22-08-2023, 11:33 PM
Una vez el panda se asentó en su sitio de la mesa y terminó de comer estaba bastante cómodo. Se relajó bastante una vez el alcohol empezó a hacerle efecto y empezó a conversar de manera más libre con algunas personas que estaban a su lado. Le miraban con adoración, y eso le disgustaba, pero no podía cambiar la perspectiva que tenía todo el mundo de él. Panda era un mink más. Un currante como cualquier otro camarero, barrendero o dependiente. Luchaba por las libertades de los demás, sí, pero también por la equidad, y consideraba que no merecía más aprecio que cualquier otro trabajador que se levanta a las 6 de la mañana para ir a trabajar en algo que no le gusta para alimentar a su familia. Habló de esto con algunas personas, pero no parecían entenderlo muy bien. No era culpa de ellos.
Desde cierta distancia, el panda identificó la presencia del peliblanco. La identificó porque era difícil no sentir cuando te estaban taladrando con los ojos. Don Bambú le devolvió la mirada. Se sentía examinado de arriba abajo. ¿Es que a caso le estaba midiendo? Sin duda Don se sentía ganador en algunos aspectos. Tenía mucha fuerza y era capaz de aguantar lo que fuera que le tirasen. Por otro lado había visto a Kovashi hacer cosas que él no sabría reproducir. Puede que ganase en fuerza bruta, pero en habilidad sería completamente derrotado. Quitando lo físico, había algo con lo que el panda no podía competir. Por mucho que le disgustase, Kovashi era capaz de mover gente. Tenía la voz de un líder, aunque le faltase el comportamiento ejemplar. De algún modo, ambos eran los contrario el uno del otro. El panda se llevó una nueva copa de vino blanco a la boca sin perder de vista al espadachín. La bebida empezaba a subírsele a la cabeza. Si no estuviera completamente cubierto de pelo, estaría sonrojado. Kovashi se acercó hasta él con decisión. Don Bambú dejó la copa de vino a un lado y colocó ambas manos sobre la mesa, dispuesto a iniciar una conversación que podría acabar de cualquier forma, pero hubo una interrupción. Otro amigo. Tenía demasiados amigos. El resumen de la situación, es que había insinuado que el panda ligaba poco. Claro, a ver dónde encuentras tú a una mink por el East Blue, que tampoco abundan. No le iban mucho las humanas. Se le quedaban pequeñas y las que se sentían atraídas por él tenían una vibra un poco rara con los animales en general. Era evidente que le estaban buscando las cosquillas. —No sé qué responderte a eso, pero creo que tienes otra cosa que decirme. —Se levantó cuan grande era y le miró desde su enormidad. —Si te pones de puntillas igual te escucho y todo. —Era evidente que el peliblanco no provocó ese encuentro para decirle al panda que no follaba. La tensión en el ambiente se podía cortar con un cuchillo, servirse en un plato y alimentar con ella a toda una familia. Sin embargo, un elemento disruptivo entró en escena abrazando la cintura del panda por la espalda. Derya atravesó la tensión del aire como si nadase en el océano. Panda no apartó, sin embargo, la mirada de Kovashi. —Muy bien. —Respondió y se sacó otro cigarro, el cual se encendió con una sonrisa en la boca. Los dientes del panda parecían sierras. —Sí, hablábamos de la revolución. Es que somos unos sosos o algo. —Y echó una humareda por la boca medio riéndose. Era una broma, ¿no? Todo lo era en aquella fiesta.
Desde cierta distancia, el panda identificó la presencia del peliblanco. La identificó porque era difícil no sentir cuando te estaban taladrando con los ojos. Don Bambú le devolvió la mirada. Se sentía examinado de arriba abajo. ¿Es que a caso le estaba midiendo? Sin duda Don se sentía ganador en algunos aspectos. Tenía mucha fuerza y era capaz de aguantar lo que fuera que le tirasen. Por otro lado había visto a Kovashi hacer cosas que él no sabría reproducir. Puede que ganase en fuerza bruta, pero en habilidad sería completamente derrotado. Quitando lo físico, había algo con lo que el panda no podía competir. Por mucho que le disgustase, Kovashi era capaz de mover gente. Tenía la voz de un líder, aunque le faltase el comportamiento ejemplar. De algún modo, ambos eran los contrario el uno del otro. El panda se llevó una nueva copa de vino blanco a la boca sin perder de vista al espadachín. La bebida empezaba a subírsele a la cabeza. Si no estuviera completamente cubierto de pelo, estaría sonrojado. Kovashi se acercó hasta él con decisión. Don Bambú dejó la copa de vino a un lado y colocó ambas manos sobre la mesa, dispuesto a iniciar una conversación que podría acabar de cualquier forma, pero hubo una interrupción. Otro amigo. Tenía demasiados amigos. El resumen de la situación, es que había insinuado que el panda ligaba poco. Claro, a ver dónde encuentras tú a una mink por el East Blue, que tampoco abundan. No le iban mucho las humanas. Se le quedaban pequeñas y las que se sentían atraídas por él tenían una vibra un poco rara con los animales en general. Era evidente que le estaban buscando las cosquillas. —No sé qué responderte a eso, pero creo que tienes otra cosa que decirme. —Se levantó cuan grande era y le miró desde su enormidad. —Si te pones de puntillas igual te escucho y todo. —Era evidente que el peliblanco no provocó ese encuentro para decirle al panda que no follaba. La tensión en el ambiente se podía cortar con un cuchillo, servirse en un plato y alimentar con ella a toda una familia. Sin embargo, un elemento disruptivo entró en escena abrazando la cintura del panda por la espalda. Derya atravesó la tensión del aire como si nadase en el océano. Panda no apartó, sin embargo, la mirada de Kovashi. —Muy bien. —Respondió y se sacó otro cigarro, el cual se encendió con una sonrisa en la boca. Los dientes del panda parecían sierras. —Sí, hablábamos de la revolución. Es que somos unos sosos o algo. —Y echó una humareda por la boca medio riéndose. Era una broma, ¿no? Todo lo era en aquella fiesta.
Una guitarra empezó a sonar de fondo. El panda ni la escuchaba.
