[Auto T7 - P.A.] El mundo que avanza
#1
Día 54 de Verano, Año 18
10:00

Mogaro había amanecido tranquila aquel día. Meses después de las aventuras y desventuras de Kisuke y Bambú en el castillo del malvado conde Adam, las cosas habían vuelto finalmente a la normalidad. El camarada Gregory y su hermana Charlotte residían tranquilos en la casa en la que ya vivían en aquel entonces. Por supuesto, ya no vivían en pobreza, pues una vez la Revolución se enteró de las circunstancias en las que vivían hicieron todo lo posible por ponerles remedio de forma inmediata. Al chico lo apuntaron a una escuela para que pudiera formarse en los conocimientos básicos del mundo y le permitieron pasar las tardes ayudando en tareas menores en  el cuartel siempre que le hiciera ilusión y a Charlotte le dieron un trabajo más adecuado que la laboriosa extracción del hierro y con un salario suficiente como para poder mantenerse ella y su hermano holgadamente. Las pobres prisioneras del conde Adam fueron sometidas a tratamiento psicológico para tratar de paliar los terrores y ansiedades que seguramente aquejarían a sus corazones, todo ello por el bien de su futuro, y se les construyó a todas ellas una vivienda acorde con sus necesidades. Cuando estuvieran listas para volver al ruedo de la vida moderna en Ciudad Kamome se les daría un trabajo y todas las garantías necesarias para que pudieran desarrollar sus vidas sin obstáculos. De los culpables de aquella tragedia no quedaba ninguno con vida. DonDinDin y Adolf se habían suicidado de la misma forma. Jean Paul había perecido en un acto de traición que hirió el corazón de Bambú, que fue el encargado de ejecutarlo inmediatamente por cometer semejante afrenta. El malvado Wiplash murió a manos de Bambú en algo que sólo con gran generosidad podría denominarse enfrentamiento y, finalmente, el conde pereció a manos del valeroso, apuesto, espectacular y tetorro comandante Kageyama. Todavía restaba decidir qué iban a hacer exactamente con aquel castillo secreto en medio de las montañas, pero ya se le ocurriría algo a aquel pandástico dúo revolucionario. Hubo una última cosa en toda aquella historia que perduró en la memoria del mink revolucionario: el extraño poder, tan parecido al haki armadura en el estado más avanzado que conocía Bambú, del que había hecho gala el conde Adam.

A lo largo de los últimos meses, Bambú se había dedicado a estudiar aquel fenómeno. Estaba seguro, completamente seguro, de que aquel desagradable león que apestaba a sangre había empleado un tipo de haki del que el panda no tenía constancia. Cuando llegó a un nivel suficiente como para poder manifestar el busoshoku con su característico color negro por todo su cuerpo, supuso que había desarrollado esta habilidad hasta su máximo esplendor. Nunca se habría imaginado que existía un nivel por encima de todo eso. Un haki tan poderoso que no se limitaba a hacer más duros los impactos físicos, sino que era capaz de adentrarse en el cuerpo del rival y destruirlo desde dentro. Jamás olvidaría aquella sensación como de un remolino en la parte superior de su abdomen. Un remolino que se expandía y amenazaba con hacerle explotar y pudo paliar casi de milagro gracias a su poderosa defensa con el haki de armamento que sabía utilizar. Con todo esto en mente, Max. D. Bambú hizo lo que mejor sabía hacer: se fue a la biblioteca del castillo de Mogaro a estudiar.

A estas alturas, la estancia estaba completamente adecentada. Bambú había aplicado sus años de trabajo como bibliotecario cuando era más joven y había ordenado los libros según su propia clasificación personal. Se había leido un gran número de las obras disponibles en aquella modesta estancia. Muchas de ellas tenían una temática más bien ociosa. Novelas de caballerías, cuentos, relatos, alguna colección epistolar del antiguo rey con otros gobernantes, aunque sin excesivo interés a simple vista. Estaba claro que el rey no era ningún intelectual, porque la mayoría de los libros no tenían marcas de uso, sino de dejadez en su custodia. La habitación no estaba correctamente acondicionada hasta que Bambú le puso las manos encima. Los libros no debían de limpiarse casi nunca y sólo algunas obras, las más simples e infantiles, tenían algún tipo de uso. El panda supuso que estas eran las obras que le leían al rey de pequeño o quizás las únicas que se aventuraba a leer en sus ratos libres. Este tipo de obras las relegó Bambú a una pequeña sección de la biblioteca que denominó la sección infantil, aunque lo cierto es que todavía no había venido ni un solo niño a leer allí.

Como decíamos, muchas de estas obras tenían una temática ociosa, pero no todas. Los ensayos y los documentos de estudio estaban en franca minoría frente a las novelas y los cuentos de fantasía, pero estaban. Bambú se había leído la mayoría y había encontrado información muy interesante acerca del mundo. Podía recitar casi de memoria las características de cada una de las islas del mapa y lo sabía todo de las civilizaciones legendarias del mundo, como Shandora. Había aprendido todo lo que creía que había que aprender del haki. Podía explicar de forma que se entendiera con claridad para qué servía exactamente el Busoshoku, el Kenbunshoku y el Haoshoku. Pocas personas podían explicar correctamente las cualidades de este último y Bambú era una de ellas. Había leído la mayoría de estos ensayos, pero, de nuevo, no todos. Y fue por este motivo que el día 54 de Verano uno de los nuevos reclutas del Ejército Revolucionario encontró a Bambú en la biblioteca, enfrascado en una de las lecturas más importantes de su vida. Se trataba de una vieja obra escrita en kanji, claramente exportada de alguna isla con esta escritura. Quizás fuera una creación de los eruditos de Wano, de los cuales se decía que escribían bellos poemas en formato de haiku. Mientras Bambú anotaba en una hoja llena de garabatos que tenía al lado del libro una posible traducción para uno de los últimos kanjis problemáticos del libro, unos golpes sonaron con fuerza en la puerta de la estancia. El mink chasqueó la lengua, molesto por la interrupción repentina, pero no lo pagó con el pobre recluta que sólo hacía su trabajo. —Adelante. —Se levantó de su silla para girarse hacia la puerta y recibir aquella visita. Se trataba de uno de los reclutas más recientes del Ejército, el Agente Interino Gregory, que una vez más demostraba sus excelentes capacidades con la entrega puntual del no tan revolucionario periódico mundial. —MARISCAL MAX D. BAMBÚ LE TRAIGO EL PERIÓDICO QUE LLEGÓ HACE DOS MINUTOS AL CUARTEL HE VENIDO CORRIENDO TAN RÁPIDO COMO HE PODIDO Y ME HE CAÍDO TRES VECES PERO AQUÍ ESTOY. —Gregory hablaba de forma atropellada y a grito pelado, claramente como debían de hablar los reclutas revolucionarios cuando se dirigían a sus superiores. Shiro y Kelvin tenían tanto que aprender de él… —Ah, camarada Gregorovich, qué haría sin usted. Mire además, ¡el periódico es de hace veinticinco días! Ya llega lo bastante tarde sin necesidad de que a Intha lo ayude alguno de los camaradas más lentos. —Decía Bambú sonriente. No le prestó mucha atención a la portada del periódico, ya que tenía su vista centrada en el muchacho que hacía tan solo unos meses se presentó en su despacho lleno de carbón y pidiendo auxilio por su hermana. —Bueno, creo que tan valerosa acción debe tener recompensa. —Sacó de su bolsillo su cartera y de la misma un billete de mil berrys, suficiente para una decena de helados. —¿Por qué no se toma un helado, camarada? Hoy hace mucho calor. —Le tendió el dinero a Gregory, que lo aceptó con humildad y un brillo de alegría en su mirada. —MUCHAS GRACIAS SEÑOR MARISCAL MAX D. BAMBÚ LE VOY A COMPRAR UN HELADO A MI HERMANA TAMBIÉN LOS DOS DE SANDÍA PORQUE EL ROJO ES EL COLOR DE LA REVOLUCIÓN. —Y tan rápido como había llegado, Gregory se marchó a toda velocidad corriendo por los pasillos del castillo y canturreando las canciones revolucionarias que le enseñaban los otros reclutas. —Este chaval me va a quitar el puesto como siga tan diligente, honhonhon. —El periódico iba a ser otra de las lecturas más importantes de su vida que Bambú leería aquella mañana, pero su mente estaba ocupada en el libro que le esperaba sobre su mesa. Cerró la puerta de la biblioteca, dejó el periódico en otra de las mesas para no distraerse, y regresó a su traducción de aquel manuscrito probablemente procedente de Wano. No le tomó más que veinte minutos el traducir el resto de kanjis problemáticos, aunque más que traducirlos, lo que había hecho es aventurar unos posibles significados que pondría a prueba con su primera traducción del documento completo. Fue en aquella obra desconocida donde pudo leer por primera vez sobre las legendarias facultades que otorgaban los hakis en su máximo nivel. —Increíble… llevo equivocado todo este tiempo. —Susurraba para sí mismo el panda mientras leía. Sus traducciones resultaron ser correctas en el 95% de los casos, y en el 5% restante logró inferir el significado de lo que le faltaba por el contexto. —Kisuke tiene que enterarse de esto. —Se dijo a sí mismo, también en un susurro, mientras anotaba furiosamente en una hoja de papel nueva sus hallazgos con respecto a los hakis avanzados. Al parecer, el Busoshoku en su nivel máximo era capaz de destruir por dentro todo aquello en lo que se adentraba. Alcanzar un nivel de emisión tal debía de ser toda una proeza y nada sencillo. El Kenbunshoku, por su parte, parecía permitir al usuario anticiparse a las acciones de una persona proporcionándole una visión clara del futuro, superando con creces las facultades de su versión inferior que únicamente te alertaba de las intenciones del enemigo. Y por último se hablaba del Haoshoku, cuya emisión avanzada permitía destruir por completo el espíritu de los enemigos, expandir el rango de los ataques y tenía la característica de emitir rayos negros al utilizarse. Cuando terminó de anotar todo aquello, Bambú se echó hacia atrás, apoyándose por completo en el respaldo de su silla y emitió un sonoro suspiro de alivio, como si acabase de liberar una carga que llevaba demasiado tiempo sobre sus hombros. —Mis estudios… están completos. —Anunció a la nada, pero no era cierto. —No… aún falta una última cosa. —Se levantó de la silla, recogió el libro y se encaminó hacia el estante al que pertenecía. —Falta un último conocimiento que se me escapa, algo que todavía no he logrado descifrar… —Devolvió el libro a su sitio y ojeó los lomos de los libros circundantes. —Todavía no he logrado encontrar nada sobre los Poneglyph… Dicen que aprender a leerlos está penado con la muerte. —Sonrió ante la idea de que el Gobierno estuviera todavía más empecinado en ir a por él. —No hay nada más revolucionario que saber lo que no quieren que sepas. ¿De qué hablarán esas legendarias escrituras? —Era una pregunta que sólo podían responder aquellos que hubiesen leído por lo menos uno de los Poneglyph, pero eran tan raros, tan escasos en el mundo que Bambú nunca había visto ninguno. Con una sacudida de cabeza que le ayudó a despejar esta idea de sus pensamientos, se encaminó de nuevo a su sitio. Aquella era una tarea para el futuro, no para el presente. El presente involucraba la lectura del periódico, que ya llegaba tarde de por sí.

Sin más dilación, recogió el periódico doblado que tenía encima de la otra mesa, se sentó donde estaba trabajando sobre los hakis y lo desplegó en el escritorio. La portada no tenía ninguna foto, era sólo texto, pero qué texto. —...acontecimiento histórico sin precentes… Impel Down… el Ejército Revolucionario… ¡EL PUÑO! ¿Cómo que Yojimbo Lemarcus Cornell Yamamura SEGUNDO? —Si la boca de Bambú no estuviera sujeta por su mandíbula, probablemente se habría caído y desenrollado por el suelo como una alfombra. De repente empezó a hacer memoria sobre Yojimbo Tercero, que se reveló en los Juegos de Zarutsuki anteriores que era el legítimo heredero al trono de Skypiea y que Zarutsuki no era sino el regente de la tierra legendaria. Aquello debía significar, sin lugar a dudas, que el padre de Yojimbo era el verdadero Rey de Skypiea. Y sin embargo, al mismo tiempo, era también El Puño de la Revolución, uno de los altos cargos más importantes de toda la facción. El Puño había asaltado Impel Down con Aspros, la legendaria, bellísima y espléndida reina de Momoiro. También habían estado presentes los legendarios piratas Strahd Nanashi y Urotora, así como Karamel Knight. Todos ellos eran figuras extremadamente conocidas en el mundo y ahora que estaban libres… El Gobierno tendría mucho trabajo por delante. En cuanto a los daños de aquella heroica incursión, al parecer más de dos millares de marines y agentes del gobierno fallecidos y varios miembros del Zodiacool afectados. De entre ellos, destacaba el famoso Vicealmirante Joe Joestar, que ha quedado impedido y retirado del servicio, y el almirante Tucrow, que había fallecido. —Un almirante muerto… y Joe… —Decir que conocía a Joe sería estirar el chicle demasiado. Había coincidido con él en dos momentos cruciales de su trayectoria: los Cabos Gemelos y los Juegos de Zarutsuki. Siempre albergó la esperanza de poder enfrentarse a él en un uno contra uno, pero el destino quiso que Joe tuviera otros enemigos. Enemigos, al parecer, más fuertes que él. El resto de la noticia se dedicaba a remarcar la última gran hazaña del almirante Tucrow, que en sus últimos momentos se dedicó a salvarle la vida a todos los marines y agentes que quedaban todavía en la prisión y logró desviar el ataque que podría haberla destruido. —¿Qué ataque fue ese? ¿Hizo El Puño esto? —Se preguntó Bambú incrédulo. Que existiera gente que pudiera realizar semejantes proezas… Realmente le ponía en su lugar. William S. Whitend anunciaba un mes de luto en el periódico que, a juzgar por la fecha del que tenía entre sus manos, estaba próximo a terminar. —Pronto tendrán a otro almirante, pero espero que esto haya servido para desmoralizarles… —Se alegraba profundamente de la muerte de Tucrow, para qué negarlo, porque aunque tuviera fama de galán y de ser una figura muy correcta en las filas de los marines, seguía siendo una de las mayores representaciones de una de las instituciones que Bambú más odiaba.

La siguiente página tenía dos noticias. Una de ellas un consejo de guerra. Se trataría de una asamblea en la que participarían todos los vicealmirantes para designar un nuevo almirante para la marina. ¿Quién sería el elegido para tamaña responsabilidad? La segunda noticia traía algo tan importante que Bambú se quedó aturdido varios segundos. —Viktor Evans… —No se enfrentó a él directamente porque estaba muy ocupado recibiendo una paliza de Sohem, pero Viktor Evans fue uno de los dos cazadores que se llevó a Zorak para entregarlo a la marina. Al parecer, con la pérdida de dos Shichibukai, se ven en la necesidad de hacer una reunión para suplir estas dos plazas. Zarutsuki ofrecía Skypiea como punto de reunión, pero… —Si eres siervo de El Puño, ¿por qué haces esto? —No entendía del todo las motivaciones de Zarutsuki, aunque pudiera ser que sencillamente se le estuviera escapando algún detalle. Quizás Zarutsuki era un agente doble, pero no podía estar seguro. Además, Bambú no era nada imparcial. Odiaba abiertamente a los Shichibukai por lo que representaban.

Pasó de página sin dedicarle más pensamientos de los necesarios a esto. En la tercera página había tres noticias diferentes. El anuncio del remate de los Juegos de Zarutsuki con el despunte de dos marines, Hasegawa Shin y Juan Sebastián, de los cuáles no sabía nada. La segunda noticia hablaba de la declaración de Skypiea como una tierra de paz y armonía donde existe una convivencia pacífica entre razas. —¿Han arreglado ya el despropósito de la esclavitud? —Comentó con un resoplido de molestia. —En serio, ¿por qué El Puño permitía todo esto? —La tercera noticia le sacó de estos pensamientos con el anuncio de la conformación de dos nuevas divisiones marines. Es importante conocer a tus enemigos tanto como a tus amigos, así que prestó atención a cada uno de los nombres que se mencionaban en la noticia. —La División 60 asciende a la 50 y pasa a estar al mando de Bertram Gaudrid… División 50, Bertram. —Lo anotó mentalmente, aunque el nombre no le decía absolutamente nada. Quizás en el futuro podría decir que ha escuchado hablar de él. Las divisiones 75 y 80 pasan a formar una sola, que asciende a ser la División 30 con figuras importantes. —Hasegawa Shin… ese es el que destacó en las pruebas. —Lo corroboró volviendo atrás una página en el periódico. —Yo no destaqué en nada, así que debe de valer algo este muchacho. —A estas alturas estaba hablando directamente consigo mismo. —Stroud Nanashi… Stroud Nanashi… —¿De qué le sonaba? Volvió atrás una página en el periódico y luego otra, lo que le llevó a la portada textual del mismo, la cual releyó. —Strahd Nanashi… ¿no hay un marine que se apellida así también? La Revolución que me parió. —Sintió el impulso de decir algo, pero no lo dijo porque no era su muletilla, significara lo que significase esto. —Deben de ser parientes. —Concluyó, aunque siempre podía ser una mera coincidencia, claro. Regresó a la lectura sobre la División 30 y se encontró con que el último miembro mencionado era un jodido Tenryuubito. —Lo que me faltaba, nobles mundiales policías. AMAB, cojones, AMAB. —Le dio una bofetada al periódico justo donde estaba el careto de Saint Enji Van Helsing y pasó de página molesto. Le recibió la cara de Garnet ocupando TODA la página del periódico en un anuncio de línea caliente.

—Ga… —Se quedó sin palabras ante lo que estaba viendo. La Nueva Sexsación. Garnet ofrecía toda clase de servicios que no necesariamente tenían que ser de índole sexual, pero no nos engañemos, la mayor parte de ellos sí lo eran. Y es que Garnet prometía lujuria, depravación, sexo sin límite mientras los berrys tampoco tuvieran límite. Él podría ser lo que uno quisiera que fuera, él era… él era… —Un guarro de narices, ¿pero cómo se puede ser tan degenerado? HONHONHONHON —Bambú empezó a reírse a mandíbula batiente, olvidándose repentinamente de las tres páginas llenas de noticias sobre la marina que se había comido. —Voy a llamarle, ¿me sobra el dinero para esto? Me pregunto qué cara pondrá si le llamo yo y le pido un servicio, HONHONHONHON. Bueno, calla que igual le renta. Yo no quiero un servicio… ¿no? —Cabía la duda, porque uno leía la noticia y sólo podía pensar una cosa: “Qué buen servicio”.

Se obligó a pasar de página antes de descubrir algo sobre sí mismo que no tenía ganas de descubrir a los 37 años. Otras tres noticias en la página cuatro, rompiendo de alguna forma el ritmo incremental que llevaba el periódico. —Sigurd, Ubbe, Dharma y Odiseo. —Dijo en voz alta. Eran piratas, la verdad es que no le importaban demasiado y seguramente se acabaría olvidando de ellos. —Tienen un pato, oye, ni tan mal. —Bueno, igual se había precipitado pensando que no eran tan relevantes. Después de todo tenían un pato. La segunda noticia trataba de la División 81, que estaba ubicada en el South Blue y cuyo único miembro era la Sargento Kagura. La tercera trataba de algo más interesante, ¡de la División 9! Era la afamada división a la que antiguamente pertenecía el héroe Joe Joestar. Actualmente estaba comandanda de forma provisional por Karlglass, a la cual recordaba bien de los Juegos de Zarutsuki. —Ojalá no fuera marine, era majísima. —Se encontró diciendo el panda. Por algún motivo, la mujer de ascendencia oni le parecía encantadora. Al parecer habían estado operando en Risky Red, lo cual era preocupante, porque Risky Red y Mogaro tenían un acuerdo comercial y si de repente pasaba a ser territorio marine iban a tener problemas de abastecimiento. —A ver si vamos a tener que pasarnos por allí… —Era, desde luego, una posibilidad, pero había tanto que hacer…

La última página tenía otras cuatro noticias. La primera de ellas algo de granjear presencia. —Estos chavales… —Dijo el viejo carcamal que estaba leyendo las noticias en su biblioteca vacía. No tenía el menor interés en nada que tuviera que ver con estos jóvenes de la asociación “Sesenta y Siete” ni en su concepto de lo que es la auracultura. La segunda noticia trataba de congelar un coco y hacer un desastre en la cocina para luchar contra el calor. —Bah, el calor no es para tanto, pero igual Shiro quiere congelar algún coco. —Y sin más, llegó a una noticia catastrófica sobre la caída del cobre. —Oh, mierda, ¿no estábamos comerciando con cobre con Risky Red? Vamos a perder fondos. —El que sabía más del tema era Kisuke, por supuesto. Bambú odiaba todo lo que tenía que ver con el dinero. Cuando Kelvin le explicó el tema de los intereses del Banco Goldreich el único que perdió el interés fue él. —Mira. —Le dijo en su momento. —Te lo pagamos y dejamos el tema, que me estás dando dolor de cabeza. —Con gusto pagaría 10 millones si hiciera falta para que no le diesen la tabarra con temas de dinero.

La última de las noticias despertó los intereses eruditos de Bambú. Al parecer, en la Real Academia han estado discutiendo seriamente sobre el uso de las rimas que no riman para soltar tremendos barrotes presidiarios en detrimento de la calidad lingüística de dichos barrotes. El consejo, tras varias reuniones y la incapacidad de uno de ellos al inhalar lo que no debía de ser inhalado, han decretado que la gente tiene que aprender a rimar y dejarse de tonterías. —Pues hombre, sí. Aquí la rima siempre con pericia, como los grandiosos poetas de antaño. Buscando la palabra más propicia y así evitando hacer cualquier apaño. —Como siempre, el periódico traía al final de todo un nuevo repertorio de carteles de Se Busca con las caras de los nuevos peligros sobre los que el gobierno tenía puesta su mirada. Los repasó uno a uno por curiosidad, parándose sólo en los que encontró más interesantes, como el de Maki D. Zen’in, que tenía la misma D. que Bambú; en el de Eros Focalor, que salía muy gracioso con sus facciones de topo; Ubbe, que parecía ser un todo un galán seductor y su compañero Sigurd, que parecía un psicópata desquiciado, pero tenían un pato, no lo olvidemos. Aspros, que valía ya 800 millones pero su belleza valía mucho más; Karamel Knight, Urotora y Strahd Nanashi; Yojimbo Tercero, que ahora volvía a volar libre por el mundo para alegría de todos los Alas Negras y, en consecuencia, de Bambú; y finalmente El Puño, al cual por fin le ponía cara. —Yojimbo Lemarcus Cornell Yamamura Segundo, El Puño… —Sonrió al ver la propia sonrisa de su superior en aquel cartel, olvidándose por un momento de Skypiea y de Zarutsuki. Volvió a mirar el cartel de Yojimbo Tercero, que salía tan serio. —Yojimbo, tu padre mola un montón. —

Datos
#2
✓
Aventura Autonarrada T7: Completada
RECOMPENSAS:

— Puntos Mugiwara: 12

— Reputación: 30

— Berries: 25.000

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