Amanecer, entrenamiento y conversaciones [PR - División 50]
#1
Año 18, Día 69 de Verano
El joven pelirrojo sigue en la isla en la que terminaron tras el naufragio, habiendo podido refugiarse en una zona donde pueden cubrir las entradas al ser un lugar con una única entrada desde tierra y la otra ser un enorme acantilado que termina en el mar, por el momento calmado a estas horas de la mañana algo que puede ser bastante útil en caso de ser necesario escapar por allí si las cosas se ponen demasiado complicadas. El arquero está recién levantado y prestes a salir a investigar las zonas cercanas del campamento en busca de cualquier pista sobre el entorno, el tipo de fauna presente y la flora de la misma, centrándose en la fauna al no tener demasiados conocimientos sobre las plantas y sus propiedades, basándose únicamente en el comportamiento de los animales autóctonos de la zona para saber qué plantas evitar y cuales pueden llegar a ser útiles, además de investigar los recursos que puede conseguir en la isla para planificar sus fabricaciones o saber si tiene que dejarlo para futuras islas una vez logren hacerse con un barco nuevo por el medio que sea y llegar a la siguiente isla donde puede que tenga acceso a los materiales que necesitara para las ideas que tenga en mente.

Al levantarse tiene todas sus cosas a un lado, ordenadas y en buen estado teniendo en cuenta el desastroso viaje que tuvieron de regreso de las nubes. El joven vuelve a ponerse bien el pelo, recreando las trenzas hechas por Maria en ese momento a solas durante los juegos, siendo que la primera vez que se quitó las trenzas percibió el pequeño anillo grabado que la sirena había puesto en el extremo de una de sus trenzas, anillo que se encuentra bien guardado actualmente por el marine, junto a los que forjó él mismo siendo que uno de esos anillos es para cuando pueda darle el suyo a la joven que tanta alegría le da encontrar cada vez que se cruzan. Bertram se levanta y empieza a estirarse y calentar los músculos como suele hacerlo cada mañana, preparándose para investigar y entrenar al mismo tiempo su cuerpo y resistencia avanzando por el bosque. Tras terminar el primer estiramiento, el joven se rasca tras la cabeza y mira al cielo que recién se está iluminando con el astro rey mientras, como acostumbra hacer cada vez que está en un bosque desconocido y sin aparentemente ninguna obligación a la vista, dice como si fuera un rezo matutino pero solo es manía

-Bueno, pues ya va tocando adentrarse en esta jungla y ver qué tipo de criaturas y plantas viven aquí sir.-

Realmente el joven no habla con nadie, tampoco busca una respuesta inmediata, es solo un pensamiento propio que ha escapado de su mente en voz alta mientras termina de prepararse para una primera y breve incursión en el bosque para conocer el entorno y saber qué peligros pueden haber además de las presencias de otros visitantes. El joven se encuentra en el extremo más cercano al mar, siendo que es la posición ideal pues como arquero si entran por tierra no lo pillan cuerpo a cuerpo con demasiada facilidad, y si intentan venir desde el mar puede atacarles mientras tratan de escalar el acantilado si no poseen una akuma que les permita volar. Esos treinta metros de distancia son una enorme ventaja, y que sea un área relativamente reducida favorece a que no puedan esconderse o esquivar sus disparos con tanta facilidad.

Carcaj Eléctrico
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#2
Cuando llegó el amanecer, Kibai abrió los ojos en cuanto los primeros rayos de sol comenzaron a entibiar su piel. Estirándose cuan largo era, el mink se puso en pie, masajeádose con la mano el cuello, un pelín agarrotado por haber dormido con la cabeza colgando de un hombro y la espalda apoyada en la roca.

El día parecía augurar un buen clima, con un cielo bastante despejado roto solamente por algunas nubes pasajeras, y la habitual bruma matutina que ascendía del mar, la cual debido a la altura del risco que había elegido la División para establecer su campameto no impedía la visión, aunque si les otorgaba un curioso paisaje a su alrededor.

Kibai comprobó el estado de las provisiones con las que aún contaban, chasqueando la lengua en señal de desaprobación. Empezaban a necesitar con algo de urgencia productos frescos, y no podían seguir pasando las noches sin fuego, ya que las vendas de Moja necesitaban ser cambiadas y hervidas con frecuencia debido a estar en un entorno tan agreste.

El contramaestre Bertram parecía haber estado pensando en justamente lo mismo, pues también se había levantado ya, y se encontraba en el pico del risco, vestido y equipado, mirando hacia el mar.

— Coincido, contramaestre. Sin embargo, al menos uno de los dos debería quedarse aquí, con Moj...

En ese momento, Kibai abrió los ojos, mirando a su alrededor. El aroma de su compañero, mucho más ligero y tenue, estaba presente, pero al mink pantera no se lo veía por ninguna parte. Dónde se había metido?

Haciéndose un leve facepalm, el mink miró a todos lados, solamente para confirmar que efectivamente Moja había abandonado el lugar. Kibai revisó todo el lugar, especialmente la zona dónde su compañero había estado descansando y los riscos cercanos, por si en un mal sueño había rodado al mar, pero tampoco había señales de él. Rascándose la nuca, extrañado,  antes de girarse de nuevo hacia Bertram

— Mierda, dónde se ha metido Moja? Su aroma está bastante diluido, parece que se ha ido hace un buen rato.

El mink se cruzó de brazos, frunciendo el ceño.

— Podría rastrearlo, o podríamos esperar aquí a que volviese, pero no me gusta la idea de desperdigarnos todos por la isla, especialmente dadas las circunstancias.

La Caja de Pandora
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#3
Año 18, Día 69 de Verano
Bertram se encuentra encaramado en la roca del límite del campamento improvisado de su división, está recién levantado y preparándose para adentrarse en el bosque, tomando las flechas que llevará, el arco como es costumbre cada vez que se va a un lugar donde puede acabar siendo atacado, sobre todo en situaciones como la actual donde el peligro los rodea y no puede saber desde donde vendrá o cuando, si es que viene, y la incertidumbre le hace prepararse para todo lo que pueda ocurrir. Sus ojos rojizos se fijan en el perímetro del lugar, buscando señales de si alguien intentó pasar por las trampas de Kibai para adentrarse en la zona donde están descansando los marines. El joven está decidido a investigar la zona, pero primero quiere asegurarse que esté todo en orden en la zona, Moja se mantenga a salvo y no haya riesgo de iniciar una investigación por su cuenta. El joven está tan atento al entorno y lo que ocurre en las afueras de ese campamento que no se percata de que Kibai se ha despertado casi al mismo tiempo que él, pero lo más importante, no se dio cuenta de que Moja no estaba presente, algo que daba por sentado pues con la pierna como la tiene no cree que pudiera moverse libremente por la isla, y menos por una isla repleta de peligros como esa.

El contramaestre termina de preparar sus objetos, y mantiene los sentidos atentos a lo que rodea el campamento, percatándose de la calma que aún reina en el mar abajo y en las zonas próximas, haciendo que sea un momento perfecto para investigar cuando la voz de Kibai le saca de sus pensamientos, pero cuando lo escucha detenerse al mencionar a Moja es que mira alrededor y se da cuenta del motivo, el mink pantera no se encuentra por ninguna parte. Bertram coincide con Kibai que para explorar lo suyo es hacerlo por turnos para que al menos uno pueda ayudar a Moja en caso de peligro, pero el herido decidió que era buena idea adentrarse solo en el bosque. El contramaestre Gaufrid se rasca tras su cabeza mientras escucha a Kibai hablar, pensando en donde puede haber ido Moja en ese estado y en qué tenía en mente al hacerlo. Tras meditar un momento Bertram decide bajar del lugar y dice

-Creo que lo mejor será esperarlo aquí sir, pero quedarnos quietos no servirá de nada, así que quería proponerte entrenar un poco antes de que llegue, así podemos hacerlo sin miedo a darle por accidente, y evitamos que nuestra mente se ponga en lo peor. Confío en que podrá regresar y si dentro de un rato no tenemos señales de él, lo buscaremos juntos, sin separarnos.-

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#4
Kibai acabó de confirmar que Moja parecía haberse evaporado. Ignoraba las razones por las cuales su compeñro de la marina había decidido irse por su cuenta y riesgo, especialmente teniendo en cuenta todas las circunstancias actuales, y más sin decirle absolutamente nada a nadie. No obstante, el mink confiaba en que tuviese preparada una buena explicación a su regreso. En aquel momento, el comentario de Bertram lo sacó de sus pensamientos, y Kibai alzó una ceja, notando como crecía en él un repentino interes ante el comentario del contramaestre.

Lo cierto era que nunca había cruzado armas con el pelirrojo, aunque si había conbatido a su lado en diverssas ocasiones: contra los dinosaurios de Little Garden, el traidor de Wasow, los conejos gigantes de Drum... Desde luego, habían pasado una cantidad decente de tiempo luchando juntos, el suficiente como para apetecerle comprobar qué tal estaban sus fuerzas contra él.

Con una grave inclinación de cabeza, el mink asintió, recogiendo el bokken de dónde lo había dejado la noche anterior. Aunque la idea de enfrentarse contra Bertram no le disgustaba, no era tan ingenuo como para arriesgarse a hacerle una herida seria a su compañero de División, especialmente teniendo en cuenta todo lo que estaba aconteciendo desde que habían decidido salir de Skypiea. Al igual que el enfrentamiento que había tenido contra Moja en Drum, en el cual ambos habían entrado en Sulong para comprobar su dominio de la habilidad ancestral de los minks, en esta ocasión Kibai tendría que medirse.

— Sea pues, señor. Coincido en que a mi también me vendría muy bien el desestresarme un poco con algo de ejercicio, la verdad...

El mink caminó lentamente hasta situarse a unos diez metros de Bertram, en medio y medio de los siete metros de ancho que había en aquella parte del promontorio rocoso en el que la División había elegido colocar su campamento base. Los ojos esmeralda de Kibai refulgieron con un brillo azulado, mientras se colocaba en posición de combate. Accediendo a su reserva de energía interna, el mink canalizó Haki de Armadura a lo largo del Bokken, tal y como el maestro Kaelith le había instruido que hiciese siempre que le fuese posible.


— Cuando guste comenzar contramaestre, será un placer medir fuerzas contra usted!

La Caja de Pandora
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#5
Año 18, Día 69 de Verano
El joven arquero sigue pensando en qué demonios tenía Moja en mente al salir de una zona protegida en su estado actual, pero a estas alturas poco pueden hacer Kibai o Bertram más que esperar a que regrese y les dé una explicación de sus actos y por qué pensó que sería buena idea irse por su cuenta con la pierna en ese estado. El joven arquero llevaba ya tiempo queriendo tener un enfrentamiento contra el espadachín de la división, pues si bien han peleado codo con codo a lo largo de su aventura juntos, empezando con los dinosaurios y el traidor que provocó el estado de los dinosaurios, así como en la pelea con los conejos y el alborotador de Drum. En todas esas ocasiones, el arquero pudo ver las capacidades de su compañero de división al enfrentar a enemigos, pero nunca tuvo un enfrentamiento directo con su compañero de división. Idóneamente Bertram podría haberse hecho con algunas flechas que no hicieran tanto daño a su compañero, más aún teniendo en consideración la situación actual, pero llevaba un tiempo buscando el momento de poner a prueba sus capacidades enfrentadas a las del espadachín.

Kibai parece dispuesto también al entrenamiento y, al igual que el pelirrojo, acostumbra usar el ejercicio físico para lidiar con el estrés y lograr despejarse. Bertram al ver que el felino está dispuesto y empieza a caminar hacia el centro del campamento improvisado baja de la posición que tenía antes, pues prefiere evitar que durante el entrenamiento se caiga por accidente al agua y ponga en riesgo su vida, y se queda justo en la base de la roca, viendo como Kibai se detiene a unos 10 metros de su posición con el boken en la mano listo para el entrenamiento, mientras que Bertram se rasca tras la cabeza y dice

-Veo que buscas reducir el daño a contundente sir, yo hubiera hecho lo mismo pero la situación no me permitió crear flechas que solo hagan ese tipo de daños. Contemos con que si acabamos heridos Moja pueda curarnos cuando regrese.-

Las palabras son acompañadas de una ligera sonrisa que siempre aparece en el rostro del marine cuando disfruta de lo que hace o cuando está a punto de entrar en un combate que le divierte, pero ahora toca ponerse a iniciar el entrenamiento, por lo que el joven arquero toma una flecha y la carga en su arco, cargando la misma con electricidad y busoushoku haki mientras dice

-¿Alguna vez escuchaste a alguien decir Wespenschwanz, sir?-

Tras eso el joven suelta la cuerda haciendo que la flecha vuele hacia el hombro de su compañero, solo espera que no le haga demasiado daño a su compañero aunque se está conteniendo para evitar ese tipo de situaciones.

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berchanpandared



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