29-01-2024, 12:15 AM
Día 83-84 - Otoño - Año 11
Me desperté por la mañana, con la salida del sol. Era un día tranquilo, templado, lo normal para ser otoño. Llevaba unos días ya en la isla, y el cuerpo me pedía salir a buscar nuevas aventuras.
Aproveché la tranquilidad de la mañana y salí a despejarme, haciendo algo de ejercicio para empezar el dia activo. Mi entrenamiento se baso en algunos ejercicios de aclimatación del cuerpo, y una vez dado, algunos ejercicios básicos: flexiones, sentadillas, un poco de carrera y algunas dominadas (aprovechando la rama de un árbol que había al lado de casa).
Tras realizar el entrenamiento, volví a casa y me di una ducha y me vestí. A continuación, hice un poco de café y un bol de algunas bayas que tenía por casa para desayunar. Desayuné con calma pero sin pausa, ya que trataría de salir pronto, ya que había que aprovechar que el tiempo estaba despejado. Una vez desayunado, fui a la habitación y comencé a realizar el macuto: metí la ropa y los objetos necesarios (papiros y tinta, plumas, la brújula, mis mapas del West Blue…). A parte, hice una pequeña bolsa con la comida que quería llevar al viaje; trataba de llevar suficiente comida para unos días de viaje, pero evitando ir muy cargado.
Ya con todo listo, me fui al mapa que tenía colgado y traté de decidir el destino al que quería marcharme: las opciones principales eran Ballywood y Ohara, aunque también barajaba la opción de ir a God Valley. Tras darle algunas vueltas, decidí ir primero a Ballywood, y probablemente aprovecharía después para intentar viajar a Ohara. Listo, ya tenía el itinerario marcado. Puse a Arashikiba en mi espalda, y cogí las mochilas preparadas para el viaje. Todo estaba preparado.
Salí de casa y caminé hasta donde tenia amarrado mi bote, que estaba a unos cuantos minutos de mi casa. Llegué a la costa y me dirigí a la situación de mi barco, un pequeño puerto local, donde los vecinos de la zona dejaban sus embarcaciones. Localicé mi barco (un pequeño bote de remos, que me servía para hacer pequeños viajes entre las islas o rodear la isla si era necesario, para llegar a calas escondidas, por ejemplo). Preparé todo lo necesario: primero coloqué mi macuto y la mochila con la comida dentro del bote, además de dejar a Kiba. Desamarré y me monté, eche un vistazo al mapa para ver cuál era la ruta concreta que debía seguir, ojeé la brújula y me pude en camino. El mar parecía respetarme, sin resaca y un oleaje calmado. En esta zona de la isla no hay demasiado tráfico, aunque necesitaba desviarme a una ruta marítima más ajetreada. Con un poco de suerte no tendría demasiados percances durante el viaje.
Una vez había salido del anillo marítimo de la isla, deje los remos para descansar un poco y comprobar que todo iba bien. Cogí la carta náutica para repasar la zona por la que estaba pasando, no había nada llamativo, aunque si que algo más adelante había una zona de corrientes que sería mejor evitar. La presión era estable, no parecía que fuese haber tormenta en la zona pronto, aunque es mejor ser precavido con ello y estar atentos; con una tormenta en una zona de corrientes con este bote sería muy difícil de salir impune.
Tras un par de horas viajando (alternando entre remar y descansar aprovechando el movimiento que me daba la corriente a favor), cogí mis prismáticos y decidí otear el horizonte: al fin avisté tierra, pronto llegaría a las costas de mi destino, Ballywood.
Me desperté por la mañana, con la salida del sol. Era un día tranquilo, templado, lo normal para ser otoño. Llevaba unos días ya en la isla, y el cuerpo me pedía salir a buscar nuevas aventuras.
Aproveché la tranquilidad de la mañana y salí a despejarme, haciendo algo de ejercicio para empezar el dia activo. Mi entrenamiento se baso en algunos ejercicios de aclimatación del cuerpo, y una vez dado, algunos ejercicios básicos: flexiones, sentadillas, un poco de carrera y algunas dominadas (aprovechando la rama de un árbol que había al lado de casa).
Tras realizar el entrenamiento, volví a casa y me di una ducha y me vestí. A continuación, hice un poco de café y un bol de algunas bayas que tenía por casa para desayunar. Desayuné con calma pero sin pausa, ya que trataría de salir pronto, ya que había que aprovechar que el tiempo estaba despejado. Una vez desayunado, fui a la habitación y comencé a realizar el macuto: metí la ropa y los objetos necesarios (papiros y tinta, plumas, la brújula, mis mapas del West Blue…). A parte, hice una pequeña bolsa con la comida que quería llevar al viaje; trataba de llevar suficiente comida para unos días de viaje, pero evitando ir muy cargado.
Ya con todo listo, me fui al mapa que tenía colgado y traté de decidir el destino al que quería marcharme: las opciones principales eran Ballywood y Ohara, aunque también barajaba la opción de ir a God Valley. Tras darle algunas vueltas, decidí ir primero a Ballywood, y probablemente aprovecharía después para intentar viajar a Ohara. Listo, ya tenía el itinerario marcado. Puse a Arashikiba en mi espalda, y cogí las mochilas preparadas para el viaje. Todo estaba preparado.
Salí de casa y caminé hasta donde tenia amarrado mi bote, que estaba a unos cuantos minutos de mi casa. Llegué a la costa y me dirigí a la situación de mi barco, un pequeño puerto local, donde los vecinos de la zona dejaban sus embarcaciones. Localicé mi barco (un pequeño bote de remos, que me servía para hacer pequeños viajes entre las islas o rodear la isla si era necesario, para llegar a calas escondidas, por ejemplo). Preparé todo lo necesario: primero coloqué mi macuto y la mochila con la comida dentro del bote, además de dejar a Kiba. Desamarré y me monté, eche un vistazo al mapa para ver cuál era la ruta concreta que debía seguir, ojeé la brújula y me pude en camino. El mar parecía respetarme, sin resaca y un oleaje calmado. En esta zona de la isla no hay demasiado tráfico, aunque necesitaba desviarme a una ruta marítima más ajetreada. Con un poco de suerte no tendría demasiados percances durante el viaje.
Una vez había salido del anillo marítimo de la isla, deje los remos para descansar un poco y comprobar que todo iba bien. Cogí la carta náutica para repasar la zona por la que estaba pasando, no había nada llamativo, aunque si que algo más adelante había una zona de corrientes que sería mejor evitar. La presión era estable, no parecía que fuese haber tormenta en la zona pronto, aunque es mejor ser precavido con ello y estar atentos; con una tormenta en una zona de corrientes con este bote sería muy difícil de salir impune.
Tras un par de horas viajando (alternando entre remar y descansar aprovechando el movimiento que me daba la corriente a favor), cogí mis prismáticos y decidí otear el horizonte: al fin avisté tierra, pronto llegaría a las costas de mi destino, Ballywood.
