25-01-2025, 08:00 PM
El suelo tembló furiosamente bajo los pies del peliblanco, no sólo haciéndole perder el equilibrio por completo, sino golpeándole con tanta fuerza en toda la extensión de su cuerpo. Milagrosamente, el maltrecho brazo robótico de Kovashi se fracturó por completo, inhabilitándole a emplear dos espadas durante el resto de la pelea. Sin duda las tornas estaban cambiando ligeramente a favor de Don Bambú, pero la pelea estaba lejos de terminar. Todavía había mucha guerra tanto en el panda como en el peliblanco. El final de aquella contienda sólo lo sabrían los testigos de su desenlace. Pero estas cuestiones no atormentaban la mente del panda en aquel momento, ya que estaba completamente focalizado en la pelea que tenía delante y, sobre todo, en cavar su pequeño túnel hacia la victoria. —Esa manera de insultarme y de maldecir al aire... Está perdiendo los nervios. Sin duda estos años le han sentado bastante mal. —El Kovashi de antaño era capaz de mantener la cabeza fría y no dejarse llevar por las emociones en plena pelea, eso lo sabía muy bien. Sí, era muy desagradable la mayor parte del tiempo y tenía la mecha muy corta para las cosas que no toleraba, pero una vez se ponía a pelear se convertía en un absoluto cabrón de mente gélida. El trauma de perder a sus viejos camaradas le había destrozado la psique por completo. Únicamente parecía quedar de él un cascarón lleno de odio contra el mink. Un odio visceral por haber sobrevivido. —Le entiendo... —Él también se sintió culpable por haber sobrevivido, se aferró a la idea de que sus camaradas habían sobrevivido para mantenerse en pie, pero tuvo que aceptar la verdad tarde o temprano. La terrible verdad era que Don Bambú había tenido suerte y sus compañeros no y así funcionaba el mundo. Estaban los que morían y los que tenían la suerte de llorarles en sus tumbas. No le culpaba por odiarle visceralmente porque quizás él habría acabado igual.
Cuando llegó a situarse justo debajo de Kovashi, observó que éste no se había movido del sitio en ningún momento. Eso le resultó extraño, pero teniendo en cuenta sus poderes era probable que estuviese tramando algo. O quizás le estuviese esperando, espada en ristre, dispuesto a cortarle la cabeza. ¿Podía percibirle siquiera? Era una incógnita para la que no tenía una respuesta clara. No sabría decir si su camarada había despertado el haki o si luchaba por puro instinto. Sin duda el samurái le conocía lo suficientemente bien como para esperar un ataque desde el subsuelo, pero llegar a una hipótesis acertada resultaba complicado. La sonrisa en el rostro de Don Bambú se acentuó. —Es una pena no poder verte la cara ahora mismo, viejo amigo. —Desde el interior de la tierra, Don Bambú apoyó su mano izquierda sobre el techo del pequeño túnel. Su brazo derecho se dirigió hacia atrás y su puño se cerró con fuerza. Nunca fue su intención salir a la superficie para realizar un ataque por sorpresa, semejantes planes nunca funcionarían contra el peliblanco. Además, si su fruta le otorgaba alguna clase de ventaja en el combate, era poder atacar desde el subsuelo sin excesivas dificultades. —¡TSUNAMI! —La ahogada voz del panda reverberó en el interior del túnel, haciéndolo vibrar ligeramente justo antes de que su puño impactase con todas sus fuerzas contra el techo de tierra que le daba cobijo. De repente, el suelo bajo los pies de Kovashi empezó a ondular con muchísima violencia, pero una forma completamente diferente al Bearquake. Si nada lo impedía, una gran ola de tierra nacería justo debajo de él y avanzaría imparable en dirección a espaldas de Kovashi, arrasando con los cubos que creó hacía no tanto tiempo y reduciendo su tamaño conforme llegase al final de su recorrido de 40 metros de distancia.
Abrir un túnel en dirección hacia arriba en aquel momento podría dejarle vendido a la mortífera espada de Kovashi, pero Don Bambú tenía que correr el riesgo tarde o temprano, de modo que golpeó de nuevo el techo de su túnel y creó un túnel en diagonal hacia el lateral derecho de Kovashi. Don Bambú emergió del húmedo suelo del manglar 18 a dos metros de su contrincante, encarándolo y listo para darlo todo en la etapa final del combate. Sobraban las palabras en aquella conversación. Don Bambú lo estaba diciendo todo con sus puños.
Cuando llegó a situarse justo debajo de Kovashi, observó que éste no se había movido del sitio en ningún momento. Eso le resultó extraño, pero teniendo en cuenta sus poderes era probable que estuviese tramando algo. O quizás le estuviese esperando, espada en ristre, dispuesto a cortarle la cabeza. ¿Podía percibirle siquiera? Era una incógnita para la que no tenía una respuesta clara. No sabría decir si su camarada había despertado el haki o si luchaba por puro instinto. Sin duda el samurái le conocía lo suficientemente bien como para esperar un ataque desde el subsuelo, pero llegar a una hipótesis acertada resultaba complicado. La sonrisa en el rostro de Don Bambú se acentuó. —Es una pena no poder verte la cara ahora mismo, viejo amigo. —Desde el interior de la tierra, Don Bambú apoyó su mano izquierda sobre el techo del pequeño túnel. Su brazo derecho se dirigió hacia atrás y su puño se cerró con fuerza. Nunca fue su intención salir a la superficie para realizar un ataque por sorpresa, semejantes planes nunca funcionarían contra el peliblanco. Además, si su fruta le otorgaba alguna clase de ventaja en el combate, era poder atacar desde el subsuelo sin excesivas dificultades. —¡TSUNAMI! —La ahogada voz del panda reverberó en el interior del túnel, haciéndolo vibrar ligeramente justo antes de que su puño impactase con todas sus fuerzas contra el techo de tierra que le daba cobijo. De repente, el suelo bajo los pies de Kovashi empezó a ondular con muchísima violencia, pero una forma completamente diferente al Bearquake. Si nada lo impedía, una gran ola de tierra nacería justo debajo de él y avanzaría imparable en dirección a espaldas de Kovashi, arrasando con los cubos que creó hacía no tanto tiempo y reduciendo su tamaño conforme llegase al final de su recorrido de 40 metros de distancia.
Abrir un túnel en dirección hacia arriba en aquel momento podría dejarle vendido a la mortífera espada de Kovashi, pero Don Bambú tenía que correr el riesgo tarde o temprano, de modo que golpeó de nuevo el techo de su túnel y creó un túnel en diagonal hacia el lateral derecho de Kovashi. Don Bambú emergió del húmedo suelo del manglar 18 a dos metros de su contrincante, encarándolo y listo para darlo todo en la etapa final del combate. Sobraban las palabras en aquella conversación. Don Bambú lo estaba diciendo todo con sus puños.
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