02-09-2025, 08:14 AM
Mira hacia el cielo. Las nubes grises lo cubren, no tiene caso distraerse con ellas esta vez, son una masa amorfa en las alturas que hoy no le brindan un refugio, al contrario, parece que en cualquier momento desatarán su ira sobre él y su compañero ¿Cuál se supone que es su nombre? Al menos esta vez, ha viajado con él suficiente tiempo para estar seguro de que empieza con “J” ¡Ah! ¡Debe ser James! Sí…Con eso recordado, podía bajar su vista de regreso a su enciclopedia de plantas venenosas que compró en la isla anterior.
—¿Maki? ¿Quién es Maki? ¿Cómo que cuatro? Hemos venido viajando tú y yo desde que salimos de la última isla ¿No es así? —Su mirada, aburrida, cansada y oculta tras unos lentes trasparentes, para descansar la vista, no se levantó del libro que funcionaba como objeto de su atención, incluso su voz sonó monótona, calmada, como si ni siquiera el aire denso que se respiraba pudiera alterarlo. —¿Necesitas que te revise? No hemos pasado mucho tiempo en altamar y el sol no ha sido un problema, pero pareces estar delirando —. Se tomó la molestia, ahora sí, de levantar sus ojos del libro y cerrar este de un manotazo para encarar al pelinegro, pero encontrándose que tras este ya se divisaban las cercanas costas de una nueva isla.
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—Este sitio no parece muy amigable —. Fue un comentario al aire que soltó tal vez por el clima o tal vez porque, al llegar al puerto y amarrar el bote al muelle, pudo notar las caras largas de los habitantes, la decepción, la resignación, la tristeza reflejada en rostros de personas que parecían querer escapar de la isla ¿Por qué? Frunció el ceño y caminó con pasos tranquilos detrás de su acompañante. —Tranquilo —dijo al pelinegro —, no pienso separarme —. Sería un idiota si lo hiciera.
Su kimono rosa, que le dejaba una apariencia algo femenina, se arrastró por el suelo lleno de arenilla mojada, aquello lo hizo chasquear la lengua y levantar la tela un poco, lo suficiente para que aquello dejara de ser un problema; sin embargo, por unos minutos más estuvo tan atento a no ensuciarse que ni siquiera notó cuando su compañero se detuvo para analizar alguna situación extraño, tampoco reparó en el grupo de gente reunida en la calle, bien…al menos no lo hizo hasta que chocó con la espalda del de capucha roja y el sonido de una campana lo hizo fijarse en sus alrededores.
Parpadeó un par de veces, analizando las palabras de los sujetos encapuchados y el desagrado general de aquellos curiosos que observaban y escuchaban mas no intervenían y que, a lo mucho, protegían a sus conocidas.
Alzó una ceja, más intrigado que indignado, pero dispuesto a caminar en dirección contraria a donde sea que no hubiera un problema como el que parecían tener estas personas. Sí, ese era su plan, uno que fue detenido por la voz de su acompañante.
—Ellos dijeron que habría tributo, eso puede significar lo que sea, no exactamente acabar con la vida de nadie —. Se encogió de hombros, con suerte, esos sujetos se referían a golpear o a torturar a alguna que otra chica y ¡Oh! Como lo beneficiaría a él como médico que hubiera unos cuantos heridos, bien podría empezar a ganarse la confianza de las personas de la isla de ese modo, ofreciéndose a curar a las afectadas y, después de un tiempo, las personas caerían en sus garras sin tener que hacer un mayor esfuerzo…podría establecer su “negocio” en esa isla, aunque…
Un vistazo alrededor fue suficiente para ponerlo en otra perspectiva. Una piedra que voló hacia la cabeza de uno de los encapuchados le dio a entender el descontento real de la gente y eso…eso lo hizo sonreír.
Esos encapuchados no tendrían a nadie para extrañarlos.
No tenía que ver bajo las capuchas para suponer que aquellos debían ser hombres, bueno, al menos la voz molesta y chillona del tipo de la campana sonaba como la de un hombre…uno muy molesto… ¿Qué tanta edad tendría? ¿Qué tan sano estaría? ¿En qué estado estarían sus órganos? Esperaba que sanos, porque si no, la idea de seguirle el juego a ¿James? sería una pérdida de tiempo, pero, si las cosas resultaban como quería, hasta la mínima parte de los cuerpos de los encapuchados sería aprovechada y vendida para llenar sus bolsillos.
No era un mal negocio.
—¿Sabes una cosa? Tienes razón, no deberíamos dejar que actúen —. Señaló a los que suponía debían ser sectarios. —¿Te apetece seguirlos? Dijeron que esta noche habría tributo, así que tenemos hasta antes que el sol se esconda para jugar con ellos y… ¿James? Por favor, si vas a usar esa pistola tuya, no apuntes a órganos importantes, dale en las piernas, en los brazos…tal vez el cuello…pero yo quiero conservarlos lo más enteros posibles ¿Puedes hacer eso por mí? —Sus palabras fueron susurros dichos casi al oído del pelinegro, no iba a arriesgarse a que alguien más pudiera escucharlo, así que luego de lo dicho se separó un poco para esperar la respuesta de su compañero y, mientras este decidía si seguirlo o no, empezó a rebuscar en los bolsillos añadidos a su kimono un par de guantes negros que no dudó en colocarse, no por frío, si no para estar preparado ante cualquier conflicto que pudiera suscitarse.
