T1 - Los Hijos de la Soledad
#7
No, no, no. Lo que menos desea es ganarse de enemigos a gente que desea que confíen en él. Sí, el castaño tenía razón ¿Cuál es su nombre? ¿Ummm? Ah, bueno, es quien manda, su capitán…al menos eso sabe, después se molestaría en memorizar su nombre, por ahora solo se dedicó a asentir ante lo dicho por el más bajito, más aún cuando le dio razón en cuanto a seguir al grupo de lunáticos misóginos a los que planeaba vender por “piezas”.
 
—¿Furia? —Las palabras del capitán lo hicieron inclinar su cabeza hacia un lado, mientras se cruzaba de brazos y veía a los sectarios desaparecer entre la multitud y los arrozales. Sus ojos se perdieron en la imagen tan extraña, pero lejos de haber interés en ellos, solo se leía un aburrimiento que desmotivaría al más animado. —No siento furia, capitán, no es que me importen los asuntos que esos sectarios tengan con estas personas…pero…capturarlos sería un buen negocio ¿Creen que la marina le tendrá precio a sus cabezas? —Porque si no podía diseccionarlos, al menos pensaba venderlos de alguna manera.
 
Su pregunta fue arrastrada con el viento, junto con las personas despejando el camino, ellos incluidos. Siguió, por supuesto, a su capitán ¿Qué haría si no? Se perdería entre los caminos de arroz, eso no sería buena idea, sí…como ¿James? No…su capitán le dio otro nombre ¿Jensen? ¿En serio Jensen? Estaba seguro de que era James, casi le atinó…Cómo sea, reformulando, como Jensen le dijo antes, mejor no se separaba.
 
—Sí, supongo que puedo cuidarlo —. Se encogió de hombros y, como los otros dos hicieron, se movió en silencio, siguiendo la pista del grupo de desadaptados.
 
***
 
Se quejó. Todo el caminó refunfuñó en voz baja. El lodo de los arrozales, los charcos de agua. Todo estaba mal. Su largo kimono, sus zapatos azules, todo se arruinaba por culpa del clima de la isla. No…por culpa de esos sujetos…No, no de los sectarios, de sus compañeros ¿Por qué creyó que era buena idea seguirles el juego? Podrían haber ido al barco y ya estaba, pero claro, su ambición pudo más.
 
—Tsk… —Cabañas viejas, silos, más lodo. Un barrio de pobres…lo que le faltaba. —Oigan, Jensen, Capitán, tendrán que pagarme zapatos y ropa nueva cuando salgamos de…
 
Sus palabras quedaron atascadas en su garganta cuando vio a aquel ser emerger de la cabaña. ¿Qué era esa cosa? Sintió su boca seca, sus ojos se abrieron de par en par, podía sentir un leve temblor en sus manos. Debía controlarse, seguro solo era una especie extraña, una que en otro momento amaría diseccionar, pero ahora…no…no…no…No podía pensar con claridad.
 
Una voz.
 
La voz de Jensen. Un grito. Eso lo sacó de su parálisis, pero no ayudó a mermar su miedo. Apenas pudo alzar sus brazos, sosteniendo a su compañero más por inercia que por acción.
 
Ese grito. Ese grito debió alertar a los sujetos.
 
Tragó saliva.
 
No…quizá estuvieron alertas desde antes.
 
Las palabras del sujeto de voz chillona no parecían improvisadas, si no, premeditadas.
 
Chasqueó la lengua. Sus brazos se apretaron con más fuerza en el cuerpo de su compañero, demasiada, tal vez, lo suficiente para dejarle moretones si seguía apretando el cuerpo con tanta fuerza. No era su culpa, el miedo lo hacía reaccionar así.
 
—C…capitán ¿Sus órdenes? —Esto no era lo planeado. Miró al castaño, luego al pelinegro. ¿Qué si esas cabras se veían espeluznante? Pues sí, vaya que sí, no iba a negarlo. Sus brazos se aflojaron por un momento, instante que el otro aprovechó para quitársele de encima. Escuchó sus palabras y… ¿En verdad sería tan malo si le daba un tiro a la cabeza? No, viendo la situación ¿Qué más daba dañar sus ojos con una bala? Que disparara lo que quisiera, que se deshiciera de ellos y… ¿Qué dijo?
 
—¿AAAAAAH? ¡TU! —Lo señaló, indignado. —¡GATILLO LOCO, JENSEN! —Y por una vez decía bien el nombre ajeno. —¿Cómo mierda no cargas municiones contigo? ¿Para qué tienes esa arma entonces si no vas a usarla bien? ¿Solo la recargas para matar marines? —Sintió su pecho agitado de repente. ¿Por qué le gritaba a su compañero? Tenía peores problemas al frente.
 
Esas cosas.
 
Esas “cabras” o lo que fueran se movieron hacia ellos.
 
Jensen fue el primero en saltar a defenderse… ¿defenderlos? Bien, los tres estaban en el mismo lío, era mejor hablar en plural, sea como sea, el pelirosa, por otro lado, solo dio un paso hacia atrás. Cerró sus ojos con fuerza y deseó que su respiración se calmara, responder como lo haría en cualquier momento, pero su corazón bombeaba con tanta fuerza que creía que se le saldría. ¿Se calmaría si pensaba en algo más?
 
¿Cuántos pasos más hacia atrás dio? No fue consciente de ello hasta que sintió que algo jaló la tela de su kimono. —¿Ah? ¿Qué…? —Por un momento creyó que la tela se había enredado en algo, pero cuando sintió un tirón más fuerte, se atrevió a abrir los ojos y lo que se encontró fue tan surrealista que ni siquiera supo como reaccionar: una de las cabras que había salido de la cabaña parecía muy entretenido comiéndose la tela de SU ropa.
 
—¿Qué…haces? ¡AH! ¿Por qué le hablo a una cabra? —Su mano se aferró a la tela y le dio un tirón hacia arriba, lo que terminó por romper parte de la vestimenta y dejar a la cabra con un trozo de tela en la boca. ¿Se contentaría con eso? Esperaba que sí, porque se supone que debía ayudar a Jensen con esos tipos que lo atacaban, pero…
 
Ahora no era solo un animal que lo miraba: eran cinco. ¿De dónde salieron las otras cabras? Hace un rato estaban al lado de esa criatura gigantesca que aún le helaba la sangre, ahora ¿Por qué lo seguían? ¿Y por qué sus ojos se notaban tan…desorbitados? Podía no tener buena memoria, pero estaba casi seguro de que los ojos de las cabras no se veían como los de alguien que acaba de inhalar un kilo de alguna droga sintética…además ¿Era su imaginación o lo estaban rodeando?
 
—…Solo…solo son cabras ¿no? —Sentía que su corazón latía desbocado, podía jurar que se saldría de su pecho en cualquier momento. Reconocía los síntomas del miedo…y fue por miedo que se quedó paralizado cuando una de esas cabras se acercó a él, corriendo y tan rápido que el cabezazo que el animal le dio en las piernas no hizo trastabillar y caer de nalgas al suelo, terminando por ensuciar su ropa de lodo y haciéndole arrugar el rostro por culpa del asco, aunque, por supuesto, ese no era el mayor de sus problemas.
 
Reaccionó a tiempo cuando la misma cabra intentó atacarlo de nuevo. Esta vez, aun sentado en el suelo, alzó su pierna para dar una patada que alejó al animal de su vista y, de hecho, lo mandó a volar, haciendo que chocara con unos sacos de arroz que estaban apilados en una esquina.
 
—¿Es una maldita broma? —El maltrato animal no estaba dentro de sus crímenes, pero tampoco era tan estúpido como para no defenderse si un animal, por más inofensivo que pareciera, lo atacaba.
 
—¡ATRÁS! ¡ATRÁS! —A las cuatro cabras que quedaban se le unieron dos más y, tal como la primera, tuvieron la misma intención de golpearlo con sus cornamentas, unas que no parecían tan grandes ni peligrosas, pero no se iba a arriesgar.
 
Suspiró y se resignó a deshacerse de los animales que lo rodearon de un momento a otro. Primero tuvo que moverse hacia un lado para esquivar cualquier golpe, eso hizo que dos de las cabritas se chocaran entre ellas, no de frente, una le dio un cabezazo a la otra en el costado, lo que dejó a la pobre en el suelo y, la otra, terminó con su pequeños cuernos clavados en el trozo de madera de la cerca que separaba aquella cabaña del demonio del resto de los arrozales.
 
Habría sonreído por ver tan caricaturesco espectáculo, pero lo hecho solo pareció enfurecer al resto de cabras, pues las cuatro que faltaban se le abalanzaron encima. El médico volvió a suspirar de cansancio y movió una de sus piernas para quitarse a una de encima, de nuevo con una patada, una que noqueó al pobre animal enseguida.
 
—¡Capitán! ¿Tenemos un cocinero? —Por supuesto que tenían uno, que no pudiera recordarlo era otra cosa. —¿Podemos llevarle de estas cabras para que haga un asado?—Las tres que quedaban cerca parecieron entender sus palabras porque retrocedieron unos cuantos pasos, aunque no se alejaron del todo. El pelirosa las miró, analizando el posible peso de cada una y cuanta carne podrían obtener si las cocinaban…seguro tendrían para un buen par de días en el barco. Sonrió.
 
Dejó de lado la idea de sentirse ridículo por tener que encargarse de unas simples cabras y aprovechó de estar cerca de más sacos de arroz que estaban sellados y listo para la venta. No sabía si serían de los sectarios, pero ¿Qué más daba? Tomó dos de ellos en cada una de sus manos y los aventó sobre dos de las cabras que quedaban, mientras que, la última de ellas se intentó alejar, pero al final corrió con el mismo destino.
 
—Bien, conseguí la cena ¿Ya podemos irnos? —Miró hacia donde estaba en más bajito de ellos y luego se fijó en Jensen, quien parecía tener la situación bastante controlada por su lado, aunque, había algo que aún le incomodaba...no sabía si era el miedo o esa sensación de estar perdiendo mercancía valiosa. —¡Gatillo loco! Recuerda dejar a algunos no tan lastimados, ya sabes…para que pueda usarlos como te dije.
 
Estaba dispuesto a dar media vuelta cuando tres cabras más aparecieron frente a él. El pelirosa rodó los ojos y se agachó para tomar una cuerda que estaba amarrada a un poste, así que, cuando dos de las cabras se lanzaron hacia él, solo tuvo que estirar la cuerda para que estas se tropezaran y rodaran, chocando con más de esos sacos de arroz que estaban apilados en una esquina.
 
—¿Cuántas más hay de estas? Podríamos alimentarnos de cabras por un mes… —dijo mientras veía como una última cabra corría hacia él; sin embargo, ahora que estaba más atento, solo le bastó con alzar su pierna para darle una patada al pobre animal y dejarla tan noqueada como a las otras. —Creí que lidiaríamos con sectarios reales, no con una granja —. Su voz sonó perezosa, casi como si no tuviera ganas de hablar, aunque lo cierto era que, ahora que había pasado todo el rush de adrenalina, al levantar su vista para encarar al ser de tres metros, ese miedo que tenía al inicio volvió tan fuerte como antes.
 
Se dejó caer al suelo, esta vez poco importándole su ropa o sus zapatos. Solo quería que esa cosa saliera de su vista.
 
—Capitán….podemos…¿Podemos irnos de aquí? —Sería extraño que su pregunta alcanzara a su capitán, después de todo, salió en voz tan baja y entrecortada que apenas y se escuchó él mismo.

Resumen
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 405 + 0 = 405
Energia: 500 - 100 = 400
Espiritu: 108 + 0 = 108


Mensajes en este tema
T1 - Los Hijos de la Soledad - por Ashura - 15-08-2025, 06:24 PM
RE: T1 - Los Hijos de la Soledad - por Hyákinthos - 02-09-2025, 08:14 AM
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RE: T1 - Los Hijos de la Soledad - por Hyákinthos - 14-09-2025, 08:21 AM
RE: T1 - Los Hijos de la Soledad - por Ashura - 26-09-2025, 10:04 PM
RE: T1 - Los Hijos de la Soledad - por Hyákinthos - 28-09-2025, 01:21 AM
RE: T1 - Los Hijos de la Soledad - por Ashura - 07-10-2025, 09:46 AM
RE: T1 - Los Hijos de la Soledad - por Hyákinthos - 10-10-2025, 07:23 AM
RE: T1 - Los Hijos de la Soledad - por PX-5 - 11-10-2025, 10:22 AM

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