22-01-2024, 01:55 PM
Día 26 de Otoño del año 11.
Corriente Daiya, en medio del mar.
10:00 a.m.
Había pasado toda la noche sin dormir tras lo sucedido en isla Toko, no podía aguantar más la desesperación de pensar en todo lo que podría haber hecho y no hizo. Lamentándose una y otra vez por la perdida de sus compañeros.
Hacía ya tiempo de su juramento y promesa de proteger a los Shogun gari, y había fracasado completamente.
Tenía que cambiar, no podía seguir como hasta ahora, tenía que hacer un punto y aparte en su trayectoria, o los acabaría perdiendo a todos.
Salió a la cubierta del barco, y sin decir nada más, expresó con un tono muy serio;
- Volveré pronto... - Sin poder mirar a la cara a sus compañeros, alzó el vuelo en busca de algún islote que se encontrase por el camino.
< Soy inútil, inútil, inútil, ¡¡INÚTIIIIIL!! > Volaba con toda su rabia contenida. Lágrimas brotaban sin parar de sus ojos. Aleteaba y volaba cada vez más rápido, sin un rumbo fijo, siguiendo la trayectoria que seguiría el barco, para no perderse al volver.
Tras unos minutos de vuelo frenético, encontró un pequeño islote de apenas 10 metros cuadrados. En cuanto lo vio, dirigió toda su furia hacia él, cayendo completamente en picado y estampándose de lleno con la piedra. Quería castigarse, quería sentir más dolor físico que el que sentía en su corazón. Era imposible. El golpe lo único que hizo fue deshacer en múltiples pedazos líquidos de magma al lunarian. El cual se fue reconstruyendo lentamente en sí mismo, sentado en el suelo, hecho una bola, llorando.
Tras unos minutos de llantos, la rabia volvió a salir. Explotó. Literalmente, varias veces, llenando el islote de magma rojo y radiante.
AAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHHG
Empezó como un loco a golpear el suelo de roca y a expulsar cada vez más y más magma. Toda la rabia contenida contra Finn y contra Kuraku mismo por no poder haber hecho nada, estaba saliendo a la luz, en forma de explosiones y golpes magmáticos. Se tiró un buen rato peleándose contra el suelo, tanto, que perdió la noción del tiempo. Tras su batalla contra el islote, quedó tumbado, mirando al cielo, completamente agotado, tanto física como mentalmente. A su lado, trozos de roca incandescente descansaban tras ese rato de locura que había sufrido Kuraku. El chico, al girarse, vio que había quedado una roca pequeña, ligeramente afilada. La cogió sin dudar, y se la clavó en el pecho. Atravesando este, sin transformarlo en lava.
De la herida, brotó algo de sangre, no demasiada, pues la herida tampoco había sido nada de lo que preocuparse.
Kuraku seguía tumbado en el suelo, cuando agarró la improvisada daga hecha de piedra con su mano derecha y la levanto frente a su cabeza. Cerró los ojos y la acercó lentamente a su sien.
< Es la última oportunidad, si caen ellos, yo caeré también. Renazco entre los supervivientes de los Shogun Gari como un nuevo Lunarian. Un nuevo Kuraku... >
[...]
Le costó, pero encontró el Frog Guild navegando por el mar. Aterrizó sin mucha dificultad, y se sentó agotado al lado del mástil, esperando no haber asustado a nadie por su llegada. No quería llamar la atención del resto de sus compañeros, pero si alguno se acercaba a ver como se encontraba, encontrarían un nuevo compañero. No se trataba del antiguo Kuraku, sino de un nuevo Lunarian, completamente mentalizado y reformado. Seguro de sí mismo y del servicio que les prestaría a la banda. No caería nadie más. NADIE.
El nuevo Kuraku

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