21-09-2026, 05:02 AM
(Última modificación: Hace 2 horas por Runin D. Kitay.)
47 de Verano, año 18.
12:30pm - Soleado
Isla Momoiro. Reino de Kamabakka
12:30pm - Soleado
Isla Momoiro. Reino de Kamabakka
El sol se encuentra en pleno auge, las calles bañadas en tonos rosáceos y salmón centellean hasta encandilar a quienes transitan despreocupados por ellas. Incluso se puede percibir cierto brillo atractivo y vivaz en la piel de todo aquel que permanece demasiado tiempo bajo los rayos del astro padre. La bebida fría, ese extraño té con vino veraniego que se vislumbra en tonos celestes y morados, mantiene tan contenta como refrescada a la morena. Por momentos, coloca el vaso contra su frente para socavar la intensidad del clima.
Llevan en ese trajín al menos tres horas. Entre despertar temprano para dar indicaciones sobre qué hacer para no destrozar el barco, darse una larga ducha, maquillarse sin mostrarse exagerada y elegir el outfit perfecto para la planificada salida con su “nueva” compañera de tripulación, las primeras horas volaron. Las demás se trataron de una extensa caminata ante las bondades que solo Momorio puede ofrecer.
La amabilidad de sus habitantes, el estilo que trata de devorarlo todo, la necesidad implícita y explícita por resaltar, los consejos recibidos de tienda en tienda, un grupo de okamas curiosas que asentían o negaban ante las elecciones de Tezca; las risas, el sarcasmo, la honestidad y la cercanía. ¿Cuándo había sido la última vez que se sentía como en una salida de chicas? Claro que, por momentos y debido a la costumbre, se le escapan pronombres masculinos que enseguida desaparecen de sus labios, mismos que relame con parcimonia antes de hablar.

—Cariño, te juro que si en la siguiente tienda demoramos una hora, tú invitas el almuerzo, el postre y mi próximo outfit, fufufu. —Bebe del extraño elixir para notar que solo el color es diferente; el sabor y la textura sobre su lengua, sin duda alguna, son los del delicioso vino de uva añeja que tanto adora. Sus manos, repletas de bolsas, llevan consigo vestidos escotados, shorts oscuros y claros, pantalones que resaltan cada parte de las figuras de ambas mujeres y uno que otro conjunto privado que la morena no ha podido evitar comprar ante expectativas y particulares gustos adquiridos.
—Te encanta el animal print, ¿no? En la tienda dijeron que por las calles de allá hay algunos escaparates. ¿Quieres ir a ver, cariño? ¿O ya te cansaste? —Runin crea una línea entre sus labios. ¿Cansada de qué si la desgraciada no llevaba ninguna de las bolsas sino que todas las carga la amazona en la mano izquierda? La derecha sirve para llevar la bebida. En ese momento la morena suspira ignorando el detalle, está bien, de cualquier manera no le incomoda.
—En fin. ¿Te sientes completamente cómoda en ese nuevo cuerpo tuyo, cariño? ¿Aunque haga que Bary te coquetee? Fufufufu —No puede evitar reír ante el pensamiento al recordar las babas que casi caían del espadachín en Skypiea. —Te juro que buscaría que estén juntos de no habernos enterado que tienes, ugh… n-o-v-i-o.
Los labios se fruncen sin poder evitarlo, no le molesta que la rubia tenga pareja, es más un cúmulo de pensamientos diversos que crean ligeros filamentos de fastidio. —Tantos meses navegando juntos y me vengo a enterar mucho después que tienes novio, aún sigo molesta por eso. —Levanta el mentón sin perder el paso, incluso la empuja un poco sin ejercer fuerza de verdad para guiarla en su caminar.

—¿Ya me vas a contar de su relación o seguirás haciéndote la misteriosa?
El chisme alimenta la relación de cualquier dúo de mejores amigas.
¿No es evidente?
Karmas

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