25-09-2025, 03:42 PM
El mar rugía con un estruendo primitivo, olas enfurecidas golpeaban contra el muelle, levantando espuma y fragmentos de madera como si el propio océano celebrara la guerra que acababa de presenciar, entonces la figura de Li Yuan había entrado al agua con resolución, siguiendo al tiburón hasta su reino. Su salto de doce metros había sido un acto calculado, y la saliva lanzada con precisión quirúrgica impactó en la aleta de Marlon, dejándole un fino rastro rojo que se expandía lentamente en el mar, aquella marca, insignificante a simple vista, era la prueba de que incluso el monstruo podía sangrar.
Zhang, desde tierra firme, luchaba contra otro enemigo, el implacable barco mercante que la marea empujaba hacia el puerto, con garras heladas y fuerza de voluntad, había comenzado a erigir un muro improvisado de cajas congeladas y tablones endurecidos, un sacrificio desesperado para contener la catástrofe, el muelle entero crujía, endurecido por una capa de escarcha que lo hacía brillar bajo la luz pálida del día, como si el hielo mismo lo hubiera reclamado.
Y en medio de todo, el rugido de Marlon se apagó bajo el agua. El gyojin tiburón, hasta ese momento bestia indomable, giró alrededor de Li con la ferocidad de un depredador herido. la sangre de su aleta manaba lentamente, dejando un rastro visible incluso entre las turbulentas corrientes. Se detuvo, como si meditara su siguiente movimiento, los ojos de aquel coloso marino se clavaron en los de Li bajo el agua, brillando con una mezcla de furia, orgullo y reconocimiento.
Un instante de silencio se impuso, roto únicamente por el chocar de las olas y el crujido del barco contra los escombros congelados, el mercante quedó frenado parcialmente, golpeando la improvisada defensa de Zhang con violencia, pero sin destruir por completo el muelle. Aun así, la vibración sacudió toda la costa y fue solo entonces cuando Marlon, soltando un burbujeante gruñido y tomó su decisión.
Con un latigazo de su poderosa cola, el tiburón se impulsó mar adentro. Su silueta, enorme e imponente, se desvaneció entre las olas, dejando tras de sí un surco espumoso y un reguero de sangre que poco a poco se diluyó en la vastedad del océano.
Los pescadores que observaban desde la distancia no se atrevieron a celebrar, sus ojos seguían clavados en el horizonte, temiendo que la bestia volviera, pero el silencio que dejó su partida era distinto, no era una retirada cobarde, sino una promesa velada de que aquel depredador volvería a reclamar lo que consideraba suyo.
El puerto, aunque maltrecho, seguía en pie, el barco mercante quedó encallado entre los restos helados, su avance detenido gracias a los esfuerzos desesperados de Zhang, el muelle, endurecido y cubierto por una capa de escarcha, parecía respirar con alivio.
Y en el agua, Li Yuan emergió con el pecho hinchándose de aire, empapado y cansado, pero firme, había seguido a Marlon hasta el mar, lo había herido y lo había obligado a huir, había cumplido su advertencia. Los gritos de la multitud a lo lejos comenzaron a sonar como un murmullo de esperanza, el caos había terminado, al menos por ahora, pero todos sabían que las olas guardaban memoria, y que el nombre de Marlon Dientegrande seguiría siendo un eco temido en cada rincón de aquella isla.
El océano se cerró sobre sí mismo, tragándose las últimas huellas del monstruo y así, con la espuma y la sangre mezclándose en un lienzo rojo y blanco, terminó aquel día que el puerto nunca olvidaría.
Zhang, desde tierra firme, luchaba contra otro enemigo, el implacable barco mercante que la marea empujaba hacia el puerto, con garras heladas y fuerza de voluntad, había comenzado a erigir un muro improvisado de cajas congeladas y tablones endurecidos, un sacrificio desesperado para contener la catástrofe, el muelle entero crujía, endurecido por una capa de escarcha que lo hacía brillar bajo la luz pálida del día, como si el hielo mismo lo hubiera reclamado.
Y en medio de todo, el rugido de Marlon se apagó bajo el agua. El gyojin tiburón, hasta ese momento bestia indomable, giró alrededor de Li con la ferocidad de un depredador herido. la sangre de su aleta manaba lentamente, dejando un rastro visible incluso entre las turbulentas corrientes. Se detuvo, como si meditara su siguiente movimiento, los ojos de aquel coloso marino se clavaron en los de Li bajo el agua, brillando con una mezcla de furia, orgullo y reconocimiento.
Un instante de silencio se impuso, roto únicamente por el chocar de las olas y el crujido del barco contra los escombros congelados, el mercante quedó frenado parcialmente, golpeando la improvisada defensa de Zhang con violencia, pero sin destruir por completo el muelle. Aun así, la vibración sacudió toda la costa y fue solo entonces cuando Marlon, soltando un burbujeante gruñido y tomó su decisión.
Con un latigazo de su poderosa cola, el tiburón se impulsó mar adentro. Su silueta, enorme e imponente, se desvaneció entre las olas, dejando tras de sí un surco espumoso y un reguero de sangre que poco a poco se diluyó en la vastedad del océano.
Los pescadores que observaban desde la distancia no se atrevieron a celebrar, sus ojos seguían clavados en el horizonte, temiendo que la bestia volviera, pero el silencio que dejó su partida era distinto, no era una retirada cobarde, sino una promesa velada de que aquel depredador volvería a reclamar lo que consideraba suyo.
El puerto, aunque maltrecho, seguía en pie, el barco mercante quedó encallado entre los restos helados, su avance detenido gracias a los esfuerzos desesperados de Zhang, el muelle, endurecido y cubierto por una capa de escarcha, parecía respirar con alivio.
Y en el agua, Li Yuan emergió con el pecho hinchándose de aire, empapado y cansado, pero firme, había seguido a Marlon hasta el mar, lo había herido y lo había obligado a huir, había cumplido su advertencia. Los gritos de la multitud a lo lejos comenzaron a sonar como un murmullo de esperanza, el caos había terminado, al menos por ahora, pero todos sabían que las olas guardaban memoria, y que el nombre de Marlon Dientegrande seguiría siendo un eco temido en cada rincón de aquella isla.
El océano se cerró sobre sí mismo, tragándose las últimas huellas del monstruo y así, con la espuma y la sangre mezclándose en un lienzo rojo y blanco, terminó aquel día que el puerto nunca olvidaría.
Aclaraciones belicas para Zhang
Marlon Dientegrande

![[Imagen: IgQmwbt.jpeg]](https://i.imgur.com/IgQmwbt.jpeg)