07-09-2025, 04:50 PM
Dicen que la nieve lo cubre todo, pero yo nunca he confiado en las apariencias, la nieve tapa huellas, esconde cadáveres y hasta engaña a los marines más ingenuos, pero a mí no ya tengo bastantes meses aquí. Mis ojos no son de los que se pierden en lo blanco y mis sentidos, mucho menos, cuando desperté esa mañana, el rumor ya corría, un oso había devorado a Steven. ¿Un oso? Por favor, el único oso que había visto últimamente estaba colgado en la pared de una taberna con la boca abierta en una mueca ridícula, pero claro, los marines necesitaban un monstruo fácil de entender y los monstruos fáciles son los que se cazan y se cuelgan para brindar con ron barato, no dude en alistarme y ser de aquellos soldados que se apresuraron en ir a la escena.
El cuerpo estaba allí, congelado como un muñeco de cera, sangre coagulada bajo la nieve, el cuello destrozado, el estómago abierto como si alguien hubiese querido registrar sus secretos, la mandíbula arrancada. Sí, era brutal, sí, era grotesco, pero yo había visto a osos desgarrar carne antes y esto, esto no tenía nada que ver.
Me agaché, dejando que Blue se acomodara en mi hombro, inquieto. A veces él olía el peligro antes que yo y esta vez, los dos coincidimos. Aspiré hondo, el olor que daba era Aloe vera y pólvora, ese era siempre mi olor mezclado con la nieve, pero había algo más, algo metálico, aceite, un rastro químico que no pertenece a un oso ni a ningún animal salvaje.
George, el barbudo con cara de resaca, agitaba una petaca como si fuera la solución a todos los problemas, decía con orgullo que cazaríamos al oso asesino, yo tuve que contenerme para no reír en su cara o romperle la cara.
—Un oso, ¿eh? — le dije, clavando mis ojos en las huellas que marcaban la nieve. Mis botas crujían con cada paso y los dos soldados me observaron como si esperaran que les diera una bendición, pero desafortunadamente no doy bendiciones, yo doy verdades —¿Sabes qué veo yo aquí, George? — El silencio se hizo presente. Eric dejó de dibujar esa escenita piadosa que pensaban mandar a la familia de Steven.
—Veo que Steven disparó, pero no hay sangre en el camino, ni una sola gota. ¿Sabes lo que significa? Que no erró, no. Que su objetivo no sangra como un oso y esas huellas ¿quieres que me trague que un oso camina recto como un maldito soldado? —
George masculló algo, pero yo no lo escuché. Estaba demasiado ocupada siguiendo la línea de las pisadas, calculando la profundidad en la nieve. Alguien quería que parecieran de un animal y si que lo habían intentado con empeño, incluso con un molde, pero yo tenía memoria eidética, recordaba huellas auténticas de osos, vistas en otras campañas, estas eran simétricas, perfectas, demasiado perfectas, un animal real deja caos, irregularidad. Esto era humano.
Blue chilló y aleteó, como confirmando mis sospechas. —Y otra cosa, George—añadí, incorporándome con una sonrisa torcida —A los osos les gusta desgarrar para comer, no para exhibir, esto de arrancar la mandíbula no es hambre, es un mensaje.— Eric tragó saliva y George intentó bromear, pero su risa se ahogó rápido.
La verdad era obvia, Steven había sido cazado, sí, pero no por un animal y ese detalle olía peor que su petaca, olía a hombre con instintos de bestia.
¿Podía yo decirlo abiertamente? Claro. ¿Debía hacerlo? No. No delante de todos, el pánico cunde más rápido que el fuego en un depósito de pólvora, así que me limité a guardar silencio, a dejar que la historia del oso siguiera rodando. No soy diplomática, pero sé cuándo es mejor esperar, mis ojos ya habían visto lo suficiente y mi memoria nunca olvida.
Mientras los marines se organizaban para su “cacería de osos”, me aseguré de anotar mentalmente cada detalle, el ángulo de las heridas, el olor metálico, la simetría imposible de las huellas, todo apuntaba a alguien con un gusto retorcido por disfrazar sus crímenes de tragedia natural.
Yo no sé lo que es un mal augurio, pero sí sé lo que significa cuando la nieve se mancha con la mentira, significa que tarde o temprano, alguien más va a caer y cuando eso ocurra, quiero estar allí con mis pistolas listas, no para vengar a Steven, que apenas me importaba, sino porque me gusta acertar en el blanco y esta vez, el blanco no es un oso.
Blue graznó otra vez. Yo sonreí. —Tranquilo, compañero — le susurré —Cuando llegue el momento, yo disparo primero. —
El cuerpo estaba allí, congelado como un muñeco de cera, sangre coagulada bajo la nieve, el cuello destrozado, el estómago abierto como si alguien hubiese querido registrar sus secretos, la mandíbula arrancada. Sí, era brutal, sí, era grotesco, pero yo había visto a osos desgarrar carne antes y esto, esto no tenía nada que ver.
Me agaché, dejando que Blue se acomodara en mi hombro, inquieto. A veces él olía el peligro antes que yo y esta vez, los dos coincidimos. Aspiré hondo, el olor que daba era Aloe vera y pólvora, ese era siempre mi olor mezclado con la nieve, pero había algo más, algo metálico, aceite, un rastro químico que no pertenece a un oso ni a ningún animal salvaje.
George, el barbudo con cara de resaca, agitaba una petaca como si fuera la solución a todos los problemas, decía con orgullo que cazaríamos al oso asesino, yo tuve que contenerme para no reír en su cara o romperle la cara.
—Un oso, ¿eh? — le dije, clavando mis ojos en las huellas que marcaban la nieve. Mis botas crujían con cada paso y los dos soldados me observaron como si esperaran que les diera una bendición, pero desafortunadamente no doy bendiciones, yo doy verdades —¿Sabes qué veo yo aquí, George? — El silencio se hizo presente. Eric dejó de dibujar esa escenita piadosa que pensaban mandar a la familia de Steven.
—Veo que Steven disparó, pero no hay sangre en el camino, ni una sola gota. ¿Sabes lo que significa? Que no erró, no. Que su objetivo no sangra como un oso y esas huellas ¿quieres que me trague que un oso camina recto como un maldito soldado? —
George masculló algo, pero yo no lo escuché. Estaba demasiado ocupada siguiendo la línea de las pisadas, calculando la profundidad en la nieve. Alguien quería que parecieran de un animal y si que lo habían intentado con empeño, incluso con un molde, pero yo tenía memoria eidética, recordaba huellas auténticas de osos, vistas en otras campañas, estas eran simétricas, perfectas, demasiado perfectas, un animal real deja caos, irregularidad. Esto era humano.
Blue chilló y aleteó, como confirmando mis sospechas. —Y otra cosa, George—añadí, incorporándome con una sonrisa torcida —A los osos les gusta desgarrar para comer, no para exhibir, esto de arrancar la mandíbula no es hambre, es un mensaje.— Eric tragó saliva y George intentó bromear, pero su risa se ahogó rápido.
La verdad era obvia, Steven había sido cazado, sí, pero no por un animal y ese detalle olía peor que su petaca, olía a hombre con instintos de bestia.
¿Podía yo decirlo abiertamente? Claro. ¿Debía hacerlo? No. No delante de todos, el pánico cunde más rápido que el fuego en un depósito de pólvora, así que me limité a guardar silencio, a dejar que la historia del oso siguiera rodando. No soy diplomática, pero sé cuándo es mejor esperar, mis ojos ya habían visto lo suficiente y mi memoria nunca olvida.
Mientras los marines se organizaban para su “cacería de osos”, me aseguré de anotar mentalmente cada detalle, el ángulo de las heridas, el olor metálico, la simetría imposible de las huellas, todo apuntaba a alguien con un gusto retorcido por disfrazar sus crímenes de tragedia natural.
Yo no sé lo que es un mal augurio, pero sí sé lo que significa cuando la nieve se mancha con la mentira, significa que tarde o temprano, alguien más va a caer y cuando eso ocurra, quiero estar allí con mis pistolas listas, no para vengar a Steven, que apenas me importaba, sino porque me gusta acertar en el blanco y esta vez, el blanco no es un oso.
Blue graznó otra vez. Yo sonreí. —Tranquilo, compañero — le susurré —Cuando llegue el momento, yo disparo primero. —
