[Ave. Recolección] - Esto es lo mejor que hay
#1
Día 29
Año 11 - Verano
14:27

Toroa realmente es un lugar muy raro.
En Ohara ya me costaba encontrar ciertas cosas para mis experimentos y mis tonterías. Una isla llena de cerebritos, empollones y pipiolos, aburrida, calmada, en la que nunca pasaba nada extravagante, como mucho, que alguno se cagase encima de los pantalones y otro tuviera que limpiárselo.

Cuando llegué hace unos días con el pelo arbusto a este lugar, Toroa, pensaba que la cosa iba a ser diferente, pero joder, qué putísima mierda, no tiene nada que ver con Ohara, pero realmente es igual de aburrida. Que si poesía por algún lado, que si vino de calidad, que si pijos y pijas. Yo pensaba que aquí iba a poder encontrar algo más de diversión, pero parece ser que no. Peor hay algo que a Erika Storm - Sí, yo - no se le pasa. Vengo de un sitio en el que no había ley, se jugaba sucio, se traicionaba, se apuñalaba por la espalda. En definitiva, un sitio poco recomendable para darte un puto paseo, pensaba que en mi ciudad natal, Water 7, solo pasaba eso, pero que va, nada más lejos de la realidad. Al llegar a Ohara, y pese a ser el sitio que a primera vista es lo que es, un coñazo, aún hay sitio para los negocios sucios y clandestinos. Y si Ohara los tenía, aquí iba a ser exactamente igual, solamente tenía que encontrar bien y dejarme llevar por mi instinto de macarra y ladrona. Le dije al pelo arbusto de Shoto que iba a darme una vuelta, que no me siguiera, que quería mi espacio y mi intimidad y todas esas cosas de chica para soltar cualquier excusa, y para sorpresa de nadie, me dijo que vale. Es increíble, le suda la polla todo, pero eso es bueno. Cogí a Shock, me la metí dentro de la chaqueta, y a mi izquierda, en mi hombro, el rifle que encontré en los almacenes de Ohara. Rebusqué en mi bolsa de viaje y joder, tenía muy muy pocas balas. Necesitaba reabastecerme de una buena cantidad, y por supuesto, no iba a gastarme ni un duro, ni que me sobrase. Así que hoy iba a salir a intentar recolectar cierta información que pudiera llevarme al sitio más podrido de esta isla, porque sí, incluso un lugar así tiene un sitio podrido.

Salí por la puerta del hostal, donde el pipiolo y yo nos alojamos durante estos días hasta poder salir en un barco comercial al reino de Ballywood. Eran ya casi las 3 de la tarde, había poco movimiento en la calle, supongo que todo el puto mundo estaría en su casa comiendo o donde les diera la gana, así que al menos la ciudad estaba tranquila. Me apoyé en una pared mientras me metía un chicle de fresita a la boca y observaba a mi alrededor. Al no haber mucho jaleo de gente, encontré rápidamente lo que estaba buscando: Los guardias de la isla. Hice una sonrisa de oreja a oreja, con cierto toque maquiavélico. Me acerqué a ellos con los brazos en mi espalda, haciendo mis dotes de princesa en apuros - ¡Disculpen! ¡Oh! - Rápidamente los guardas se giraron para observar mi hermosa presencia - Díganos señorita, en que podemos ayudarla - Dijo uno de ellos con mucha educación y sacando pecho. Pobrecitos, los hombres son como un libro abierto. Pero para mi sorpresa, el otro fue más espabilado - ¡Un momento! ¿Por qué va con un rifle de ese tamaño por la calle, exhibiéndolo como si de un trofeo se tratase? ¡Explíquese! - Me llevé mi dedo índice de mi mano derecha a mis labios - Pues verá, es por eso que necesito ayuda. Me lo he encontrado por ahí tirado, y quería devolverlo o entregarlo a las autoridades de mi propia mano, ¿podrían decirme donde está vuestro cuartel? - Pregunté con un tono sensual y pícaro - ¡Claro, señorita, siga recto, y en 3 manzanas a la izquierda encontrará el cuartel! - Saltó uno de ellos completamente entusiasmado, con un tono de "héroe" ayudando a la princesa en apuros - ¡Muchas gracias mi rey! No quiero quitaros tiempo, prefiero ir yo y hacerlo, podéis confiar en mí en que no haré nada - Les lancé un guiño a ambos poniendo morros - ¡Por supuesto, sin problema! - Dijo el intensito, al cual me acerqué y puse mi brazo derecho en su pecho para hablarle con cierto toque de disgusto - Es que joder, esto de ser artista es un muy duro. Hemos venido a hacer un espectáculo en la isla, y estamos con prisas porque necesitamos gran cantidad de pólvora para hacer nuestro número - Apoyé la cabeza en el intensito - Y si surgen problemas como esto del rifle, pues es tiempo perdido, pero realmente quiero cumplir como una buena ciudadana, así que lo entregaré lo primero - El compañero del intensito se inclinó un poco hacia mí con cara de duda - ¿Qué espectáculo? - Preguntó, totalmente con un tono de desconfianza de la hostia. Me incliné también hacia él, en un claro gesto de desafío mental - Uno que es secreto debido a su privacidad - Le hice una pompa con el chicle y se la estallé delante de el - Ya lo verás, coleguita, cálmate - Sin apenas tiempo, el intensito alzó la voz - ¡Puedes preguntarle a nuestro superior! ¡En el almacén tenemos pólvora incautada de contrabandistas y otro tipo de operaciones! - De repente, su compañero lo cogió del cuello con una mano y tiró hacia él, haciendo que tuviera que separarme - ¡Pero qué cojones dices, idiota! ¡Eso no puedes contarlo! - Puse cara de asombro, incluso de indefensa por estas revelaciones - ¡Oh no, no, no os preocupéis! Eso al fin y al cabo es contrabando, y mi compañía no queremos ese tipo de problemas. Preguntaré donde podemos conseguirla de una forma legal y en condiciones, gracias por su hospitalidad ¡Voy a devolver esto al cuartel, gracias chicos, sois los mejores! - Dije mirándolos y sonriendo de manera dulce mientras me alejaba de ellos dirección el cuartel. Solo para girarme totalmente y de nuevo, soltar una sonrisa de oreja a oreja completamente diabólica. ¿Lo dije o no lo dije? Erika Storm siempre consigue lo que quiere.

Avancé hacia el cuartel de los guardias de la ciudad, un edificio muy elegante, muy... "cuadrado", no sé cómo decirlo. Desde lejos se podía notar que lo era, vaya. A su lado, un almacén enorme, el cual conectaba con el propio cuartel - Vale, hay varias maneras de entrar - Pensé mirando con los ojos entrecerrados y haciendo pompas con el chicle - Bueno, venga, manos a la obra - Me metí las manos al bolsillo de mi chaqueta y entré dentro del cuartel, en la recepción. Allí había una mujercita muy guapa, parecía joven, un poco más que yo, la cual estaba detrás del mostrador mirando sus cosas de trabajo, supongo. Me acerqué completamente con actitud seria, sin un ápice de humor - Buenas tardes, vengo a traer este rifle incautado esta mañana en una redada. Al parecer uno de los vuestros se lo dejó por allí, un auténtico peligro - Dije sin mirar a la chica, la cual intentó decirme algo, pero no la dejé - No tengo todo el día, soy del cuerpo secreto de la guarda y tengo cosas más urgentes e importantes que hacer, así que por favor si fuera tan amable, ábreme la puerta del almacén, entro, dejo esto y me voy - Dije mirando hacia la puerta por la que entré, esperando la respuesta de la muchachita - Vale, pero... - Dijo con un tono bajito, tenía una voz hermosa y dulce, así que decidí girar lentamente mi cabeza para mirarla. Morena, con el pelo largo y los ojos azules cielo, era realmente MUY GUAPA, pero no podía perder el control, me mantuve firme, en mi papel de tía dura - ... Yo no puedo abrirle el acceso al almacén, señorita. Puedo llamar a un superior para que pueda atenderle, si así lo desea - Joder, me estaba dando hasta pena, era muy educada, me mordí los labios y me decidí a responderla - Podrías sí, pero realmente tengo mucha prisa, como digo soy del cuerpo secreto y tenemos cosas que hacer - Me acerqué al mostrador, poniéndome delante de su rostro, a escasos 2 centímetros, mirándola la boca - Eres una chica muy trabajadora, se te ve, quizás podría recomendarte para entrar en el cuerpo secreto, sería un ascenso por todo lo alto - La miré a los ojos de manera sensual - ¿Qué me dices? - Me estaba tirando el triple de mi vida, no sabía si realmente había un cuerpo secreto o que, pero esta chica tenía toda la pinta de llevar aquí 4 días contados y no enterarse ni del nodo - Umm... vale. Le abriré, pero con una condición - Dijo con las manos entre las piernas, completamente muerta de la vergüenza por estar mirándola - Dime, reina - le lancé una sonrisa traviesa - Solamente no diga que le abrí yo, ¿vale? No lo tengo permitido por el escaso tiempo que llevo aquí, por favor se lo pido - Agachó la cabeza, cerrando los ojos. Qué ternura me dio, realmente se la veía una buena chica que no quería problemas. Cambie mi sonrisa a una más tierna - Tienes mi absoluta palabra de que no diré nada, cariño - La chica me miró con los ojos completamente iluminados, llenos de agradecimiento, para, lo que parecía ser un panel que tenía delante - el cual yo no podía ver por el mostrador - apretó algún tipo de botón, lo que dio como resultado que la puerta metálica que había enfrente se abriera lateralmente, revelando así el paso hacia el edificio que había al lado, el almacén. La volví a mirar con ternura, y ella hizo lo mismo - Ojalá pueda entrar al cuerpo secreto del que proviene usted, sería todo un honor - Dijo ilusionada. Sentí una sensación extraña en el pecho, ¿Remordimiento? ¿Culpa? Puede ser. En el fondo de mí, este tipo de sentimientos seguían estando y aflorando, incluso con personas que acabo de conocer hace literalmente 2 minutos, pero no podía dejarme llevar. Suspiré tristemente, pensando en como se lo tomaría esta muchacha cuando supiera la verdad. Extendí mi brazo derecho para acariciar el pelo de la oreja y colocárselo - Intentaré hacer todo lo que pueda, ¿Vale, amor? - Seguido de una afirmativa con la cabeza y una bonita sonrisa de aquella chica - ¡Venga, corre! ¡Si me ven, se me cae el pelo! hihihi - Una última sonrisa y vistazo a aquel angelito y me di media vuelta para ir directa al almacén. Me sentía muy mal, y a mi cabeza solo venía aquellos comentarios que siempre me han dicho a lo largo de mi vida - ¡Por eso nadie te quiere, Erika! ¡Por eso estás sola! - Agité la cabeza, para no pensar en aquello ahora, no era el momento. Crucé la puerta, y a los 2 segundos, esta se cerró, supongo que era cosa de aquella muchachita. Que triste metafora de mi vida... yo misma cerrandome las puertas de todo. En fin, concentración, Erika.

Estaba allí, por fin. Recordé las palabras del intensito - Pólvora incautada de contrabandistas en el almacén - era bien fácil. Me di cuenta de que la puerta metálica por la que pasé también tenía cerradura para abrirla con llave. Así que me saqué el chicle de la boca, metiendo el índice y el pulgar de mi mano derecha dentro y así sacándolo con mi propia saliva, para, a continuación, introducirlo en la cerradura. Quizás no valdría de mucho, pero 5 segundos son 5 segundos, alguien de mi calaña sabe valorarlos. Me rasqué la cabeza y empecé a mirar por ambos lados de aquel sitio, acompañado por la iluminación azul clarito de las bombillas, lleno de estanterías metálicas, archivadores que contendrían información clasificada, mesas con más papeles, den den mushi, armas... Lo esperado, vaya. No veía a nadie. No escuchaba nada, deberían de ser las 15:00 más o menos, la hora de comer, quizás por eso solo vi a la muchachita en recepción, pobre, hice bien en salir a esta hora. Fui mirando de una en una cada una de las etiquetas que había por los estantes, desde luego había cosas muy suculentas para llevarme, pero no quería cargar con peso innecesario. Tarde unos buenos 10 minutos hasta que por fin encontré lo que quería: Pólvora de contrabando. Algo más ponía en aquellos papeles, como de donde procedía y todas esas mierdas que me interesaban menos tres. Fardos, paquetes, llámalo equis. Fui a coger un par de ellos cuando de repente... - ¡Donde coño está! - me caguen la puta, hay alguien aquí - ¡Te estás comiendo la cabeza mucho! - Esas dos voces, me sonaban mucho, pero no tenía tiempo para pararme a pensar. Iban a descubrirme, así que no me lo pensé mucho - Que poco me gusta esto, joder... - Dije por lo bajo. Rápidamente, me transformé en mi forma híbrida, pegando un salto hacia el techo y adhiriéndome a él, para a su vez, camuflarme totalmente para pasar desapercibida. Miré hacia abajo y vi a dos hombres. Ahora entendía por qué me sonaban sus voces de algo. Eran los dos guardas que encontré en la ciudad. El intensito y el dramas - ¡Donde está la peli azul! ¡Tiene que estar por aquí! ¡Esa novata la ha dejado entrar! - Estaba totalmente cabreado, yendo de un lado para otro, mirando todos y cada uno de los rincones de este lugar - Venga anda, si ha entrado es hace unos minutos, estaría aquí, y como ves no hay nadie, la novata te ha gastado una broma - Mi camuflaje estaba resultando efectivo, ni se pispaban de que estaba encima de ellos - Pu...¡Puede ser! Pero no me fio... ¿Y si ha escapado por la puerta grande? Aunque no tiene el código para abrirla... - Claro cojones, ¿Cómo iba a adivinar la peli azul que el código es 12345? Este sitio no es un juego, hombre - Dijo el intenso quitando hierro al asunto... y dando información muy valiosa para variar. Absortos en su conversación, se fueron por donde vinieron, desapareciendo con ellos el peligro.

Me dejé caer al suelo, sin hacer ni una mota de ruido, y volví a mi forma humana de nuevo. Me sacudí el abrigo un par de veces - Grrr, que poco me gusta usar la fruta... Aunque hay que decir que es útil - Dije con cara de culo. Sin más dilaciones, cogí un par de paquetes de pólvora de contrabando y decidí salir por patas de allí. Acercándome a la puerta, mis rápidos ojitos de vista felina se percataron de una cosa. Otro paquete parecido a los que llevaba. Estiré el brazo y me lo acerqué para verlo bien - Oh, casquillos vacíos, listas para cocinar, hé - Me lo guardé en uno de los bolsillos interiores de mi gran abrigo, puesto que este paquete era algo más pequeño que los otros dos, que llevaba en mi mano derecha. Por fin alcancé la puerta grande, la cual daba al exterior de la calle sin necesidad de pasar por el cuartel. En la misma gran puerta metálica, había una más pequeña, más tamaño normal mejor dicho, a su vez, una especie de caja electrónica con un teclado numérico para meter un tipo de contraseña - 12345, gracias, personita intensita - La introduje con calma, la puerta pequeña se abrió, me asomé para ver si había alguien por los alrededores. Y nada de nada, lo dicho, todo dios comiendo, seguro.

Salí pitando rápidamente de allí con toda la mercancía, tan rápido como pude, dirección el hostal donde nos hospedábamos. Llegué a él y no encontré al pelo arbusto, habría salido vete saber que, cosas de pipiolos supongo. Cogí mis gafas para protegerme los ojos - mi bien más preciado - y me dediqué el resto de tarde a fabricarme unas preciosas, deliciosas y apreciadas balas. Llevaba ya mucho tiempo sin tener una buena reserva de ellas, y con todo esto iba a tener para muchísimo tiempo - ¡JODER, YA ERA HORA DE HACER ALGO DE MANUALIDADES! ¡IAHAHAHAHA! -

Información de aventura
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#2
Aventura de recolección y fabricación

Hola, Erika.
Dada la gran espera por esta moderación y pese a que solo recolectas la pólvora y no acero como la guía de fabricación pide para la munición básica, por esta ocasión voy a repartir yo mismo los materiales para que puedas crearla.

Con estas palabras podrías crear 4 paquetes de munición básica que añado a tu inventario.
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