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Recuerdo aquel día que estaba limpiando la biblioteca del  anciano cascarrabias, llevaba un tiempo ya trabajando allí con lo que me ganaba un sustento, no es fácil alimentar tu estómago cuando pesas tanto y tienes el tamaño que tienes.
Por suerte la biblioteca tenía una gran puerta de madera que me permitía pasar casi tumbado y una vez dentro me manejaba bastante bien en ciertas zonas de la misma, pues tenía una considerable altura. La suficiente como para permitirme moverme a gatas o en cuclillas según necesitase. 

La disposición estaba organizada por secciones y después tenía orden alfabético de tal manera que era bastante sencillo encontrar un tema o libro en particular siempre y cuando se filtrase primero por el tema principal y después se utilizase el orden alfabético de manera correcta. El único problema en este aspecto era cuando un libro tenía un tema que no pertenecía sólo a un campo o tema en particular por lo que habría que buscarlo entre los distintos temas entre los que dudases que estuviera. Cada cierto tiempo llegaba algún mercader que se llevaba libros o registros  de distinta índole por lo que el viejo pasaba una gran parte de su tiempo mercadeando para conseguir nuevos ejemplares. Normalmente él mismo los copiaba, vendía e incluso reparaba algunos volúmenes. También invertía en materiales y por supuesto  se encargaba de echarme la bronca si no actualizaba el registro de libros o si no encontraba alguno en particular.

Que cascarrabias más gracioso- Pensaba siempre que esto ocurría.

Otra de las tareas habituales era limpiar ejemplar a ejemplar y estante por estante. En esencia se trataban de 16 estanterías con sus 5 baldas cada una. En cada una de estas baldas entraban del orden de entre 30 y 50 libros, dependiendo por supuesto del tamaño y grosor de los mismos. Esto posibilitaba que entraran aproximadamente dos mil cuatro cientos libros grandes, unos 4000 libros pequeños y una media de 3200 libros. Los números nunca fallaban aunque había algunas cajas con algunas colecciones o libros de un carácter más especial o de mayor uso que normalmente no se contabilizaban.
El producto estrella era el cuaderno en blanco, el cual la gente compraba con mayor regularidad y después de este solían comprar una miscelánea de cuentos populares. Puesto que era un excelente regalo para todas las edades y a un precio bastante asequible.

Las condiciones de trabajo y el entorno eran acogedoras. Aquel señor me permitía dormir bajo su techo y tener una ocupación mientras trabajaba para él.  En mis ratos libres aprovechaba para preguntarle sobre distintos libros anécdotas, novelas, relatos, poemas y distintos documentos que se encontraban en la cómoda biblioteca.
Lo mejor de trabajar en aquella biblioteca era que siempre tenía la mente entretenida. La cantidad de libros, documentos, relatos, hechos históricos y artículos de opinión hacían que estuviera ocupado durante la gran parte del día y cuando me apetecía descansar la vista siempre podía hacer malabares con velas, libros y demás objetos mundanos siempre y cuando el anciano no me viera puesto que si jugaba con los libros o dentro de la biblioteca siempre era objeto de reprimenda.
 
Un día normal y corriente me dio por limpiar el altillo de la biblioteca lugar al que el anciano normalmente no accedía o al menos durante un tiempo. Bajé todas las cajas, archivadores y libros que allí encontré además de algún que otro barril y cofres de no muy gran tamaño. Mientras comencé mi laboriosa y tediosa tarea pensé que debía prepararme un maravilloso tentempié a base de algo para matar el hambre en aquellas cuatro paredes, así pues fui a la cocina con la esperanza de encontrar algo de lacón, quizás algo de queso o simplemente algo de fruta que llevarme al estómago.

Poco había allí que pudiera comerse de inmediato y como no se me daba bien cocinar decidí pillar un pequeño bote que el anciano reservaba para si mismo. La semana pasada el viejo se fue a la botica del pueblo y al parecer le recetaron unos higos para proteger los procesos digestivos y también favorecer el sistema cardiovascular. Sin pensarlo mucho vacié la mitad del bote en un cuenco y me dispuse a seguir con mi tarea de búsqueda y limpieza de conocimientos y de polvo dicho sea de paso. Me preparé un pequeño bote con agua fresca y me dirigí de nuevo a mi tarea, cerrando la puerta de la biblioteca tras de mí por si acaso el viejo venía poder reaccionar y que no me pillara en mi pequeña trastada.  Mientras que con una mano limpiaba el polvo de los distintos objetos con la otra tomaba tan suculento manjar, uno a uno los higos iban medrándose en aquel cuenco de madera. 

En un momento dado y debido a mi torpeza inusitada derrame el contenido del bote además de algún que otro baúl con la destreza que me caracteriza, con las prisas mientras recogía apresuradamente escuché como el anciano se acercaba a la biblioteca, lo cual provocó que me pusiera nervioso y que fuera aún más torpe en mis labores de ocultación de los malditos higos desparramados. Puesto que los higos eran suyos y se los había recetado una boticaria del pueblo me puse a comerlos rápidamente para eliminar cualquier tipo de rastro y no sé cómo pasó pero resulta que uno de los higos me supo ciertamente extraño...

Antes de que el anciano irrumpiera en la habitación tragué el bolo y me senté en el suelo justo delante del cuenco, que  para mi sorpresa no ocurrió ninguna reprimenda el anciano se limitó a sonreír y a decirme buenas noches y acto seguido se marchó.Supongo que para él era una practica habitual la de quedarse hasta altas horas leyendo y escribiendo sus propios pensamientos.

Aquella noche me fui a dormir sin saber muy bien lo que me depararía en los siguientes días, cosa para lo que no estaba preparado ni física, ni mentalmente.
En los días sucesivos una fiebre invadió mi cuerpo y un malestar se manifestó en todo mi ser dando paso a una semana de reposo en la cual tuve tediosas pesadillas relacionadas con los relatos historias y libros que había leído anteriormente.

"No se si fue culpa de los higos o de aquella cosa extraña que mastiqué por accidente". Dije en voz baja.

La noche de los higos, antes de irme a dormir encontré un pequeño  texto a modo de carta en el cual el padre del Anciano, un señor llamado Jean, amigo del misterioso hombre era quien le acompañaba en sus aventuras por los blues. En la carta el hombre misterioso se despedía de su antigua esposa diciendo que se hacía a  la mar, en la carta la prometía  salir en los libros de historia convirtiéndose en el mejor escritor y documentalista del mundo. Un tiempo después al parecer el hombre volvió a esta humilde biblioteca con un montón de libros y al parecer más de un secreto consigo. Pasado un tiempo el hombre, quien al parecer  murió por causas naturales visitó un montón de islas y documentó muchos animales, piratas, barcos, tesoros y alguna que otra fruta del diablo. El punto es que el nombre de este señor ha sido borrado posteriormente por alguien quizás por el anciano sintiendo un desapego o mejor dicho un abandono en la etapa de su infancia pues al parecer aquel explorador y aventurero escritor dejó en tierra a su mujer embarazada de su hijo y no volvió hasta varios años después, cuando el hijo ya era niño de diez años y su mujer lo había abandonado. Las demás cartas y documentos venían acompañados de algunos dibujos y garabatos escuetos, en algunos casos indescifrables en cuanto al tema que trataban de una manera del todo coherente.

Durante la semana que Daisen estuvo enfermo sólo recordó amanecer el primer día con un malestar muy grande y generalizado y decirle al viejo que ese día no podría trabajar la noche anterior me costó conciliar el sueño y desperté en varias ocasiones con la almohada empapada de sudor. Lo siguiente es días y recuerdos que almaceno son intercaladas visitas de aquel anciano a mi modesto cuarto con algo de agua y pequeñas sopas que en el mismo me daba en mis momentos de lucidez. El resto de recuerdos son imágenes alocadas y mezcladas con las historias y relatos de algunas de las novelas que había leído tiempo atrás. Recuerdo por ejemplo haber llegado a una isla metido en un barril y que al haber llegado unos animales me llevaban hasta una silla y comenzaban a darme comida típica de la zona después de eso me llevaban a una montaña y allí había un baile que duraba toda la noche después me regalaron un libro que me atrapó entre sus páginas y momentos después me hizo aparecer en un lugar completamente distinto en este caso estaba dentro de una cocina participando en las labores propias del entorno.
Otros recuerdos que tengo son más sufridos como por ejemplo un lugar en el que aparecí en el que el suelo era hielo y no había nada más aquel sueño se me antoja muy muy muy muy largo caminé durante horas solo con mis pensamientos hasta que al final encontré una pequeña hoja de papel y recuerdo que al leerla aparecí en mitad de un lago y me estaba ahogando donde soñé que unos marines me ayudaban a salir del agua.

Al amanecer del séptimo Día miré al este, donde estaba ubicada la ventana y pude ver el amanecer me encontraba mucho mejor ya no me dolía la cabeza y mi cuerpo estaba bien recuerdo oír el rechinar de la madera síntoma inequívoco de que el viejo se estaba acercando a mi habitación allí pude ver como la puerta se abría y aquí al viejo normalmente cascarrabias tenía una media sonrisa. Buenos días me dijo ya va siendo hora de trabajar no crees.

A lo que respondí con un:

"Así es".

Recuerdo levantarme y ponerme con mi trabajo una semana atrasado sin comentar grandes cosas con el viejo aparte de un:

"Muchas gracias, no me encontraba muy bien". Le dije.

A lo que me respondió:

"No te preocupes... son cosas que pasan"

Poco Tiempo después de lo sucedido noté al viejo ciertamente más centrado en mi persona, como más pendiente de lo que me ocurría y más pendiente de lo que pensaba.
Lo notaba entre preocupado y extrañamente entrañable, comportamiento que chocaba con el viejo gruñón que acostumbraba ser.

Debe de ser por la edad- Pensaba para mis adentros.

Quizás se ha dado cuenta de que si yo no estoy le toca trabajar el doble WAYAYAYAYA- Reía para mis adentros esbozando una sonrisa silenciosa mientras pasaba el mocho.

Una vez terminadas las tareas diarias y con bastante cansancio acumulado probablemente fruto de la inactividad de la semana anterior me dispuse a leer un fragmento de un libro de buen tamaño que había encontrado durante la jornada. El libro se llamaba Historia básica ilustrada.
Puede que este sea el tema que más me agrada de leer, las novelas son fantásticas también y las considero golosinas de literatura pero la historia hace que me enfrasque y que me quede absorto en la lectura- Pensaba.

Quizás debería contarle al viejo sobre las cosas que había encontrado en el altillo. Quizás sabe algo sobre el escritor misterioso. Además creo que sabe lo de los higos y cierto es que prefiero cuando está a callado a cuando se pone hecho una furia.

Pasados unos días mientras cenaba un poco de cerdo asado y unas cuantas patatas le comenté mis preocupaciones  y añadiendo una disculpa formal por haberme comido sus frutas. El anciano se limitó a reírse y reírse sin parar. Nunca antes le había oído más que media carcajada pero ese momento se me quedó grabado en la retina. Ne hizo sentir bien y también me hizo olvidarme de los pensamientos negativos que me estaban rondando en la cabeza. Cuando terminó de reírse comenzó a hablar y me dijo lo siguiente:

"Ese escritor es o mejor dicho era mi padre y no pienso decirte su nombre" Comenzó a decir. "Si quieres saber quien es tendrás que salir del West blue y hacer tus propias averiguaciones. El premio por hacerlo será una vida de aventuras eso lo se seguro... A diferencia de mi tu tienes la curiosidad y la salud como para hacerlo."

El anciano se sirvió otra copa de agua para después añadir. " Quizás tu tienes lo que a mi me faltó en su día para seguir los pasos de mi padre. Nunca le perdonare que me abandonara y que abandonara a mi madre pero desde hace algún tiempo e intentado entender" Hizo una pausa y exhalo profundamente. "El por que lo hizo... Supongo que no se puede juzgar a la gente si no se siguen sus pasos, igual que no puedes juzgar un libro por su portada Daisen, eso ya lo sabes."
El anciano se limito a Sonreír y después de esa charla se fue a la cama como cualquier otro día, Daisen Hizo lo mismo y descansó como hacia tiempo que no lo hacía. Con la conciencia tranquila y la sensación de haber encontrado una paz que antes no tenía. También con una terrible curiosidad de saber más cosas del Padre de anciano, así como de vivir un montón de aventuras.
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