La costa del Silencio [PR] [Entrenamiento]
#1
47 de Verano del año 318
Isla de Báltigo - Valle del Silencio
Justo Antes del ocaso


[Imagen: 5e4aeb1e-108f-43ac-aef5-94a279683daa.png]




El viento soplaba con fuerza sobre su cuerpo cansado. Tres días llevaba Zhang en aquel lugar inhóspito, y al final había terminado por encontrar la belleza en el horizonte del mar, ese que tantas noches les había cobijado.

Aquella tarde el mar escupía un lamento... Tan tenue que nadie lo oyó, un dolor de tan adentro, en una costa murió.

Pero Zhang, después de tantas noches junto a él, entendía el sentimiento. Era como si aquellas olas lo llamaran… aunque, como si se tratara de un amor prohibido, aquel anciano debía conformarse con mirarlo desde lejos.

Y es que Báltigo era un lugar seco, caluroso e inhóspito. Solo piedra y tierra hasta donde alcanzaba su mal ojo. Por eso, en aquellos tres días, el viejo terco había optado por recorrer media isla en busca de algo, o tal vez de alguien; aún no tenía claro el porqué. La vida los había empujado hasta aquel rincón del mundo, pero allí estaban.

Y en una de esas caminatas fue cuando se le ocurrió. Porque aunque no tuviera ninguna intención de cambiar el mundo, muy en su interior estaba la idea de salvar lo bello que queda.

De modo que aquella mañana volvió al Wu Wei a por sus cosas. Llevaban varios meses viajando en aquella embarcación, y lo que había empezado como un capricho de Lan por cultivar su marihuana hoy, tantos kilómetros después, cobraba todo el sentido del mundo: aquel invernadero venía cargado de semillas de medio mundo.

Bajó con ellas, con un cubo de agua y con las manos, que era todo lo que tenía.

Y allí empezó lo difícil. Sus dedos gordos no tardaron en estar sucios y magullados, pues aquella tierra era dura como el acero… Pero el cuerpo se le negaba a dejar de intentarlo. Tenía que hacerlo, porque frente a su ojo aquella tierra agonizaba de dolor.

Pasó así las horas, arañando el suelo, mezclando lo poco que servía con lo mucho que no, intentando de algún modo meterle un poco de vida. Al fin y al cabo, ¿qué más podía hacer?

Y cuando el sol empezó a bajar, Zhang suspiró intranquilo, mientras muy en el fondo de su ser la tristeza de la muerte le invadía el helado corazón. Allí estaba, lejos de todo y de todos, frente a aquel mar moribundo, intentando cambiarlo con sus propias manos.

Pero al final del día lo había conseguido. Un par de plántulas, nada más. De otras islas, de otros climas, de otras épocas… pero con amor y esfuerzo estaba seguro de que lo lograrían.

Aunque, como todos, no podemos hacerlo solos. Y unas plantas pequeñas y maltratadas necesitaban más amor que agua, por lo que el viejo burro decidió cantarles una canción.

—Hmmm… — carraspeó primero, con la misma voz de siempre, porque llevaba muchos años sin cantarle a nadie.

- Hagamos una revolución, que nuestro líder sea el sol, Y nuestro ejército sean mariposas. Por bandera otro amanecer y por conquista comprender, que hay que cambiar las espadas por rosas. Ven, quiero oir tu voz, y si aún nos queda amor, impidamos que esto muera-

Y cantó desafinando, tan suave y torpe, como si estuviera leyendo una receta. A las plántulas no pareció importarles.

El sol terminó de esconderse mientras él seguía con la tierra entre las manos. Al final estaba en ellas salvar lo bello que queda. Y entonces, detrás de él, Zhang escuchó unos pasos sobre la roca. Silencio llevaba un buen rato allí, escuchándolo cantar, y cuando el burro por fin se quedo en silencio, este chillo alegre, corriendo hasta sus brazos. 

Entramiento Hasshoken post #1
Zhang Guolao
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#2
Báltigo era una isla rocosa y desértica, llena con estructuras naturales de roca y estructuras abandonadas de periodos desconocidos, actualmente era la sede de la armada revolucionaria, aunque en teoría nadie sabía eso, seguían teniendo que defender la isla y asegurarse de que nadie los encontrara o ninguna persona problemática se instalara en la misma.

Por lo mismo periódicamente se enviaban exploradores y vigilantes a diversos puntos conocidos desde los cuales observar tanto el entorno como las posibles modificaciones al mismo o si alguna de las múltiples embarcaciones que descendían de Skypiea realizaba alguna acción extraña, en sus andadas por el valle del silencio Mizuki vio a dos figuras extrañas en la distancia.

Una de las figuras correspondía a una pequeña criatura mientras que la otra era aparentemente un hombre adulto, al menos eso podía distinguir a la gran distancia que los había divisado la mujer tiburón de ojos azules y escleróticas negras.

Con curiosidad la joven comenzó a acercarse al dúo para discernir mejor las características de ambos individuos, no estaba siendo particularmente sigilosa pues consideraba que no debía de haber conflictos de momento, pensamiento que se vio reforzado cuando la joven estuvo suficientemente cerca para escuchar al hombre burro cantando a algo en la tierra mientras que por detrás se le acercaba más lo que antes parecía ser una pequeña persona y había resultado ser un pequeño monito.

Mizuki había hablado con Heras varias veces por den den mushi en los últimos días gracias a que al parecer ambos estaban en la misma isla por el momento, entre tantas charlas había tenido también la oportunidad de escuchar sobre los compañeros de embarcación del Lunarian por lo que cuando vio que el individuo al que observaba era no solo reconocible de uno de los Wanted que ella había visto sino que también encajaba en la descripción e uno de los compañeros de viaje del hombre alado.

Sin confiarse del todo en caso de que estuviera equivocada pero también sin mostrar hostilidad la joven se acercó alzando un poco la voz -Hola, buenas tardes viajero, soy Mizuki alguien que está provisoriamente residiendo en la isla y amiga de Heras ¿Puedo preguntarle su nombre y sí estaría interesado en primeramente charlar?- consultó con curiosidad.
-Voz femenina- ||-Voz masculina- ||-Piensa-
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#3
Frente a ellos el sol terminaba de desaparecer, y aunque ya había acabado de plantar aquellas plantas, las manos aún le temblaban un poco por el esfuerzo. Pero se encontraba alegre por el resultado, pues con un poco de amor aquella isla podría verse diferente.

Fue en ese momento cuando la voz de una mujer lo hizo reaccionar a lo que sucedía a su alrededor. Junto a ellos se encontraba una joven.

Y aquello hizo que Zhang diera un pequeño salto del susto, porque no se esperaba nada parecido. Llevaba media vida escuchando venir a la gente desde tres calles antes, y alguien se le había puesto al lado sin que él se enterara… De inmediato se tornó un poco rojo. A su edad, uno todavía puede pasar alguna que otra pena.

Se levantó de inmediato y, acompañado por un chillido de Silencio, le extendió la mano a la chica una vez entendió las palabras que había dicho.

—Hmmm… Soy Zhang Guolao, señorita Mizuki. ¿Usted es la amiga de Heras? Ese joven siempre habla maravillas de usted. Por supuesto… ¿le gustaría terminar de ver el ocaso con nosotros?

Tomó un momento para coger aire y le dedicó una pequeña sonrisa nerviosa. No la veía bien, como no veía bien nada, pero tuvo que levantar el hocico para poder verla, era una mujer alta, quien parecía ser alguien fuerte; debía de serlo, si andaba viajando por aquellos mares.

—Este lugar tiene una belleza extraña. Entiendo por qué se ha amañado un rato acá, se ve que es un sitio tranquilo… Aunque por lo general a mí me gustan más las cosas verdes.

Señaló con la cabeza las plántulas recién plantadas, que en aquella inmensidad de piedra no eran gran cosa, y siguió hablando.

—¿Usted es gyojin? No es que sea chismoso, solo me parece extraño verla en una isla así.

Dijo el burro, quien a pesar de ser una persona tranquila y un poco callada, se alegraba de ver otras personas en aquel lugar. Al final, tantos días de roca y viento terminan por cansar a cualquiera.

Silencio saltó un poco y, tras dar varias vueltas en el mismo sitio, se encaramó sobre la cabeza de Zhang intentando acercarse a Mizuki.

—Él es Silencio. Es mejor que no le dé confianzas, porque es un don juan —bromeó Zhang, con la misma voz de siempre, mientras rebuscaba entre sus ropas y sus cosas de médico y de viejo.

Sacó primero la pipa de Lan, que no era lo que buscaba, y la volvió a guardar. Después encontró lo otro, y comenzó a dejarlo todo en el suelo, algunas hojas secas, un poco de agua, y un par de tazas, serian mas que suficientes.

—¿Quiere té helado? Siempre cargo con lo necesario para pasar una linda tarde como esta. ¿Cómo estás?, si eres amiga de Heras, eres como una sobrina mia, puedes decirme el tio Zhang.
Zhang Guolao
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