20-01-2025, 11:27 PM
(Última modificación: 21-01-2025, 12:14 AM por Max D. Bambú.
Razón: Añadir datos de la fruta
)
El vello corporal del panda se erizó al escuchar hablar en otro idioma a Kovashi. Sentía como si llevase años con los nervios a flor de piel, y el hecho de que se quitase la capucha y desvelase que verdaderamente se trataba de él despertó sensaciones mixtas difícilmente explicables. Por un lado se alegraba inmensamente de volver a ver a su viejo amigo, aunque la situación fuera de lo menos propicia. Por otro lado le dolía ver el parche que cubría lo que antes había sido el ojo izquierdo de su antiguo camarada. La historia de cómo había conseguido el brazo robótico le hundió el corazón en el pecho. De algún modo había albergado la esperanza de que Nadja, Enma y Khruner estuvieran sanos y salvos, pero el hecho de que Kovashi afirmase que había sobrevivido él solo recogió sus esperanzas y las hizo añicos con un solo movimiento. Y entonces Don Bambú se quedó inmóvil, escuchando lo que le decía el peliblanco. Le recriminaba que aquella fuese su primera interacción después de tanto tiempo, que a Don Bambú le hubiera ido bien cuando a sus camaradas no. Su cara formó un rictus de horror mientras la narración de las muertes de sus antiguos compañeros proseguía. No pudo evitar imaginarse a Enma partido por la mitad, a Khruner friéndose en una olla gigante y a Nadja formando una suerte de mancha sanguinolenta sobre una roca cualquiera. Todo ello mientras gigantes con las caras de Caos y Luar, los que incapacitaron a Kovashi en un primer momento, se reían como psicópatas desgraciados al son de los terribles gritos de los revolucionarios. Una persona con menor voluntad que el panda se hubiera meado encima con aquel relato. La voz de Kovashi resultaba hipnótica. No había momento para interpelarle. No cabía la interrupción. Su discurso formaba un hilo continuo, imparable. De alguna manera hubiera estado mal romperlo. Hubiera sido, sencillamente, incorrecto.
El rostro del panda estaba ligeramente ensombrecido. Su cabeza gacha, como la de un adolescente a la que un padre le está echando la bronca de su vida. Una bronca merecida, sin lugar a dudas. Sintió un malestar general en todo su cuerpo. Su estómago estaba completamente revuelto... ¿Y lo peor de todo? Kovashi acababa de empezar. Le partió el corazón en dos pedazos el hecho de que le recriminasen que se había olvidado de su mejor amigo. La mención de Derya terminó de pulverizárselo. Miraba con tristeza y enfado a su amigo, que lentamente apuntaba al panda con sus dedos y generaba en sus dedos un minúsculo cubo de aire comprimido que salió disparado hacia su rodilla derecha. Casi por puro instinto, Don Bambú evitó aquel disparo con un elegante movimiento semicircular de la pierna derecha hacia atrás, dejando al panda girado hacia Kovashi. La tristeza que en un primer momento pintaba la fachada de Don Bambú había sido paulatinamente sustituida por una expresión de seriedad tintada de rabia. Así eran las cosas, ¿eh? Su antiguo camarada había regresado como un espectro del pasado no para reunirse de nuevo con un viejo amigo, sino para vengarse de él por haber seguido con vida. No se le escaparon los movimientos que hizo Kovashi al final. Conocía de sobra sus poderes y cómo funcionaban. Acababa de mover ficha. —Luché por vosotros y lloré vuestra pérdida. —Contestó finalmente Don Bambú, estaba apretando sus puños con muchísima fuerza. —Y jamás os olvidé, ni por un instante. —Una única lágrima recorrió la mejilla del mink cuando éste irguió de nuevo su cabeza, encarando totalmente a Kovashi. —Pero ambos sabemos que no importa lo que yo diga, estás listo para matarme. Así que tengamos el maldito duelo que siempre deseamos tener. Sin interrupciones. Sin sorpresas. El uno contra el otro hasta el final... ¡TSUNAMI! —Con una potentísima patada con su pierna derecha, Don Bambú golpeó el suelo que tenía justo delante suya, deformándolo al instante y provocando que el terreno se tambalease de tal forma que una ola gigante de suelo húmedo del manglar 18 surgiese del mismo y avanzase lenta mas imparable hacia donde se encontraba Kovashi.
Inmediatamente nada más liberar aquel ataque, Don Bambú empezó a correr hacia su derecha sin perder de "vista" a su contrincante. Cuando se alejó 5 metros comenzó a trazar un semicírculo a su alrededor, acompañando a la ola que acababa de generar. Quería ver qué tenía preparado antes de pasar a la acción de forma más directa.
El rostro del panda estaba ligeramente ensombrecido. Su cabeza gacha, como la de un adolescente a la que un padre le está echando la bronca de su vida. Una bronca merecida, sin lugar a dudas. Sintió un malestar general en todo su cuerpo. Su estómago estaba completamente revuelto... ¿Y lo peor de todo? Kovashi acababa de empezar. Le partió el corazón en dos pedazos el hecho de que le recriminasen que se había olvidado de su mejor amigo. La mención de Derya terminó de pulverizárselo. Miraba con tristeza y enfado a su amigo, que lentamente apuntaba al panda con sus dedos y generaba en sus dedos un minúsculo cubo de aire comprimido que salió disparado hacia su rodilla derecha. Casi por puro instinto, Don Bambú evitó aquel disparo con un elegante movimiento semicircular de la pierna derecha hacia atrás, dejando al panda girado hacia Kovashi. La tristeza que en un primer momento pintaba la fachada de Don Bambú había sido paulatinamente sustituida por una expresión de seriedad tintada de rabia. Así eran las cosas, ¿eh? Su antiguo camarada había regresado como un espectro del pasado no para reunirse de nuevo con un viejo amigo, sino para vengarse de él por haber seguido con vida. No se le escaparon los movimientos que hizo Kovashi al final. Conocía de sobra sus poderes y cómo funcionaban. Acababa de mover ficha. —Luché por vosotros y lloré vuestra pérdida. —Contestó finalmente Don Bambú, estaba apretando sus puños con muchísima fuerza. —Y jamás os olvidé, ni por un instante. —Una única lágrima recorrió la mejilla del mink cuando éste irguió de nuevo su cabeza, encarando totalmente a Kovashi. —Pero ambos sabemos que no importa lo que yo diga, estás listo para matarme. Así que tengamos el maldito duelo que siempre deseamos tener. Sin interrupciones. Sin sorpresas. El uno contra el otro hasta el final... ¡TSUNAMI! —Con una potentísima patada con su pierna derecha, Don Bambú golpeó el suelo que tenía justo delante suya, deformándolo al instante y provocando que el terreno se tambalease de tal forma que una ola gigante de suelo húmedo del manglar 18 surgiese del mismo y avanzase lenta mas imparable hacia donde se encontraba Kovashi.
Inmediatamente nada más liberar aquel ataque, Don Bambú empezó a correr hacia su derecha sin perder de "vista" a su contrincante. Cuando se alejó 5 metros comenzó a trazar un semicírculo a su alrededor, acompañando a la ola que acababa de generar. Quería ver qué tenía preparado antes de pasar a la acción de forma más directa.
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