01-10-2025, 04:25 PM
(Última modificación: 01-10-2025, 04:27 PM por Krysser.
Razón: Un par de aclaraciones
)
Día 90 de Verano, Año 16
Reino de Briss
10:15 PM
Los pasos de Krysser resonaban amortiguados sobre el empedrado húmedo, cada movimiento medido, controlado, como el de una fiera que nunca baja la guardia. Todo su cuerpo estaba cubierto por una inmensa túnica negra, con una capucha que tapaba por competo su rostro, tal y como llevaba vistiendo desde su llegada a la isla. No podría disimular su tamaño, ni ocultar por completo sus facciones o su rastro, pero servía para camuflarse en la oscuridad cerrada de la noche.
Bajo la capucha, sus ojos dorados apenas parpadeaban mientras seguían el contorno de la mansión, la verja y las siluetas que se movían entre antorchas y sombras, mimetizándose con las nubes por momentos. A su lado, el cuervo parloteaba con su humor agrio habitual, devorando insectos como si fueran migajas de pan.
-Tsk… No bromees con eso. -Gruñó Krysser al oír la broma sobre la luna, girando apenas el hocico hacia él.
Por un instante, su mirada se alzó al cielo, por fortuna totalmente encapotado. Las nubes eran la única garantía de que la bestia en su interior permaneciera contenida. El recuerdo volvió a él como un eco inevitable.
Hace algunos días...
En un rincón apartado, durante una de aquellas noches de espera, el tigre había decidido contárselo. Fyodor había preguntado qué era eso del "Sulong" que alguna vez el tigre había comentado los días de luna llena, razón por la cual solía alejarse y aislarse. Krysser, con la misma calma con la que explicaba una técnica de caza, alzó la mirada al techo y le relató lo que ocurría cuando la luna llena dominaba el cielo sin obstáculos.
-Es la luz. Cuando veo esa luz directamente... Dejo de ser yo. -Su voz había sido grave, pero firme, sin rastro de dramatismo. Hablaba de la luz de la luna, de observarla directamente, algo que siempre trataba de evitar. -Mis músculos se tensan, la electricidad recorre cada fibra de mí, mis sentidos se agudizan más de lo que puedes imaginar. La fuerza me desborda. Y quiero sangre, quiero combatir y dejar ir mis impulsos más animales. Me vuelvo una verdadera... Bestia. -Sus palabras tenían un peso, pues relataban hechos pasados que el tigre trataba de olvidar. En especial, aquello de "bestia", aquel apelativo del que tanto rehuía, realmente le acompañaba en aquellas noches.
Hubo un silencio tenso. El mink clavó las zarpas en el suelo, recordando escenas que nunca había narrado en voz alta.
-Si algún día entro en ese estado, aléjate… Nadie cerca sobrevive. No puedo distinguir a una presa de un amigo. -Añadió, con un énfasis especial en aquella última palabra, para concluir con su advertencia. Él sabía que Fyodor era capaz de evitarlo, pero al menos necesitaba estar prevenido para ello. -No trates de interactuar conmigo, pierdo totalmente el control cuando el Sulong aparece. Solo hay sed de sangre.
Fue todo lo que dijo, no necesitaba adornarlo con metáforas. Era la verdad desnuda, brutal y sencilla. Y desde ese día, el cuervo supo que la luna llena no era aliada, sino amenaza.
De vuelta al presente...
El presente volvió de golpe con la voz de Fyodor, enumerando puertas, rejas y opciones. Krysser asintió con un gruñido leve.
-Zona oeste… -Repitió, remarcando con un gesto de duda esas palabras.
El tigre giró lentamente la cabeza hacia su compañero, midiendo su siguiente comentario.
-Lleva demasiado tiempo escondido, es imposible que se haya dejado una zona así de expuesta de forma tan evidente. La zona sin vigilancia suele ser la más peligrosa. -Sus colmillos se entreabrieron en una mueca que no era sonrisa, sino una muestra de orgullo. -Y Fyodor… Nosotros no somos las presas. Ellos son quienes deben esconderse de nosotros.
Sus ojos brillaron con fiereza, devolviendo la vista a la mansión ennegrecida. Habían vencido a sus hermanos, así que era consciente de su existencia. Además, tras tantos días en la isla, y con lo bien servido de contactos que el cabecilla parecía, seguramente él ya estaba al tanto de que le iban buscando. La sorpresa no parecía una opción, pero tampoco era necesaria.
-Vamos. -Murmuró Krysser, saliendo disparado como un resorte al instante, recorriendo la distancia precisa hasta estar a pocos metros de la verja, dando un portentoso salto capaz de recorrer la distancia restante hasta la mansión. Tal vez habían protegido bien el perímetro, pero no tenían por qué traspasarlo como ellos esperaban. Él tenía la fuerza de una bestia, y su compañero, que le había seguido en la carrera y el salto desde la altura, podía volar. ¿Quién necesitaba llamar a la puerta en ese caso?
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