Investigación y reconocimiento Àuto T5][P.A]
#1
Día 69 de Verano, Año 18
6:30

El joven pelirrojo se encuentra recién levantado tras la noche en el campamento improvisado encontrado por Kibai mientras Moja se recupera de su fractura, siendo por ahora el único problema que pueden solventar de los que tiene el mink pantera. El joven pelirrojo apenas conoce la isla, todo el tiempo desde la llegada fue dedicado a buscar un lugar donde establecer un campamento lo más seguro posible, pues quedarse en mitad del bosque, sin una manera de controlar el entorno y con varios puntos de asedio abiertos no es una buena idea, de hecho es lo que haría un novato o alguien que quiere morir o acabar muy mal parado. El joven arquero agradece que hayan encontrado ese lugar, pues solo tiene una única entrada por la que pueden entrar sin mayores complicaciones, pues el otro lado es un acantilado bastante elevado y sin mucha facilidad para escalar por medios normales. Además, gracias al haki del contramaestre, no podrían acercarse sin ser percibidos, dando tiempo a que el arquero pueda poner sobre aviso a sus compañeros y preparar las defensas o una retirada estratégica para evitar un combate en completa desventaja. El arquero se levanta con calma, habiendo dormido en la base de la roca donde antes estaba encaramado para tener una mejor visión del entorno y una ventaja estratégica como tirador. Justo a su lado estaba descansando todo lo que pudo rescatar del naufragio pues la mayoría de las cosas se perdieron junto a la embarcación.

Al levantarse ve que todo sigue en orden, no parece que nadie haya intentado pasar por las trampas de Kibai ni tampoco parece que haya problemas con el campamento salvo la falta de fuego por razones obvias. Bertram toma su arco y un carcaj de flechas normales, dejando el resto en el campamento junto a sus compañeros para no cargarse demasiado para una partida de reconocimiento del entorno, pues en ese tipo de situaciones la movilidad y agilidad priman sobre el equipo, pues es cuando menos pelea, o más bien, cuando más prevalece la retirada táctica sobre el combate, siendo que pelea únicamente cuando las rutas de escape están bloqueadas o retroceder provocaría que la amenaza llegue a un lugar donde no debe, como en este caso sería llevar depredadores o los enemigos hacia el lugar de descanso de su división. El arquero se acerca con calma a la zona de entrada, recordando donde estaban las trampas que preparó Kibai para no activarlas y que sigan siendo útiles, y una vez sorteado el primer inconveniente, se adentra ligeramente en el bosque, moviéndose con la calma característica de alguien acostumbrado a la naturaleza y que, pese a no tener todo el conocimiento que quisiera sobre ella, al menos le queda lo que aprendió de pequeño para poder adaptarse la entorno con facilidad. Además, debido a su gran facilidad para percibir cosas que de normal pasarían desapercibidas por personas corrientes, es capaz de identificar posibles amenazas tirando puramente de recuerdos y su entrenamiento como cazador.

El objetivo de Bertram en esta pequeña incursión es reconocer la zona, saber cómo se distribuyen los árboles, el tipo de fauna que se presenta en la misma así como se desarrolla el día y la vida en la misma. A su vez, y con menor urgencia que lo anterior, el marine quiere averiguar que tipo de recursos puede encontrar en la isla, la posible presencia de civilización e incluso cómo pueden hacerse con algún barco sin tener que recurrir a la construcción del mismo. Los ojos rojos del marine recorren cada rincón de la selva conforme se va adentrando más en la isla teniendo el cuidado y la sensatez de no alejase demasiado de la zona del campamento. Primero, pues si se encuentra con un enorme peligro al estar cerca le resultará más sencillo colocarse a salvo en la zona más segura que encontraron, segundo porque si percibe que algo o alguien se acerca al lugar no tardará demasiado en volver y poder ayudarles con la amenaza desde su punto ciego, y tercero, al no conocer los peligros que hay en la zona prefiere mantener la prudencia y un avance controlado y paulatino, priorizando la seguridad a la velocidad.

Para evitar llamar la atención y dejar huellas que delante su rumbo y pueda guiar a cualquier persona con un mínimo de conocimiento de cacería hacia el campamento, el joven de pelos y ojos rojos como el fuego avanza saltando de rama en rama, intercalando con trechos por el suelo, pues mejor que la ausencia de huellas es dejar huellas que no parecen tener sentido, patrón o que aparezcan y desaparezcan sin ton ni son, como si algo las fuera borrando o aparecieran por arte de magia. Los ojos de Bertram están entrenados desde pequeño para fijarse en los detalles, sobre todo cuando se adentra en bosques o zonas inexploradas o de aspecto deshabitado, pues la falta de información y el descuido son las causas más habituales de muertes en esos lugares. Al ser temprano la fauna aún no está del todo activa y aquellos que Kibai percibió con su fabuloso olfato puede que se encuentren aún descansando o recién levantados. Fuera como fuere, el joven marine no va a arriesgarse demasiado, va a adentrarse en el bosque e investigar la zona y mapearla mentalmente para luego pasarlo a papel en un boceto al estilo artesano, con puntos clave, cálculos de distancias, notas sobre algunos detalles y pensamientos del propio marine sobre la zona. Junto al arco lo único que lleva es el pequeño cuaderno de notas en el que diseña todos los objetos que tiene en mente o anota ideas para luego dedicarle tiempo con calma en situaciones más propicias a planificar los objetos, incluyendo posibles efectos y sus diseños, así como anotaciones sobre los posibles contratiempos que él como buen artesano prevé puede tener al fabricar algo nuevo.

Bertram no agudiza solo sus ojos, manteniéndolos avizores a los cambios en el bosque, sino que también afina sus oídos manteniéndolos atentos a cualquier sonido que se produzca en las proximidades o se vaya acercando a su posición, tratando en todo momento de identificar cada sonido y catalogarlo entre posible amenaza, amenaza o algo que no representa peligro alguno. El joven se detiene un momento en una rama a unos 500 metros de la zona en la que ubicaron su campamento, observa el entorno y extiende su haki la misma distancia que antes, manteniendo su entorno siempre vigilado y buscando distinguir las presencias que va notando para reaccionar acorde a lo que vaya percibiendo. Los ojos del joven por el momento ven solo fauna y flora por todo el lugar, y ni un solo indicio de posibles recursos minerales más allá de piedras y tierra, algo que no entra dentro de lo que el joven manitas supone va a necesitar para lo que tiene en mente. Poco a poco el bosque va despertando y por ende el ambiente se va llenando de los sonidos habituales de un lugar repleto de vida como suelen ser los bosques.

Bertram es claramente una persona atípica para los estándares que se encontró una vez dejó su isla natal, concretamente desde que abandonó el pueblo de cazadores en busca de Titta, pues la mayoría cree que el bosque es peligroso cuando se escuchan los animales, pues creen que es cuando están buscando comida o cazando, pero en realidad, un bosque repleto de sonidos implica que los depredadores no tienen hambre y por ende el resto de animales puede salir con más tranquilidad a alimentarse, buscar un lugar donde dormir por la noche o interactuar con otros miembros de su misma especie por el motivo que sea. Cuando el bosque se calla puede indicar que o bien  los animales saben que los depredadores andan buscando alimento y por ello es mejor mantener el silencio para no ser descubiertos y convertirse en el alimento, o algo de fuera ha alterado el equilibrio y la propia naturaleza está buscando una forma de restaurar el equilibrio que había, por lo que estar en el bosque en ese preciso momento no es la mejor idea.

Para el cazador el silencio previo era casi ese caso, pues apenas se escuchaba el viento y no había mucho movimiento en el bosque, pero al menos se escuchaba el cantar de los pájaros que despiertan al alba y algunos pequeños roedores correteando por la zona, por lo que se encontraba dentro de lo esperado por el arquero eléctrico. Volviendo al momento actual, el joven observa las ramas próximas además del suelo, siendo los lugares donde seguramente aparezca algún animal que pueda servir para preparar el desayuno o aprender más sobre la isla. Igualmente lo que más le interesa es ver a los herbívoros, pues ellos indicarán que plantas se pueden comer con relativa tranquilidad, pues evitarán las que sean venenosas, aunque luego hay que estudiar a ver si son aptas para el consumo humano o solo no afectan a esas criaturas. Por el momento no hay rastros de otras personas ni de amenazas inminentes, por lo que el arquero retoma su avance, solo que no se adentra más, en su lugar mapea la zona que se encuentra antes para valorar rutas de investigación, escape y posibles caminos para perder a posibles perseguidores presentes en la isla. El joven se rasca tras la cabeza antes de empezar la marcha abarcando la zona sin explorar más cercana al campamento.

El cantar de los pájaros es lo primero que llena el cuasi silencio que reinaba en la zona, en perfecta armonía y perfectamente acompasado con el silbido del viento al moverse entre las ramas y hojas de los árboles de la zona haciendo que el joven tararee una canción alegremente mientras avanza, sin dejar de prestar atención al entorno ni tampoco desactivar su haki, siendo perfectamente consciente de todo lo que le rodea en todo momento. No es alguien que se mueva habitualmente por las ramas, pero aún mantiene recuerdos musculares de cuando vivía en Gecko y le tocaba usar esa forma de moverse por el bosque para cazar y evitar las trampas de sus compañeros o incluso su abuelo. Sus saltos son medidos y calculados, siempre eligiendo ramas que están completamente dentro del rango en el que puede saltar sin complicaciones y acabar con total seguridad en la otra rama. El joven no avanza sin más, a cada tantos metros se detiene un instante y toma notas sobre lo que ha visto o escuchado en el tramo que avanzó, preparando la información que usará luego para dibujar un mapa que sirve para ubicarse y mostrar rutas y poco más, no es un mapa detallado como los que encontrarías en tiendas o haría alguien especializado, es más bien un boceto con los puntos importantes marcados y notas sobre los caminos y las zonas que se encuentran en él.

-Espero que no ocurra nada mientras Moja se recupera sir, de lo contrario tendremos un muy mal momento.-

Las palabras salen de su boca en un suave susurro, lo suficientemente alto para que él se escuche, pero lo bastante bajo para que resulte prácticamente imposible escucharse para cualquiera que no posea un oído excepcional. La mirada del joven se mantiene fija y atenta, pero al mismo tiempo su rostro muestra una expresión serena y calma, con ligeros indicios de que lo está disfrutando al observarse restos de una sonrisa en sus labios, pues siempre que está en este tipo de situaciones recuerda sus días de cazador cuando aún tenía familia y amigos, antes de que unos piratas le arrebataran todo. Los saltos del marine son medidos al milímetro, y cuando sabe que no podrá aterrizar directamente direcciona el salto a una rama de la que pueda agarrarse con mayor facilidad para luego subirse a ella. El joven hace tiempo aprendió a colocarse el arco y el carcaj de forma que no estorben sus movimientos ni choquen con el entorno, sin perder un acceso veloz a las flechas en caso de necesitarlo para las peleas. El joven se estabiliza tras cada salto, observa el entorno y vuelve a moverse tras anotar la distribución a su alrededor para mapear bien la zona y luego comentar lo que descubre con sus compañeros para planificar los próximos movimientos.

Los oídos del joven reconocen fácilmente las pisadas, aunque no es capaz de distinguir a qué animal pertenecen sí sabe diferenciar pisadas humanas del resto, lo que hace que pueda saber si hay enemigos cerca incluso sin el haki. Los animales empiezan a salir, y se mueven con total normalidad por la zona, una clara señal de que no hay nadie que entorpezca su rutina ni les haga sentirse amenazados, algo que suele ocurrir con frecuencia cuando aquellos con razonamiento entran al bosque creyendo ser los dueños del mismo. El contramaestre Gaufrid no tarda en terminar esa zona, restando apenas una pequeña parte de la zona por investigar, por lo que en poco tiempo regresará con sus compañeros, terminará de hacer el boceto preliminar, y compartirá con ellos sus teorías e ideas. Mientras sigue avanzando por la zona, intercalando nuevamente moverse por la parte alta con hacerlo por la parte baja, el joven no solo anota la distribución de puntos de interés, espacio entre árboles, claros y demás, sino que además los animales que va viendo, su comportamiento y las zonas donde parece que no se acercan los herbívoros a comer con un símbolo que significa posible amenaza.

Mientras recorre el bosque recuerda las enseñanzas de su abuelo, y una sonrisa se dibuja en su rostro al sentirse nuevamente como un cazador en un bosque desconocido, recorriendo la zona en busca de información, detalles sobre la fauna y flora del lugar, mejores lugares para cazar determinadas presas, todo lo que hubiera seguido haciendo por el resto de su vida si no fuera por el incidente que le hizo tomar rabia a los piratas. El joven marine finalmente llega a la zona final que quedaba por mapear del tramo que pensaba investigar esa mañana, no tenía suficiente información para una investigación más profunda ni tampoco tenía la certeza de no encontrarse con enemigos, por lo que prefiere pecar de precavido que morir por abusar de la suerte. Contento con la información conseguida y ya planeando las vías de escape a través del bosque por si la necesitan, además de haber identificado unos pocos árboles cercanos al campamento a los que no resultaría demasiado complicado sacar una buena rama que sirviera de bote para arrojarlo al mar y usarlo a modo de balsa para que ni el pelirrojo ni el herido Moja muriesen ahogados al no poder nadar. El joven retoma el camino hacia el campamento, y al igual que en el momento de partida al iniciar la búsqueda, el tramo más cercano al campamento no lo hará por el suelo, sino que irá de rama en rama cual mono para no dejar huellas que delante su posición, aunque incluso ese método deja rastros, son más complicados de ver y seguir que los que se dejan a ras de suelo.
Carcaj eléctrico
berchanpandared



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#2
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