26-01-2025, 04:30 PM
- Burokku... - Kovashi estaba enfocado en la posición subterránea del panda para que, en el momento que emergiera, poder finalmente tenerlo bajo sus pies. En su mente sádica y perversa, el combate ya estaba ganado y escrito desde el momento en el que Don bambú se sumergió en el suelo como si de una piscina se tratara. Pero no había contado con que el factor estratégico y mente del mink. El Shimatsu sabía de sobra que era listo, inteligente, sí. En definitiva, un sabelotodo que se pasaba todo el día con sus libros en mano. Era algo que le ponía verdaderamente de los nervios a todas luces. Cuando sintió que su adversario no se movía ni un ápice y que, en su lugar, la tierra empezó a reverberar, el peliblanco se temió lo peor. Conocía de primera mano lo que era capaz de hacer con el terreno pero aún así, se temía que se venía algo gordo.- Mierda - Volvió a maldecir, apartando la mano de suelo y empuñando con firmeza a Shishui, a la par que comenzaba a levitar el cubo - a escasos centímetros del suelo -sobre el que iba montado, retrocediendo ligeramente respecto a su posición inicial, en el momento en el que, de la superficie, empezó a originarse una enorme ola del pavimento, sedimentos y tierra que conformaba el islote sobre el que estaban, un oleaje que avanzaría con furia y que amenazaría con arrasarlo todo a su paso, incluyendo al propio Kovashi. El tsunami abarcaba unas dimensiones colosales, por lo que esquivarlo, dada a la reducida movilidad del espadachín, no era una opción. La ola se aproximaba a paso lento pero firme hacia el peliblanco, quién, a pesar de lo que se le venía encima, no dudó ni un momento en quitar el blanco de su boca, llevando a su katana a su flanco derecho, quedando la hoja por debajo de su cadera, con la punta mirando hacia el suelo.
Y, cuando tenía a su alcance aquel maremoto sobrenatural, con un movimiento en diagonal ascendente, preciso pero letal, cortó en toda su totalidad el ataque de Don Bambú que amenazaba con dejar para el arrastre al peliblanco, aprovechando el impulso del ataque para empezar a levantarse sobre su cubo. Había acabado con la ofensiva del oso moteado, pero a costa de usar el ataque que iba destinado a cosechar el alma de su viejo amigo, a acabar con su vida. Si a eso se le suma que contaba con un brazo menos y que, por tanto, no podía usar sus técnicas de Nitoryuu, se podía concluir en que, sin lugar a dudas, el panda le había puesto contra las cuerdas. Con la ola fuera de juego y con el Panda emergiendo del terreno, para quedar a unos dos metros de él, Kovashi envainó rápidamente a Shisui y volvió a posicionar la palma de su mano sobre la superficie.- ¡Burokku Jinshin! - Exclamó, en el momento que todo bajo sus pies, en un alcance de 15 metros respecto a Kovashí, se transformó en cubos, cubos que se sacudían agresivamente entre sí, con la mera intención de desestabilizar el equilibrio de su contrincante y mandarlo hacia el suelo, que ahora mismo estaba convertido en un mar de cubos.- ¡Kyūbuwārudo! -No contento con ello, y con gran parte del terreno a su favor y bajo su control - y con la mano aún apoyada sobre este - nuevamente y como pasó nada más comenzar esta épica batalla, todo lo que estaba a un radio de 40 metros de Kovashi se empezó a fragmentar hasta convertirse, otra vez, en cubos, con la misión de entorpecer lo máximo posible los movimientos de su peludo amigo. Cientos y miles de cubos de sendos tamaños empezaban a emerger por segunda vez del suelo - haciendo aún más profundo el cráter que habían originado - permaneciendo muchos de ellos estáticos y otros tantos desplazándose erráticamente, quedando Don Bambú derribado sobre tres de ellos de 1,50 metros de lado.
Tras este espectáculo cúbico, Kovashi finalmente terminó de levantarse, quedando a dos metros del panda, lo tenía ya a su merced, podría acabar con él si quisiera pero, ¿era de verdad tan fácil? ¿Realmente no tendría el mink nada más que ofrecer? ¿Tendría algún as más bajo la manga? Lo cierto era que, si el combate se seguía extendiendo más en el tiempo, Kovashi tendría todas las de perder, sin duda alguna. Si bien su quebrantado corazón y su corrompida alma anhelaban seguir con aquella disputa, con aquel duelo a muerte, su mente le decía que ya estaba bien, por ahora.- Me lo he pasado bien, Panda, pero creo que ya está bien por hoy, ¿no crees? - Comentó, haciendo que, telepáticamente, los tres cubos sobre los que estaba Don Bambú comenzaran a alejarse del Shimatsu, a la par que otros nueve de las mismas dimensiones que los recién descritos empezaran a agruparse, a un metro de distancia de Kovashi, formando una especie de barrera de 3x3 cubos entre el espadachín y el mink, todo mientras recogía los fragmentos y restos de su brazo robótico, que reposaban en un cubo que lindaba a escasos centímetros del suyo.- Ándate con un ojo en la espalda... Porque estaré al acecho en cualquier momento. - Amenazó, dándose media vuelta, mirando de reojo a su objetivo a la par que los nueve cubos se empezaban a ensamblar, quedando ya sólo pequeñas ranuras por los que ver a través.
Y como una promesa pactada, una promesa que se grabaría en el corazón de Kovashi, el espadachín, con un brazo y una espada menos, se volvería a poner la capucha sobre su cabeza y saltaría de cubo en cubo buscando alejarse de su viejo amigo y salir de aquel inhabitado y desolado lugar, rumbo a los astilleros del archipiélago, perdiéndose entre la muchedumbre y siéndole imposible al revolucionario mink detectar a su vengador, como si el fantasma que había ido a visitarle se hubiera vuelto a desvanecer. Tan sólo las burbujas de resina habrían sido testigos mudos de un enfrentamiento apoteósico, un duelo nacido de un reencuentro inesperado, un reencuentro que, si bien podría haber desembocado en un precioso momento en las vidas de ambas, el destino es azaroso y cruel pues, más allá de haber predominado la alegría y la esperanza de ver que uno de sus amigos sobreviviera, el oscuro y tentador camino de la venganza acabó prevaleciendo sobre la entidad de Kovashi. Cualquiera que fuera al manglar 18 en esos instantes, tan sólo verían como el islote se había convertido en un cráter cúbico de unos cinco metros de profundidad. Pero lo que nadie sabía, lo que nadie conocía a excepción de los dos protagonistas de esta historia, es que en ese mismo islote, dos viejos amigos se habían reencontrado y, consecuentemente, enzarzado en un duelo a muerte.
- Shinigami -
Y, cuando tenía a su alcance aquel maremoto sobrenatural, con un movimiento en diagonal ascendente, preciso pero letal, cortó en toda su totalidad el ataque de Don Bambú que amenazaba con dejar para el arrastre al peliblanco, aprovechando el impulso del ataque para empezar a levantarse sobre su cubo. Había acabado con la ofensiva del oso moteado, pero a costa de usar el ataque que iba destinado a cosechar el alma de su viejo amigo, a acabar con su vida. Si a eso se le suma que contaba con un brazo menos y que, por tanto, no podía usar sus técnicas de Nitoryuu, se podía concluir en que, sin lugar a dudas, el panda le había puesto contra las cuerdas. Con la ola fuera de juego y con el Panda emergiendo del terreno, para quedar a unos dos metros de él, Kovashi envainó rápidamente a Shisui y volvió a posicionar la palma de su mano sobre la superficie.- ¡Burokku Jinshin! - Exclamó, en el momento que todo bajo sus pies, en un alcance de 15 metros respecto a Kovashí, se transformó en cubos, cubos que se sacudían agresivamente entre sí, con la mera intención de desestabilizar el equilibrio de su contrincante y mandarlo hacia el suelo, que ahora mismo estaba convertido en un mar de cubos.- ¡Kyūbuwārudo! -No contento con ello, y con gran parte del terreno a su favor y bajo su control - y con la mano aún apoyada sobre este - nuevamente y como pasó nada más comenzar esta épica batalla, todo lo que estaba a un radio de 40 metros de Kovashi se empezó a fragmentar hasta convertirse, otra vez, en cubos, con la misión de entorpecer lo máximo posible los movimientos de su peludo amigo. Cientos y miles de cubos de sendos tamaños empezaban a emerger por segunda vez del suelo - haciendo aún más profundo el cráter que habían originado - permaneciendo muchos de ellos estáticos y otros tantos desplazándose erráticamente, quedando Don Bambú derribado sobre tres de ellos de 1,50 metros de lado.
Tras este espectáculo cúbico, Kovashi finalmente terminó de levantarse, quedando a dos metros del panda, lo tenía ya a su merced, podría acabar con él si quisiera pero, ¿era de verdad tan fácil? ¿Realmente no tendría el mink nada más que ofrecer? ¿Tendría algún as más bajo la manga? Lo cierto era que, si el combate se seguía extendiendo más en el tiempo, Kovashi tendría todas las de perder, sin duda alguna. Si bien su quebrantado corazón y su corrompida alma anhelaban seguir con aquella disputa, con aquel duelo a muerte, su mente le decía que ya estaba bien, por ahora.- Me lo he pasado bien, Panda, pero creo que ya está bien por hoy, ¿no crees? - Comentó, haciendo que, telepáticamente, los tres cubos sobre los que estaba Don Bambú comenzaran a alejarse del Shimatsu, a la par que otros nueve de las mismas dimensiones que los recién descritos empezaran a agruparse, a un metro de distancia de Kovashi, formando una especie de barrera de 3x3 cubos entre el espadachín y el mink, todo mientras recogía los fragmentos y restos de su brazo robótico, que reposaban en un cubo que lindaba a escasos centímetros del suyo.- Ándate con un ojo en la espalda... Porque estaré al acecho en cualquier momento. - Amenazó, dándose media vuelta, mirando de reojo a su objetivo a la par que los nueve cubos se empezaban a ensamblar, quedando ya sólo pequeñas ranuras por los que ver a través.
- Shin sekai de aimashou. Sore made shinu na yo, kyūyū yo. -
Y como una promesa pactada, una promesa que se grabaría en el corazón de Kovashi, el espadachín, con un brazo y una espada menos, se volvería a poner la capucha sobre su cabeza y saltaría de cubo en cubo buscando alejarse de su viejo amigo y salir de aquel inhabitado y desolado lugar, rumbo a los astilleros del archipiélago, perdiéndose entre la muchedumbre y siéndole imposible al revolucionario mink detectar a su vengador, como si el fantasma que había ido a visitarle se hubiera vuelto a desvanecer. Tan sólo las burbujas de resina habrían sido testigos mudos de un enfrentamiento apoteósico, un duelo nacido de un reencuentro inesperado, un reencuentro que, si bien podría haber desembocado en un precioso momento en las vidas de ambas, el destino es azaroso y cruel pues, más allá de haber predominado la alegría y la esperanza de ver que uno de sus amigos sobreviviera, el oscuro y tentador camino de la venganza acabó prevaleciendo sobre la entidad de Kovashi. Cualquiera que fuera al manglar 18 en esos instantes, tan sólo verían como el islote se había convertido en un cráter cúbico de unos cinco metros de profundidad. Pero lo que nadie sabía, lo que nadie conocía a excepción de los dos protagonistas de esta historia, es que en ese mismo islote, dos viejos amigos se habían reencontrado y, consecuentemente, enzarzado en un duelo a muerte.
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