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RE: Nuestras Raíces | P.R. - Miyori Hoshino - 21-08-2026

Me quedé en silencio al escucharle hablar sobre las capacidades y la fortaleza del barco en el que ahora nos encontrábamos, Uker hablaba de la Black Widow con un orgullo que casi parecía estar hablando de alguien y no de una simple embarcación, en su voz había cariño profundo, como si aquel navío tuviera alma propia, una parte de su alma, de cierta manera podía comprenderle perfectamente por que es el mismo sentimiento que tengo cuando hablo de Amphitrite, no eran simples objetos ni herramientas para nosotros, eran compañeros, tesoros, testigos de nuestros viajes así que una pequeña sonrisa se dibujó en mis labios mientras lo observaba tocar las paredes de aquella habitación. — Parece que hay mucha historia que contar dentro de la Black Widow… — comenté con cierta calidez — espero que en el futuro sigan encontrando muchas más aventuras como esta, más que surcar en los cielo.

Me reí en cuanto mencionó la impresión que tuvo de su capitán convertido en top, y golpeando a unos hombres, sin duda me causó cierta gracia imaginar al chico sepulturero tan pequeño y a la misma vez brindando una paliza, aunque después me sermoneé internamente por reírme de algo como eso, la violencia no está para nada justificada.

Poco después, Uker se levantó de la silla y, sin darle demasiadas vueltas, extendió una mano hacía mí, mencionando que era momento de ir a la cocina pues él quería prepararme algo de comer, al principio me quedé observando su mano durante unos segundos, casi como si necesitara procesar lo que acababa de decir, luego levanté la mirada hacia él, buscando en su expresión alguna señal que me indicara si realmente hablaba en serio sobre ir a la cocina — ¿De verdad vas a cocinarme? — pregunté con una mezcla de sorpresa, y claro, incredulidad.

— Está bien… — acepté finalmente, tomando su mano y apoyándome en ella misma para incorporarme sobre mí misma, apenas intenté ponerme de pie cuando un pequeño quejido escapó de mis labios, el abdomen todavía me ardía con intensidad, y en cuanto mis pies tocaron el suelo, mis piernas comenzaron a tambalearse y, por un breve momento, sentí que todo a mi alrededor daba vueltas, sin embargo no dije nada, me limité a respirar hondo y esperar unos segundos hasta que aquella sensación de adormecimiento comenzará a disminuir. Después, con algo de esfuerzo empecé a caminar junto a mi primo, manteniendo un paso lento y cuidadoso, procuraba no apoyarme demasiado en él ni retrasar su andar, era como si me obligara a valerme por mi cuenta – Chamán tramposo… — dije ahora con cierto puchero, era como si me hubieran estafado… aunque, pensándolo bien, el chamán había cumplido exactamente con su parte del trato, simplemente había omitido mencionar un pequeño detalle, bueno, dos grandes detalles… los efectos y el procedimiento que implicaba aquella extracción.

Cuando llegamos, tomé asiento en una de las sillas que rodeaban la mesa, Uker se aseguró primero de que estuviera cómoda y bien acomodada, comprobando incluso que no hubiera riesgo de que perdiera el equilibrio o terminara cayéndome — Gracias… — murmuré con una pequeña sonrisa, siguiéndolo con la mirada mientras se dirigía hacia la cocina, me quedé allí, observándole alejarse, sintiendo cómo poco a poco mi cuerpo comenzaba a relajarse después del esfuerzo de caminar hasta allí.

— Antes de continuar, tengo curiosidad… Hyák mencionó que eres el cocinero de tu tripulación, ¿Qué clase de cocinero eres?, ¿tienes alguna especialidad?


RE: Nuestras Raíces | P.R. - Rackham Uker - 21-08-2026

Mientras ella preguntaba sobre sus capacidades en la cocina, el hombre se acercó a las alacenas y cajones para buscar todo lo necesario. - No me especializo en nada -. Dejó que esa frase quedara un poco en el aire, permitiendo que ella se hiciera preguntas a la par que él terminaba de tomar todo lo necesario. - Desde ensaladas, pasando por carnes, pescados, aperitivos, dulces o pastelería, incluso cócteles y alcohol, no tengo una especialidad -. Al decir esto, volvió su vista hacia atrás, con una sonrisa en su rostro propia de quien sabe que es superior al resto en algo. - Especialización, aparte de profesionalismo en un ámbito, también es limitación, y yo no necesito eso -.

[Imagen: L4hIGXp.jpeg]

- Tu pregunta hizo sonar la historia sobre tu akuma a algo impresionante, así que… -. Mientras hablaba, comenzó a reunir ingredientes para preparar lo que tenía pensado. - ¿Cómo fue que la conseguiste? ¿Mala suerte o algo así? -. Era fácil suponer eso, viendo que había querido quitársela de encima.

2 tomates, varias hojas de lechuga, una zanahoria y un recipiente sellado al vacío con algo de pollo en su interior. Escuchó lo que ella tenía que contarle mientras sus manos trabajaban rápidamente sobre los ingredientes. Luego de lavar los vegetales como debía, cortó uno de los tomates a la mitad, y una de esas partes la cortó en pequeños cubos. Rebanó las hojas de lechuga en tiras y utilizó el mismo cuchillo para cortar trozos muy pequeños y finos de la zanahoria. Unió cada parte en un bowl y puso una sartén sobre el fuego bajo, dejando que se caliente mientras que colocaba aceite y sal en lo que ahora era una ensalada.

En cuanto el metal emanaba algo de calor, tiró sobre este unas gotas diminutas de aceite, que repartió sobre la superficie haciendo girar la sartén por el mango. No era una cantidad suficiente para freír, sino para evitar que el ingrediente se pegara al metal o se cocinara de más. Terminó por lanzar el pollo dentro, carne que ya estaba preparada pero a la que le faltaba un poco de calor para poder comerse adecuadamente. Solo bastaron un par de movimientos de la sartén y menos de dos minutos para que el ingrediente se dorara, momento en el que apagó el fuego y colocó lo preparado en un plato.

Antes de entregarlo, y sabiendo lo débil que estaba la mujer, ocupó un cuchillo para aplastar y cortar el pollo, desmenuzando hasta que sus partes eran tan pequeñas y blandas que no iba a tener que cortarlo para poder comerlo en condiciones.

Con todo preparado, se acercó con el plato y el bowl de ensalada a la mesa, dejando todo esto frente a su prima junto a un tenedor. Luego, volvió a acercarse a las alacenas y sacó de ahí un par de vasos, junto a una jarra con un líquido rojizo del refrigerador. - Jugo de fresa -. Dijo, mientras se sentaba frente a la muchacha y colocaba el liquido en ambos vasos, uno para ella y otro para él. - A este le puse un poco de azúcar, así que no es tan natural como el anterior -.


RE: Nuestras Raíces | P.R. - Miyori Hoshino - 21-08-2026

La respuesta de Uker me sorprendió bastante y caí en cuenta en lo hermoso que era el significado de sus palabras, “especialización en un ámbito también es limitación”, me gustó mucho el trasfondo de lo que planteaba, y lo comprendo por completo aunque su mundo sea la cocina, eso aplicaría para cualquier oficio.

— ¿Dulces y pasteles? — pregunté con cierta iluminación en mis ojos, completamente interesada en confirmar ese detalle — ¿Como mermeladas y donas? — pregunté con claro deseo de que fuera realidad, amaba toda clase de golosinas y pastelerías, en especial todo lo que tenga que ver con mermeladas.

La conversación ahora retornó hacia la historia de la akuma qué por accidente me comí, entonces suspiré ante ese recuerdo, y mientras el cocinero hacía lo suyo, yo me acomodé un poco más firme sobre la mesa, recargando mi mejilla sobre la palma de mi mano, y fue entonces que remonte la película de mi recuerdos de ese suceso. — Veamos…

— Fue una noche en Samba, antes de unirme a la tripulación que te mencioné, yo estaba brinando mis servicios en un bar… — explicaba con lentitud, tratando de recordar cada detalle de aquella noche. — Tocar un poco de música a cambio de un plato de comida me pareció un trato justo, así que me presenté esa noche con un repertorio más coloquial, ameno y divertido, sin duda, disfruté mucho del acompañamiento de los otros artistas.

Mis ojos descendieron hacia donde estaba Uker mientras lo miraba cocinar con tanta concentración y dedicación, era como ver un chef experto en la cocina, y el aroma que vino junto al vapor era bastante apetitoso. —- Al finalizar la presentación, el grupo de artistas me pidió que pasara el rato con ellos y, claro… Me pareció una buena idea, me gusta mucho compartir con las personas, la comida estaba deliciosa… pero no me esperaba que hubiese alcohol de por medio.

— Esa noche descubrí que no tolero el alcohol, me emborracho rápido… — aclaraba con una sonrisa mientras recordaba la vez que salí a tomar cervezas junto a Enji en un bar de Matsuri, en esa reunión confirmé nuevamente que no sirvo ni para beber cerveza. — Dale un poco de ron a un grupo de músicos y verás como la fiesta se dispara en un segundo, recuerdo que habían personas bailando en la barra del bar, besos entre personas, exhibicionismo uno que otros, apuestas, peleas… —- Una sonrisa divertida se iba formando en mi rostro al recordar esa escena tan caótica, ¿pero por qué?, creo que fue la cosa más libertina que he visto en mi vida. — No te preocupes, no hice nada de eso, estuve sentada todo el tiempo viendo a los demás hacer su espectáculo, me reí mucho esa noche como también lo fui sufriendo cada vez que aumentaba el porcentaje de alcohol en mi bebida, hasta que finalmente me sentí completamente mareada, ni siquiera podía ver bien, y creo que casi pierdo a Amphitrite, de no ser por la esposa del cantinero que logró ahuyentar a los ladrones, la esposa del cantinero era una madre en toda regla, dejaba que todo el mundo se divirtiera pero todos sabían que en ese bar no se podía cometer tres cosas.

— Robar, fornicar y matar — Conté con los dedos y al finalizar me reí mucho más, esas tres reglas eran muy significativas. — Fue mi heroína, quizás hubiese terminado sin instrumento, y desnuda en alguna zanja de aquella ciudad, así que… le debo mucho a esa mujer.

— Cuando llegó la mañana.. todo el mundo se fue a sus hogares, todo el mundo tenían a donde retornar, y yo… me quedé sentada en una mesa con la peor resaca de mi vida, la esposa del cantinero se acercó hacía mí con un batido completamente raro, era en tonalidades violeta y olía horrible, pero dijo que servía para curar la resaca… ¿Adivinas qué pasó? — dejé la pregunta en suspenso para que imaginara un poco que venía a continuación, y cuando su expresión pareciera encontrar una idea, continué a responder. — Si, aquel batido estaba hecho de una fruta del diablo, el señor de la cantina lo tenía guardado para vendersela a un comerciante, pero su esposa en su buen deseo quería ayudarme a pasar la resaca, no sabía que se trataba de una fruta del diablo.

— Nunca supe que akuma era, la señora al darse cuenta que su esposo buscaba con desesperación cierta fruta me pidió que me marchará rápido, que no quería que yo tuviera problemas con su esposo… me sentí muy mal por que no quería causar problemas de verdad, incluso insistí en buscar otra, pero al final seguí su indicaciones y me fui, la resaca se había ido pero había conseguido un poder que nunca pedí, y que nunca usé, además, lo peor de todo eso es que nunca más pude nadar de nuevo.

— Y esa es la historia de cómo Miyo consiguió una Akuma no mi.

El espadachín de ojos azules se acercó a la mesa para dejar frente a mí un bowl con pollo desmenuzado combinado con vegetales, el simple aroma del sazón se impregnó en mi nariz, y de pronto mi estómago comenzó a gruñir — Esto se ve delicioso… — dije con asombro contemplando el platillo que me había preparado, tomé el tenedor para tomar el primer bocado, y de nuevo… mis mejillas tomaron un rosado claro ante lo bien que sabía el pollo, estaba calientito pero era un deleite cuando se abría paso los sabores.

— ¡Eres muy bueno cocinando! — dije lo obvio, mientras un bocado llevó a otro, y así consecutivamente, incluso llegué a quemarme la lengua por mi rapidez voraz, solo así tuve que tranquilizarme y comer más despacio. — Gracias por los alimentos… — expresé en lo que tomaba un sorbo del jugo de fresa, estaba dulce y eso me encantaba.


RE: Nuestras Raíces | P.R. - Rackham Uker - 22-08-2026

Su historia parecía ser la de todo artista que buscaba seguir su sueño. Poca seguridad día a día, cantando en bares o plazas para ganarse algo, incluso meramente para pagar el servicio. Había conocido varios en sus años trabajando en tabernas o bares, incluso a algunos en trabajos más elegantes cuando ricachones o gente de gran poder compraba sus servicios para alguna reunión o cena de gala.

Pero su historia no era solo eso, parecía un relato donde la mala suerte perseguía a la protagonista una y otra vez. Primero con esos músicos borrachos, luego con un batido que resulto tener un origen poco común. - Bueno, no se si decir que eras afortunada por cruzarte a esa mujer o todo lo contrario por todo lo demás -.

Dio un sorbo a su bebida, observando a la mujer y dudando por un momento de si contarle o no lo que llevaba un rato pensando. - Bueno, eso es obvio -. Pero primero respondió al halago que ella le lanzó, encogiéndose de hombros y dejando salir una sonrisa confiada. - No conozco a nadie tan bueno en esto como yo -. Una confianza y seguridad que durante las pruebas no se había visto, que tampoco era común notarla en otros ámbitos, pero que existía, extrañamente, solo en estas ocasiones.

- Sabes… -. Pero, algo más debía ser dicho. - Dijiste que creciste en Baterilla. Es curioso, cuando me enteré de dónde venía Eros tuve el mismo pensamiento que cuando me contaste eso, pero definitivamente no los recuerdo en esos tiempos -. Sonrió, dejando esa idea en el aire un momento, como si quisiera que ella notara lo que iba a decir antes de que saliera por su propia boca. - Mi maestro, el hombre que me encontró, de quien era la mansión donde me crie por años y en donde pude encontrar una nueva familia… Todo eso, sucedió en Baterilla  -.

Parecía algo dado por el mismo destino. ¿Cómo es posible que luego de todo un infierno y de perder a su familia, terminara más cerca de lo que quedaba de esta y no se diera cuenta nunca? - Definitivamente no te crucé antes, tampoco a nadie de tu familia o los hubiera reconocido como lo hice contigo. Tampoco recuerdo cruzarme a Eros, tal vez viví muy separado de ustedes, pero… -. Desvió su mirada, ahora hacia una ventana de la habitación, que dejaba ver el paisaje de nubes que se formaban como un mar debajo del barco. - Es como si el destino se estuviera riendo en mi cara -.


RE: Nuestras Raíces | P.R. - Miyori Hoshino - 22-08-2026

El sabor de aquella comida calentaba mi estómago, realmente se sentía bien, reconfortante e incluso mitigaba un poco los mareos que había sentido antes, aún estaba cansada pero aquella incómoda sensación parecía desvanecerse cada vez que continuaba la conversación con el espadachín, llegué a sonreírle cuando hizo alarde de sus propias habilidades en la cocina, asintiendo con la cabeza repetidamente en señal de afirmación, y es que de verdad… todo lo que me había servido estaba delicioso, incluso las bebidas.

— Bueno, tengo entendido que eras mayor que yo… ¿Qué edad tienes actualmente…? — pregunté con calma inclinando un poco mi cabeza hacia un lado, aunque aquel dato no estaba del todo claro para mí, no recordaba si mi padre alguna vez me había mencionado la edad de mis primos — Actualmente tengo diecinueve años, pronto cumpliré veinte en esta primavera… — tomé el vaso entre mis manos para beber un poco más de aquel jugo de fresas.

— Conocí a Eros cuando yo tenía seis años, en ese entonces él tenía catorce o dieciséis años, no lo recuerdo muy bien… — mi mano se puso sobre mi mentón intentando recordar un poco más sobre el chico sepulturero pero de verdad que mis recuerdos de ese día estaban algo nublados, con suerte logré reconocerlo en el mercado de Shandora. — Así que si tienes la misma edad que Eros, probablemente era muy pequeña para que me hayas conocido, mis hermanos eran muy sobreprotectores cuando tenía esa edad.

— Así que estuviste en Baterilla todo este tiempo… — mi mirada volvió a posarse sobre él mientras una tenue sonrisa aparecía en mi rostro ante aquella revelación — De verdad me alegra que hayas encontrado un lugar dentro de Baterilla, es una isla maravillosa… sus habitantes son muy cálidos y amables… — recordé entonces a todos sus isleños, a los vecinos, obreros, las mujeres de Baquella, todos ellos hacían de la isla un lugar bastante acogedor como el de un hogar.

— ¿En serio nunca me viste? – me señalé a mí misma, con una pequeña chispa de esperanza brillando en mis ojos — Mi familia tiene un pequeño negocio pesquero en el puerto, sé que hay muchos negocios así por toda la isla, pero vamos… ¿Dónde más has visto un cabello tan naranja como el mío en esa isla?, ¡¿Ni siquiera al pasar de vez en cuando te fijaste en mí?! — pronto caí en razón sobre un pequeño detalle.

– Ah, ahora que lo pienso… quizás no llegamos a cruzarnos por mi culpa, verás… de pequeña tomaba clases de música en medio del bosque — si, puede que mis historias suelen ser peculiares. —Mi maestro era un ermitaño de la isla, así que pasaba prácticamente todos los días cruzando la selva para aprender a tocar el violín, y otros instrumentos.

“Es como si el destino se estuviera riendo en mi cara”

— Hmmm… o simplemente no era el momento adecuado para conocernos… — murmuré antes de esbozar una pequeña sonrisa — por ejemplo, si te hubieras criado con nosotros, quizás habrías terminado convirtiéndote en un pescador carpintero, y no en un excelente cocinero diestro con la espada, ¿no? — No sabía si realmente era buena animando a las personas pero al menos intentaba hacerle ver que todo su esfuerzo y el dolor que había atravesado también habían contribuido a forjar a la persona que era hoy. Al final, frente a mí no veía únicamente su pasado contado por él mismo, sino, al pirata en el que se había convertido… alguien con una grandeza que estaba segura que algún día alcanzaría lo que tanto desea… ¿eternidad?

— Además de haber sobrevivido, y aventurarte al mar… ¿Qué me dices de lo personal?, ¿tengo primos-sobrinos por ahí?, ¿más Hoshino por conocer?, ¿familia hecha?


RE: Nuestras Raíces | P.R. - Rackham Uker - 22-08-2026

Así que ella tenía 19 años, había creído que más en cuanto escuchó su historia, pero lo cierto es que la primera vez que vio su cartel de recompensa podría haberla confundido con una adolescente mucho más joven. - Pues, yo tengo  casi 29 años. Estuve en Baterilla desde los 12 hasta los 21 más o menos, así que sí suena improbable que nos hayamos cruzado, pero tampoco vi a tu familia que yo recuerde -. Ella se encarga de recalcar aún más lo extraño de la situación, explicando el negocio de su familia. Sabiendo que muchas veces se aventuraba a los puertos para buscar ingredientes, todo era aún más raro. - No recuerdo haber visto nunca en mi vida a alguien con ese color exacto de cabello, mucho menos el apellido Hoshino mencionado desde que salí de Flevance -.

Pero ahora ella contaba otra parte de su relato, un maestro de música enseñándole en el bosque. Cualquiera podría decir que era algo extraño, pero si lo escucharan hablar de que su maestro lo adoptó como un hijo y le enseñó formas de matar para luego decirle que no debía usarlas pues también podría pensar que era una locura. - Supongo que solo nos tocaba encontrarnos aquí -. No podía encontrar otra explicación que no fuera la mala suerte o el destino, parecía improbable que no se hubiera juntado con ese otro trozo de su familia pese a tenerlos tan cerca durante tanto tiempo.

Aún así, el hombre sonrió en cuanto ella puntualizó la posibilidad de que su presente sea diferente si se hubieran encontrado antes. - Mi padre era el cocinero. Incomparable, insuperable incluso tras tantos años de su muerte, siempre ayudando a quien podía, siempre dando un plato de comida al hambriento -. Tras decir eso, dejó su vaso en la mesa y se recostó en el respaldo de su silla. - Mi maestro me enseñó todo lo que sé sobre combate. A defenderme y defender a otros, a golpear y no ser golpeado, a empuñar una espada con un objetivo fijo, pero no cegado por la rabia -. Sonrió un poco mientras hablaba. - Me resulta difícil creer que sería alguien diferente, sus muertes me dejaron huellas que hasta puedo sentir en mi propia mente. Comencé a dar pequeños toques en la cabeza cuando felicitaba a alguien, algo que mi madre hacía, mejoré como cocinero porque era la única forma de conectarme con mi padre, y continúo en mi camino como espadachín porque esas fueron las enseñanzas más fuertes de mi maestro -. Observó su mano, sabiendo que lo que decía podía sonar a una locura, pero que no evitaba que él sintiera todo eso como algo real y propio.

- Sus muertes y el sufrimiento que trajeron pueden ser algo horrible, pero me hicieron ser quien soy ahora. Dudo que haberlos encontrado a mis 20 años hubiera cambiado algo de eso -.

En cuanto el tema cambió a una más relajado, el hombre sonrió y cerró los ojos, como si quisiera recordar algo. - Lo siento, tu primo es más solitario de lo que debería en varios aspectos -. Esperaba que eso respondiera su duda, pero solo por si acaso continuó hablando. - Me he enamorado antes, pero nunca se concretó nada. Desde que soy pirata me es difícil siquiera pensar en algo así sabiendo cual es mi objetivo final -. Le seguía pareciendo una locura el simple pensamiento de tener una familia, todo por su propia meta personal. - ¿Te imaginas lo doloroso que debe ser saber que un ser amado preferiría vivir para siempre y verte morir? Suena que pasarías a ser uno de tantos, incluso otra tumba más en la mente de un inmortal. No suena a un futuro que quisiera para nadie -. Mientras terminaba de mencionar eso, volvió su vista hacia la ventana de antes, viendo en esta su propio rostro más que el paraíso de nubes que se mostraba afuera.

- ¿Y tú? -. Preguntó tras solo unos instantes. - Yo ya dije que no tengo nada, es tu turno de contar lo mismo o más -. No iba a pedirle que le cuente 10 cosas si él contó 0, por lo que le pedía eso mismo, 0 o más si ella deseaba.


RE: Nuestras Raíces | P.R. - Miyori Hoshino - 22-08-2026

Mi expresión cambió a una de preocupación al escucharle rectificar algunas cosas de lo que mencioné, haciéndome saber que no es como yo pensaba que fue su crianza, su amor por el arte culinario iba mucho atrás de haber llegado a Baterilla, mucho antes de haberlo perdido todo, su amor por la cocina venía más que interés por el oficio, era en recuerdo de su padre, seguido de eso comentó sobre las enseñanzas recibidas por su maestro, y las condiciones para ejercer la espada, los ideales y criterios. 

— Pues… tuviste grandes maestros, uno te enseñó a servir con el corazón sin esperar nada a cambio, y el otro a proteger a quién lo necesite, son valores muy significativos.

Al parecer el cocinero de los sepultura tenía un sentido del romanticismo muy diferente a cualquier joven de hoy en día, y más para la edad que ahora tenía donde posiblemente la mayoría de hombres ya tienen sus familias hechas, aunque también puede ser que estoy acostumbrada a ver a mis hermanos sentando cabezas, o problemas por el enredo con alguna mujer del puerto. Sin embargo, confesó alguna vez amar, pero tuvo que dejar ir esa posibilidad cuando fijó su meta.

“¿Te imaginas lo doloroso que debe ser saber que un ser amado preferiría vivir para siempre y verte morir? Suena que pasarías a ser uno de tantos, incluso otra tumba más en la mente de un inmortal. No suena a un futuro que quisiera para nadie”

Mi mirada estaba puesta sobre la mesa, pensando un poco en esas palabras, en lo que planteaba, y ciertamente parecía ser un escenario bastante complicado, desgastante, y doloroso bajo las implicaciones de envejecer y dejar atrás a la personas que más amas. — Estoy segura… que existirá una persona que tome tu mano sin cuestionar lo pasajera que pueda ser en tu vida.

Ahora la pregunta se me fue devuelta, y llevé mi diestra hacia la parte lateral de mi nuca, en un tic de nerviosismo.

— Soy un desastre para las relaciones… — comencé sin saber cómo considerarme en ese ámbito de mi vida. — Una vez creí estar enamorada pero lo cierto es que… no sé nada sobre esas cosas, nada sobre amores, cortejos, romances, tentaciones… la música es lo único que amo de verdad.

En ese momento me encogí de hombros mientras me reía levemente al darme cuenta de nuestro infortunio respecto a las relaciones. — Tampoco tengo hijos, para que quede claro, tengo una carrera músical que crear antes de eso.

— ¿Regresamos a la habitación?... comienzo a sentirme un poco mareada de nuevo…


RE: Nuestras Raíces | P.R. - Rackham Uker - 22-08-2026

"Estoy segura… que existirá una persona que tome tu mano sin cuestionar lo pasajera que pueda ser en tu vida"

Simplemente sonrió ante esas palabras. La gente podría llegar, podría amarlo, él no iba a impedirle a nadie sentir lo que deba sentir, pero seguía sintiéndose como algo incorrecto. ¿Condenarte a ti mismo a ser alguien más en una larga lista? El amor no siempre era como en los cuentos de hadas, las parejas no duran para toda la vida, pero a todos les gusta pensar que es así. ¿Por qué alguien se conformaría con menos? ¿Por qué incluso amándolo aceptaría vivir esa vida? Le era difícil visualizar algo así, por lo que ya había aceptado para él mismo que lo más probable es que no vaya a suceder.

Pero no por eso iba a quitarle la ilusión a Miyori, por lo que solo sonrió.

Soltó una pequeña risa cuando la escuchó confesar que no tenía idea de esas cosas. - Bueno, aún eres algo joven, no está mal que te centres en tu sueño -. Los separaba una gran diferencia de edad, y se hacía evidente incluso en sus visiones del mundo. La juventud con sus sueños irrompibles, ante la mirada más dura del mundo de un hombre que decía ser quien viviría para siempre, pero que no hacía bella la idea con palabras bonitas. - Supongo que compartimos algo más que el apellido entonces -. Levantó su vaso, en dirección a ella, esperando que ella chocara el suyo en un brindis.

Asintió en cuanto ella mencionó su estado. Dejó las cosas en la mesa y se dispuso a ayudarla a caminar, también ofreciendo cargarla para que no sufra. Se aseguró de que estuviera bien al volver a la habitación, volviendo a sentarse en la silla junto a ella y sosteniendo entre sus manos el estuche que contenía dentro el instrumento que ella adoraba tanto. - Sabes… mi hermano me enseñó a cantar para un evento, todo para que pudiera pedirle matrimonio a su mujer cantando una canción entre los hermanos -. Comenzó a contar eso de pronto. - Pero nunca fui bueno con los instrumentos, solía romper las cuerdas de las guitarras cuando intentaron enseñarme -.

- No somos tan parecidos como creía que seriamos cuando pensaba en si podrías o no ser parte de mi familia, pero por alguna razón eso no me molesta ahora -. Volvió a poner el violín en la caja donde había estado en primer lugar. - Simplemente, me alegra que algo de mi padres aún siga en el mundo, algo que no sea yo. Me alegra haberte conocido, y me alegra que nuestro encuentro no haya sido en peores situaciones -.


RE: Nuestras Raíces | P.R. - Miyori Hoshino - 22-08-2026

“Supongo que compartimos algo más que el apellido entonces”

–Eso parece…— sonreí nuevamente mientras tomaba el vaso al aceptar su propuesta de un brindis casual, hicimos chocar los vasos y, después, terminé de un sorbo el último trago de juego de fresa.

El regreso a la habitación fue casi igual que cuando habíamos cruzado inicialmente el pasillo, me costaba caminar y mantener el equilibrio, por momentos dejaba de sentir la fatiga, como si recuperara fuerzas pero poco después estás volvían a abandonarme, supongo que simplemente necesitaba descansar un poco más. Al menos había recuperado la consciencia y mi cuerpo había recibido alimento, así que seguramente estaría bien al día siguiente.

Uker se había ofrecido a llevarme cargada pero preferí caminar a mi propio ritmo, sujetando su brazo como apoyo de andar, me apenaba sentir que estaba siendo una carga por eso mismo no le permití tomarme en brazos, sería vergonzoso.

Al estar nuevamente en la cama, recostada entre las sábanas y almohadas, lo observé tomar el estuche del violín, en su expresión parecía habitar un recuerdo ligado a la música, y pronto escuché una linda historia sobre aquella vez que él cantó junto a su hermano de crianza, me parecía gracioso imaginarlos tratando de lograr una conquista. — Considero que nadie es malo para la música, quizás quien intentó enseñarte no supo cómo hacerlo, o tal vez la guitarra simplemente no es lo tuyo, y aun así, cantaste… me gustaría que algún día pudiéramos hacer un dueto, sería divertido, ¿no crees? — propuse con ilusión, antes de recordar algo similar y sonreír — Aunque… ya lo hicimos antes, cantamos Sake de Binks en las gradas.

“ Me alegra haberte conocido, y me alegra que nuestro encuentro no haya sido en peores situaciones”

Y aquellas palabras hicieron florecer todo lo que había intentado contener, todo aquello que había fingido no sentir, al verme vulnerable, intenté limpiar rápidamente el rastro de las lágrimas que comenzaban a asomarse. — Yo también me siento muy feliz de haberte conocido, y de que seamos familia… después de tanta mala suerte… de verdad que todo esto me parece tan irreal, gracias.

Respiré profundamente, intentando recuperar la compostura y tranquilidad — Te prometo que siempre estaré para lo que necesites, incluso si algún día necesitas compañía en tu búsqueda por la eternidad… estaré dispuesta a apoyarte

Eso último lo dije con convicción aunque seguramente él no quisiera involucrarme en sus objetivos y sueños, pero, si algo caracterizaba a nuestro linaje, era que éramos personas tercas una vez tomada una decisión. Después de tantas conversaciones, historias y cuidados, el sueño pronto volvió a reclamarme, esta vez, no hubo pesadillas ni recuerdos que me atormentaran, simplemente cerré los ojos y me dejé llevar, sumergiéndome en sueños tranquilos, en mucho tiempo no me había sentido con tanta… paz.


RE: Nuestras Raíces | P.R. - Rackham Uker - 22-08-2026

- Pues, fue muy bonito cantar contigo -. No fue la primera vez que cantaba en público, tampoco junto a otra persona, pero sí se sintió como una conexión diferente al resto. - Ya encontraremos algo más que cantar, ahora debes… -. Dormir, eso le iba a adecir, que debía dormir, pero fue ahí que notó las lágrimas saliendo de los ojos ajenos. - Ay no, ¿qué pasó? ¿Algo te duele? ¿Qué fue…? -.

Ella mostró el porqué, su felicidad tras tantas cosas vividas. Uker sonrió, acercó su mano a ella y le palmeó la cabeza un par de veces, el mismo gesto que antes había dicho que había adoptado de su madre. - Y yo estaré para apoyarte cuando me necesites -. Le aseguró, devolviéndole sus palabras con la misma intención. - Pero ya te toca dormir, antes de que te desmayes de nuevo -.

Se despidió de ella, dejándola a solas luego de asegurarle que solo debía llamarlo si necesitaba algo, pues se encontraba en la habitación de al lado. Y así era, en cuanto volvió a la soledad de su habitación, a la oscuridad de ese lugar, no tardó en volver a tener recuerdos de su familia. Su padre siempre le había hablado de su propia familia, como siempre lo habían apoyado en las locas decisiones que tomaba.

No estaría orgulloso de él, no podría estar feliz de ver a su hijo convertido en un pirata, en un asesino, en un… El reflejo desde una ventana le devolvió su propia mirada, esa misma que había portado y visto en sí mismo en la cocina. Sus padres estarían felices de verlo reunido con su prima, hubieran sonreído si se hubieran conocido antes, si tan solo su vida hubiera seguido como debería. Se adentró más en la habitación, con pasos lentos y silenciosos sobre la madera, hasta llegar al lugar donde descansaban sus espadas.

Sacó una de su guarda, observó el metal y lo alzó hacia la ventana. La potente luz de la luna, no tapada por las nubes, hizo brillar la hoja. ¿Por qué era pirata? ¿Valía la pena continuar formando relaciones si de todas maneras lo verían morir o él los vería desaparecer por las arenas del tiempo? No podía evitar preguntarse esas cosas desde que Miyori mencionó que había encontrado una nueva familia.

Volvió a mirar la hoja de la katana, su reflejo en este, junto al aparente rostro de alguien detrás de él. Sabía que no había nadie ahí, sabía que su maestro ya no podía aparecer junto a él, pero su fantasma le seguía pesando. ¿Cómo no hacerlo? Dedicó años a enseñarle, a demostrarle que podía hacer más que luchar con odio, y aún así en un solo arrebato de ira manchó todas esas enseñanzas de sangre.

Guardó la katana, pensar en esas cosas no serviría para nada, el camino ya estaba tomado. Dejó el arma a un lado, se tomó un momento para respirar y volvió a agarrar el libro que estaba leyendo antes de que el despertar de Miyori lo sacara de esa habitación.

Sobrevivir a lo siguiente era más importante, y cuando esa tormenta pase tocará pensar en como sobrevivir a la siguiente. Así debía operar, sin más cosas de por medio, sin dejarse llevar por las ideas que le gritaban que tomaba un mal camino.