Viktor
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1 de Otoño, Año 11
Pueblo Kakutasu, Isla Toko, Corriente Daiya - 10:20 a.m.
Ya había pasado tiempo desde que Joe y yo nos separamos. Escuché por el pueblo que estaba bien, cosa que me tranquilizaba, después de como había acabado todo. Me preocupaba que después de lo que había sufrido en la aventura contra los Dalton no hubiera sobrevivido a las heridas, pero tampoco podía llevarlo al barco de los Marines en el estado que estaba. Hubiera sido sospechoso de ser el causante y no las tengo todas conmigo de que el propio Joe fuera indulgente conmigo. Yo no lo hubiera sido. No creo que lo hubiera merecido. Sin embargo, aunque las cosas entre nosotros estuvieran tirantes, sentía que debía una explicación, así que conseguí que uno de los muchachos que frecuentaban el comedor del motel le llevara una carta por unos cuantos berries. Esta rezaba así:
Cita:Eh, marine.
He oído que tus heridas van mejor. Creo que hay cosas que hablar.
La última vez creí que era mejor dejarte y meditar todo lo que pasó. Yo también tenía que hacerlo.
Me marcho de la isla, seguramente para siempre y antes quiero dejar las cosas claras.
Reúnete conmigo a las 11:30 y zanjemos todo lo que tenemos pendiente, te dejo ubicación.
V.
— Muchacho, ven, acércate. — dije al chaval, que se acercaba corriendo con cara de ilusión — ¿Has visto el barco de Marines del puerto? Si me llevas esta carta allí, esto es tuyo. — propuse al mocoso de unos 12 años enseñándole la carta y unas monedas que bien podrían ser una pequeña propina que le motivara a hacer el trabajo. Este cogió la carta y el dinero para, tras asentir con energía y salir corriendo, supongo, directo hacia el puerto. Una vez entregada al chaval, dejé mi desayuno a medio terminar. Supongo que tenía el estómago cerrado porque sabía que sería una conversación amarga y que ni siquiera el humor sarcástico que me caracterizaba. Salí del local, con mi abrigo al hombro, sujetado con mi mano derecha y Shimei Kaeru en el cinturón, en mi lado izquierdo. El día era húmedo y comenzaba a dar pequeños destellos de lo que el Otoño nos deparaba: lluvias y frío. Quizás más por ahora de la primera, pues el cielo comenzaba a volverse oscuro, oculto por un manto de nubes negras que amenazaban con lluvias y tormenta. Casi una manera que tenía la misma isla de amenazar con lo que se avecinaba. De camino a un lugar que preferiría no pisar jamás, pero era necesario para, de una vez por todas, cortar el último lazo que me quedaba con el lugar y cerrar el círculo.
De una vez por todas.
Joe
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Poco a poco el tiempo en isla Toko fue descendiendo. A pesar de ser una isla cálida, con los bastos parajes desérticos, se notaba un poco la llegada del otoño que recién estaba entrando. Llevaba unos cuantos días relajado, tranquilo, descansando en el hostal, saliendo a pasear de vez en cuando para tomar el aire y hablar con los vecinos de allí. Aquella misión realmente me dejó tocado, fue un auténtico infierno. De vez en cuando me llevaba la mano a la herida que Viktor me hizo a traición. A pesar del paso del tiempo, seguía confuso, realmente me traicionó, luego luchó contra Blackmore mientras yo intentaba matar con mis propios puños a la jirafa, la cual, se inmoló, intentando llevarme con ella al otro mundo, pero parece ser que no fue el resultado que quería.
A partir de ese momento, no recuerdo nada. Solo despertarme en el barco que llegó ese mismo día, atendido por los médicos de la Marina, los cuales me dijeron que aparecí allí por "arte de magia", pero yo sé que esa magia no existe. No quise decir nada, solo reposar y recuperarme era mi prioridad, y así poder estar con mis compañeros, era lo que más me apetecía. Decidí ir a visitar a los marines de aquel barco, en modo de agradecimiento, les llevé unos bentos de comida hecha por mí, con ingredientes típicos de Toko y una botella del mejor sake del lugar. Quizás esto último no era muy buena idea, pero no podía pensar en que todo el mundo se pone hasta arriba cuando bebe, también hay gente que sabe poner freno o con un solo trago le basta. Aun con esas, llegué, les di su regalo para agradecerles todo. Charlamos un pequeño ratito en general de varios asuntos, cuando de repente, una voz de lo que parecía ser un crío pequeño, sonó en la arena de la playa - ¡Hola, vengo a entregar una carta a los marines! - Me asomé para verificar que estaba en lo cierto. De un salto, bajé al suelo y le pregunté al niño - Hola jovencito, dime ¿Quién te ha dado la carta? - le pregunté mientras tendía la mano para recoger el papel que portaba - Me lo dio un hombre con el pelo blanco y una herida en la cara mientras desayunaba ¡Tenía un abrigo enorme a su lado, el tío! - Dijo mientras me ofrecía la nota. En ese momento, no dude ni un segundo en que se trataba de Viktor, la descripción coincidía. Abrí la nota y leí detalladamente:
Cita:Eh, marine.
He oído que tus heridas van mejor. Creo que hay cosas que hablar.
La última vez creí que era mejor dejarte y meditar todo lo que pasó. Yo también tenía que hacerlo.
Me marcho de la isla, seguramente para siempre y antes quiero dejar las cosas claras.
Reúnete conmigo a las 11:30 y zanjemos todo lo que tenemos pendiente, te dejo ubicación.
V.
Sin duda alguna, era el - Muchas gracias, jovencito. Ten - Me saqué de mi bolsillo un billete de 5 berries y se lo di - Ves a comprarte algo chulo - El niño se fue por donde vino pegando saltitos. Avisé a los del barco que me tenía que ir a hacer unas cosas y abandoné el barco, dirigiéndome a la ubicación que la nota ponía.
De repente, aquel primer día de otoño empezó a parecer mucho más a eso, al propio otoño. El olor húmedo de la lluvia y tormenta que se avecinaba era demasiado claro para mi olfato, el viento soplaba con algo más de fuerza, levantando nubes de polvo por toda la isla, dificultando el caminar por cualquier sitio. Pero me daba igual, caminé decidido hacia aquel sitio, con mi uniforme de Marine, y debajo de la ropa, un vendaje que me recordaba lo que Viktor me hizo tiempo atrás, donde traicionó su propia palabra y honor por un mero premio. Tenía muchas cosas que decirle, y no me iba a quedar callado.
Aquí sigo siendo el Joe con barbita, puesto que mi cambio fue el día 3 de otoño
Viktor
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Durante mi camino hacia el punto de reunión, el tiempo comenzó a empeorar. La tormenta, que hace una hora parecía verse distante y hacernos sentir única y exclusivamente sus fríos vientos de manera sutil, se convirtió en un amenazante horizonte negro que presagiaba un temporal. Tardé poco tiempo en llegar al lugar indicado, apenas unos veinte minutos desde mi posición y tuve tiempo de observar el lugar con calma. Me preguntaba cuanta gente habría pasado por allí sin saber realmente qué había pasado, de donde había salido aquello. Casi era desolador pensar en tantas vidas. El tiempo pasaba lento y los minutos de espera se hicieron eternos, sentado sobre un tronco al borde de la loma que daba a la árida explanada. Era la hora indicada y el lugar indicado.
Esperé a Joe un poco más atrás, en el lugar citado y, tal como esperaba de un reputado marine como él, llegó justo a la hora. Ni pronto, ni tarde. Justo a la hora indicada. Yo lo esperaba de pie, apoyado sobre uno de los caducos árboles de la zona, a escasos metros de la loma que tapaba por completo la visión de la explanada. Vi como el fornido Marine se acercaba con cara de pocos amigos, ataviado con su uniforme reglamentario, y así mis sospechas se confirmaron: esto no sería una conversación animada. — Hey, hombre siseante. ¿Cómo lo lleva el brazo de la ley y el orden? — saludé, quitando hierro, ofreciendo en todo momento mi perfil izquierdo al Marine, mirando de reojo y alternando la vista hacia él y hacia la loma. — Mira, esto se me da fatal y no voy a adornarlo: no salió bien. Bueno, no salió como esperaba. — comencé disculpándome a mi pobre manera — Quise hacer ver que me enfrentaba a ti y hacerlo creíble para llevarnos la fruta, pero... no fue buena idea. — proseguí invitándolo a seguirme en dirección a la loma de unos cinco o seis metros con mi mano izquierda. — En su día te dije que no sabía disculparme, pero que sabía cavar, y también que buscaba encontrar a mi familia... — continué mientras comenzaba el ascenso, esperando que me estuviera siguiendo. — La razón es porque yo ya tuve una familia. Y tuve que cavar. — explicaba justo cuando llegábamos al borde de la loma y se podía vislumbrar por primera vez la explanada. — Una por cada uno de mis hermanos que me traicionaron. — dije mirando hacia la explanada — No soy un traidor. — sentencié mirando a Joe directamente por primera vez, con el gesto más serio que había puesto desde aquel fatídico día, revelando la cicatriz que cruzaba mi cara desde mi pómulo derecho hasta la frente, cruzando por encima de mi ojo derecho.
Ante nosotros se reveló la explanada y pudimos contemplar juntos el dantesco escenario que se dibujaba ante nosotros. Una enorme y árida zona con más tumbas de las que las manos podían contar, todas ellas adornadas con cruces maltrechas hechas con palos arrancados de los árboles aledaños. El paisaje revelaba un triste y tétrico cementerio de cazadores de piratas, el único recuerdo que quedaba sobre los mares de Ebony Shard, el gremio de cazarrecompensas que me vio nacer como cazador. Y ante la, casi terrorífica visión, no pude hacer más que callar y esperar a que Joe respondiera, fuera como fuera, pues estaba dispuesto a recibir cualquier contestación. Me gustara... o no.
En el caso de Viktor, continúa teniendo el abrigo clásico azul, pero muy muy desgastado por el combate. Si que tiene su cicatriz reciente en el ojo derecho.
Joe
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No paré de andar. Ni un solo paso dejé de dar. El tiempo y clima que se posaba encima de la isla cada vez iba a peor, era realmente amenazante y podía llegar a complicarse en cualquier momento, pero me daba igual, no pretendía parar hasta que Viktor me dijera lo que quisiera decirme, no se iba a ir de Toko sin al menos darme una explicación.
Me estaba acercando a la ubicación de aquella carta, cosa que pude confirmar al ver delante de mí a Viktor, apoyado en un árbol con un aspecto viejo y apagado, detrás de él, una loma que nacía de estas áridas tierras, de unos cinco o seis metros aproximadamente. Según llegaba, se percató de mi presencia, pero sin hacer contacto físico prácticamente, solo moviendo la mirada y no la cabeza, solo mostrando su lado izquierdo de la cara. Parece ser que estaba de humor, o al menos eso es lo que pretendía, usando sus chascarrillos comunes y clásicos, al igual que hizo hace unos cuantos días cuando nos jugábamos la vida - Lo llevo. Que no es poco, y de milagro - Dije seriamente y con sarcasmo. Comenzó a disculparse - a su manera - revelando ante mí el plan que tenía en mente, un plan un poco estúpido y que pensó sin las consecuencias que esto podía traer, que realmente trajeron - No es muy buena idea traicionar la confianza de alguien que está de tu lado - Le dije mientras me indicaba para subir la loma, cosa que, aun con mi enfado, hice por mera educación. Acto seguido, volvió a sacar el tema de que se le daba muy bien cavar, cosa que comprobé cuando me ayudo con Minato y Taka; y que quería una familia.
El giro de los acontecimientos era algo que no me esperaba. Revelándome que él ya tuvo una familia, y tuvo que cavar, ante mí se postró un paisaje desolador. Una explanada llena de tumbas, las cuales a primera vista se notaba que no era en sí un cementerio como tal o algo similar, sino más bien, un cementerio improvisado, un sitio válido en el que poner a descansar a todas aquellas personas que no tenían un sitio a donde ir, como Minato o Taka. Ante esta escena, Viktor añadió que tuvo que cavar por cada uno de aquellos que lo traicionaron, finalizando que él, no es un traidor. Todavía no empezó a caer una gota del cielo, aproveché, y me saqué un cigarrillo de mi cajetilla metálica, y me lo encendí con mi zippo de estampado de pulpo. Viktor se quedó mudo, y yo me limité a colocarme aquel filtro con tabaco en la boca.
- No me creo que no dudes de si eres un traidor o no - me crucé de brazos, mientras observaba aquel triste y frio paisaje - Si lo fueras, dime, ¿tendrías que haber acabado en una de esas? - Me levanté la parte superior del uniforme de marine, revelando así el vendaje de aquel corte que me hizo - Esto de aquí es mi motivo para pensar que lo eres - Volví a bajarme la ropa y colocármela bien. Me llevé la mano al cigarro - Pero... - le di una calada con calma y proseguí hablando - ... No tienes por qué pedirme perdón tampoco. Al fin y al cabo, lo que pasó fue porque yo te pedí ayuda. Te recuerdo que aquello era cosa mía y de la Marina. Solo que el destino fue caprichoso con el interés de ambos, juntándolos en el mismo sitio - Miré de reojo a Viktor mientras seguía fumando.
- Y ahora, ¿qué vas a hacer? -
Viktor
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Joe desaprobaba mis acciones. Ya me lo había dejado más que claro. Tras seguirme y observar las tumbas de mi antiguo gremio, el Marine se continuaba el debate de si yo era un traidor, cuestionándome si yo debería estar ahí. Ni siquiera supe qué contestar. Por una parte, si todos esos hombres estaban bajo tierra era porque yo no lo era. Porque habían decidido seguir una senda deshonrosa y pasar de ser reputados cazadores de recompensas a mercenarios sin escrúpulos que matarían cualquier cosa; hombre, mujer o niño; si la paga era buena. No sé hasta qué punto yo estaba dispuesto a tanto por conseguir mis objetivos. Por otra parte, si fuera como ellos, supongo que jamás habría desentonado entre sus filas y jamás hubiéramos llegado a esta situación. Joe continuó enseñando sus heridas, aún por cicatrizar, para finalizar diciendo que no tenía que disculparme. Que todo había sido una jugada del destino que puso en el mismo sitio los dos premios para dos personas distintas.
Tras dar una calada más a su cigarrillo, el Marine me miró de nuevo por el rabillo del ojo y preguntó cuál sería mi siguiente objetivo. Giré de nuevo mi cuerpo hacia el cementerio de cazadores, mirando a todos lados y a ninguno, mientras suspiraba profundamente mientras las primeras y más tímidas gotas de lluvia comenzaban a bañar el terreno. El olor a tierra húmeda comenzó a hacerse presente, aunque seguro que el bueno de Joe había sido capaz de detectarlo hace tiempo. Las nubes negras que parecían amenazar con tormenta hace rato habían llegado hasta Toko y pretendían quedarse. — ¿Quién sabe? Salir al mar, buscar objetivos... Comenzar a cazar a quienes sí lo merezcan. —dije cogiendo ritmo poco a poco. — Tengo un barco, ¿sabes? Un velero precioso. — continué volviendo mi mirada al Marine — Y ahora tengo a alguien que lo maneje. Un viejo conocido tuyo. Al final di con él. — finalicé, volviendo de nuevo hacia las tumbas. — ¿Y tú? ¿Te llevas a los pajaritos contigo? — devolví la pregunta, sin dejar de mirar al horizonte, como si tratara de no perder un hilo que ni siquiera sabía si había enhebrado. La lluvia se intensificaba y a lo lejos, en el mar, se podían divisar algunos rayos en el negro cielo. Parece que al final habrá tormenta, pensaba mientras los sonidos de truenos comenzaban a hacerse más fuertes.
Joe
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No me sentaba mal decirle lo que pensaba a Viktor.
¿Pensaba realmente que era un traidor? No. ¿Quizás, su intento de ganar aquella situación no fue el más acertado? Posiblemente. En cualquier caso, estaba claro que era una persona a la que le costaba reconocer las cosas, no por no sentirlas, sino por no querer parecer vulnerable, al menos, esa era mi sensación. Pero una parte de mí, quería ver hasta donde era capaz de llegar el peliblanco, ver si aquellos sueños y deseos que me comentó eran reales, o una falsa pared que puso para que me estampara contra ella.
Tras mi pregunta al cazador sobre cuál sería su futuro, miré al cielo. Era inminente, el olor a humedad y lluvia era demasiado grande como para ignorarlo. Le di una calada al cigarrillo y en efecto, comenzaron a caer las primeras gotas, así que decidí tirar al suelo aquel filtro con tabaco, y dejar que él solo se apagase por el agua. Viktor me comentó que saldría al mar para dar caza a los que de verdad se lo merecen, alegando que tenía a su disposición un velero para partir con el - Me alegra escuchar que harás eso - Le dije mirando aquel sitio repleto de tumbas. Para mi desgracia, terminó confirmando que conoció a Sohem, había logrado dar con él, y, suponía que se irían juntos por sus palabras. No pude evitar hacer una corta y leve sonrisa nasal al escucharlo - Sé... calienta demasiado rápido, así que... te deseo buena suerte con él, la necesitarás - Contesté en un cierto tono sarcástico. A continuación, preguntó sobre si me llevaría a los pajaritos conmigo. No sé si era por el momento o mi estado de ánimo, pero supongo que se refería a mis compañeros - Por supuesto. Estamos descansando de momento en Toko. En unos días me pondré en contacto con alguna base, para ver como salimos de aquí y si nos pueden ayudar - Suspiré mientras me crujía el cuello hacia ambos lados - Demasiadas heridas que curar, tanto yo como mis compañeros. Pero en cuanto podamos, seguiremos avanzando - Volví a mirar aquel descampado lleno de tumbas, recordándome totalmente a Minato, y en cierta manera a Taka, en lo rápido que todo puede acabarse para alguien, incluso pensando, que el siguiente podía ser yo.
La lluvia cada vez era más intensa, el cielo a lo lejos se ponía totalmente más feo, amenazando con traer una tormenta. Giré la cabeza para mirar a Viktor - Puede ser que, no seamos tan diferentes al fin y al cabo - Miré de nuevo al cementerio improvisado - ¿Con qué una familia... eh? -
Viktor
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17-01-2024, 10:37 PM
(Última modificación: 17-01-2024, 10:38 PM por Viktor.)
Decir que Sohem se calentaba era un eufemismo irónico, aunque no me importaba demasiado, teniendo en cuenta que yo era más bien... frío. El Marine dijo que esperarían un tiempo en la isla. Tenían que reagruparse, curarse y recibir órdenes. A veces se me olvidaba que Joe era un Marine y todo lo que significaba eso. Estar supeditado a órdenes, tener que ir donde te manden y no poder rechistar. No sé si eso era una vida para mí. Ni siquiera sé si lo es para alguien.
Parecía que las tumbas de mis antiguos camaradas habían llamado de cierta manera la atención de Joe que estaría seguramente intentando dilucidar todo lo que pasó para que aquel lugar acabara así. Mientras comenzaba a llover cada vez con más y más fuerza sobre nosotros, la luz se fue apagando y el ambiente se volvió poco a poco más húmedo y frío. Joe dijo que quizás no éramos tan distintos y eso me sacó del pequeño trance en el que me encontraba y volví en mí, girando ciento ochenta grados y dando la espalda a las tumbas. — Antaño Ebony Shard, después mi familia adoptiva, y finalmente polvo bajo la tierra. — contesté, seco, a un paso entre medias de la tristeza y el resentimiento. — Polvo eres y en polvo te convertirás. Si el demonio conduce... ya sabes a dónde vas. — dije mientras comenzaba a andar en dirección al pueblo — Cuídate, Marine... — me despedí alejándome con paso lento hasta detenerme a unos metros — Sigues teniendo un aliado... si lo quieres. — finalicé, mascullando levemente las últimas palabras, para andar y no parar de nuevo, camino a Kakutasu, a buscar a mi nuevo binomio para partir, si todo estaba listo, y marchar de Toko de una vez por todas.
Al final, solo quedaban algunos preparativos que hacer a mi nuevo barco y... quién sabe. El límite es el cielo.
Por mi parte, y a no ser que sea necesario, este Fic termina con tu siguiente post. Ha sido un placer compartir este pequeño arco con Joe y aunque hayan acabado regular, tengo fe en que volverán a formar equipo. Gracias, Joe.
Joe
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Finalmente, la lluvia estaba cayendo encima de nosotros.
Tras mi comentario, Viktor se giró 80 grados, como si quisiera de una vez olvidar y dejar atrás el pasado, diciendo un nombre, Ebony Shard, algo sobre una familia adoptiva y luego, suponía, una mención a lo que tenía tras su espalda. Comenzó a marchar, mientras que citó algún tipo de poesía o refrán, a la vez que su tono era de tristeza completa. No sabía a ciencia cierta que podría estar refiriéndose, pero sí que, de alguna manera, podía sentir su dolor.
Se despidió de mí sin mirarme, pidiendo que me cuidase, y que, si el caprichoso destino volvía a jugar con nosotros y pudiera realizar un encuentro futuro, contaba con un aliado si así lo quería. Me llevé la mano al bolsillo de mi camisa de marine, para coger de nuevo la cajetilla de cigarrillos - Buen viaje, cazador - Dije sacando uno de aquel recipiente metálico - Si en un tiempo nos volvemos a ver y necesitas ayuda, cuenta conmigo - terminé de decirle en un tono alto para que pudiera escucharme, pues el peliblanco no se detuvo ni un momento, decidido a seguir su camino.
Con mi zippo con estampado de pulpo, me encendí el cigarrillo y le pegué una calada para, acto seguido, con la mano y el brazo bajado, taparlo de la lluvia y evitar que se mojara, mientras contemplaba una última vez aquel escenario, pensando en mil cosas que se me pasaban por la cabeza. Pero la más importante de ellas, eran mis compañeros, por los cuales me sentía muy afortunado de tener a mi lado. Me crují el cuello hacia el lado derecho, y, quizás por algún movimiento de más, noté cierto escozor en la herida que me hizo Viktor - No está curada del todo - Suspiré.
Me di media vuelta para abandonar aquel lugar y dirigirme de nuevo al pueblo, empezaba a llover cada vez más y corría la posibilidad de que el tiempo se volviera aún más inestable. Había que curar heridas, y seguir adelante. Tal y como mi amigo Viktor iba a hacer.
Este pasado queda cerrado.
Un placer haber podido rolear con Viktor y crear una trama interesante, con ganas de ver que pasará en el futuro. Nos vemos, sargento hemorragias
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