[Pasado] El acto más sublime
#1
37 de Verano, Año 11
Barranca profunda, Isla Toko, Corriente Daiya - 05:43 a.m.

El fresco de la mañana me alegraba el corazón.
De alguna manera, conforme pasaban los días y me alejaba del momento de mi llegada a esta isla, los amaneceres dejaron de tener un efecto nocivo en mi humor. Habían pasado casi dos estaciones desde que pisé Toko y... ya casi me había acostumbrado. De alguna manera había logrado estrechar lazos, conseguir fortalecerme y encontrar un objetivo. Quedaba realmente poco para que pudiera salir de aquí. Solo quedaba una cosa: comprar un barco. Uno grande, que pudiera albergar a un pequeño grupo bien organizado. Que pudiera ser manejado sin problema por un solo hombre. Un velero rápido y robusto. Hasta tenía el nombre pensado. — Va a ser el azote de los piratas... — murmuraba contento mientras paseaba por los parajes de Toko. De hecho, quizás fuera esta misma mañana a comprarlo. A fin de cuentas, tenía el dinero, la idea clara... ¿Por qué no? El puerto no quedaba lejos y ya le había echado el ojo a un navío. Solo quedaría encontrar al enmascarado. Después podríamos partir... si lograba convencerlo de que nos uniéramos. Aunque fuera por la fuerza.

Me gustaba salir pronto a la zona exterior de la isla, pasear cerca de la playa, entrenar un poco y disfrutar de la salida del sol. Aún debía quedar una hora o así para que los primeros rayos contundentes del sol aparecieran por el horizonte. El tiempo era fresco y, aunque el desértico paraje dejaba emanar algo de calor acumulado del día anterior, la sensación térmica era agradable. El viento matinal mecía las hojas de los árboles que se erigían cerca de la rocosa playa. Enormes árboles de varios y varios metros de alto con robustos troncos que a menudo usaba para golpear con mi Shimei Kaeru. Eran una estupenda herramienta de prácticas y me extrañaba no ver a Joe por allí. Conociendo su fuerza física, estoy seguro de que le agradaría entrenar así. Aunque quizás tenía suficiente con su equipo de Marines. ¿Quién sabe? Y así caminaba con mi abrigo sobre el hombro derecho, agarrado con mi diestra, mientras mi antebrazo izquierdo reposaba sobre la guardia de Shimei Kaeru, enganchada en el cinturón. Pisaba sobre las rocas, evitando las grietas y recovecos de manera casi inconsciente mientras miraba al cielo, disfrutando de los últimos instantes de estrellas que se desvanecían.

Inventario
  Responder
#2
Sasha estaba sentada inclinando su espalda hacia atrás apoyando las manos en el suelo, el kanabo que siempre portaba con ella descansaba a su derecha y con el mango a escasos veinte centímetros de su mano diestra. La semioni miraba el cielo que estaba a punto de amanecer, su pequeño asalto a la mina del día anterior la había dejado agotada por lo que se fue a dormir pronto, ocasionando que se despertara de madrugada y ya no pudiera dormir. La rubia había decidido pasear por la zona, alejándose del barco para no molestar a sus compañeros, para variar. Aquel era su momento favorito, donde todo su lado explosivo se tranquilizaba y solo estaba ella y su difunta familia en aquel basto cielo estrellado.
 
La joven elevó escasos centímetros la pierna derecha bajándola levemente mientras subía la izquierda haciendo repitiendo el gesto varias veces. Cuanto más se acercaban los primeros rayos de sol del día más empezaba a recuperar aquel espíritu indomable de pelea que la caracterizaba. Les había dado una buena paliza a los cerdos que se dedicaban a tener a los habitantes del pueblo minero como esclavos. Sasha paró su movimiento con las piernas apoyándolas en el suelo con delicadeza, aquel asalto había conseguido entretener a la semioni un día pero ahora volvía a estar aburrida y con el horario de sueño cambiado. Suspiró apenada porque así no podría dedicarse a molestar a los demás, había demasiadas bromas que le quería hacer a Aurora por el susto que le dio la mañana que se conocieron - sintiéndose una tonta al ser la única que se había preocupado en el barco - pero era algo que tenía que pensar bien para que fuera la broma perfecta.
 
La adolescente se inclinó esta vez hacia delante, doblando las piernas y poniendo el kanabo sobre sus muslos. Sasha miró el arma de forma pensativa, le habría gustado seguir con el que había pertenecido a su madre pero tenía que hacer su propio nombre y ansiaba que llegara ese momento. Con determinación se levantó del suelo sujetando el kanabo con la mano derecha y apoyándolo en el hombro del mismo lado, mientras que con la mano izquierda se limpiaba los restos de polvo y tierra que pudiera tener en la ropa. La semioni observó su alrededor, no era un mal sitio para entrenar, por lo que con ansias de volverse más fuerte separó las piernas a la altura de sus caderas, se llevó el kanabo de forma paralela en vertical a su cara - cogiéndolo con ambas manos - y empezó a batear de forma seguida, como si hiciera su meteor run en el aire.
 
 

inventario
  Responder
#3
Con los primeros rayos de luz asomando por el horizonte pude divisar una figura a lo lejos en la playa. Y digo divisar porque, no era necesario gozar de un extraordinario sentido de la visión para percibir a un sujeto de aquella talla. Me pareció sumamente extraño porque, acostumbraba a pasear y entrenar en la zona y jamás había visto a nadie allí. Sin embargo, por alguna extraña razón, me agradó encontrar a alguien en mi pequeño paraíso de la meditación. El sujeto, que parecía ser una mujer, joven, de al menos tres metros de alto, si no más, con un arma enorme la cual blandía y usaba para golpear al aire con potencia. Conforme me iba a acercando por su flanco izquierdo, sin querer molestarla, iba analizando tan curioso espécimen. Tamaño enorme, el cual debía alcanzar los cuatro metros sin duda, cuernos rojos y prominentes, fuerza sobrehumana que lograba agitar las hojas de los árboles cercanos con cada batida de su arma… sabía lo que era. Lo que no sabía es qué demonios pintaba allí. En todo mi tiempo en Toko, solo había encontrado una semioni más: La compañera de Joe, y ya me pareció relativamente raro.

Me hubiera gustado ponerme a entrenar, pero supongo que mi naturaleza curiosa era más fuerte, por lo que mi necesidad de conocer a la muchacha era mayor. Ahora tenía curiosidad por saber qué estaba haciendo una semioni con esa fuerza en una playa alejada de la mano de Dios mientras todo el mundo dormía. Paso a paso, con mi abrigo sobre el hombro todavía, fui acercándome de forma lenta y constante hasta alcanzar una distancia de diez metros por su izquierda, parándome a observar más de cerca lo que, a todas luces, era un entrenamiento matinal. No sé de qué tipo, pero estaba claro que no era la primera vez que lo hacía. Las marcas de golpes y durezas en sus manos, la forma de coger el arma y golpear… estaba claro que era experimentada o había sido bien instruida en el combate. — No sé quién será el culpable, pero… espero que sepa correr rápido.  — dije con tono desenfadado y una sonrisa, para romper el hielo, dirigiendo mi cabeza hacia arriba dada la diferencia de altura. — No me gustaría recibir uno de esos si fuera él. — maticé mientras miraba de arriba a abajo el kanabo y dejaba caer mi cadera sobre una roca de un metro de altura, quedando así sentado ligeramente.
  Responder
#4
La semioni estaba tan concentrada en su pequeño entrenamiento matutino que no percató que alguien la observaba, por lo que al escuchar una voz se giró de golpe hacia su izquierda. Un hombre de menos de dos metros con pelo blanco y una cicatriz increíblemente épica en el ojo derecho en vertical se encontraba mirándola con una sonrisa, Sasha lo miró curiosa inclinando ligeramente la cabeza hacia la derecha escuchando como le volvía a hablar apoyándose sobre una roca. El humano daba por hecho que la rubia iba a pegar a alguien y que a él no le gustaría recibir uno de esos golpes. — No hay ningún culpable — contestó la joven con una sonrisa encogiéndose de hombros viendo que venía con buenas intenciones. — Solo entreno para pegarle un kanabazo en la boca a un futuro culpable, viejo — añadió mientras se llevaba el arma al hombro derecho - sujetándolo con la mano diestra - mientras se llevaba la mano izquierda a la cintura. La adolescente no sabía si era muy mayor y por eso tenía canas o era únicamente fruto del estrés, pero no iba a perder las costumbres de llamar viejo a alguien mayor que ella. — He venido a entrenar porque no puedo dormir — respondió a su acompañante matutino.
 
Sasha se acercó al hombre con curiosidad quedando a cinco metros de él, pudo ver la katana en su lado izquierdo por lo que aquel hombre tenía que ser espadachín - o tenía un arma muy querida que nunca usaba como Kuraku -  por lo que se inclinó ligeramente mirando la cicatriz del ojo. — ¡Tu cicatriz mola mucho! — comentó emocionada con los ojos brillantes. — ¿Cómo te la hiciste? — preguntó manteniendo el mismo tono mientras volvía hacia atrás para ponerse recta. — Yo tengo una en la oreja. Me la hizo mi hermano mayor con las uñas cuando me intentó hacer un piercing — añadió la semioni a la vez que con la mano izquierda se retiraba el mechón del mismo lado para y así enseñar una pequeña cicatriz en el hélix. — Ah, me llamo Sasha — se presentó por fin la rubia con una sonrisa dándose cuenta que se había puesto a hablarle sin ni siquiera presentarse, mirando enseguida al hombre de forma expectante tanto por su historia de la cicatriz como por su nombre.
  Responder
#5
El mundo no paraba de sorprenderme.
La joven, que, de primera momento, hubiera pensado que estaba desahogando su furia contra algún tipo de enemigo ficticio mientras lanzaba golpes a diestra y siniestra con su enorme arma, resultó estar simplemente “practicando”. Era algo obvio, practicas por algo, para un fin. Sin embargo, la muchacha contestó aseverando que no existía un motivo real para su entrenamiento más allá del insomnio. ¡Ja! No la culpo. Parecía entrenar por el simple afán de mejorar y poder defenderse de quien lo merezca. O al menos esa es la explicación que dio justo antes de llamarme viejo. Vie-jo. Mi cara debió ser un poema. — Pero, ¿qué edad se cree que tengo? — pensé — ¿Me estarán saliendo arrugas? — no entendía qué rasgo físico mío le hacía llegar a la conclusión de que tenía una edad avanzada. Intenté no darle importancia y sonreí levemente, realmente, me hizo gracia.

De pronto la semioni se acercó a mí, inclinándose desde las alturas y resaltó mi cicatriz, preguntando por su origen. Ni siquiera me dio tiempo a responder, comenzó a relatar de manera continuada que ella también tenía una hecha por su hermano al hacerle un piercing con una uña. — ¿Pero qué…? — pensaba mientras la muchacha contaba su historia y mantenía cara de máxima concentración por su historia, más que nada para evitar echarme a reír al suelo, sería terriblemente maleducado. Finalmente, la muchacha se presentó como Sasha. — Sasha… yo he leído ese nombre antes. — estaba casi seguro. Ya me había quedado bastante claro que la chiquilla era bastante joven y que, al margen de su enorme fuerza, escondía bastante más. Cuando la rubia me sonrió tras presentarse no pude evitar la ocasión. — ¿Esta cicatriz? —  pregunté mientras palpaba con sumo cuidado mi pómulo derecho con los dedos de mi diestra. — Me la hizo un cura cuando intentó matarme azotándome con un rosario. — contesté terriblemente serio y con tono grave, mirando a la muchacha a los ojos desde mi improvisado asiento. — Y antes de que preguntes… Le di un katanazo. — continué, esta vez sonriendo y cambiando el tono a uno más relajado mientras quitaba mi abrigo del hombro y mostraba su interior, dejando ver el Santoral en su bolsillo, asomando la enorme cruz.

El recuerdo de Blackmore aún pesaba y pretendía pasar por encima esos detalles lo más rápido posible. — Viktor. — me presenté finalmente. — ¿Sabes? Desde fuera sí que parece que peleas contra alguien. Lo mismo es contra ti, pero no te das cuenta… ¿Quién te ha enseñado a combatir? — pregunté a la muchacha mientras me cruzaba de brazos.

off
Inventario
  Responder
#6
Sasha pudo ver la cara de concentración del hombre cuando le contó su primera trastada con Garnet. Era agradable para ella sentirse escuchada sin que la juzguen por ser una adolescente, aunque antes había hecho una cara rara cuando le dijo que estaba entrenando y como no entendió el motivo, simplemente lo dejó pasar. La expresión del humano se tornó seria y con un tono grave le explicó que la cicatriz se la hizo un cura azotándole con el rosario. La rubia frunció el ceño ante sus palabras, nunca se había acercado a un sitio de esos porque le daban mala espina esos señores y ahora veía que hacia bien, parecía que tenían la mano muy larga. El chico añadió más animado y con una sonrisa que le dio un katanazo, haciendo sonreír a la joven de oreja a oreja por usar una expresión como la suya. — Entonces le devolviste bien la hostia ¡Tienes que ser muy fuerte! — contestó emocionada la joven mientras veía el arma del cura, ahora en poseía él. Ella no sabía como de fuerte era un cura pero por la cicatriz parecía que mucho, y por unos segundo pensó que tal vez debería ir también a pegarse con uno para comprobarlo, y así, tener una cicatriz tan impresionante.
 
El hombre se presentó como Viktor y le dijo algo que ni esperó ni entendió, que parecía que estaba peleando contra alguien, tal vez contra si misma, para acabar preguntado por quién le había enseñado a pelea. Sasha levantó ligeramente el kanabo de su hombro y miró el arma unos segundos con el ceño fruncido, para finalmente devolverle la mirada a Viktor mientras volvía a apoyar su arma en el mismo sitio. — He aprendido a pelear yo sola — dijo con inocencia, no había si se podía considerar pelear a eso que hacía, solo daba golpes con el kanabo a quien se le cruzara por delante. Eso la llevó a querer entender a lo que se refería el hombre. — Pero… Yo no estaba peleando conmigo misma, no me he dado ningún golpe con el kanabo — contestó pensando que se refería a una pelea física, como si estuviera confusa y se pegara con el arma ella misma. La rubia empezaba a pensar de verdad que solo se le acercaban viejos raros para hablar y hacerla pensar, parecía que la gente mayor ya no iba a ver como construían edificios como solían hacer en su isla. — Además, yo no me pegaría a mí misma nunca porque sé que el kanabo hace mucho daño — añadió, sabiéndolo por experiencia, mientras inclinaba ligeramente la cabeza hacia la derecha de forma inocente - con cuidado de no darse en la cabeza precisamente con su arma - la joven conocía la fuerza y la potencia del kanabo pero no entendía a lo que se refería Viktor.
  Responder


Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)