21-10-2024, 10:14 AM
La sorpresa en la voz de Joe era evidente. Nadie que lo conociera bien podría encajar una derrota de Sohem como si nada. Mientras comentaba lo sucedido con Joe, este iba recopilando información de su cabeza con memoria prodigiosa. Mencionó sobre la tiradora de pelo rosa que coincidió conmigo en la prueba de puntería, si mal no recordaba y acto seguido anunció su nombre. “Triana Tempesta”. Grabaría ese apellido en mi mente si era necesario a fuego y cincel para cuando llegara el momento hacérselo pagar. Sin saberlo, mi viejo amigo Joe había hecho algo terriblemente peligroso: Había puesto nombre a un cadáver. Pese a que acto seguido dijo que era alguien terriblemente peligrosa y que tenía una capacidad excepcional con las espadas, cosa que, por suerte o por desgracia, me importaba lo más mínimo. Que hubiera podido con Sohem en un momento determinado con el entorno a su favor era indicativo cero de que pudiera derrotarme. Y aunque así fuera, el honor no conoce de victorias o derrotas. Nadie nos hiere impunemente. Finalmente, el marine se ofreció a darme información sobre ellos si se los cruzaba. Siempre estaba dispuesto a colaborar conmigo, aunque le hubiera dejado claro que mis razones y mis métodos no fueran los más adecuados. Porque supongo que eso es lo que hace un amigo.
Tras decir mis últimas frases, Joe se tomó un tiempo para reflexionar y con su apacible voz fue claro y directo. Quería saber qué pasó en la isla del cielo, pero, ¿podía contar toda la verdad? ¿Podía decirle a mi amigo que había asesinado a una persona inocente por el mero afán del conocimiento y el poder? Joe era el hombre más recto que conocía y estaba seguro de que eso era casi cavarme una tumba con él. Aunque, por otra parte, ¿podía mentir a mi amigo? La dichosa dicotomía me carcomía por dentro. Incluso se ofreció a ayudarme, como si la ayuda de un marine pudiera tapar mis propios pecados. — Por desgracia… no. — dije intentando recomponerme — Es solo que, cuando mi antiguo jefe de gremio dijo que era un monstruo, siempre quise pensar que se equivocaba. — expliqué al marine mientras sujetaba la taza de café con tanta fuerza que casi comenzaba a hacer ceder su metal con la forma de mis dedos. — Y quizás yo era quien me equivocaba, Joe. Quizás me equivocaba… ¡Pero! — exclamé intentando cambiar el tono tras inhalar fuertemente por la nariz para recolocar mi voz en su sitio — Ya basta de penas. Te prometo que contaré contigo. — dije con voz más alegre aunque notoriamente forzada. Aflojé mi agarre sobre la taza mientras me giraba y apoyaba la cadera sobre la baranda de la cofia del vigía. — Dime, ¿qué planes tienes? He leído que el patio está revuelto en Sabaody, ¿nos veremos allí? — pregunté intentando cambiar de tema mientras daba un corto trago al café. — Mierda, ya está frío… — pensé.
Tras decir mis últimas frases, Joe se tomó un tiempo para reflexionar y con su apacible voz fue claro y directo. Quería saber qué pasó en la isla del cielo, pero, ¿podía contar toda la verdad? ¿Podía decirle a mi amigo que había asesinado a una persona inocente por el mero afán del conocimiento y el poder? Joe era el hombre más recto que conocía y estaba seguro de que eso era casi cavarme una tumba con él. Aunque, por otra parte, ¿podía mentir a mi amigo? La dichosa dicotomía me carcomía por dentro. Incluso se ofreció a ayudarme, como si la ayuda de un marine pudiera tapar mis propios pecados. — Por desgracia… no. — dije intentando recomponerme — Es solo que, cuando mi antiguo jefe de gremio dijo que era un monstruo, siempre quise pensar que se equivocaba. — expliqué al marine mientras sujetaba la taza de café con tanta fuerza que casi comenzaba a hacer ceder su metal con la forma de mis dedos. — Y quizás yo era quien me equivocaba, Joe. Quizás me equivocaba… ¡Pero! — exclamé intentando cambiar el tono tras inhalar fuertemente por la nariz para recolocar mi voz en su sitio — Ya basta de penas. Te prometo que contaré contigo. — dije con voz más alegre aunque notoriamente forzada. Aflojé mi agarre sobre la taza mientras me giraba y apoyaba la cadera sobre la baranda de la cofia del vigía. — Dime, ¿qué planes tienes? He leído que el patio está revuelto en Sabaody, ¿nos veremos allí? — pregunté intentando cambiar de tema mientras daba un corto trago al café. — Mierda, ya está frío… — pensé.

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