Nuestras Raíces | P.R.
#1
Atributos Personaje


Día 2 Primavera, Año 18
Ciudad de Shandora
Hora: 11:56 pm
Isla Skypiea, Zona en los cielos.



Murmuré lentamente mientras mis ojos se entrecierran con pesadez negándome el derecho de despertar del valle del sueño que hasta el momento me parecía eterno.

Intenté hacerlo una vez pero la luz me obligaba a cerrarlos nuevamente, respiré profundo y una molestia recorrió mi abdomen reflejandose incluso en cuanto fruncí el ceño ante el dolor, todo mi cuerpo se sentía extraño, pesado, adormecido, como si hubiera permanecido dormida durante demasiado tiempo.

Una melodía llegó hasta mis oídos, dulce y armoniosa, casi distante, era una sucesión de notas que parecía envolverme completamente, y que por alguna razón me provocaba una nostalgia imposible de explicar, sonaba como la despedida de alguien a quien jamás esperé volver a encontrar, y no deseaba irme, no todavía… quería quedarme allí, aferrarme a aquella sensación de calma antes de que desapareciera, pero sabía en algún rincón de mi mente que nada de lo que estaba presenciando era real.

Caminé por un sendero sumido en la oscuridad sin saber hacia dónde me dirigía ni qué esperaba encontrar al final, mis pasos eran lentos y el silencio se volvía cada vez más profundo a mi alrededor, poco a poco, la oscuridad comenzó a tragarse todo, los colores, los sonidos y finalmente aquella melodía, quise detenerme, regresar, pero ya no había ningún lugar al cual volver. La penumbra terminó convirtiéndose en una oscuridad absoluta y, de pronto…

Sentí que me ahogaba.

— ¡Ah…! — mis ojos se abrieron de golpe tras una bocanada desesperada de aire que llenó mis pulmones de forma forzosa, mi pecho subía y bajaba con rapidez notándose por completo mi susto de haber recobrado la consciencia. Mi mano se aferró a las sábanas por instinto y durante unos segundos no pude hacer otra cosa que respirar, intentando convencerme de que de verdad estaba despierta, de que aquello había sido solamente un sueño. Cerré nuevamente los ojos y llevé mi diestra hasta mi frente, intentando calmar los fuertes latidos de mi corazón, y poco a poco mis sentidos comenzaron a regresar junto a imágenes fragmentadas de lo sucedido antes, en la arena de los juegos. Recordé las palabras del chamán.

Mi mano izquierda soltó las sabanas solo para posicionarse ahora sobre mi vientre, un ardor profundo respondió al contacto, era real, no era un dolor insoportable pero sí lo bastante extraño como para sentirse como una herida cualquiera, estoy segura en que mi piel había rastros de marcas de esa extracción, no tenía más ninguna fruta del diablo habitando en mis entrañas.

Mi respiración se volvió más lenta mientras contemplaba el techo de aquella habitación desconocida — con que eso pasó… — murmuré acariciando suavemente mi vientre, intenté incorporarme pero apenas conseguí levantar el torso cuando una oleada de mareo me hizo detenerme, y volví a recostarme, sintiendo cada músculo pesado, mis sentidos adormecidos y mi mente claramente atrapada entre el sueño y la realidad.

Era como revivir pesadillas blancas.



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Cita Diálogo / Habla / *Piensa*
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#2
La vida podía llegar a ser curiosa.

Desde que encontró ese cartel de recompensa en Arabasta había estado maquinando en su cabeza la posibilidad de que esa persona realmente fuera quien él creía. No la conocía, no la había visto nunca, pero compartían apellido, su cabello vibraba tanto como el sol al atardecer, igual que esas personas en las fotos que su padre tenía en su oficina. Podrían no ser más que coincidencias, meras casualidades que se unieron en el momento justo y que nada tuvieron que ver, pero no fue ese el caso, por increíble que parezca.

Había dicho un solo nombre y ella había respondido, sorprendida, pero asegurandole que se trataba de alguien cercano a ella. ¿Cuáles eran las probabilidades? Había vivido años en soledad para ahora llegar a encontrar a alguien que compartía su misma sangre, todavía no podía creérselo.

Ella le había pedido un favor, él había aceptado, ahora esa muchacha se encontraba dormida en una de las habitaciones del Black Widow, recuperándose del procedimiento al que ella misma había decidido someterse. Quitarse una fruta del diablo, él no podía saber que tan loco era eso, pero entendía que al menos no era algo que se fuera a dar todos los días.

Ahora él se encontraba en su propia habitación, sentado en el suelo sobre un montón de sábanas desparramadas. Pese a lo tarde que era, no dormía, se mantenía leyendo a la luz de una vela, un libro sobre navegación. Tenía aspectos que mejorar, en varios sentidos, pero algo le decía que dentro de muy poco necesitarían un mejor conocimiento del mar de lo que tenían ahora. Si hace un par de semanas le hubieran dicho que conseguirían elevarse hasta la isla en el cielo, le habría creído, asegurando que lo conseguirían sin problemas. Ahora debían bajar, seguir con su camino en el mundo “ordinario”, lo que era un problema, porque Uker no estaba seguro de si la Black Widow podría soportar una caída así.

Confiaba en su barco, confiaba en sus capacidades, pero si llegaban a romper la quilla con el impacto del agua…

No tuvo más tiempo para pensar. Escuchó una queja venir de la habitación de al lado, la misma que estuvo visitando bastante en los últimos días. Se apresuró a levantarse y apagar la vela de un soplido, dejando de lado el libro también. En tan solo unos segundos, se encontraba abriendo la puerta de la habitación en la que la Hoshino se recuperaba, encontrandola despierta al fin. - Bueno, es tranquilizante ver que estás bien -. Sonrió y se rascó la cabeza, claramente relajando los hombros al ver que ella se encontraba viva.

Se acercó a ella, tomando una silla en el camino y sentándose a un lado de la cama. - ¿Cómo te sientes después de... eso? Fue todo demasiado rápido a decir verdad -. No se acercó demasiado, lo suficiente para que pudieran hablar sin levantar la voz, pues sabía que la confianza entre ellos no era total aún. - No tenía el dinero para pagar el tratamiento, así que lo saqué del estuche de tu violín. Espero que no te importe que haya rebuscado dentro -.
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#3
Mi cabeza daba vueltas, estaba mareada ante el vértigo de mi inconsciencia sin embargo no sabía realmente cómo sentirme ni qué pensar, ¿qué seguía ahora?, ¿solamente reposar?, ¿tendré algún efecto secundario de esto?

Escuché el rechinar de una puerta y mi atención se dirigió hacia el origen de aquel sonido, la habitación apenas estaba iluminada por la tenue luz de una vela, pero a pesar de la escasa iluminación, distinguí sin mucho esfuerzo la presencia de quien estaba entrando en ese momento.

Era el cocinero espadachín de los Sepultura, Uker Rackham… mi familiar.

Quedé expectante ante su cercanía mientras él tomaba asiento en una silla ubicada junto al lateral de la cama, se sentó cerca de mí, al igual que él, yo también le sonreí tenuemente ante sus palabras de buenos deseos al verme despierta, agradeciendo en silencio su gesto.

En cuanto hizo referencia a lo sucedido, mi mano se posó instintivamente sobre mi vientre, aquel simple movimiento bastó para traerme de nuevo el recuerdo de lo ocurrido y de aquella extracción que había sufrido. Bajé la mirada durante unos instantes, intentando ordenar mis pensamientos antes de poco a poco incorporarme sobre la cama, con algo de esfuerzo conseguí quedar sentada, prefería mantenerme así, frente a él, antes que continuar aquella conversación acostada, no me gusta de ninguna manera que me vean vulnerable… no me gusta ser una carga. — Estoy bien… — murmuré finalmente aunque mi voz dejaba entrever que todavía intentaba mitigar los efectos de la inconsciencia de antes.

—Yo… siento mucho las molestias que te causé, no pensé que la extracción fuera de esa forma, parecía mucho más sencillo cuando lo explicaron… — mi voz sonaba pesada, quizás ronca, aunque supuse que se debía a la fatiga que todavía arrastraba.

Ante su preocupación por el dinero, simplemente negué con la cabeza mientras sonreía amablemente — No te preocupes por eso, te agradezco que lo hayas hecho, ¿encontraste lo justo para pagar?, ¿debo devolverte alguna diferencia monetaria? — Mi tono de voz reflejaba cierta preocupación, no recordaba cuánto había costado aquello, y si Uker tuvo que poner dinero extra me sentiría muy apenada, de hecho, apenas conservaba recuerdos de lo sucedido, lo último que podía traer a mi mente eran las palabras del chamán, indicándome que me iba a dormir, y efectivamente, caí dormida… siendo la oscuridad lo último que recuerdo.

— ¿Puedo preguntar qué fue lo que pasó? recuerdo al chamán tocarme el abdomen y luego… todo fue silencio y oscuridad. —- mi mirada permaneció gacha como si al cerrar los ojos pudiera recuperar algún fragmento perdido de aquellos momentos, pero por más que intentaba recordar no conseguía encontrar nada después de aquel instante. Solo el sueño que vino después, ese hermoso sueño. Unos segundos después levanté la mirada y observé los alrededores con mayor atención, las paredes eran de madera y el espacio, aunque sencillo, tenía una distribución muy familiar a los camarotes de un barco.

Mis ojos recorrieron lentamente la habitación antes de volver a posarse sobre el espadachín — ¿Dónde estoy? ¿Cuánto tiempo llevo dormida?
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Cita Diálogo / Habla / *Piensa*
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#4
- No te preocupes, no me debes nada -. Le aseguró, primero confirmando que en verdad se encontrara bien. - Y tampoco fue una molestia -. No parecía estar del todo recuperada, apenas había dormido por un par de días pero su cuerpo estaba tan débil como si llevara semanas perdida en el mar y sin comida. Una visión que él mismo podía entender, que él mismo tuvo que pasar, que seguía doliendo al recordarlo.

- Ese hombre extraño te tocó el vientre, caíste dormida y una de las frutas que tenía a su lado se transformó de repente -. Incluso para él todo había pasado tan rápido que era difícil asimilar muchas cosas. - Asumo que su propio poder le permite pasar el poder de una akuma a una fruta normal, o tal vez solo es un funcionamiento común de esas cosas… Lo cierto es que no se mucho de esas cosas, Varo es quien más conocimiento de este estilo tiene -. Al fin y al cabo, él solo era un cocinero y navegante, perdía por mucho ante las capacidades y conocimientos de sus compañeros.

Ante la nueva pregunta, Uker sonrió, procediendo a responder casi de inmediato, pero desviando su visión hacia las paredes del barco en el que se encontraban. - Estás en el Black Widow, el barco de los Sepultura, tripulación de Eros Focalor. Mis compañeros -. Volvió a mirarla tras un momento. Ella ya los conocía, no hacía falta presentarlos. - Se nos permitió habitar algunas de las casas de la ciudad, pero quería encargarme de unos asuntos en el barco, así que decidía ocupar este como mi lugar de descanso por el momento. Cuando te recuperes te acompañaré a la casa que está indicada para ti, así que no te preocupes por eso -.

- Oh, espera… -. Levantó su mano, evitando que ella pudiera responderle. Sin explicación, se levantó de su asiento y se marchó de la habitación, perdiéndose en el silencio y oscuridad del barco por unos momentos. Tras un par de minutos, en donde se lo podía escuchar moviendo cosas en alguna parte cercana, volvió a pasar por la puerta, ahora llevando en sus manos una bandeja de madera con algunas cosas. - Debes comer, es necesario para tu recuperación -. Dejó la bandeja en un escritorio cercano a la cama. De esta levantó una jarra con un líquido anaranjado, el cual sirvió en un vaso de cristal y se lo pasó a la debilitada mujer. - Jugo de naranja, lo hice esta mañana para tener algo que beber mientras estudiaba unas cosas -. Esperó que ella lo aceptara o denegara, para luego agarrar el resto de cosas sobre la bandeja.

Una manzana, un plato y un cuchillo. Cortó la fruta lentamente, con calma pero con maestría, dejando trozos finos sobre el plato que le fue entregado también a la mujer. - Te haré más comida luego, pero primero debes recuperar energía. No querrías llenar tu estómago de manera inmediata después de levantarte, no es bueno para la salud -. No era médico, pero un cocinero lo suficientemente experto para saber lo que el alimento provocaba en el cuerpo humano. - Y seguramente te querrás levantar y actuar como si nada pasara. Reconozco a una persona debilitada, también estuviste casi dos días sin alimento, así que lo mejor sería que te lo tomes con calma, antes de que Kiyoshi te vea y te insulte -. Ante esto último, sonrió, dejando en claro que era una broma, pero una que podría ser realidad.
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#5
Me sentí aliviada al saber que al menos no había quedado en deuda con él, aun así, permanecía en mí el deseo de compensarle de alguna manera, por todo el cuidado brindado pero supongo que más adelante tendría que pensar en cómo demostrarle mi agradecimiento.

Pronto Uker comenzó a relatarme todo lo ocurrido durante la extracción de mi fruta, y mientras lo escuchaba intenté imaginar cómo había sido aquel proceso. — Ya veo… con que eso pasó… — murmuré mientras quedé algo pensativa sobre lo dicho, no sabía si aquello podría traer consecuencias más adelante, o si existirían efectos que todavía desconocía, sin embargo, había algo que era más que seguro… finalmente era libre de los efectos de aquel poder que durante tanto tiempo me había aprisionado.

Entonces él respondió a mi pregunta sobre el lugar en el que nos encontrábamos, se trataba del barco de los Sepultura, un navío bautizado bajo el nombre de “Black Widow”, y al igual que él, mis ojos recorrieron la habitación para inspeccionar nuevamente con la mirada cada rincón con suma curiosidad, como si observar detenidamente cada detalle pudiera ayudarme a comprender mejor el lugar donde descansaba.

— ¿Casas? … — incliné mi cabeza ligeramente ante lo informado, ¿el soberano de Skypiea había brindado hospedaje a sus visitantes terrestres?, sin duda los habitantes de Shandora son bastante hospitalarias, me había hecho a la idea de buscar algún hostal después de los juegos, si, debía apresurarme a irme en conseguir un lugar donde recuperarme pero parece que el joven de ojos azules había leído mis pensamientos, o visto mis intenciones… — Ah, per… —

No pude terminar de hablar pues en ese momento vi cómo el espadachín levantaba una mano para luego abandonar la habitación, dejándome atrás en medio de un silencio cargado de incertidumbre, me quedé observando la entrada, aguardando por su regreso, mientras mis oídos únicamente alcazaba a percibir el crepitar de la vela que iluminaba tenuemente la estancia, pasaron algunos minutos de sumo silencio hasta que del otro lado de aquel umbral  abierto, escuché con claridad el sonido de sus pasos aproximándose, acompañado por el tintineo de algunos objetos que llevaba consigo, y tan pronto como apareció nuevamente pude notar que traía una charola de madera con algo de comida preparada. Me indicó que era necesario que comiera para recuperarme más rápido, y lo observé con atención mientras él dejaba todo sobre la mesa antes de proceder a servirme un poco de jugo, el cual acepté con mucho gusto pero había dudas percibidas en mi rostro… — ¿Estás seguro de que puedo?, ¿No tendrás problemas con tus compañeros? — pregunté con cierta vergüenza, después de todo, aquellos eran los insumos de su tripulación, y ellos apenas sabían algo de mí, era una extraña a la que había conocido hacía apenas dos días, y aunque no tenía malas intenciones… puedo entender perfectamente que desconfiaran de mí.

Una vez que me sentí segura, comencé a beber lentamente pequeños sorbos de aquel jugo preparado a mano, y apenas el sabor de la naranja tocó mi paladar cuando una cálida sensación de felicidad me recorrió por completo, era una de mis frutas favoritas, y después de tanto tiempo sin probar algo así, aquel sabor me resultaba especialmente reconfortante, incluso mis mejillas se tiñeron ligeramente de rosa mientras continuaba degustándolo, disfrutando genuinamente de lo bueno que estaba.

Mientras lo escuchaba, también comí la fruta que había cortado en trozos para mí, era una manzana que estaba perfecta en su punto, ni demasiado blanda ni demasiado dura, y conservaba aquella jugosidad que hacía agradable cada mordisco. Me asombraba el hecho de haber dormido dos días desde que me quedé dormida, dos días que, para mí, se sintieron como un eterno letargo pero con un maravilloso sueño. Mastiqué lentamente uno de los trozos mientras una pequeña risa escapaba de mis labios al recordar la referencia que él había hecho sobre aquel tirador de cabello azabache, no sabía que era médico.

— Gracias… — murmuré sin saber realmente qué más decir o cómo expresar todo aquello que comenzó a florecer en cada uno de sus gestos hacía mí, sin embargo, poco a poco sentí como un pequeño sollozo amenazaba con escaparse mientras mis ojos comenzaban a humedecerse. Desde que me hice a la mar siempre había tenido que arreglárselas por mi cuenta, no puedo decir que jamás hubiera encontrado una mano amiga durante mi viaje, pero la forma en cómo él estaba cuidándome… era como una bendición.

— T-tienes compañeros admirables… — dije con una sonrisa nerviosa, intentando desviar la conversación antes de dejar que la nostalgia se notara en mi rostro, o mostrarme más vulnerable de lo que ya aparento ser, no quería preocuparle. Tras una pequeña pausa, levanté la mirada hacia Uker, dejando que la curiosidad reemplazara poco a poco aquella emoción de tristeza — ¿Cómo fue que llegaste a ser parte de los Sepultura? — pregunté con suavidad — ¿Puedo saber la historia?

A pesar del malestar y del mareo, a pesar de sentirme muy cansada, deseaba saber más de él... Conocer su historia, lo que pasó tras aquel horrible día, ¿Cómo fue que llegó hasta aquí?, ¿Cómo fue que se convirtió en un pirata?
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Cita Diálogo / Habla / *Piensa*
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#6
Se la notaba algo dolida al mencionar que el cocinero tenía compañeros asombrosos. Uker no conocía su historia, no podía asegurarlo, pero se sentía extrañamente familiarizado con esa emoción. Soledad, el sentimiento de que hasta ahora tuviste que luchar solo, que lastimosamente no fuiste acompañado. ¿Era eso? Difícil sería darlo por hecho, mucho más complicado sería siquiera preguntarlo.

Y fue ella quien preguntó.

La mirada de Uker bajó, acomodándose en la silla que ocupó antes para al menos no tener que hablar parado. - Mi familia y yo vivíamos en Flevance, en el North Blue. Mi madre era una mujer muy enfermiza, con un cuerpo débil y que apenas podía abandonar la cama del hospital, mi padre era un cocinero de ese mismo hospital desde muy joven, cuando se separó de su familia para buscar un sueño propio. O al menos eso fue lo que pudo decirme -. Sus manos se unieron y sus codos se apoyaron en sus rodillas, sus dedos comenzaron a jugar entre ellos, buscando algún estímulo para no dejar de recordar todo lo que pasó. - Cuando apenas tenía 9 años, y casi a la par del nacimiento de mi hermana, la ciudad comenzó a sufrir la enfermedad. Pasamos casi todo un año así, sufriendo la muerte de muchos vecinos y la desesperación porque la ayuda nunca llegaba -.

Diferente a la tranquilidad y felicidad que mostraba antes, ahora su rostro no podía ser más serio. No era doloroso contarlo, esas imágenes pasaron por su mente tantas veces que no tuvo otra opción más que acostumbrarse, pero aún así era difícil saber qué detalles ocultar para que todo no se volviera aún más pesado. - El día de mi décimo cumpleaños, el gobierno llegó. Pensamos que se trataba de ayuda, alguna cura a la enfermedad, pero no fue así -. Pese a que no estaban cerca de una fuente de fuego, en sus ojos casi que podían verse aquellas llamas que él nunca iba a olvidar. - Comenzaron a quemarlo todo, cerraron los puertos y cada vía de escape, empezaron a deshacerse de nosotros como si no fuéramos nada. Me oculté en una oficina del hospital, mi padre me encontró y me entregó a mi hermana en brazos, me dijo que corra y que nos encontraría a las afueras del pueblo. Le hice caso, corrí hasta no dar más, mientras él buscaba a mi madre, pero al girar mi rostro solo pude ver como el edificio se desmoronaba por completo culpa de las llamas -.

Se tomó un momento. Esa imagen se grabó en su mente como si el propio fuego lo hubiera alcanzado esa noche. - Simplemente seguí corriendo. Nunca había sufrido una enfermedad en mi vida, la que trajo el plomo blanco no fue la excepción. Mis pulmones podían ayudarme, así que llegué hasta un punto casi ciego de la isla. Tomé un bote, un remo y simplemente me fui, con mi hermana aún en brazos. No tenía manera de saber a dónde iba, estuve días a la deriva, esperando encontrar tierra. Para cuando por fin pisé otra isla, mi hermana no había sobrevivido, y nunca supe si fue la enfermedad o el viaje quien acabó con su vida -.

Tras contar eso, se reincorporó, tomando aire pesadamente y volviendo a ver a la mujer. - Tuve incluso peor suerte, la isla a la que llegué en ese momento era una dominada por bandas criminales y asesinos despiadados. Tuve que vivir en las calles, sobrevivir por mi mismo, haciendo lo que sea que haga falta -. Tras esas palabras, dejó unos pequeños segundos de silencio, para que la propia Miyori pudiera ver en su voz y en sus ojos a que se refería cuando decía que fue capaz de hacer “todo” lo necesario. - Logré esconderme en un barco de la marina, esperando escapar. Tras muchas semanas de viaje terminé en el South Blue, los marines me descubrieron, dieron la orden de capturarme hasta que se enteraron de que isla venía. Desde ese día me persiguieron hasta la muerte, sin importarles cortar, disparar o acuchillar a un niño que solo tenía 12 años -. Mientras seguía narrando, levantó una de las mangas de su abrigo, mostrándole a la muchacha las cicatrices que adornaban toda su piel. Un recordatorio pequeño de todo lo que vivió.

- Pero alguien me rescató, un día que uno de esos marines estuvo a punto de terminar el trabajo. Un hombre me rescató, un intento de pirata, de héroe del pueblo, un tipo millonario a quien le molestaba la crueldad con la que el gobierno dominaba el mundo. Me acogió en su casa, me entrenó, me dio una vida tranquila por fin y me enseñó que ese sentimiento de ira no iba a desaparecer, pero que no debía marcar mi camino -. Al hablar de este periodo, una sonrisa volvió a su cara, nostálgica, añorando ese pasado que ahora no podía tener. - Mejoré mis habilidades en la cocina, conseguí varios trabajos, viví pacíficamente con él y mis hermanastros, al menos hasta que la marina volvió a arrebatármelo todo -.

La sonrisa en su rostro volvió a desaparecer, como si no se le permitiera tenerla. - Un marine lo capturó, cuando él intentó defender a una mujer cuyo puesto estaban destrozando. En vez de simplemente encarcelarlo, le disparó en la cabeza. 3 veces -. A diferencia de antes, sus manos se apretaron entre ellas al hablar de eso, siendo claro su sentimiento ante esa situación. - Estaba en un trabajo de varias semanas en otra isla cuando me llegó la noticia por una carta de mis hermanos. No pude asistir a su funeral, no pude despedirme, pero sí que pude vengarlo -.

- Busqué a ese marine hasta encontrarlo. Una noche lo secuestré y lo llevé a un sitio abandonado de la isla. Lo torturé, pensando que me sentiría satisfecho, pero ni toda una noche escuchando sus gritos alivió mi dolor. Quemé el lugar, junto a todo rastro de que yo estuve ahí, desaparecí y cambié mi apellido al de mi madre: Rackham -. Volvió a mirar a su familiar, con la culpa y la pena grabadas en su mirada. - Intenté vivir otra vez una vida en paz, obteniendo trabajos en restaurantes o bares. Un día escuché sobre las akumas no mi, supuse que alguna podía ser tan poderosa para dar la juventud eterna, por lo que me decidí a buscarla. Si pudiera vivir para siempre, tal vez podría llevar la memoria de mi familia hasta el final de los tiempos, para que no se pierdan en la historia como la marina quería que fuera. Una chica me encontró y me salvó de un problema, ofreciéndome a zarpar juntos al mar y convertirme en pirata, cosa que no pude rechazar -.

- Tuve que volverme el capitán de una tripulación, al menos hasta que intentamos cruzar al Grand Line y un grupo de cazadores nos atacó en los Cabos Gemelos. Tuve que pelear y matarlo, para poder reencontrarme con mi grupo, el cual quedó dividido luego de eso. Cuando llegamos a Little Garden, una división de marines y un par de cazadores nos emboscaron, buscando capturarnos. En ese momento llegó alguien poderoso, mató a ambos cazadores y logró que los marines se fueran, pero ese suceso me demostró que todavía era débil -. Su vista volvió a descender, pero ahora sin la culpa que había portado cuando habló de lo que le hizo al marine. - Abandoné a mi grupo, sentía que preocuparme por ellos me había desviado de mi camino. Eros me encontró, formamos una alianza ya que ambos nos necesitábamos, hasta que eso se convirtió en una tripulación -.
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#7
Durante todo el relato permanecí en silencio con la mirada gacha, siguiendo cada palabra de Uker con una expresión tranquila, pero conforme su historia avanzaba, mi semblante fue cambiando poco a poco, no había más sonrisa y mis dedos se aferraron lentamente sobre la tela de la sabana. Recuerdo la historia que me contó mi padre sobre Flevance, sobre la pandemia y sobre lo ocurrido con sus habitantes, incluso recuerdo como él me contó que aún sobre su navío lo único que encontró al llegar fue una isla envuelta en llamas. Pero ahora, escuchar todo aquello de alguien que lo había vivido en carne propia, y más siendo apenas un niño, era completamente distinto. Mi corazón latía con punzadas de dolor e impotencia.

Un niño de solo diez años edad conociendo la crueldad con la que se rige el mundo, un niño de diez años que perdió a su familia entera, inclusive a la única que pensó que podría salvar murió en el infortunio de un viaje por la salvación, cuando me habló de ella, de la muerte de su hermana, mi mirada se levantó en dirección de él, y pude darme cuenta de que habían heridas que aunque pasen los años… jamás son curadas. No solo había perdido a su familia, había tenido que aprender demasiado pronto a sobrevivir sin ellos, sin padres. — Debió ser muy difícil… — murmuré finalmente con la voz mucho más baja de lo habitual, quería seguir escuchando.

Y así fue, continué escuchándolo mientras él relataba cómo después de perderlo todo encontró a alguien que le ofreció un hogar, su maestro parecía haber sido un regalo que la vida misma le envió, una segunda oportunidad, por lo que una pequeña sonrisa triste apareció en mis labios en cuanto escuché la manera en como se refería a él con tal estimo, sonreí por que por un instante podía imaginar cuánto debió significar para él encontrar a alguien que le brindase una mano, un cobijo, un estimo. Cuando habló de la venganza sentí que mis convicciones se oprimían en mi garganta y en mi pecho, nunca estaré de acuerdo con la tortura sin importar los pecados que atraen, pero tampoco puedo juzgarle, no después de haber perdido nuevamente una familia a costa de la irracional decisiones de impositores de la ley, no hubo reproche en mi mirada pero tampoco aprobación por sus acciones, solo una compresión en silencio hacia alguien que había acumulado demasiado dolor, inclusive escuchando su historia no me hacía verlo como alguien cruel sino como alguien que durante mucho tiempo intentó sobrellevar la carga de perderlo todo una y otra vez.

Lo que vino después de la venganza fue el inicio de su destino como pirata, haber sobrevivido a emboscadas, a travesías de riesgo y muerte, un navegante como también un amante de la cocina, no todo parecía ser tragedias y eso me daba cierto alivio. Entonces recordé mis propias palabras de antes y bajé ligeramente la mirada, jugando nerviosamente con el vaso que tenía en mano con un jugo a medio toma, quizás había dicho que tenía compañeros asombrosos, y ahora comprendo que quizás aquellas palabras tenían un mayor significado — Ahora lo comprendo, ellos son tu familia ahora.

Mis ojos volvieron a posarse sobre los suyos, esta vez con una ternura mucho más evidente, había algo doloroso en reconocer que después de haber perdido tanto, Uker todavía había conseguido encontrar personas a las que llamar compañeros. — Gracias por contármelo.

— Ahora entiendo por qué deseas ser inmortal, quieres asegurarte de que ellos también tengan un lugar que nunca puedan desaparecer… — me desplacé un poco más hacia la orilla de la cama para tomarle la mano en gesto de fraternidad, no podía abrazarlo porque me dolía el cuerpo de cierta manera pero al menos eso era lo mínimo que podía hacer. — Puedo asegurarte que mi padre intentó rescatarlos ese día, quizás todo habría sido diferente… quizás habrían vivido plenamente y feliz, pero… supongo que el destino siempre tiene un propósito en la desdicha, te hace fuerte, te moldea y termina forjando tu carácter... continuar con vida es lo mejor que puedes hacer en memoria de la de ellos… — no sé si mis palabras serían reconfortantes pero al menos quería mencionar todos sus méritos que percibo de él — El mismo destino nos hizo encontrarnos ¿no?, en mis venas corre la misma sangre que corre por las tuyas…

— Te prometo apoyarte siempre desde ahora… — y aunque estaba jurando en una posición equivocada, me reí un poco después al caer en cuenta de ese detalle — ... aunque en este momento soy yo la que depende de ti, jeje.
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Cita Diálogo / Habla / *Piensa*
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#8
Ella había escuchado todo el relato, en silencio, comprendiendo de que se trataba esa vida marcada por la violencia. Podía agradecer, no lo juzgaba, no lo marcaba como un asesino ni le reprochaba sus actos, por mucho que él mismo se dijera esas cosas en cuanto volvía a estar solo. Pero mencionó algo con lo que él no podía estar de acuerdo.

"Ahora lo comprendo, ellos son tu familia ahora"

No respondió a eso, simplemente dejó que ella sacara esa conclusión y siguiera hablándole dulcemente. Eran compañeros, eran gente a la que proteger, eran personas valiosas con quienes compartía un viaje. Pero no podían ser familia.

Perdió a su familia aún siendo un niño, ante las llamas y aquellos que siempre dijeron defenderlos. Volvió a perder a un padre en cuanto pudo sonreír con normalidad, quitándole de enfrente la oportunidad de conseguir una vida feliz. Podrían llegar a ser amigos, tal vez, pero familia… No, nunca más, sería volver a sufrir, volver a cargar con la culpa de no poder ayudarlos, volver a sentirse un inútil por dejar de escuchar a la rabia que lo hacía tan fuerte.

Iba a ser inmortal, formar amistades y nuevas familias solo serviría para llorar infinitamente sus muertes a lo largo del tiempo.

Y aún así ella buscaba romper esa barreras, aún sin saberlo. Tomó su mano, él no se negó al contacto y la miró a los ojos, era difícil imaginarlo, pero ella era joven, su cabello y sus ojos eran del mismo color, si su hermana siguiera viva… Simplemente suspiró, reconociendo que no importaba pensar en esas cosas. - Bueno, simplemente estabas dormida, así que no te preocupes. Supongo que te recuperaras rápido -. Terminó por decir, con una sonrisa leve en el rostro.

- Oh, eso me recuerda… -. Se agachó y rebuscó algo debajo de la cama en la que ella se encontraba reposando. Solo bastaron unos segundos para que volviera a incorporarse, cargando ahora una caja del tamaño de su torso. - No tenía dónde guardarlo para que no se golpeara que no fuera aquí. Además, supuse que te tranquilizaría tenerlo cerca, incluso si no lo sabías -. Abrió el contenedor, del cual sacó el estuche que ya sería reconocible para la mujer. - En perfecto estado, esperando a su dueña, aunque supongo que no podrás tocarlo ahora -.

Dudó en si pasarle el instrumento, esperando que fuera ella la que le dijera si quería sostenerlo o no. Aún estaba débil, le costaba moverse, pero realizar esas cosas que traen la felicidad de uno también podía ser una buena medicina. - Ahora es tu turno -. Le sonrió, esperando solo un momento para explicar a lo que se refería. - Tu historia. No puedo ser el único que deje su vida en evidencia, ¿no es así? -.

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#9
Los mareos volvieron a hacerme sentir débil por lo que terminé con calma la merienda que me había ofrecido el cocinero de los Sepultura. Una vez que había terminado de comer y beber, le entregué el vaso junto al plato antes de recostarme nuevamente, con la intención de descansar unos minutos y recuperar un poco las fuerzas.

En ese momento noté que Uker estaba buscando algo debajo de la cama, lo que despertó de inmediato mi curiosidad, permanecí observándolo con cierta intriga hasta que, unos segundos después, se incorporó levantando consigo una caja de forma rectangular mientras me explicaba el motivo por el que había guardado aquel objeto, tardé unos instantes en comprender a qué se refería, casi como si hubiese olvidado que le había confiado mi instrumento, sin embargo, al reconocer la tela negra saliendo de la caja comprendí que hablaba de mi violín, mis ojos se llenaron de alivio, sin duda había confiado en la persona correcta. — Sí, no creo que pueda tocarlo en este momento… — murmuré con una sonrisa cálida — Gracias por cuidarlo, por favor, déjalo cerca. — le pedí con amabilidad pues no creía tener fuerzas para volver a sentarme, al menos no por el momento.

“Ahora es tu turno” dijo sonriente en lo que parecía estar interesado en conocer mi historia, y me reí por lo bajo mientras miraba el techo de la habitación, ¿mi historia?, no es trágico… solo supongo he tenido mala suerte.

— Cómo te has dado cuenta, soy una artista viajera… — comencé partiendo desde el principio, desde aquella razón que me había llevado a aventurarme a la mar. — crecí en un pueblo llamado Baquella, en la isla de Baterilla, que… curiosamente, también es la tierra natal de Eros, por eso es que nos conocemos, por si tenías dudas de dónde me conoce él… — aclaré aquel detalle, bastante segura de no haberlo mencionado cuando conocí a los Sepultura y me reuní con ellos en las gradas.

—- Una vida bastante tranquila, junto a mi padre y mis tres hermanos mayores. Mi madre murió cuando me dio a luz, así que, si me preguntas, mi padre lo tuvo bastante difícil para criarme porque no sabía absolutamente nada sobre niñas, jajaja — dije entre risas, recordando con cariño todos aquellos momentos que había vivido junto a mi familia.

— Desde muy pequeña nació en mí un profundo amor por la música, pese a que mi familia se dedicaba a actividades pesqueras y a la carpintería, yo siempre preferí aprender a tocar instrumentos musicales, cuando cumplí diecinueve años, tomé la decisión de explorar el mundo y conocer más sobre la música, descubrir otros instrumentos y escuchar las melodías propias de tierras que no fuera Baquella, y de verdad fue una experiencia increíble… la he disfrutado muchísimo.

—- Durante mi visita a Samba, todavía en South Blue, conocí a un pirata bastante carismático que me ofreció formar parte de su tripulación… — cerré los ojos por un instante, dejando que mi mente regresara a aquel festival, las farolas, recordar aquellas palabras de libertad que una vez se me fue prometido — Los Smokey Pirates, así nos llamábamos, éramos únicamente tres integrantes… — expliqué mientras volvía a mirarlo con una sonrisa tenue, recordándolos a todos con cariño. — Hasta que emprendimos un viaje hacia Grand Line, con un destino que parecía prometer diversión y nuevas experiencias, pero lo cierto es que terminamos envueltos en una situación bastante precaria… unos marines corruptos interceptaron varios navíos, entre ellos un ferry que transportaba a numerosos viajeros, incluyéndonos a nosotros tres… — mi expresión cambió, volviéndose más incómoda al recordar lo ocurrido después.

— Nos separaron a todos en diferentes recámaras, querían esclavizarnos o, simplemente, obligarnos a enfrentarnos a muerte por diversión, por suerte, la mayoría de las personas logramos escapar de aquel lugar y llegar hasta la corriente Akai, desafortunadamente, yo terminé quedándome sin tripulación… fui abandonada en la primera isla a la que llegamos, y desde entonces… he tenido que seguir adelante por mi cuenta.

— No puedo decir que mis manos estén del todo limpias, yo también he cometido actos de los que no me siento orgullosa, soy pirata únicamente por un chiste de la vida… mala suerte, como dicen los marineros de los puertos, pero durante mi viaje, después de todo aquello, comprendí que no puedo fiarme de cualquiera, aunque tampoco puedo juzgar a alguien únicamente por su pasado… — miré nuevamente hacia el techo, dejando escapar una sonrisa serena, no me arrepentía de haber tomado aquel camino ni de haber conocido a tantas personas… — y ahora estoy en Skypiea… jamás imaginé que algún día llegaría a los cielos, de verdad que me hace muy feliz estar aquí.

— Seguramente te preguntas sobre lo de mi akuma, ¿te cuento la historia?
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Cita Diálogo / Habla / *Piensa*
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#10
En su historia no había nada de todo ese dolor, de toda esa furia o de esa pérdida que él había demostrado cuando habló sobre sí mismo. La escuchó, sonrió junto a ella ante la mención de su padre y sus hermanos, guardando para sí mismo una información que podría ser más que curiosa.

- Recuerdo leer algo de esa tripulación en el periodico, pero debo decir que no te relacioné con ellos hasta que lo mencionaste -. Lo cierto es que ese nombre había pasado tan desapercibido como el de los Olvidados, tripulaciones con su semana de fama, pero que cayeron ante el peso del mundo en cuanto llegaron a tocar algo de grandeza. - La llegada al Grand Line parece ser que siempre trae problemas, alguien debería revisar eso -. Al decir esto, sonrió y soltó una pequeña risa.

Se la notaba feliz, pese a su estado. Feliz de estar en Skypiea, él también podía compartir el sentimiento, pero por otras razones. - Pues, en verdad es asombroso el simple hecho de poder pisar estas tierras -. Mientras hablaba, extendió su mano hacia un lado, tocando la pared de madera de la habitación y sonriendo. - La Black Widow es asombrosa, pudo soportar todo ese viaje y más -. Podía notarse el orgullo en su voz, incluso en su mirada, hablando del barco como si de un miembro más de la tripulación se tratase. - No me pone feliz el simple hecho de estar acá, y mi participación en los juegos no fue tan impresionante como habría esperado, pero ser capaz de llevar el barco por esa corriente ascendente… eso sí que fue impresionante -.

La conversación ahora giró hasta las frutas especiales, momento en el que Uker llevó una de sus manos al mentón. - Sinceramente, cuando te conocí no me imaginé que tendrías una fruta, pero tampoco me lo imaginé de Eros y ahí me tenías viendo como un topo golpeaba a unos hombres -. Desconocía mucho de esas cosas, pese a que su objetivo parecía ser encontrar una con habilidades específicas, pero lo cierto era que tampoco tenía una buena visión de quienes portaban esos poderes.

Aún así, no dejó salir esos pensamientos frente a su familiar.

- Me encantará escucharte, pero primero… -. Se levantó de la silla y le extendió la mano. - Vamos a la cocina, te haré de comer algo, necesitas fuerzas -. Le ofreció su ayuda para levantarse y hasta para caminar. Si ella aceptaba, la llevaría a la cocina, en donde se encargaría de que se sentara en la mesa con comodidad, lugar desde el que podría contarle sobre ella y su akuma.
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