Isla Momoiro
El despertador sonó en mi camarote, marcando así las 06:00 de la mañana. Un nuevo día empezaba en Momoiro, pero no por ello era muy diferente del resto. Poca cosa pasaba, poca información interesante sacábamos. Quizás lo más útil es que mi entrenamiento del Haki de Observación pude realizarlo con éxito a mis compañeros, los cuales lo aprendieron perfectamente, así que por esa parte estaba contento.
Procedí a levantarme de la cama y vestirme directamente, camiseta blanca, pantalones negros cortos y unas sandalias, prácticamente lo mismo que todos los días. Por supuesto, mi den den mushi en el bolsillo para estar disponible por si pudiera pasar algo. Una vez listo, me fui directo a la cocina del barco, donde estaban empezando a colocar el desayuno a modo de barra libre, como siempre. Huevos fritos, bacon frito, cereales variados, pan tostado, aceite, bollería de todo tipo, fruta... Como decían los de mi poblado: un poco de todo para que no falte de nada.
- ¡Buenos días, Comodoro! - dijo uno de los jóvenes cocineros - Dígame, ¿Que le apetece desayunar hoy? - Me preguntó con alegría - Umm... Ponme un sándwich mixto, con huevo y tomate, y para acompañar después una manzana roja... Venga, va, con eso voy bien - Tras mi respuesta, se puso manos a la obra para realizarme el desayuno en un buen tiempo. Desde luego que eran rápidos, eso me gustaba, pues nadie en este barco pasaría hambre nunca - ¡Muchas gracias, y que tengas un buen día! - Me despedí de forma cordial.
Salí de allí mientras no dudaba en darle un bocado a aquel sándwich, realmente delicioso. A su vez, baje a la playa, como siempre, pues iba a realizar mis ejercicios matutinos y calentar el cuerpo, cuando de repente, el Den den mushi sonó en mi bolsillo - Que raro, ¿Una llamada tan pronto? - Me pregunté a mí mismo. Con el sándwich acabado, y la manzana en mi mano izquierda, me lleve la derecha al bolsillo y sacar así el caracol.
Y vaya sorpresa me llevé, inesperada. Aquella voz era familiar para mí, y me alegraba poder escucharla de nuevo - ¡Víctor, que alegría escucharte, estoy estoy! - Respondí con una sonrisa, aunque el no pudiera verla.
- Cuéntame, ¿Que tal te va? Me hubiera gustado poder verte más tiempo en aquella isla del cielo... Pero tuvimos que irnos rápidamente de allí - Dije con algo de pena, esperando su respuesta.
El despertador sonó en mi camarote, marcando así las 06:00 de la mañana. Un nuevo día empezaba en Momoiro, pero no por ello era muy diferente del resto. Poca cosa pasaba, poca información interesante sacábamos. Quizás lo más útil es que mi entrenamiento del Haki de Observación pude realizarlo con éxito a mis compañeros, los cuales lo aprendieron perfectamente, así que por esa parte estaba contento.
Procedí a levantarme de la cama y vestirme directamente, camiseta blanca, pantalones negros cortos y unas sandalias, prácticamente lo mismo que todos los días. Por supuesto, mi den den mushi en el bolsillo para estar disponible por si pudiera pasar algo. Una vez listo, me fui directo a la cocina del barco, donde estaban empezando a colocar el desayuno a modo de barra libre, como siempre. Huevos fritos, bacon frito, cereales variados, pan tostado, aceite, bollería de todo tipo, fruta... Como decían los de mi poblado: un poco de todo para que no falte de nada.
- ¡Buenos días, Comodoro! - dijo uno de los jóvenes cocineros - Dígame, ¿Que le apetece desayunar hoy? - Me preguntó con alegría - Umm... Ponme un sándwich mixto, con huevo y tomate, y para acompañar después una manzana roja... Venga, va, con eso voy bien - Tras mi respuesta, se puso manos a la obra para realizarme el desayuno en un buen tiempo. Desde luego que eran rápidos, eso me gustaba, pues nadie en este barco pasaría hambre nunca - ¡Muchas gracias, y que tengas un buen día! - Me despedí de forma cordial.
Salí de allí mientras no dudaba en darle un bocado a aquel sándwich, realmente delicioso. A su vez, baje a la playa, como siempre, pues iba a realizar mis ejercicios matutinos y calentar el cuerpo, cuando de repente, el Den den mushi sonó en mi bolsillo - Que raro, ¿Una llamada tan pronto? - Me pregunté a mí mismo. Con el sándwich acabado, y la manzana en mi mano izquierda, me lleve la derecha al bolsillo y sacar así el caracol.
Y vaya sorpresa me llevé, inesperada. Aquella voz era familiar para mí, y me alegraba poder escucharla de nuevo - ¡Víctor, que alegría escucharte, estoy estoy! - Respondí con una sonrisa, aunque el no pudiera verla.
- Cuéntame, ¿Que tal te va? Me hubiera gustado poder verte más tiempo en aquella isla del cielo... Pero tuvimos que irnos rápidamente de allí - Dije con algo de pena, esperando su respuesta.
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