31-08-2024, 04:11 PM
(Última modificación: 31-08-2024, 08:38 PM por Seandass Scoundrel.)
Parece ser que por fin el cabrón se iba a tomar en serio lo de venir al pechito.
Aunque no iba a darme el placer de poder ver qué fruta del diablo tenía, ¿Acaso era un farol? ¿Quién en su sano juicio no usaría unos poderes para ganar ventaja en una pelea? Era eso, o es que no sabía usarla, a saber. Pero hay una cosa que no podía negar, y es que mi música le había subido dos tonitos la motivación, tanto, que se quedó completamente en bolas, solamente con su tanga, fijándome además en la gran cicatriz que tenía en el vientre. Era extraño, pero algo me decía que estando en pelotas iba a ir en serio, este chaval estaba como una puta regadera, pero ya lo he dicho antes, me gustan los calentados. Así que yo no iba a ser menos, para calentado, yo el primero. Cuando me gritó y se arrancó la ropa, decidí seguirle con lo mismo. Con mi garra derecha me quité la camisita, y con la derecha, lo que quedaba de los pantalones en mi forma híbrida, quedando solamente un animal a dos patas, pero con unos calzoncillos con corazones, en toda su belleza y esplendor, como lo era el tigre de Dientes de Sable. Era un todo o nada, o salía de allí con orgullo o me quedaba desnudo a merced de que cualquiera pudiera verme. Sin quitarle el ojo de encima, dentro de mí, no sé si gracias a mi tonada de antes o al clímax de la pelea, comenzó a sonar música en mi cabeza.
Estaba convencido de que a él le estaba pasando lo mismo; puede que sea un cabrón, un niñato lleno de sueños estúpidos, pero había una cosa de la que sí estaba seguro de que sentía con el corazón a más no poder, y es la música, siendo casi como sangre para sus venas, como oxígeno para sus pulmones. Corría dentro de él a una manera acelerada, pero, eso mismo, era lo que me a mí me lleva pasando toda la vida, y por supuesto, ahora mismo. Aunque desde fuera solo se pudiera apreciar a dos tíos pegándose de hostias, en el fondo era algo más, y creo que solo ambos podíamos saberlo. Así que, era el momento, le esperaba, tal y como le dije, para recibir lo que sea en el pechito.
Comenzó a moverse hacia mí de un ladito a otro, como un conejo puesto de coca hasta arriba, me resultaba hasta familiar, así que yo empecé a moverme en el sitio, al ritmo de la música en mi cabeza, como si fuera un bailarin que reina la pista de un karaoke, ahora, la estrella iba a ser yo.
Vino de cara, sin miedo, eso me gustaba, aunque parece ser que mi ostión en la boca le afectó de lleno, y allí iba, buscando mi estómago con su zurda, pero pude verlo perfectamente, así que usando mi puño derecho, hice un choque de golpes, para así impedir que consiguiera acertar de lleno el suyo — ¡Muy débil! — Grité a la vez que volvía a la carga, esta vez, pivotando a mi lado derecho buscando golpearme el costado, ahora con la diestra, pero pude seguirle el ritmo sin dificultad, girándome yo también en la misma dirección, así que, usando mi antebrazo izquierdo, volví a chocar con su golpe para pararlo otra vez — ¡Falta fuerza! — Volví a gritarle una vez más. Repitiendo lo mismo, volvió a pivotar, esta vez buscando mi espalda, pero, de nuevo, pude seguir con la mirada. Además, intentó soltarme un patadón en el gemelo de mi pierna derecha, pero extrañamente falló el golpe — ¿Acaso estás borracho? — Pregunté con una sonrisa en mi rostro, la emoción creo que le estaba motivando demasiado... o quizás yo estaba pletórico, radiante, moviéndome cuál perfecto bailarín de pista al ritmo de la música, y él lo estaba sabiendo y por eso fallaba. Le comprendo.
¿Quería un duelo digno? ¿Un enfrentamiento de músicos? ¿O quizás un versus de baile? Pues aquí lo tenía, se lo estaba dando, ya no superando, sino mejorando cada paso suyo. Sin contar a Tucrow, yo era el rey de la pista, de la fiesta, nadie podía danzar igual que yo.
Cuando me quise dar cuenta, yo giré mi cuerpo a la vez que él me intentaba rodear, pero mi cola de gatito se quedó en la misma posición, la tenía debajo de mis piernas, atravesándolas, pero de frente, por lo que Garnet decidió agarrarme con el mismo brazo de su último golpe, por la parte intermedia de esta misma, alegando por si tenía pensado correr con el rabo entre las piernas. Esbocé aún más la sonrisa en mi rostro, le tenía enfrente de mí, totalmente descubierto, con un brazo inutilizado — Por mis cojones, Garnet, el que tendría que huir... ¡ERES TÚ! — Grité, mientras colocaba mis manos en forma de boca de serpiente y le pegaba en todos los morros al chaval en tanga — Sé que no puedes soportarlo, quizás me odies... — Una vez me liberé de su agarre, ipsofacto, levanté mi pierna derecha para hacer lo mismo que él hace unos segundos, "fallar una patada", solo que, yo no iba a fallar, nunca fallo. Según pegaba al aire con mi pierna gatuna, utilicé mi Rankyaku, como si fuera magia, saliendo de mi pierna una hoja afilada de aire, como si fuera una cuchilla, impactando de lleno en su vientre, más concretamente, en la herida que pude ver antes — ... ¡Pero soy mejor que tú! — No fue una buena idea quedarse en pelotas, dejando al descubierto sus puntos débiles.
Estaba completamente reinando el escenario, era la estrella de aquel concierto improvisado — ¡YIIIHAAAA! — Grité totalmente emocionado, para rápidamente dar una vuelta a mi cuerpo, dándole la espalda al cabrón — ¡Te he herido con la verdad, puedo sonar loco... — Me llevé mi mano derecha a mi trasero — ... Pero no es ninguna mentira... — y haciendo dos movimientos pélvicos, como si estuviera follándome a una grupi, solo que esta vez, me estaba follando a Garnet.
Aunque no iba a darme el placer de poder ver qué fruta del diablo tenía, ¿Acaso era un farol? ¿Quién en su sano juicio no usaría unos poderes para ganar ventaja en una pelea? Era eso, o es que no sabía usarla, a saber. Pero hay una cosa que no podía negar, y es que mi música le había subido dos tonitos la motivación, tanto, que se quedó completamente en bolas, solamente con su tanga, fijándome además en la gran cicatriz que tenía en el vientre. Era extraño, pero algo me decía que estando en pelotas iba a ir en serio, este chaval estaba como una puta regadera, pero ya lo he dicho antes, me gustan los calentados. Así que yo no iba a ser menos, para calentado, yo el primero. Cuando me gritó y se arrancó la ropa, decidí seguirle con lo mismo. Con mi garra derecha me quité la camisita, y con la derecha, lo que quedaba de los pantalones en mi forma híbrida, quedando solamente un animal a dos patas, pero con unos calzoncillos con corazones, en toda su belleza y esplendor, como lo era el tigre de Dientes de Sable. Era un todo o nada, o salía de allí con orgullo o me quedaba desnudo a merced de que cualquiera pudiera verme. Sin quitarle el ojo de encima, dentro de mí, no sé si gracias a mi tonada de antes o al clímax de la pelea, comenzó a sonar música en mi cabeza.
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Estaba convencido de que a él le estaba pasando lo mismo; puede que sea un cabrón, un niñato lleno de sueños estúpidos, pero había una cosa de la que sí estaba seguro de que sentía con el corazón a más no poder, y es la música, siendo casi como sangre para sus venas, como oxígeno para sus pulmones. Corría dentro de él a una manera acelerada, pero, eso mismo, era lo que me a mí me lleva pasando toda la vida, y por supuesto, ahora mismo. Aunque desde fuera solo se pudiera apreciar a dos tíos pegándose de hostias, en el fondo era algo más, y creo que solo ambos podíamos saberlo. Así que, era el momento, le esperaba, tal y como le dije, para recibir lo que sea en el pechito.
Comenzó a moverse hacia mí de un ladito a otro, como un conejo puesto de coca hasta arriba, me resultaba hasta familiar, así que yo empecé a moverme en el sitio, al ritmo de la música en mi cabeza, como si fuera un bailarin que reina la pista de un karaoke, ahora, la estrella iba a ser yo.
Vino de cara, sin miedo, eso me gustaba, aunque parece ser que mi ostión en la boca le afectó de lleno, y allí iba, buscando mi estómago con su zurda, pero pude verlo perfectamente, así que usando mi puño derecho, hice un choque de golpes, para así impedir que consiguiera acertar de lleno el suyo — ¡Muy débil! — Grité a la vez que volvía a la carga, esta vez, pivotando a mi lado derecho buscando golpearme el costado, ahora con la diestra, pero pude seguirle el ritmo sin dificultad, girándome yo también en la misma dirección, así que, usando mi antebrazo izquierdo, volví a chocar con su golpe para pararlo otra vez — ¡Falta fuerza! — Volví a gritarle una vez más. Repitiendo lo mismo, volvió a pivotar, esta vez buscando mi espalda, pero, de nuevo, pude seguir con la mirada. Además, intentó soltarme un patadón en el gemelo de mi pierna derecha, pero extrañamente falló el golpe — ¿Acaso estás borracho? — Pregunté con una sonrisa en mi rostro, la emoción creo que le estaba motivando demasiado... o quizás yo estaba pletórico, radiante, moviéndome cuál perfecto bailarín de pista al ritmo de la música, y él lo estaba sabiendo y por eso fallaba. Le comprendo.
¿Quería un duelo digno? ¿Un enfrentamiento de músicos? ¿O quizás un versus de baile? Pues aquí lo tenía, se lo estaba dando, ya no superando, sino mejorando cada paso suyo. Sin contar a Tucrow, yo era el rey de la pista, de la fiesta, nadie podía danzar igual que yo.
Cuando me quise dar cuenta, yo giré mi cuerpo a la vez que él me intentaba rodear, pero mi cola de gatito se quedó en la misma posición, la tenía debajo de mis piernas, atravesándolas, pero de frente, por lo que Garnet decidió agarrarme con el mismo brazo de su último golpe, por la parte intermedia de esta misma, alegando por si tenía pensado correr con el rabo entre las piernas. Esbocé aún más la sonrisa en mi rostro, le tenía enfrente de mí, totalmente descubierto, con un brazo inutilizado — Por mis cojones, Garnet, el que tendría que huir... ¡ERES TÚ! — Grité, mientras colocaba mis manos en forma de boca de serpiente y le pegaba en todos los morros al chaval en tanga — Sé que no puedes soportarlo, quizás me odies... — Una vez me liberé de su agarre, ipsofacto, levanté mi pierna derecha para hacer lo mismo que él hace unos segundos, "fallar una patada", solo que, yo no iba a fallar, nunca fallo. Según pegaba al aire con mi pierna gatuna, utilicé mi Rankyaku, como si fuera magia, saliendo de mi pierna una hoja afilada de aire, como si fuera una cuchilla, impactando de lleno en su vientre, más concretamente, en la herida que pude ver antes — ... ¡Pero soy mejor que tú! — No fue una buena idea quedarse en pelotas, dejando al descubierto sus puntos débiles.
Estaba completamente reinando el escenario, era la estrella de aquel concierto improvisado — ¡YIIIHAAAA! — Grité totalmente emocionado, para rápidamente dar una vuelta a mi cuerpo, dándole la espalda al cabrón — ¡Te he herido con la verdad, puedo sonar loco... — Me llevé mi mano derecha a mi trasero — ... Pero no es ninguna mentira... — y haciendo dos movimientos pélvicos, como si estuviera follándome a una grupi, solo que esta vez, me estaba follando a Garnet.
— ¡BYE BYE, GARNET! —
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