[Pasado-FIC]El saber no ocupa lugar.
#1
Castillo Real, República de Mogaro, Nuevo Mundo.
9 de la mañana, día 20 de primavera, año 18.

No había mucho movimiento aquel día, puesto que era fin de semana. El antiguo castillo real de Mogaro, se había convertido en la sede del Parlamento en el que los elegidos por el pueblo discernían sobre el gobierno, la legislación y la justicia de la joven y floreciente República de Mogaro. Sin duda, aquella era la mejor obra hasta la fecha del Escuadrón de los Toros Negros, comandados por el Líder Revolucionario y Comandante de los Ejércitos del West Blue, Kisuke Kageyama. Tras una incursión relámpago en aquella isla y, tras organizar a los focos de rebelión que había en la isla, montaron en tiempo récord una ofensiva brutal que acabó con la caída del rey y de su hombre principal, el poderoso Sir Notthingham, más conocido como Jamonada. A pesar de la tiranía y opresión que el antiguo rey y sus hombres ejercían sobre el pueblo de Mogaro, la biblioteca contaba con numerosos y valiosos volúmenes de múltiples disciplinas, que, a día de hoy, estaban a disposición de todo aquel que quisiera cultivar su mente y aumentar sus conocimientos, ya fuese en ingeniería, comercio, navegación, artes marciales... las estanterías de aquella estancia estaban llenas de conocimientos que ahora estaban al alcance de todo el pueblo. Por eso mismo, el antiguo pescador, había acudido a aquel lugar en fin de semana, para no encontrar mucha gente, ávida de conocimiento y de crecer en sus asuntos con la ayuda de aquellos amigos silenciosos que son los libros.

"Espero que no haya mucha gente..."

Como había sido uno de los artífices de la liberación de la isla, Kisuke había visto incrementada su popularidad, y, por lo tanto, cada vez que era visto en público, mucha gente se acercaba a saludarle, a agradecerle, o a pedirle consejo con diversas cuestiones. Kisuke, que no era precisamente alguien paciente ni muy sociable, tenía que, habitualmente reprimirse mucho para no ser desagradable con la gente, ya que además contaba con el hándicap de su posición dentro de la Armada Revolucionaria, por lo que tenía que desahogarse luego con los monigotes que usaba en sus entrenamientos. Cada día llevaba dos docenas de estos tocones de madera al astillero para que los reparasen. Como consecuencia de esto, su poder estaba incrementándose, aunque seguía muy atrás en lo que a su habilidad como usuario se refería, pero en esta ocasión quería hacer algo diferente, había algo que necesitaba y que era imprescindible si quería aumentar su utilidad para con la Armada Revolucionaria.

"Tengo que conseguir Kairoseki para el Grand Prix..."

En los últimos libros sobre navegación que había leído, no solo se requería de una gran habilidad para navegar sin restricciones por todos los mares, como en el Paraíso, por ejemplo, donde solo podías ir hacia adelante en la ruta siguiendo el log pose. Para moverse libremente, además de las capacidades de élite que requería el navegante del barco, se necesitaba una nave a la altura, y, para ello, se requería revestir de kairoseki el casco del barco. Y ahí estaba el problema principal. El kairoseki, por lo que había podido saber consultando libros y con la guía de Panda, que era muy versado en diversas cuestiones, el Kairoseki era un misterioso material refinado que se utilizaba, de manera principal, para nulificar los poderes de los usuarios de akuma no mi. Por lo que él sabía, ese material imitaba la energía del mar, debilitando a los poseedores de las habilidades, pero iba más allá que el propio agua del mar, anulando la capacidad de utilizar ese poder. Como no podía ser de otra manera, aquel material tan conveniente, era algo muy raro y extremadamente difícil de encontrar, por lo que iba a necesitar tener conocimientos sobre el comercio para tratar de hacerse con ese recurso.

"Bueno, pues aquí estamos... a ver que encuentro..."

Acababa de llegar a la entrada del castillo, donde los guardias le saludaron con respeto y le abrieron las puertas. Entró y vio a la persona encargada de la recepción acodada con gesto aburrido sobre el escritorio, mirando a la ventana y añorando estar fuera de allí en aquella límpida y, presumiblemente, calurosa mañana. Sin variar su gesto, la buena señora miró sin interés a Kisuke y le preguntó:

-Buenos días, Comandante, ¿qué le trae al Parlamento en esta bonita mañana?

El tono era respetuoso pero monocorde, como si aquel fuese el último lugar del mundo en el que quisiera estar. Kisuke sonrió algo incómodo, y tuvo que hacer un gran esfuerzo para no soltar alguna grosería a la pobre señora, pero había que mantener las formas así que haciendo su mejor esfuerzo contestó:

-Buenos días, buena señora... El Comandante necesita aprender algunas cuestiones y prefiere hacerlo en un día más tranquilo que uno en el que haya ajetreo...

La recepcionista relajó el gesto, entendiendo lo que quería decir el antiguo pescador así que señaló las escaleras de la derecha y le indicó vagamente donde tenía que ir, aunque sabía de sobra que el revolucionario era conocedor de la localización de la biblioteca del castillo.

-Sabia decisión, como cabría esperar... Ya sabe donde se encuentra la biblioteca...

Con un gesto de la cabeza Kisuke asintió y se encaminó hacia la estancia que albergaba el saber de Mogaro, subiendo por las escaleras que le había indicado la mujer y con cierto grado de emoción. Desde que era niño, le encantaba leer y aprender cosas, aunque desde que se unió a la revolución apenas había tenido tiempo para ello y siempre era para mejorar sus habilidades de navegación; en esta ocasión, buscaba otro conocimiento, había que ampliar horizontes.
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#2
Kisuke cerró el libro con un suspiro. Llevaba dos horas largas ininterrumpidas leyendo sobre comercio, y no era capaz de retener nada, o apenas nada. Se acercó a la ventana y la abrió, sacando a su vez un cigarrillo del paquete que llevaba en el bolsillo y prendiéndolo. Nunca pensó que necesitaría habilidades como comerciante para servir a la Revolución, pero, dado que ninguno de sus compañeros tenía esas capacidades, y el que se solía encargar de estas cuestiones en el pasado era Zorak, Kisuke había decidido adiestrarse en este campo. Trató de recordar la última situación en la que habían tenido que hacer gala de un trato comercial para salir de un apuro, para ver si aquel recuerdo podía inspirarle.

"Si no recuerdo mal... la última vez fue en Sabaody... con el asunto del coating..."

Ciertamente, la última vez que tuvieron una situación de ese calibre, puesto que un Yonko estaba atacando Sabaody y había allí un Almirante, al que luego se unió otro, fue Sabaody, donde necesitaban de manera urgente el revestimiento para su barco para huir del Archipiélago, rumbo a la Isla Gyojin. Trató de visualizar en la mente la escena, pero por algún motivo había algo que no terminaba de encajar. Al principio el artesano no quería hacerles ningún tipo de precio especial, por lo que Kisuke fue a pedir ayuda a los Alas Negras, pero volvió solo y, por algún motivo que no entendía, el artesano les hizo un precio reducido. Se rascó la cabeza tratando de forzar su memoria, pero nada. Había algo extraño en aquella situación, pero no sabía de qué podría tratarse.

"¿Por qué coño no consigo recordar lo que sucedió...?"

No obstante, lo que le apremiaba era empezar a desarrollar sus habilidades para el comercio, por lo que tenía que centrarse y empezar a absorber esos conocimientos, por lo civil o lo criminal. Así que volvió a la pila de libros que tenía en la mesa. Le parecía un tema sumamente aburrido, pero tenía que hacerlo, no había más remedio, y sería de utilidad a la Revolución. Pensó en preguntar a alguien de allí si podía instruirle, al menos para iniciarse en estas lides, pero, al ser fin de semana, la biblioteca del castillo estaba completamente vacía. Era lo malo de haber escogido ese día para acudir, que habría poca gente o nadie al que recurrir si le surgían preguntas.

"Eso te pasa por asocial de mierda, lanzacañas... kuhahahahaha..."

Abrió el cuarto libro que se titulaba "Economía y comercio para tontos. Vol1", y el antiguo pescador sonrió sarcásticamente ante la perspectiva de que, si ese libro no le ayudaba a iniciarse en el conocimiento del comerciante, nada podría hacerlo, y tendría que pedirle a alguno de sus compañeros de escuadrón que se pusiese en ello. No quería hacerlo, puesto que Panda estaba con otras cuestiones y los nuevos reclutas, Shirohime y Kelvin, estaban en un punto que su prioridad debía ser hacerse más fuertes cuanto antes, por lo que era absolutamente necesario que tuviesen las menores distracciones posibles y centrar sus esfuerzos en ponerse al día con el nivel de poder que requería el Nuevo Mundo. Por eso mismo, era el Comandante el que tenía que ponerse manos a la obra y realizar esta tarea.

"Vamos a ello... No lo demoremos más..."
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