27-09-2025, 05:50 PM
(Última modificación: 27-09-2025, 06:21 PM por Onizuka Jin.)
Podía escucharlo, el caos lejos de allí. Es más, incluso percibir claramente que “Big Tom” estaba más que habituado a aquel tipo de cosas. ¿Pondría en peligro con ello a Owen? Lo mejor era darse prisa, pero no podía soltarse sin más mientras lo miraban, o podría ser problemático. Necesitaba distracciones, cualquier cosa. La fortuna llegó en el momento que el mencionado inicialmente desapareció de la celda, dejando confiadamente la puerta abierta que, por obvias razones, el “Pequeño Timmy” estaba yendo a cerrar. Allí estaba, su gran y preciosa oportunidad, de forma gratuita. Despacio, a medida que sus ojos analizaban la velocidad de los pasos del de menor estatura, sus manos se deslizaron hacia atrás de las cuerdas, sin emitir sonido alguno. Ya se había logrado librar de las ataduras y, lo primero que hizo mientras se iba levantando poco a poco de la silla era palpar las dos zonas donde tenía sus dagas. Oh sí, las conservaba. Su sonrisa se ensanchó de oreja a oreja, retirando primero una de ellas, la que tenía en el traje, con su mano derecha desde el bolsillo izquierdo, con una funda que utilizaba para no dañar sus ropas, en un ligero “clic” que sonó en el instante que posiblemente el Pequeño Timmy se daría cuenta, aunque tarde, de su grave error.
Lo primero que hizo Jin fue elevar su mano izquierda hasta la boca del hombre, apretándolo para que evitara hacer cualquier ruido e instantáneamente colocó la hoja de la daga en el cuello ajeno, hablando finalmente en su oído en su ya característico tono que lograba hacer temblar a muchos de sus hombres, profunda, más segura y más lenta.
Sin darle tiempo a reaccionar, incluso sabiendo que trataría de defenderse con el bate, Jin hizo un movimiento veloz con la daga, completamente horizontal, por la garganta del hombre. Así, si trataba de pedir refuerzos, no podría. Sintió su sangre en su mano y daga, pero también cómo el contrario se sujetaba la herida, en busca de aire. ¿Lo dejaría desangrarse? Oh, desde luego que sí. Ese hombre ya era hombre muerto desde que su daga había cortado parte de su cuerda vocal, por lo que no podría emitir nada más que sonidos ahogados. No lo soltó, no al menos en la misma puerta, solo sería llamar la atención innecesariamente, por lo contrario, lo arrastró, todavía sujetándolo con fuerza, hasta el lado derecho de aquella celda y, una vez lo soltó en la esquina, pasó la dorsal de su mano por la mejilla derecha, donde habían quedado restos de no solo su propia sangre debido a la cicatriz, sino también del individuo. Pese a lo sucedido, aquello más bien parecía una transacción natural, lejos de alarmarse por terminar con una vida humana. Era otro más en una larga lista que ya había dejado de contar. Lo que sí hizo fue agacharse hacia el cuerpo del “Pequeño Timmy” para rebuscar entre sus cosas. Quizás algún Den-Den Mushi, ya que Big Tom se había llevado el suyo, lo que significaría mayor peligro para Owen. No era bueno, había hecho un trato con aquella mujer de cuidarlo, no ponerlo en peligro. Si pasaba algo, el responsable era él.
Comenzó el registro del cuerpo, con la daga siendo sujetada por sus propios dientes desde la zona de a empuñadura. Sus dedos finalmente alcanzaron a tocar algo en un lado oculto del cinturón. Un pequeño kit de emergencia. Lo mal que había empezado parecía compensarse al fin con aquello. Sus ojos aprovecharon para abrirlo, para al menos tratar su propia herida, el de su propia cicatriz, tomándose el tiempo necesario, pero sin ir demasiado despacio ya que, por desgracia, el tiempo era oro. A medida que realizaba la labor en sí mismo como recordaba haber visto hacer en Hyákinthos alguna que otra vez, sus ojos viajaban por la habitación, donde finalmente encontró la katana, que no había visto en un inicio por hallarse a sus espaldas. Eso era mejor todavía. Limpió la sangre de la daga con la ropa del Pequeño Timmy, reacomodándola de nuevo en el escondite de su traje y tomó el arma más grande, más seguro de sí mismo. Al menos el sangrado había cesado, se había podido tratar la herida y limpiar la sangre. Respiró profundamente, revisando que su katana estuviera en buen estado y, por fortuna, así estaba. No parecía que hubieran hecho mucho más que justamente quitárselo y dejarlo a un lado.
Su voz sonó bajita, profunda y calmada. Era un consejo, irónico que lo mencionara al que ya había muerto, pero costumbres que adoptó después de un trabajo realizado. Ya listo, se preparó, caminó hasta la puerta abierta de la celda y miró desde el umbral, con la katana a un lateral de su cadera, en su cinturón. Pudo percibir el sonido de voces, tres hombres en total. Aquel afilado y fino oído lograba ser más útil que su propia vista. Elevó su mano derecha hacia la cicatriz, ahora tratada, y dio leves pasos en el exterior de la celda. Sorprendentemente, era como un felino, sin un solo sonido en sus zapatos caros, sin un atisbo de temor, cargado de confianza. No es que los alcanzara a todos de una vez, pero sí que al menos podía verlos, a los tres de espaldas. Procuró en todo momento mantenerse en la zona más oscura posible y menos iluminada, así podría quizás pasar más desapercibido. Su mano se posó en la empuñadura de la katana, listo para desenvainarla lentamente. Solo debía ser veloz, evitar ser descubierto y poder avanzar y, sobre todo, encontrar a Owen antes de que fuera demasiado tarde.
Lo primero que hizo Jin fue elevar su mano izquierda hasta la boca del hombre, apretándolo para que evitara hacer cualquier ruido e instantáneamente colocó la hoja de la daga en el cuello ajeno, hablando finalmente en su oído en su ya característico tono que lograba hacer temblar a muchos de sus hombres, profunda, más segura y más lenta.
![[Imagen: UiEnEjS.png]](https://i.imgur.com/UiEnEjS.png)
—¿No te han enseñado a nunca dar la espalda a tus enemigos?
Sin darle tiempo a reaccionar, incluso sabiendo que trataría de defenderse con el bate, Jin hizo un movimiento veloz con la daga, completamente horizontal, por la garganta del hombre. Así, si trataba de pedir refuerzos, no podría. Sintió su sangre en su mano y daga, pero también cómo el contrario se sujetaba la herida, en busca de aire. ¿Lo dejaría desangrarse? Oh, desde luego que sí. Ese hombre ya era hombre muerto desde que su daga había cortado parte de su cuerda vocal, por lo que no podría emitir nada más que sonidos ahogados. No lo soltó, no al menos en la misma puerta, solo sería llamar la atención innecesariamente, por lo contrario, lo arrastró, todavía sujetándolo con fuerza, hasta el lado derecho de aquella celda y, una vez lo soltó en la esquina, pasó la dorsal de su mano por la mejilla derecha, donde habían quedado restos de no solo su propia sangre debido a la cicatriz, sino también del individuo. Pese a lo sucedido, aquello más bien parecía una transacción natural, lejos de alarmarse por terminar con una vida humana. Era otro más en una larga lista que ya había dejado de contar. Lo que sí hizo fue agacharse hacia el cuerpo del “Pequeño Timmy” para rebuscar entre sus cosas. Quizás algún Den-Den Mushi, ya que Big Tom se había llevado el suyo, lo que significaría mayor peligro para Owen. No era bueno, había hecho un trato con aquella mujer de cuidarlo, no ponerlo en peligro. Si pasaba algo, el responsable era él.
Comenzó el registro del cuerpo, con la daga siendo sujetada por sus propios dientes desde la zona de a empuñadura. Sus dedos finalmente alcanzaron a tocar algo en un lado oculto del cinturón. Un pequeño kit de emergencia. Lo mal que había empezado parecía compensarse al fin con aquello. Sus ojos aprovecharon para abrirlo, para al menos tratar su propia herida, el de su propia cicatriz, tomándose el tiempo necesario, pero sin ir demasiado despacio ya que, por desgracia, el tiempo era oro. A medida que realizaba la labor en sí mismo como recordaba haber visto hacer en Hyákinthos alguna que otra vez, sus ojos viajaban por la habitación, donde finalmente encontró la katana, que no había visto en un inicio por hallarse a sus espaldas. Eso era mejor todavía. Limpió la sangre de la daga con la ropa del Pequeño Timmy, reacomodándola de nuevo en el escondite de su traje y tomó el arma más grande, más seguro de sí mismo. Al menos el sangrado había cesado, se había podido tratar la herida y limpiar la sangre. Respiró profundamente, revisando que su katana estuviera en buen estado y, por fortuna, así estaba. No parecía que hubieran hecho mucho más que justamente quitárselo y dejarlo a un lado.
![[Imagen: vQSQlzV.jpg]](https://i.imgur.com/vQSQlzV.jpg)
—Nunca te pases de confiado, o acabas muerto.
Su voz sonó bajita, profunda y calmada. Era un consejo, irónico que lo mencionara al que ya había muerto, pero costumbres que adoptó después de un trabajo realizado. Ya listo, se preparó, caminó hasta la puerta abierta de la celda y miró desde el umbral, con la katana a un lateral de su cadera, en su cinturón. Pudo percibir el sonido de voces, tres hombres en total. Aquel afilado y fino oído lograba ser más útil que su propia vista. Elevó su mano derecha hacia la cicatriz, ahora tratada, y dio leves pasos en el exterior de la celda. Sorprendentemente, era como un felino, sin un solo sonido en sus zapatos caros, sin un atisbo de temor, cargado de confianza. No es que los alcanzara a todos de una vez, pero sí que al menos podía verlos, a los tres de espaldas. Procuró en todo momento mantenerse en la zona más oscura posible y menos iluminada, así podría quizás pasar más desapercibido. Su mano se posó en la empuñadura de la katana, listo para desenvainarla lentamente. Solo debía ser veloz, evitar ser descubierto y poder avanzar y, sobre todo, encontrar a Owen antes de que fuera demasiado tarde.
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![[Imagen: bTjgVIr.png]](https://i.imgur.com/bTjgVIr.png)
