes de mí, con tu memoria seguro te perderías y no podríamos volver a encontrarnos – le dijo al médico mientras desembarcaban. Miro alrededor pero no encontró por ningún lado la barcaza donde Maki y Rack venían. –Parece que no han llegado aún nuestros compañeros, espero que estén bien, sobre todo Maki – dijo el pelinegro preocupado, golpeando el piso con la punta de su pie izquierdo tres veces.
En ese momento escucharon voces, Jensen se dio la vuelta para analizar la situación con una mano puesta en Cerbero, su pistola de triple cañón. Si las cosas se ponían complicadas no dudaría en disparar. Vio a diez personas encapuchadas con una campana diciendo cosas horribles contra las mujeres, el resto del pueblo parecía querer protestar, pero también se veían asustados. –Esto no tiene buena pinta – dijo mirando a su compañero – Tenemos que hacer algo, no podemos dejar que una secta cualquiera acabe con la vida de las bellas mujeres que seguro hay en esta isla, maldición necesitamos a Rack y Maki – dijo desesperado, con el corazón palpitándole aceleradamente y la boca seca. Odiaba a los que abusaban de su poder para lastimar a otros.


RE: T1 - Los Hijos de la Soledad - Hyákinthos - 02-09-2025


Mira hacia el cielo. Las nubes grises lo cubren, no tiene caso distraerse con ellas esta vez, son una masa amorfa en las alturas que hoy no le brindan un refugio, al contrario, parece que en cualquier momento desatarán su ira sobre él y su compañero ¿Cuál se supone que es su nombre? Al menos esta vez, ha viajado con él suficiente tiempo para estar seguro de que empieza con “J” ¡Ah! ¡Debe ser James! Sí…Con eso recordado, podía bajar su vista de regreso a su enciclopedia de plantas venenosas que compró en la isla anterior.
 
—¿Maki? ¿Quién es Maki? ¿Cómo que cuatro? Hemos venido viajando tú y yo desde que salimos de la última isla ¿No es así? —Su mirada, aburrida, cansada y oculta tras unos lentes trasparentes, para descansar la vista, no se levantó del libro que funcionaba como objeto de su atención, incluso su voz sonó monótona, calmada, como si ni siquiera el aire denso que se respiraba pudiera alterarlo. —¿Necesitas que te revise? No hemos pasado mucho tiempo en altamar y el sol no ha sido un problema, pero pareces estar delirando —. Se tomó la molestia, ahora sí, de levantar sus ojos del libro y cerrar este de un manotazo para encarar al pelinegro, pero encontrándose que tras este ya se divisaban las cercanas costas de una nueva isla.
 
*****
 
—Este sitio no parece muy amigable —. Fue un comentario al aire que soltó tal vez por el clima o tal vez porque, al llegar al puerto y amarrar el bote al muelle, pudo notar las caras largas de los habitantes, la decepción, la resignación, la tristeza reflejada en rostros de personas que parecían querer escapar de la isla ¿Por qué? Frunció el ceño y caminó con pasos tranquilos detrás de su acompañante. —Tranquilo —dijo al pelinegro —, no pienso separarme —. Sería un idiota si lo hiciera.
 
Su kimono rosa, que le dejaba una apariencia algo femenina, se arrastró por el suelo lleno de arenilla mojada, aquello lo hizo chasquear la lengua y levantar la tela un poco, lo suficiente para que aquello dejara de ser un problema; sin embargo, por unos minutos más estuvo tan atento a no ensuciarse que ni siquiera notó cuando su compañero se detuvo para analizar alguna situación extraño, tampoco reparó en el grupo de gente reunida en la calle, bien…al menos no lo hizo hasta que chocó con la espalda del de capucha roja  y el sonido de una campana lo hizo fijarse en sus alrededores.
 
Parpadeó un par de veces, analizando las palabras de los sujetos encapuchados y el desagrado general de aquellos curiosos que observaban y escuchaban mas no intervenían y que, a lo mucho, protegían a sus conocidas.
 
Alzó una ceja, más intrigado que indignado, pero dispuesto a caminar en dirección contraria a donde sea que no hubiera un problema como el que parecían tener estas personas. Sí, ese era su plan, uno que fue detenido por la voz de su acompañante.
 
—Ellos dijeron que habría tributo, eso puede significar lo que sea, no exactamente acabar con la vida de nadie —. Se encogió de hombros, con suerte, esos sujetos se referían a golpear o a torturar a alguna que otra chica y ¡Oh! Como lo beneficiaría a él como médico que hubiera unos cuantos heridos, bien podría empezar a ganarse la confianza de las personas de la isla de ese modo, ofreciéndose a curar a las afectadas y, después de un tiempo, las personas caerían en sus garras sin tener que hacer un mayor esfuerzo…podría establecer su “negocio” en esa isla, aunque…
 
Un vistazo alrededor fue suficiente para ponerlo en otra perspectiva. Una piedra que voló hacia la cabeza de uno de los encapuchados le dio a entender el descontento real de la gente y eso…eso lo hizo sonreír.
 
Esos encapuchados no tendrían a nadie para extrañarlos.
 
No tenía que ver bajo las capuchas para suponer que aquellos debían ser hombres, bueno, al menos la voz molesta y chillona del tipo de la campana sonaba como la de un hombre…uno muy molesto… ¿Qué tanta edad tendría? ¿Qué tan sano estaría? ¿En qué estado estarían sus órganos? Esperaba que sanos, porque si no, la idea de seguirle el juego a ¿James? sería una pérdida de tiempo, pero, si las cosas resultaban como quería, hasta la mínima parte de los cuerpos de los encapuchados sería aprovechada y vendida para llenar sus bolsillos.
 
No era un mal negocio.
 
—¿Sabes una cosa? Tienes razón, no deberíamos dejar que actúen —. Señaló a los que suponía debían ser sectarios. —¿Te apetece seguirlos? Dijeron que esta noche habría tributo, así que tenemos hasta antes que el sol se esconda para jugar con ellos y… ¿James? Por favor, si vas a usar esa pistola tuya, no apuntes a órganos importantes, dale en las piernas, en los brazos…tal vez el cuello…pero yo quiero conservarlos lo más enteros posibles ¿Puedes hacer eso por mí? —Sus palabras fueron susurros dichos casi al oído del pelinegro, no iba a arriesgarse a que alguien más pudiera escucharlo, así que luego de lo dicho se separó un poco para esperar la respuesta de su compañero y, mientras este decidía si seguirlo o no, empezó a rebuscar en los bolsillos añadidos a su kimono un par de guantes negros que no dudó en colocarse, no por frío, si no para estar preparado ante cualquier conflicto que pudiera suscitarse.



RE: T1 - Los Hijos de la Soledad - Lucarne Ashveil - 06-09-2025

El capitán observaba desde la sombra de un arrozal, sus brazos se cruzaban a la par que observaba a la multitud escandalizarse ante la presencia de los hombres encapuchados. Aquella campana resonaba en sus oidos cual aire humedo, una evidencia de el miedo colevtivo hacia de las suyas, atormentando a los pobres habitantes que desgraciadamente tuvieron la mala suerte de nacer en esas tierras. Un miedo que nadie se atrevía a desafiar. Mas no podía precipitarse, no aún. La ira era una chispa que podia encender el espíritu se un hombre, pero una mala consejera cuando se trataba de sobrevivir.

El pistolero golpeo el suelo con la punta de su bota tres veces, un gesto nervioso que notó durante el viajo. Sus ansias era evidentes. Aquel hombre ya estaba preparado para disparar a quemarropa a los encapuchados en la más mínima oportunidad. Por otro lado, Hyákinthos ya estaba planeando qué hacer una vez sus cuerpos cayeran. Suspiro, con pesadez.
«Un impetuoso y un calculador»

Dos extremos necesarios, pero necesitaba estar allí. El equilibrio que detuviera el desastre entre polos.  —Espera... — Ahogó su propia voz en un susurro casi audible — Tenemos que evitar ir de frente, la isla entera nos verá. Si hacemos algo no seremos héroes, sino extranjeros metiendo las narices donde claramente no nos llamaron. Y ganarnos esta isla como enemigo... Humm... No gracias — Trago saliva, determinado sin embargo.

—Si, Jensen se lo que estas pensando... "el capitán se ha vuelto loco... ¿No ve que esas ratas estan golpeando mujeres?" — Poco a povo desenvaino su espada, el brillo de esta era cegador, un resplandor de ira contenida y algo mas... «Hambre». —Pero si vamos ahora caeremos en su juego. Esperan que reaccionemos con violencia para poder justificar la suya, es evidente. Hay que encontrar otro metodo para llegar a ellos —.

Y entonces las palabras de Hyak le encendieron el foco. — Correcto — Asintió, von una ligera impresión de admiración hacia la idea de su médico.  — Dejaremos que las ratas nos guíen a su propia madriguera, esperaremos lejos de la multitud. Entonces, los atacaremos y no habrá testigos o inocentes. Solo diez cuerpos menos propagando su putrefacción — La multitud parece dispersarse entre miedo, los susurros eran incesantes. El hombre dio una media vuelta y se dirigió hacia el callejon lateral más cercano. Esperaba que ellos le siguieran.

—No podemos darnos el lujo de sentir furia. Pero con estrategia nos mantendremos vivos para ver otro amanecer — Y dicho esto comenzó a maquinar su estrategia según su mente le indicaba. Y claro, con los tres en la ecuación como constante matemática.
— A mi señal haran lo que saben mejor, Jensen los dejará como queso suizo y Hyakinthos curará… o diseccionará, como guste. Solo me asegurare de dejar esta isla libre de esas lacras —. Decidido, por sobre todas las cosas.
—Jensen ira primero, sera un atacante rápido y con alta tasa de éxito. Con él marcaremos nuestra ofensiva gracias a su velocidad. — Se dirigió a Hyak.

—Hyak cuida de Jensen, cubriras su espalda ante ataques a traicion....y yo... Yo terminare la ofensiva. —. Estaba moviendo sus piezas piezas en el tablero de ajedrez.

«Esto apenas esta comenzando.»


RE: T1 - Los Hijos de la Soledad - Ashura - 09-09-2025

Si el destino se teje con hilos ¿Qué son las personas más que ovillos a la espera de enredarse? 

El grupo de 10 hombres se perdió entre la multitud, nadie les siguió... ¿Nadie? Curiosa manera para denominar a tres de los ovillos que hoy se entrelazarían con el destino. Eran dos hombres bajo el mando de uno ¿o quizá uno bajo el mando de los sueños de los suyos? Yo no sería quién para desvelar esa incógnita, pero si podría ser la aguja que tejiera los hilos con los que se formaban. 

Tras seguir al grupo que había protagonizado el espectáculo Ashveil, Hyákinthos y Jense acabaron a las afueras de los arrozales, un lugar formado por silos y cabañas que servían como almacén para las mercancías. Los hombres a los que seguían sabían que les estaban persiguiendo... Sabían que tarde o temprano alguien confrontaría a su justicia, pero... ese grupo no tenía miedo y mucho menos moral, así que aquella oportunidad era mucho más que suficiente para que pudieran ajusticiar a aquellos que se sublevasen en su contra y contra los que podrían sin lugar a dudas dar un golpe en la mesa sirviendo así como precedente para los siguientes que vinieran. 

La tensión escala mientras los charcos y el barro de los arrozales mancha las botas de los 13 hombres que se dirigen hacia una de las cabañas, esta estaba alejada de las demás, el humo salía por la chimenea en señal de que alguien esperaba dentro. Ante la puerta, con sangre seca por el rostro y con una voz que antes había retumbando contra el miedo de los pobres campesinos que trabajan esos campos se enfoca contra la puerta. 

- ¡OH! Gran Balh Haámoth. Esta noche pues una hembra se os será entregada. Esta noche señor demonio, usted violentamente enfocará su poder ante el débil ser de las inferiores. Su carne será entregada a usted como más guste - La puerta redobla mientras se abre una figura de 3 metros emerge de ella, de largos pelos, negruzca y con cuernos que se enredan en círculos perfectos - Pero antes señor... Debemos demostrar su poder - 

Del interior de la cabaña emerge hacia la luz del exterior un ser terrible. Bal Haámoth era un mink cabra de pelaje negro, caminaba de forma bípeda sobre las patas traseras, sus 3 metros se desplegaron una vez salió de la cabaña pues en ella estaba agachado.

- Zalh Abuth Suereth em et ust la set - la voz suena ronca, acuchillada - Hul ees Jath dast le tus zaravaiik - 

Todos al unísono se arrodillan, de la casa salen dos grupos de cabras compuestos por 10 cabras cada uno. Aunque pudiera resultar cómico el ejercito que se había forma de manera rápida y la manera en la que tanta cabeza bovina había salido de aquel lugar, lo cierto es que el ambiente se había convertido en algo aterrador. Tanto que, los tres hombres que con valentía habían avanzado hacia aquel lugar en presencia de Balh Haámoth sentían un miedo atroz infundido por la visión que aquel mink dejaba entre ver. 

- Como ordene mi señor oscuro - Dijo aquel que se había dirigido hacia el mink cabra. Uno de los grupos de cabras formó junto al grupo de hombres que se giró de manera sincronizada hacia los tres que les habían seguido - El señor pide vuestra sangre para fortalecerse. Dice que aún no puede pelear, pero que si se nutre con vosotros volverá a ser el terror del Grand Line que fue antaño - La voz suena sin alma sin ritmos - entregaos - El baile en el infierno está a punto de comenzar. 
 
info del narrador



RE: T1 - Los Hijos de la Soledad - Jensen Valentine - 10-09-2025

-Pero… la mejor forma de que un enemigo no sea un problema es liquidándolo, y para hacerlo un buen balazo entre los ojos o en el corazón hacen el trabajo – le contesto el de la capucha roja al médico Hyakinthos. Habían vuelto a la isla luego de un viaje express en un barquito pesquero y se encontraron con Ashveil, su capitán quien también llamo a la calma, lo que decía Ash tenía sentido, Jensen lo sabía por lo que suspiro y asintió. –Muy bien, no disparare a matar, pero si nos matan por esto que sepan que los perseguiré en la otra vida y les hare pagar – dijo mientras veían al grupo marcharse.
 
Los tres piratas siguieron al grupo de antisociales a través de los arrozales, entre silos de comida y bodegas. Jensen no se sorprendería si hubiera una granja en algún lugar cercano. Finalmente, los marginales llegaron hasta una casa y empezaron una especie de ritual, luego escucharon el retumbar de unos pasos, la puerta de la pequeña casa se abrió y la luz proyecto una sombra enorme. Conforme los pasos iban acercándose vieron a una cabra negra y espeluznante.
 
- ¿PERO QUE CARAJOS ES ESA COSA? – grito Jensen, saltando del susto a los brazos de su amigo, el medico Hyakinthos, y abrazando su cuello con sus manos.
 

[Imagen: scooby-doo-logo-png_seeklogo-123741.png]

El miedo que sentía el pistolero le hacía sentir entumecimiento en el cuerpo además de fuertes escalofríos. La cabra demoniaca hablo en un idioma que el pelinegro no lograba entender y luego un ejército de veinte cabras hizo su aparición, se veían como si estuvieran drogadas, algo de lo que Jensen sabia pues hace solo unos días había sido golpeado por un toro drogado.
 
-No podemos confiarnos, esas cabras se ven tan espeluznantes como la cabra reina que está ahí – dijo Jensen apuntando a la gran cabra con la cabeza agachada, le daba pavor siquiera mirarla. Los hombres misóginos también salieron exigiendo la sangre de los tres piratas.
 
Jensen bajo de los brazos de Hyakinthos y tomo a Cerbero, su pistola de triple cañón, apunto a uno de los hombres malvados y sonrió. –Lo siento Hyak, pero un disparo en la cabeza es la mejor medicina para eliminar la maldad – dijo disparando, pero nada paso. Volvió a apretar el gatillo y aun nada. Jensen abrió su pistola y maldijo al cielo.
 
-Chicos, tenemos un problema… no tengo balas – dijo el pelinegro mirando al grupo de enemigos, entre las cabras y los hombres tenían un grave problema entre las manos. –Pues, a la vieja usanza… Máximo esfuerzo – dijo el de la capucha roja corriendo y dando un salto para atacar con una patada giratoria a tres de los enemigos, aprovechando que sus botas tenían punta para hacerlos sangrar y mandarlos al piso.
 

[Imagen: vincent-ehrgeiz-mishima-hellsweeps.gif]

Jensen fue tomado por la espalda por uno de los hombres mientras otro se acercaba por delante, por lo que contesto con una patada con la punta de sus zapatos en su ojo mientras se retorcía en los brazos del hombre hasta agarrar apoyo y sacárselo con una rodada en el piso y un buen par de golpes en la cabeza con la culata de Cerbero.


[Imagen: dynataees-taehyung.gif]
 
-Lamento haberle sacado el ojo Cherry, pero tenía que defenderme – dijo el pistolero mientras corría hacia otro de los enemigos acertándole una patada voladora. Cuando el siguiente enemigo quiso acercarse a él, tomándolo del brazo le dio un cabezazo en la nariz, partiéndosela y también su propia frente que empezaba a sangrar. Jensen fue derribado por el siguiente enemigo quien le dio unos buenos golpes en su bello rostro, pero respondió mordiéndole el cuello hasta que un chorro de sangre enemiga salió disparado de la carótida.
 
-Esto está resultando más difícil de lo que pensé – susurro cansado desde el piso antes de cargar contra el siguiente enemigo. Este era el más alto de todos y lo miraba bajo la capucha con cara de sobrado, sin embargo, había un error garrafal en su defensa, tenía las piernas abiertas. Jensen le propino una patada en la entrepierna que lo mando al piso en un segundo, ya solo faltaban dos.
 
Ambos enemigos empezaron a golpearlo, uno por cada lado hasta que lo tiraron al piso, cuando uno de los dos saco un cuchillo Jensen rápidamente lo golpeo con la culata de Cerbero hasta que soltó el arma de filo, la cual el pistolero uso para rebanarle el cuello antes de arrojárselo al último hombre, dandole de lleno en el pecho. El hombre cayo de rodillas y Jensen corrió dando una patada voladora al cuchillo para enterrárselo en el pecho con toda la furia y fuerza que tenia, luego cayo de rodillas al piso, extenuado y con la respiración entrecortada.
[]


Resumen



RE: T1 - Los Hijos de la Soledad - Hyákinthos - 14-09-2025

No, no, no. Lo que menos desea es ganarse de enemigos a gente que desea que confíen en él. Sí, el castaño tenía razón ¿Cuál es su nombre? ¿Ummm? Ah, bueno, es quien manda, su capitán…al menos eso sabe, después se molestaría en memorizar su nombre, por ahora solo se dedicó a asentir ante lo dicho por el más bajito, más aún cuando le dio razón en cuanto a seguir al grupo de lunáticos misóginos a los que planeaba vender por “piezas”.
 
—¿Furia? —Las palabras del capitán lo hicieron inclinar su cabeza hacia un lado, mientras se cruzaba de brazos y veía a los sectarios desaparecer entre la multitud y los arrozales. Sus ojos se perdieron en la imagen tan extraña, pero lejos de haber interés en ellos, solo se leía un aburrimiento que desmotivaría al más animado. —No siento furia, capitán, no es que me importen los asuntos que esos sectarios tengan con estas personas…pero…capturarlos sería un buen negocio ¿Creen que la marina le tendrá precio a sus cabezas? —Porque si no podía diseccionarlos, al menos pensaba venderlos de alguna manera.
 
Su pregunta fue arrastrada con el viento, junto con las personas despejando el camino, ellos incluidos. Siguió, por supuesto, a su capitán ¿Qué haría si no? Se perdería entre los caminos de arroz, eso no sería buena idea, sí…como ¿James? No…su capitán le dio otro nombre ¿Jensen? ¿En serio Jensen? Estaba seguro de que era James, casi le atinó…Cómo sea, reformulando, como Jensen le dijo antes, mejor no se separaba.
 
—Sí, supongo que puedo cuidarlo —. Se encogió de hombros y, como los otros dos hicieron, se movió en silencio, siguiendo la pista del grupo de desadaptados.
 
***
 
Se quejó. Todo el caminó refunfuñó en voz baja. El lodo de los arrozales, los charcos de agua. Todo estaba mal. Su largo kimono, sus zapatos azules, todo se arruinaba por culpa del clima de la isla. No…por culpa de esos sujetos…No, no de los sectarios, de sus compañeros ¿Por qué creyó que era buena idea seguirles el juego? Podrían haber ido al barco y ya estaba, pero claro, su ambición pudo más.
 
—Tsk… —Cabañas viejas, silos, más lodo. Un barrio de pobres…lo que le faltaba. —Oigan, Jensen, Capitán, tendrán que pagarme zapatos y ropa nueva cuando salgamos de…
 
Sus palabras quedaron atascadas en su garganta cuando vio a aquel ser emerger de la cabaña. ¿Qué era esa cosa? Sintió su boca seca, sus ojos se abrieron de par en par, podía sentir un leve temblor en sus manos. Debía controlarse, seguro solo era una especie extraña, una que en otro momento amaría diseccionar, pero ahora…no…no…no…No podía pensar con claridad.
 
Una voz.
 
La voz de Jensen. Un grito. Eso lo sacó de su parálisis, pero no ayudó a mermar su miedo. Apenas pudo alzar sus brazos, sosteniendo a su compañero más por inercia que por acción.
 
Ese grito. Ese grito debió alertar a los sujetos.
 
Tragó saliva.
 
No…quizá estuvieron alertas desde antes.
 
Las palabras del sujeto de voz chillona no parecían improvisadas, si no, premeditadas.
 
Chasqueó la lengua. Sus brazos se apretaron con más fuerza en el cuerpo de su compañero, demasiada, tal vez, lo suficiente para dejarle moretones si seguía apretando el cuerpo con tanta fuerza. No era su culpa, el miedo lo hacía reaccionar así.
 
—C…capitán ¿Sus órdenes? —Esto no era lo planeado. Miró al castaño, luego al pelinegro. ¿Qué si esas cabras se veían espeluznante? Pues sí, vaya que sí, no iba a negarlo. Sus brazos se aflojaron por un momento, instante que el otro aprovechó para quitársele de encima. Escuchó sus palabras y… ¿En verdad sería tan malo si le daba un tiro a la cabeza? No, viendo la situación ¿Qué más daba dañar sus ojos con una bala? Que disparara lo que quisiera, que se deshiciera de ellos y… ¿Qué dijo?
 
—¿AAAAAAH? ¡TU! —Lo señaló, indignado. —¡GATILLO LOCO, JENSEN! —Y por una vez decía bien el nombre ajeno. —¿Cómo mierda no cargas municiones contigo? ¿Para qué tienes esa arma entonces si no vas a usarla bien? ¿Solo la recargas para matar marines? —Sintió su pecho agitado de repente. ¿Por qué le gritaba a su compañero? Tenía peores problemas al frente.
 
Esas cosas.
 
Esas “cabras” o lo que fueran se movieron hacia ellos.
 
Jensen fue el primero en saltar a defenderse… ¿defenderlos? Bien, los tres estaban en el mismo lío, era mejor hablar en plural, sea como sea, el pelirosa, por otro lado, solo dio un paso hacia atrás. Cerró sus ojos con fuerza y deseó que su respiración se calmara, responder como lo haría en cualquier momento, pero su corazón bombeaba con tanta fuerza que creía que se le saldría. ¿Se calmaría si pensaba en algo más?
 
¿Cuántos pasos más hacia atrás dio? No fue consciente de ello hasta que sintió que algo jaló la tela de su kimono. —¿Ah? ¿Qué…? —Por un momento creyó que la tela se había enredado en algo, pero cuando sintió un tirón más fuerte, se atrevió a abrir los ojos y lo que se encontró fue tan surrealista que ni siquiera supo como reaccionar: una de las cabras que había salido de la cabaña parecía muy entretenido comiéndose la tela de SU ropa.
 
—¿Qué…haces? ¡AH! ¿Por qué le hablo a una cabra? —Su mano se aferró a la tela y le dio un tirón hacia arriba, lo que terminó por romper parte de la vestimenta y dejar a la cabra con un trozo de tela en la boca. ¿Se contentaría con eso? Esperaba que sí, porque se supone que debía ayudar a Jensen con esos tipos que lo atacaban, pero…
 
Ahora no era solo un animal que lo miraba: eran cinco. ¿De dónde salieron las otras cabras? Hace un rato estaban al lado de esa criatura gigantesca que aún le helaba la sangre, ahora ¿Por qué lo seguían? ¿Y por qué sus ojos se notaban tan…desorbitados? Podía no tener buena memoria, pero estaba casi seguro de que los ojos de las cabras no se veían como los de alguien que acaba de inhalar un kilo de alguna droga sintética…además ¿Era su imaginación o lo estaban rodeando?
 
—…Solo…solo son cabras ¿no? —Sentía que su corazón latía desbocado, podía jurar que se saldría de su pecho en cualquier momento. Reconocía los síntomas del miedo…y fue por miedo que se quedó paralizado cuando una de esas cabras se acercó a él, corriendo y tan rápido que el cabezazo que el animal le dio en las piernas no hizo trastabillar y caer de nalgas al suelo, terminando por ensuciar su ropa de lodo y haciéndole arrugar el rostro por culpa del asco, aunque, por supuesto, ese no era el mayor de sus problemas.
 
Reaccionó a tiempo cuando la misma cabra intentó atacarlo de nuevo. Esta vez, aun sentado en el suelo, alzó su pierna para dar una patada que alejó al animal de su vista y, de hecho, lo mandó a volar, haciendo que chocara con unos sacos de arroz que estaban apilados en una esquina.
 
—¿Es una maldita broma? —El maltrato animal no estaba dentro de sus crímenes, pero tampoco era tan estúpido como para no defenderse si un animal, por más inofensivo que pareciera, lo atacaba.
 
—¡ATRÁS! ¡ATRÁS! —A las cuatro cabras que quedaban se le unieron dos más y, tal como la primera, tuvieron la misma intención de golpearlo con sus cornamentas, unas que no parecían tan grandes ni peligrosas, pero no se iba a arriesgar.
 
Suspiró y se resignó a deshacerse de los animales que lo rodearon de un momento a otro. Primero tuvo que moverse hacia un lado para esquivar cualquier golpe, eso hizo que dos de las cabritas se chocaran entre ellas, no de frente, una le dio un cabezazo a la otra en el costado, lo que dejó a la pobre en el suelo y, la otra, terminó con su pequeños cuernos clavados en el trozo de madera de la cerca que separaba aquella cabaña del demonio del resto de los arrozales.
 
Habría sonreído por ver tan caricaturesco espectáculo, pero lo hecho solo pareció enfurecer al resto de cabras, pues las cuatro que faltaban se le abalanzaron encima. El médico volvió a suspirar de cansancio y movió una de sus piernas para quitarse a una de encima, de nuevo con una patada, una que noqueó al pobre animal enseguida.
 
—¡Capitán! ¿Tenemos un cocinero? —Por supuesto que tenían uno, que no pudiera recordarlo era otra cosa. —¿Podemos llevarle de estas cabras para que haga un asado?—Las tres que quedaban cerca parecieron entender sus palabras porque retrocedieron unos cuantos pasos, aunque no se alejaron del todo. El pelirosa las miró, analizando el posible peso de cada una y cuanta carne podrían obtener si las cocinaban…seguro tendrían para un buen par de días en el barco. Sonrió.
 
Dejó de lado la idea de sentirse ridículo por tener que encargarse de unas simples cabras y aprovechó de estar cerca de más sacos de arroz que estaban sellados y listo para la venta. No sabía si serían de los sectarios, pero ¿Qué más daba? Tomó dos de ellos en cada una de sus manos y los aventó sobre dos de las cabras que quedaban, mientras que, la última de ellas se intentó alejar, pero al final corrió con el mismo destino.
 
—Bien, conseguí la cena ¿Ya podemos irnos? —Miró hacia donde estaba en más bajito de ellos y luego se fijó en Jensen, quien parecía tener la situación bastante controlada por su lado, aunque, había algo que aún le incomodaba...no sabía si era el miedo o esa sensación de estar perdiendo mercancía valiosa. —¡Gatillo loco! Recuerda dejar a algunos no tan lastimados, ya sabes…para que pueda usarlos como te dije.
 
Estaba dispuesto a dar media vuelta cuando tres cabras más aparecieron frente a él. El pelirosa rodó los ojos y se agachó para tomar una cuerda que estaba amarrada a un poste, así que, cuando dos de las cabras se lanzaron hacia él, solo tuvo que estirar la cuerda para que estas se tropezaran y rodaran, chocando con más de esos sacos de arroz que estaban apilados en una esquina.
 
—¿Cuántas más hay de estas? Podríamos alimentarnos de cabras por un mes… —dijo mientras veía como una última cabra corría hacia él; sin embargo, ahora que estaba más atento, solo le bastó con alzar su pierna para darle una patada al pobre animal y dejarla tan noqueada como a las otras. —Creí que lidiaríamos con sectarios reales, no con una granja —. Su voz sonó perezosa, casi como si no tuviera ganas de hablar, aunque lo cierto era que, ahora que había pasado todo el rush de adrenalina, al levantar su vista para encarar al ser de tres metros, ese miedo que tenía al inicio volvió tan fuerte como antes.
 
Se dejó caer al suelo, esta vez poco importándole su ropa o sus zapatos. Solo quería que esa cosa saliera de su vista.
 
—Capitán….podemos…¿Podemos irnos de aquí? —Sería extraño que su pregunta alcanzara a su capitán, después de todo, salió en voz tan baja y entrecortada que apenas y se escuchó él mismo.

Resumen



RE: T1 - Los Hijos de la Soledad - Lucarne Ashveil - 21-09-2025

Ashveil no alzo la voz a sus aliados, la orden que emitio fue la semilla y la operación lo que broto de ella. Cuando finalmente se genera la confusión entre las cabras y los sacos que arrastra el doctor contra la linea enemiga, Ash final entiende su función en ese tablero; Preciso, silencioso y letal. — Jensen cuidado con atacar a la cabra... Podria ser un trampa —.

El barro salpica por sus botas mientras se desplaza hasta la última cabaña en completo silencio y entre las sombras. Calculaba hasta el mas minimopaso, sentidos afilados a la par en que su espada descansaba en su mano. Aprecio como aquellos de despreciables se dividian, los que sostenían antorcha vacilaban y a la figura gigante del medio que parecia recibir una ovación a su mera existencia. — Que ironico—.  Ash encuentra una pequeña abertura, la distancia entre los sujetos y el guardian.

Sus musculos se tensan ligeramente avanzando. Al primer impulso, su arma corta el aire en un corte ideal. No buscaba un golpe ostentoso ni algo que llamara la atención, buscaba generar oportunidades.  El arma cortaria directamente las piernas de uno de los hombres con artocha, buscando desequilibrarlo.

No le da tiempo de reacomodarse, toma aquel desorden como una ventaja; gira su cadera y el filo fe su arma describe una diagonal en unísono de qur su filo atraviesa a dos cabezas. La sangre no tarda; escandalosa.

Solo quedo el sonido seco del acero contra la carne. A los que atacaran Ash les entregaba una combinación de tres movimientos básicos para un espadachín; Bloqueo, rotación y decapitación. El contacto de su hoja genera chispas en la oscuridad. Cads ataque es devuelto a su portador con el impuldo contrario y un movimiento de péndulo que permia devolver sus ataques.—Bal Haámoth.. — repite el nombre.


El escenario se vuelve una serie de  cálculo;/ tiempo, respiración y distancia.Cada detalle usado a favor para marcar la diferencia.

—Escucha, engendro —Las palabras de Ashveil parecen pesarle incluso a él. — No te dare plegarias ni ofrendas. Pero traere tu fin.—

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Resumen: Se ha usado 100 de energía para deshacerse de 10 "cabras".



RE: T1 - Los Hijos de la Soledad - Ashura - 26-09-2025

La triada de héroes acabó con su respectivos combates, aunque el miedo que les infundía el carnero se instauró en sus almas como un huésped inesperado, se sobrepusieron a las dudas que su voluntad les generaba, y aunque no entendían muy bien aquella situación, pudieron poner fin a la contienda que había empezado con aquel ejercito improvisado. 

Jensen tras su macabro recital de golpes finalizó su último golpe contra sus enemigos, y mientras observaba a los ojos a su última victima, esta con su último estertor susurró al oído del tirador: 

- El carnero - Jensen pudo ver en los ojos del hombre como si algo, un control o el miedo desapareciera para dar brillo de nuevo a algo parecido a la razón o una recuperación para su ser cabal - el carnero os destruirá. Huid - sus susurros llegaron con la voz tomada y con miedo, aquel aviso no era una amenaza, era una plegaria. Si el trio se quedaba su vida pendía de un hilo y Jensen, entre jadeos por el esfuerzo, era el único que sabía de manos de su última víctima lo que aquel enfrentamiento podría resultar.

Hyákinthos, se defendió de sus contiendes bovinos y masacró al ganado como si nada de aquello importase verdaderamente, entre chanzas y jolgorios bromeó con la idea de devorar toda esa carne.

Para finalizar, aquel que ostentaba el mando sobre los demás y el más serio encaró finalmente al carnero tras deshacerse de sus enemigos. Su voz se enfrenta con fuerza superando al miedo al carnero y este, como si la vida del capitán no fuera más que una brizna de hierba que comer respondió con una voz profunda que retumbó en sus cavidades sonoras. 

- Seret Uhm as te daraki lazorex - Tras finalizar la frase, las manos del carnero y su tren inferior finalizado en pezuñas destellearon con un azul intenso, los pelos de su pelaje negro se crisparon debido a la carga estática que su cuerpo empezaba a recibir. Los cuernos de su cabeza en espiral se tiznaron de un azul celeste que se convertía en morado cuando se fundía con el negro opaco de su cabeza y este para finalizar, enfocó su sien hacia Ash amenazante - Perdonar - el carnero pronunció aquella palabra de manera rota y rasgada, como si aquel intento por pronunciara la lengua de los forasteros fuera un ultraje a sus creencias - Correr - 

Aquello era un aviso. Bal Haámoth se alimentaba de la debilidad, aquel ser podría destruirles y acabar con esas jóvenes promesas, pero le debilitaría, la fuerza del carnero provenía del miedo que los demás sentían, enfrentarle haría que perdiera toda la fuerza que había ganado de los miedos que se había alimentado en ese isla. Lo mejor que podían hacer era escapar, él se lo permitiría, no estaban preparados para enfrentarlo, pero claro, eso no dependía de Bal Haámoth quien se encontraba a quince metros de Ash, diez de Hyákinthos y seis de Jensen. 

Los piratas ya habían cumplido su misión, el culto había sido erradicado, el pueblo estaría en paz y los hijos de la soledad ya no ofrecerían más ofrendas a Bal Haámoth, pero el mink carnero no había sido derrotado del todo, lo más seguro es que se desplazara de isla y siguiera alimentadose del miedo de los humanos, ahora el capitán debía tomar una decisión, pelear para saciar su ego o enviar a sus tripulantes a una muerte casi segura en un combate al que él solo podría hacer frente. 

Información del Narrador



RE: T1 - Los Hijos de la Soledad - Jensen Valentine - 27-09-2025

Jensen respiraba entrecortadamente. Cada jadeo le hacía sentirse más cansado luego de la batalla contra los sectarios machistas y aún tenía una amenaza más, el carnero infernal. Dio un paso al frente sintiendo sus piernas como gelatina, estaba asustado y el corazón le latía desbocadamente, sudaba frio y sus músculos se sentían agarrotados.
 
En ese momento uno de los sectarios tomo su pierna, el pistolero de la capucha roja se agacho hasta quedar a su altura y escucho su advertencia. –el carnero os destruirá. Huid – dijo con sus últimas palabras antes de perder el conocimiento. Jensen levanto la mirada y vio al carnero, se veía imponente y peligroso.
 
-Seret Uhm as te daraki lazorex – dijo el carnero de ultra tumba, con una voz fuerte que retumbo en los oídos del pistolero quien se tapó sus oídos cayendo de rodillas al piso. El miedo se apoderaba de Jensen mientras el carnero se imbuía de una corriente eléctrica que le crispaba el pelaje.
 
-Ash, Cherry debemos huir – dijo Jensen desde el piso tratando de ponerse de pie. Le estaba costando no perder la compostura. –Ese carnero es un ser demoniaco y sin balas no puedo ayudar, debemos huir, es la mejor opción – dijo al fin de pie mientras corría hasta posicionarse entre Ashveil y Hyakinthos.
 
Jensen se volvió hacia el moreno y lo tomo de los hombros - ¿No me oyes? No somos rivales para él, debemos adoptar la más antigua tradición pirata, la de salir huyendo mientras vamos ganando – dijo antes de mirar al de rosados cabellos – Cherry ayúdame aquí ¿Tú también piensas que huir es la mejor opción verdad? – pregunto antes de volver a mirar al carnero. –Ash, nos vamos, necesitamos reagrupar y conseguir munición si quieres que nos enfrentemos a esa cosa – dijo antes de correr hacia el pueblo seguido de cerca por sus compañeros. Jensen tenía la intensión de avisarle a la gente sobre el carnero demoniaco para que estuvieran preparados para huir si decidía aparecer en el pueblo.