22-01-2025, 12:13 AM
(Última modificación: 22-01-2025, 12:18 AM por Max D. Bambú.
Razón: Arreglo en los gastos.
)
Sin duda había sido evidente que Kovashi iba a intentar algo como aquello. Don Bambú lo sabía de sobra, en el fondo de su corazón, que ni le interesaba lo que él tenía que decir ni le iba a dejar decirlo. El único que tenía derecho a hablar en pequeño mundo de Kovashi era el propio Kovashi. Ni siquiera Derya, el amor de su vida, tenía espacio para las palabras a su alrededor, como si de una muñeca de cera bonita se tratase. Don Bambú, que siempre había confiado a ciegas en él, estaba pagando el precio de su inocencia. —Pero ambos sabeEEEEEJOPUTA —Casi de forma cómica, Don Bambú cedió ante la increíbles vibraciones del suelo y se cayó de espaldas sin poder evitarlo. El estruendo fue terrible. Su espalda estaba recibiendo golpe tras golpe de un sin fin de cubos que no dejaban de golpear. Poco a poco, no obstante, cesaron las vibraciones del suelo y Don Bambú pudo permitirse apoyar los brazos en un suelo inmóvil antes de escuchar con claridad la segunda técnica del peliblanco. Con este segundo nombramiento, una infinidad de cubos se elevaron del suelo y formaron una suerte de enjambre gigantesco que buscaba, sin duda, entorpecer los movimientos del mink. En cuanto los cubos se separaron del suelo, Don Bambú se vio hundido cerca de 3 metros por debajo del nivel habitual del suelo. La técnica de Kovashi había sido tan bestia que había formado un cráter enorme. Según Kovashi iba descendiendo del cubo que empleó para estar a salvo de su primera técnica, Don Bambú había comenzado a levantarse. Las manos de Kovashi se estaban dirigiendo peligrosamente hacia sus espadas, pero lo más afilado eran sus palabras. ¿Cuántas veces había llamado a Derya? Tenía el vago recuerdo de haberla llamado una vez, hacía mucho tiempo, contándole anécdotas del cuarteto revolucionario que se habían montado Khruner, Enma, Kovashi y Don Bambú. Sin embargo, no se había atrevido a hablarle desde lo acaecido en Little Garden. ¿Quién tendría el valor de contarle todo lo que allí sucedió? Y peor todavía... ¿Quién tendría el valor de explicarle en qué había derivado Kovashi? Un siervo de la venganza que no busca otra cosa que acabar con el que había sido su amigo. Don Bambú sentía un calor agobiante en sus mejillas. Quizás fuera el hecho de que aquellas palabras le punzaron donde dolía. Quizás fuera la culpabilidad debida al hecho de no haber sabido llegar a su ex-camarada a tiempo como para rescatarle de esa oscuridad que ahora envolvía su corazón. Pero lo cierto es que Kovashi le estaba hinchando los cojones.
—Electro. —Dijo simplemente ante la mera mención de Derya. Una luz deslumbrante recorrió el cuerpo del panda estimulando su sistema nervioso. Algunos de los cubos de suelo que volaban alrededor de Don Bambú se chamuscaban ligeramente al recibir de cerca la energía que estaba desprendiendo el panda en aquel momento. En el mismo instante en el que Don Bambú divisó que había unos cubos que se comportaban de manera algo diferente, pasó a la acción sin más preámbulos. A una velocidad sobrehumana, Don Bambú se catapultó hacia delante en dirección a Kovashi, atravesando la escasa distancia que les separaba a pesar de los cubos que trataban de impedirle el paso y sacudiendo la tierra en el proceso, haciendo que se ondulase como habitualmente lo hacía cuando activaba los poderes de su fruta. Sin mediación alguna, Don Bambú catapultó su palma derecha hacia la cara del peliblanco buscando herirle en sus cicatrices, donde parecía ser más vulnerable, con una técnica sospechosamente parecida a la que empleaba cierta simiesca mujer marinera. —¡MALEMARE! — Con el grito proferido todavía reverberando en las cúbicas inmediaciones, Panda se desplazó dejando una estela de luz hacia su izquierda, cinco metros en esa dirección, y esperó a ver el resultado del ataque sobre Kovashi manteniendo una postura defensiva con ambos brazos elevados en cruz por debajo de sus ojos. Sabía de sobra lo peligroso que era el espadachín en las distancias cortas. Los cubos eran el menor de sus problemas en aquel momento.
—Electro. —Dijo simplemente ante la mera mención de Derya. Una luz deslumbrante recorrió el cuerpo del panda estimulando su sistema nervioso. Algunos de los cubos de suelo que volaban alrededor de Don Bambú se chamuscaban ligeramente al recibir de cerca la energía que estaba desprendiendo el panda en aquel momento. En el mismo instante en el que Don Bambú divisó que había unos cubos que se comportaban de manera algo diferente, pasó a la acción sin más preámbulos. A una velocidad sobrehumana, Don Bambú se catapultó hacia delante en dirección a Kovashi, atravesando la escasa distancia que les separaba a pesar de los cubos que trataban de impedirle el paso y sacudiendo la tierra en el proceso, haciendo que se ondulase como habitualmente lo hacía cuando activaba los poderes de su fruta. Sin mediación alguna, Don Bambú catapultó su palma derecha hacia la cara del peliblanco buscando herirle en sus cicatrices, donde parecía ser más vulnerable, con una técnica sospechosamente parecida a la que empleaba cierta simiesca mujer marinera. —¡MALEMARE! — Con el grito proferido todavía reverberando en las cúbicas inmediaciones, Panda se desplazó dejando una estela de luz hacia su izquierda, cinco metros en esa dirección, y esperó a ver el resultado del ataque sobre Kovashi manteniendo una postura defensiva con ambos brazos elevados en cruz por debajo de sus ojos. Sabía de sobra lo peligroso que era el espadachín en las distancias cortas. Los cubos eran el menor de sus problemas en aquel momento.
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