03-08-2024, 04:04 AM
Los primeros rayos de sol despuntaban en el horizonte mientras terminaba mi café, aún medio dormido rememoraba mentalmente momentos pasados en busca de algo que enseñar a mi nuevo aprendiz, pues realmente nunca había contemplado el enseñar nada a nadie, recordé los días de entrenamiento junto a Ridel, un maestro extremadamente severo, así como los días en los que entrene con Vander, el cual era bastante más amable, la duda danzaba en mi mente desde la noche anterior cuando por fin me refugie en la soledad de mi habitación, que clase de maestro debía ser. Ridel sin duda hizo un gran trabajo, no solo conmigo, sino con todos y cada uno de sus discípulos, pero aunque aún respetaba al maestro que fue en su día, no quiero ser como él.
Los dos últimos discípulos de mi maestro, los cuales asesine a sangre fría la misma noche que acabe con él cruzaron mi mente y por un momento mi corazón sintió una punzada de remordimiento, por lo menos Ichitaro pudo salvarse de Ridel, ese era el pequeño consuelo que podía sacar de toda aquella situación, que estará haciendo Ichitaro en este momento, me preguntaba mientras me dirigía hacia la puerta, la abria y salía de la habitación en dirección a la sala de entrenamiento.
Caminaba con el aura de tranquilidad que ya era algo propio de mi persona gracias a la meditación, mientras los soldados y capitanes que se cruzaban conmigo saludaban, tan metido estaba en mis pensamientos que apenas puse atención en ellos, quizás debería centrarme en ver primeros las aptitudes físicas del joven soldado, mi mente voló a un pasado lejano, casi como si buscase entre este para poder hallar la manera correcta de comenzar el entrenamiento.
Antes de poder darme cuenta, había llegado a la sala de entrenamiento número dos, suspiré mientras metía mi mano derecha en el bolsillo del pantalón y acariciaba el mechón trenzado que siempre portaba conmigo, abrí la puerta y al ingresar a la habitación pude ver que Krano se encontraba en el interior, no puedo negar que me sorprendió que el chico llegase antes de tiempo, pero esa actitud me gustaba, el chico se puso firme y llevó su puño cerrado delante del corazón.
"Buenos días, Mariscal!"
Se le notaba en los ojos la emoción que sentía por comenzar el entrenamiento, así que tras devolverle el saludo y comentarle que podía descansar, Krano y su expresión me recordó a la de Jerry hacía ya casi una década, ese pequeño recuerdo hizo que decidiera lo que debía hacer, el primer entrenamiento que nos hizo Ridel.
"Para comenzar quiero ver de que eres capaz, así que el primer ejercicio será lograr conectarme un golpe. Quiero que te lo tomes en serio y que vayas con absolutamente todo lo que tengas, entendido?"
Krano volvió a ponerse firme, con el pecho inflado y la decisión pintada en su mirada, estire el cuello hacia ambos lados haciendo que crujiese y me coloque en guardia, Krano parecía imitar mis estiramientos e incluso mi pose de guardia, la típica guardia de boxeo, le hice una seña con los dedos de la mano derecha para que comenzara y se lanzó sin dudar un solo segundo, acorto rápidamente los tres metros que nos separaban y descargó su puño derecho dirección a mi cara, use mi antebrazo izquierdo para desviar su golpe con un movimiento en media luna, el joven aunque lento utilizó la inercia para lanzar su pierna izquierda a mi torso por mi lado derecho, levante mi pierna derecha, parando su patada con mi espinilla, aunque era algo lento se podía ver a simple vista que el chico tenía buen potencial, el primer entrenamiento duro dos horas, para cuando acabemos, Krano estaba estirado en el suelo siendo más sudor que persona.
"Lo has hecho bien Krano, pero se nos ha acabado el tiempo. Mañana trabajaremos en tu agilidad."
El chico contesto con un murmullo que denotaba el cansancio que le había producido el estar dos horas intentando golpearme, me gire hacia la puerta y tras abrirla gire mi cabeza hacia Krano, aunque no podía apenas mover su cuerpo su mirada contrastaba con su estado, estaba llena de vida. Una sonrisa se dibujó en mi rostro mientras volvía a girarme para salir de la habitación, una parte de las últimas palabras de mi maestro resonaban en mi cabeza mientras me alejaba de la sala de entrenamiento número dos, "Este mundo no es ni bueno ni malo, depende de lo que nosotros hagamos" en su día no llegue a comprender del todo a que se refería, pero ahora creo que comienzo a entenderlo, maestro.
Los dos últimos discípulos de mi maestro, los cuales asesine a sangre fría la misma noche que acabe con él cruzaron mi mente y por un momento mi corazón sintió una punzada de remordimiento, por lo menos Ichitaro pudo salvarse de Ridel, ese era el pequeño consuelo que podía sacar de toda aquella situación, que estará haciendo Ichitaro en este momento, me preguntaba mientras me dirigía hacia la puerta, la abria y salía de la habitación en dirección a la sala de entrenamiento.
Caminaba con el aura de tranquilidad que ya era algo propio de mi persona gracias a la meditación, mientras los soldados y capitanes que se cruzaban conmigo saludaban, tan metido estaba en mis pensamientos que apenas puse atención en ellos, quizás debería centrarme en ver primeros las aptitudes físicas del joven soldado, mi mente voló a un pasado lejano, casi como si buscase entre este para poder hallar la manera correcta de comenzar el entrenamiento.
Antes de poder darme cuenta, había llegado a la sala de entrenamiento número dos, suspiré mientras metía mi mano derecha en el bolsillo del pantalón y acariciaba el mechón trenzado que siempre portaba conmigo, abrí la puerta y al ingresar a la habitación pude ver que Krano se encontraba en el interior, no puedo negar que me sorprendió que el chico llegase antes de tiempo, pero esa actitud me gustaba, el chico se puso firme y llevó su puño cerrado delante del corazón.
"Buenos días, Mariscal!"
Se le notaba en los ojos la emoción que sentía por comenzar el entrenamiento, así que tras devolverle el saludo y comentarle que podía descansar, Krano y su expresión me recordó a la de Jerry hacía ya casi una década, ese pequeño recuerdo hizo que decidiera lo que debía hacer, el primer entrenamiento que nos hizo Ridel.
"Para comenzar quiero ver de que eres capaz, así que el primer ejercicio será lograr conectarme un golpe. Quiero que te lo tomes en serio y que vayas con absolutamente todo lo que tengas, entendido?"
Krano volvió a ponerse firme, con el pecho inflado y la decisión pintada en su mirada, estire el cuello hacia ambos lados haciendo que crujiese y me coloque en guardia, Krano parecía imitar mis estiramientos e incluso mi pose de guardia, la típica guardia de boxeo, le hice una seña con los dedos de la mano derecha para que comenzara y se lanzó sin dudar un solo segundo, acorto rápidamente los tres metros que nos separaban y descargó su puño derecho dirección a mi cara, use mi antebrazo izquierdo para desviar su golpe con un movimiento en media luna, el joven aunque lento utilizó la inercia para lanzar su pierna izquierda a mi torso por mi lado derecho, levante mi pierna derecha, parando su patada con mi espinilla, aunque era algo lento se podía ver a simple vista que el chico tenía buen potencial, el primer entrenamiento duro dos horas, para cuando acabemos, Krano estaba estirado en el suelo siendo más sudor que persona.
"Lo has hecho bien Krano, pero se nos ha acabado el tiempo. Mañana trabajaremos en tu agilidad."
El chico contesto con un murmullo que denotaba el cansancio que le había producido el estar dos horas intentando golpearme, me gire hacia la puerta y tras abrirla gire mi cabeza hacia Krano, aunque no podía apenas mover su cuerpo su mirada contrastaba con su estado, estaba llena de vida. Una sonrisa se dibujó en mi rostro mientras volvía a girarme para salir de la habitación, una parte de las últimas palabras de mi maestro resonaban en mi cabeza mientras me alejaba de la sala de entrenamiento número dos, "Este mundo no es ni bueno ni malo, depende de lo que nosotros hagamos" en su día no llegue a comprender del todo a que se refería, pero ahora creo que comienzo a entenderlo, maestro.
