Día 25 de Otoño del año 11.
Pueblo Kakutasu - Zona central.
07:50 a.m.
Aurora se encontraba en el carajo del barco, su mirada dirigida al cielo, ya descansada y mentalizada. Se sentía fuerte después de estos días de entrenamiento; estaba segura de que, si tuviera que enfrentarse a Naibe ahora mismo, la superaría en todos los aspectos. Además, las cosas con Garnet comenzaban a mejorar, lo que repercutía indirectamente en su confianza. El barco estaba tranquilo; Sage estaba sentado contra la pared, leyendo sus libros de mitología; Tobias estaba estirado en el suelo junto a Kuraku con el sombrero sobre los ojos, parecía que eran buenos amigos; Ariel y Sasha estaban riendo mientras Garnet hacía el tonto, y Gronn estaba tranquilamente leyendo junto a Sage. Aurora se sentía en casa.
Después de los acontecimientos en la mina y al ver cómo esta gente se entregaba por los mismos valores que sus padres le inculcaron desde que era una cría, Aurora no dudó ni un segundo en aceptar la oferta de Garnet y unirse a esta tripulación. Suspiró, mirando al cielo, y susurró: "Tenías razón, madre, como siempre." Una sonrisa se dibujó en su rostro, y volvió a susurrar: "He encontrado a mi manada."
Aurora se acomodó para dormir en el carajo. Estaba acostumbrada a descansar sobre cierta altura, dada su crianza junto a los Onis. Normalmente todo era de un tamaño colosal para ella, y con el tiempo, le cogió el gusto a dormir bastante por encima del suelo. Se estiró mientras bostezaba y, con un ágil salto, se puso de pie. Transformándose en águila, descendió hacia la cubierta del barco. Era un día precioso, pero ahora debía hacer su trabajo dentro de la tripulación. Era hora de desayunar algo.
Aurora llegó a cubierta y cambió a su forma humana. Observó la escena: Sage estaba sentado contra la pared, Tobias descansaba en el suelo junto a Kuraku, Ariel y Sasha reían mientras Garnet hacía malabares, y Gronn estaba concentrado en su lectura. Poniendo su mano en el pomo de la puerta, saludó a Gronn y Sage con una inclinación de cabeza y se encaminó hacia la cocina. Allí, recogió tomates, cebollas, algo de atún que Ariel había cazado, y comenzó a picar los ingredientes para una ensalada. Mientras mezclaba todo con aceite, sal, pimienta y limón, recordó que, de alguna manera, les agradaba el limón. Incluso tenían un limonero que había visto a Sasha regar cada día. Acto seguido, preparó zumo de naranja y café, encendió el fogón y tomó carne de la presa cazada con Ariel para cocinarla a fuego lento, dejándola en el punto perfecto para la gyojin. Le encantaba cuando la carne solo estaba pasada por la sartén.
Con todos los platos en las manos y uno más grande para Sasha sostenido sobre la cabeza, Aurora regresó ágilmente a cubierta del barco, llamando a sus compañeros. "Chicos, hora de comer". Entregó un plato a cada uno, y mientras se sentaban a comer, Aurora sacó su violín, un hermoso instrumento negro con cuerdas doradas que le regaló el tabernero tras su concierto con Garnet. Ahora que se sentía como en casa, recordó la canción de la tribu Sardana, los orgullosos Onis indomables del bosque, y eso precisamente le recordaba este grupo a Aurora. Eran como Onis indomables que velaban por la gente y solo deseaban ser libres. Colocó su violín sobre su cuello y dejó que sus manos danzaran con el instrumento, evocando recuerdos de cuando era solo una niña y su padre le dio su primera lección de lucha.
Canción que toca Aurora
"Lo primero son los puños, lo segundo la postura y lo más importante, el valor" le decía su padre. Echaba muchísimo de menos a Krum "Las mujeres Sardana son las más duras del mundo, ningún Oni es más duro que un Sardana. Recuerda eso, hija mía". ¿Qué estaría haciendo su madre ahora? "No te entiendo, Ulf, pero eres la persona más testaruda que he conocido". ¿Y Bjron? ¿Qué estaría haciendo su hermano ahora? No se llevaban bien del todo desde la muerte de Krum, incluso Aurora acabó con una cicatriz hecha por su propio hermano en un momento de tensión familiar. A pesar de todo, también lo echaba de menos. Mientras seguía tocando, cerró los ojos, dejándose llevar por la música, y para su sorpresa, en su mente comenzaron a aparecer las caras de sus compañeros, su manada. Estaba en casa.
Pueblo Kakutasu - Zona central.
07:50 a.m.
Aurora se encontraba en el carajo del barco, su mirada dirigida al cielo, ya descansada y mentalizada. Se sentía fuerte después de estos días de entrenamiento; estaba segura de que, si tuviera que enfrentarse a Naibe ahora mismo, la superaría en todos los aspectos. Además, las cosas con Garnet comenzaban a mejorar, lo que repercutía indirectamente en su confianza. El barco estaba tranquilo; Sage estaba sentado contra la pared, leyendo sus libros de mitología; Tobias estaba estirado en el suelo junto a Kuraku con el sombrero sobre los ojos, parecía que eran buenos amigos; Ariel y Sasha estaban riendo mientras Garnet hacía el tonto, y Gronn estaba tranquilamente leyendo junto a Sage. Aurora se sentía en casa.
Después de los acontecimientos en la mina y al ver cómo esta gente se entregaba por los mismos valores que sus padres le inculcaron desde que era una cría, Aurora no dudó ni un segundo en aceptar la oferta de Garnet y unirse a esta tripulación. Suspiró, mirando al cielo, y susurró: "Tenías razón, madre, como siempre." Una sonrisa se dibujó en su rostro, y volvió a susurrar: "He encontrado a mi manada."
Aurora se acomodó para dormir en el carajo. Estaba acostumbrada a descansar sobre cierta altura, dada su crianza junto a los Onis. Normalmente todo era de un tamaño colosal para ella, y con el tiempo, le cogió el gusto a dormir bastante por encima del suelo. Se estiró mientras bostezaba y, con un ágil salto, se puso de pie. Transformándose en águila, descendió hacia la cubierta del barco. Era un día precioso, pero ahora debía hacer su trabajo dentro de la tripulación. Era hora de desayunar algo.
Aurora llegó a cubierta y cambió a su forma humana. Observó la escena: Sage estaba sentado contra la pared, Tobias descansaba en el suelo junto a Kuraku, Ariel y Sasha reían mientras Garnet hacía malabares, y Gronn estaba concentrado en su lectura. Poniendo su mano en el pomo de la puerta, saludó a Gronn y Sage con una inclinación de cabeza y se encaminó hacia la cocina. Allí, recogió tomates, cebollas, algo de atún que Ariel había cazado, y comenzó a picar los ingredientes para una ensalada. Mientras mezclaba todo con aceite, sal, pimienta y limón, recordó que, de alguna manera, les agradaba el limón. Incluso tenían un limonero que había visto a Sasha regar cada día. Acto seguido, preparó zumo de naranja y café, encendió el fogón y tomó carne de la presa cazada con Ariel para cocinarla a fuego lento, dejándola en el punto perfecto para la gyojin. Le encantaba cuando la carne solo estaba pasada por la sartén.
Con todos los platos en las manos y uno más grande para Sasha sostenido sobre la cabeza, Aurora regresó ágilmente a cubierta del barco, llamando a sus compañeros. "Chicos, hora de comer". Entregó un plato a cada uno, y mientras se sentaban a comer, Aurora sacó su violín, un hermoso instrumento negro con cuerdas doradas que le regaló el tabernero tras su concierto con Garnet. Ahora que se sentía como en casa, recordó la canción de la tribu Sardana, los orgullosos Onis indomables del bosque, y eso precisamente le recordaba este grupo a Aurora. Eran como Onis indomables que velaban por la gente y solo deseaban ser libres. Colocó su violín sobre su cuello y dejó que sus manos danzaran con el instrumento, evocando recuerdos de cuando era solo una niña y su padre le dio su primera lección de lucha.
Canción que toca Aurora
"Lo primero son los puños, lo segundo la postura y lo más importante, el valor" le decía su padre. Echaba muchísimo de menos a Krum "Las mujeres Sardana son las más duras del mundo, ningún Oni es más duro que un Sardana. Recuerda eso, hija mía". ¿Qué estaría haciendo su madre ahora? "No te entiendo, Ulf, pero eres la persona más testaruda que he conocido". ¿Y Bjron? ¿Qué estaría haciendo su hermano ahora? No se llevaban bien del todo desde la muerte de Krum, incluso Aurora acabó con una cicatriz hecha por su propio hermano en un momento de tensión familiar. A pesar de todo, también lo echaba de menos. Mientras seguía tocando, cerró los ojos, dejándose llevar por la música, y para su sorpresa, en su mente comenzaron a aparecer las caras de sus compañeros, su manada. Estaba en casa.
