Keep your friends close [P.R]
#1
40 de Verano
09:17 AM

Bajar de Skypiea sin optar por comprender todos los conocimientos necesarios de lo que el emperador había nombrado como Haki de Observación era algo que no se le salía de la cabeza. Empecinado con mantener toda la información en orden antes de partir, no había dedicado el tiempo suficiente a empaparse por completo de la cultura de la tierra celestial, y eso, de alguna forma, había terminado por pasarle factura.

El ahora nuevo capitán de la renombrada división 50 había tenido a bien enseñarle el Haki de armadura en tan solo una mañana, utilizando el pequeño hueco de tiempo que el soldado poseía entre tareas que seguía realizando como administrador de su antigua división, una tarea que ahora se veía duplicada en miembros, pero que continuaba llevando en solitario. Su único momento de descanso -si es que así se lo podía llamar- era en aquellos momentos en los que debía acudir a recoger la firma del comodoro de la división, puesto que, a diferencia de su antiguo capitán, aún no había aprendido a imitar la firma como lo hacía anteriormente con la de Hasegawa, algo meramente estricto en agilizar procesos que sabía no tenían mayor relevancia.

Quizás por orgullo o por mantener una sencilla apariencia frente a sus dos amigos, no tuvo la valentía de preguntarle a ninguno de ellos por su conocimiento frente al Kenbunshoku, y por lo mismo, sólo se le ocurrían dos personas verdaderamente capaces a las que preguntarle por su aprendizaje en este sexto sentido. Uno de ellos, quién ya estaba bastante ocupado enseñándole el arte del Kárate Gyojin, y aquel al que ahora estaba acudiendo, Stroud Nanashi.

—Buenas tardes, comandante. ¿Puedo robar algo de su tiempo?

A diferencia de otras ocasiones en las que solía entregar algo de tiempo para mentalizarse, por alguna razón, en ese momento, sintió la necesidad de acudir con la propuesta de forma directa, algo que en numerosas ocasiones tendría una respuesta negativa, pero que, de alguna forma, en ese momento, estuvo dispuesto a poner a prueba una vez más con un sujeto nuevo…bastante interesante a sus ojos.
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#2
La bajada de Skypiea no había sido en absoluto sencilla, ni siquiera para un timonel experimentado como Stroud. A la extrañeza natural del proceso —bajar desde la Isla del Cielo hasta el Mar Azul, y esta vez sin ayuda alguna de ninguna Knock-Up Stream— se había sumado la necesidad de familiarizarse con aquella extraña criatura que había resultado ser el Ford's Transit, así como la convivencia con los que, de ahora en adelante, serían sus nuevos compañeros: Enji, Shin, Akira, Nyra, Kael y, cómo olvidarlo, el carismático Juan Sebastián, así como el puñetero gato de la división.

El viaje a través de la Isla del Cielo, por poco glamouroso que hubiese resultado en lo referente a su particular actuación en los Juegos del Emperador, sí que había resultado ser enormemente fructífero en otros aspectos. Por un lado, había logrado llegar a dominar las dos formas de haki existentes, incluyendo lo que allí llamaban mantra: el Kenbunshoku Haki y el Busoshoku Haki, en sus formas más sencillas y, de alguna forma, elementales: una forma de percibir la voluntad ajena y una forma de manifestar la propia, respectivamente, en cierto modo. Aquello había sido, pese a lo que pudiera pensarse, lo más revelador de toda aquella andadura: el descubrimiento de una nueva forma de percibir el poder, manifestarlo... y emplearlo a favor de uno mismo, naturalmente. Sin embargo, todo aquello llegaba a palidecer en comparación de lo que más ocupaba su mente en aquellos momentos: su cambio de división. Aún no tenía claro qué había querido decir aquella dichosa carta en realidad, pero era como un chicle que se le había pegado a la cabeza.

Todos sus compañeros nuevos eran de lo más interesantes, como había tenido el placer de comprobar en primera instancia durante el camino hacia Shandora, cuando había tenido la oportunidad de familiarizarse con aquellos particulares miembros de la Marina. Poco ortodoxos, indisciplinados y visiblemente fuera de cualquier respeto por el protocolo, la etiqueta o todas las cuestiones que debían caracterizar a los sirvientes de la Marina, el mayor ejemplo de los cuales era, frente a cualquier suposición, su santísimo capitán. Y la excepción, curiosamente, llamó a la puerta de su camarote. Stroud se encontraba en impecable estado de revista, y se sobresaltó ligeramente al oír llegar a uno de sus compañeros a través de los pasillos del galeón.

"Soldado Omuyaga," dijo Stroud con su acostumbrada formalidad, abriendo la pequeña puerta y observando al pelinegro de arriba a abajo, "¿qué le trae por aquí?" Aquel particular soldado había sido con quien más tiempo había compartido durante los Juegos, charlando agradablemente con él en las gradas antes de quedarse completamente pasado, y su forma de conducirse le resultaba un verdadero oasis de alivio en aquella marabunta de caos que había resultado ser su división.
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#3
No tenía por costumbre ser recibido directamente en la puerta, siendo más apacible para aquellos que superan su rango, sencillamente, otorgarle el permiso para ser él mismo quién se adentrase en la sala, ofreciéndole el paso si lo estimaba conveniente. Un pequeño detalle sin importancia, pero que resaltó en su cabeza al no tener que actuar con el hábito al que estaba extremadamente acostumbrado.

—Disculpe la molestia. Quisiera preguntarle acerca de su estancia en la isla de los cielos, si tiene algo de tiempo.—La falta de costumbre en recibir una respuesta con la misma formalidad le podía llegar a pasar factura. Ninguno de sus compañeros lo podría notar, pero conversar con un comandante que se hacía respetar, al mismo tiempo que mostraba el protocolo necesario era una píldora medicinal para un corazón afligido por la desfachatez—Lo cierto es que he tenido deberes que atender durante nuestra estancia en la isla, asuntos que no podían ser aplazados, y a excepción de las contadas veces que hemos tenido la oportunidad de coincidir usted y yo allí arriba, pocas oportunidades he tenido a mi disposición para, como expresó el emperador Zarutsuki: “empaparme de la cultura de Skypiea”.—Comentó, tratando de expresarse de la mejor manera que consideró poder ofrecer.—Suelo recabar toda la información disponible a nuestra disposición, pero en concreto, hay un pequeño detalle que se me escapó de las manos: El Kenbunshoku Haki. ¿Recuerda ese nombre?

Tenía entendido que los maestros de los cielos no utilizaban del todo ese nombre a menos que entendiesen como los procedentes del mar azul jamás usarían el que compartían en aquella isla. “Mantra” sería un nombre más apropiado, y aún así, cualquiera de los dos resultaba en una respuesta de desaprobación por parte del marine.

Él, por suerte o por desgracia, no llegó a conocer a ninguno de ellos.
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#4
Stroud aún se sentía un poco como un pez fuera del agua en aquella división; sin embargo, sabía que procesos como aquel llevaban tiempo y paciencia, sobre todo cuando involucraban nuevos compañeros. Sin embargo, su rutina se mantenía tan estricta como de costumbre, y ningún cambio de ambiente se había interpuesto jamás entre el animal y sus costumbres. No esperaba visita en aquella mañana, pero, especialmente cuando uno convivía con tanta gente en un único navío, era de esperar que no todo fuese paz. Kael, que estaba dispuesto a corresponder la formalidad del comandante, quería saber sobre su estancia en la Isla de los Cielos. ¿Acaso no había estado allí él también?

Stroud alzó una ceja ante la cuestión y su consiguiente explicación, entornando los ojos ante la idea de empaparse de la cultura de Skypiea. Mientras hablaba, Stroud esperó pacientemente a que llegase al meollo del asunto, dándose cuenta rápidamente de por dónde iba aquello. Finalmente, asintió con la cabeza cuando Kael abandonó los rodeos y mencionó el aprendizaje del Kenbunshoku Haki. Se dio un par de segundos para responder, abandonando el umbral de la puerta y cerrándola tras de sí con cuidado, comenzando a caminar junto a Kael a través del pasillo, en dirección a la cubierta. Colocó ambas manos tras su espalda, planteándose cómo abordar el tema. Recordó que aún no había leído los periódicos más recientes. "El Kenbunshoku Haki... Buena cosa se le ha escapado, soldado," admitió, haciendo un ademán de pesadez. Si había un tesoro en aquella dichosa ciudad dorada, ese era, sin duda, el inicio del camino del Haki, tal y como había podido descubrir. Abrió con cuidado la puerta que llevaba a cubierta, haciendo un gesto para que Kael pasase primero, antes de salir  al combés. Llovía a mares, y la cubierta llegaba a encharcarse ligeramente antes de escurrirse a través de las batayolas con el zarandeo del barco sobre el oleaje. El agua no le molestaba.

"Mantra, lo llamaban allí arriba," dijo, apoyándose en uno de los pasamanos de babor y haciendo un ademán hacia el cielo encapotado, refiriéndose a Skypiea, su tono seco y monótono, pero didáctico, "una habilidad de lo más interesante. Imagine que está usted con un enemigo... ¡No, mejor!," dijo, entornando los ojos y rectificando, devolviendo su vista a Kael, "Con un mentiroso. Con un mentiroso poco capaz de controlar sus propias emociones, imaginemos. Su alma, aunque no se lo crea, lo puede reflejar," aseguró, llevando una mano a su mentón y pensando por un instante. "Pero eso es lo de menos, realmente, ¿no le parece? Hay cosas más interesantes que se pueden hacer. Imagine que se cruza usted con un tipo de aspecto extraño... Tal vez incluso alguien que le suene de algún cartel, ya sabe a qué me refiero. Pero usted tal vez no quiera meterse en problemas, o prefiera asegurarse de que la presa no es más grande que el cazador, ¿me entiende?," inquirió, haciendo un ademán hacia el pelinegro. En aquel mismo instante, comenzó a expandir su visión, permitiendo que el aura de Kael y las de algunos de los presentes en el barco se manifestasen a su alrededor. El pelinegro emitía un aura característicamente densa, violácea y oscura, de aspecto llameante, intenso y opaco. Era, sin embargo, bastante legible. "No se confunda, no permite leer la mente," advirtió, "pero es útil. También me permite ver, por ejemplo...," giró ligeramente sobre sí mismo y miró abajo, hacia lo que parecía ser el suelo de la cubierta, "a Ford echándose una siesta en la bodega, figúrese. Dicen que es ver sin ver, pero hágase un favor y no suelte esa cursilería. No ver es una putada."

Stroud rara vez había estado a cargo de enseñarle ninguna técnica de combate a nadie, pero supuso que no debía de ser imposible. Y, al fin y al cabo, era responsabilidad de cada miembro de una división ayudar a sus compañeros en lo posible. Cuanto mejor desempeño tuviese uno, mejor desempeño tendría el conjunto. "Lo tengo a usted por alguien de ojos perspicaces, soldado Omuyaga. Puedo intentar enseñarle, si es lo que quiere."



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#5
Los modales hacen al hombre.

En los detalles más pequeños estaban las pistas más grandes sobre la personalidad de una persona, y para Kael, acostumbrado siempre a enseñar sólo lo que él deseaba que la gente viera, analizó las acciones de Stroud cómo si hubiese algo más implícito en ellas. Aquel era un tipo más joven que él, pero con una apariencia y costumbres que hacían del muchacho una persona, en perspectiva, más adulta que el soldado azabache. ¿Le molestaba? En absoluto. Con los años había comprendido que incluso quiénes eran más jóvenes tenían muchísima más fuerza que él, en las condiciones adecuadas.

Sólo había que conocer a uno de los tres Almirantes, quién había llegado al cargo con tan solo 16 años de edad. Yugu Dimípalo.

—Gracias, comandante.

Atravesó primero el umbral de la puerta, deteniéndose unos pasos por delante tras caminar sobre la cubierta. La lluvia comenzó a empapar su cabello casi de inmediato, resbalando por los mechones azabache y descendiendo por su rostro sin que el marine pareciese concederle importancia. Su atención, sin embargo, no estaba puesta en ese temporal inclemente, una lluvia que seguramente no les molestaría durante más de unas horas.

Estaba escuchando.

Se dió la vuelta, volviendo a reposar sus ojos sobre su compañero de división, manteniendo una distancia adecuada. No había interrumpido a Stroud en ningún momento. Mientras el comandante hablaba, Kael había mantenido la mirada fija en él, tratando de encontrar algún patrón en sus palabras, un atisbo de conocimiento en los saberes de aquel hombre que, en tan solo unos días, había demostrado más que todos los miembros que conoció durante meses, y que ya no formaban parte de esta singular división de la marina.


Mantra

Una denominación propia de Skypiea para algo que, hasta aquel momento, había considerado poco más que una peculiaridad cultural de aquellas islas. Una herramienta, como poco, debería considerar igual de útil que el haki de armamento. 

Ahora empezaba a sospechar que había mucho más detrás.

—Entonces no se trata de ver.—respondió finalmente, con aquella voz incapaz de variar en intensidad, aún con el sonido de la tormenta a su alrededor como interrupción a sus palabras—. Se trata de percibir. ¿No es así?—Sus ojos se desviaron durante un instante hacia la cubierta mojada. Después regresaron a Stroud. Aquella había sido una respuesta demasiado obvia como para dejarla pasar. Incluso un infante de la aldea más remota habría llegado a la misma conclusión, una que debía de completar—. Y esa percepción puede extenderse más allá de aquello que los sentidos normales permiten alcanzar.

No había formulado aquello como una pregunta. Era una conclusión.

Kael guardó silencio unos segundos, procesando la explicación. Lo de Ford, el pequeño gato de Akira, había sido especialmente difícil de ignorar. Separado por una cubierta, paredes, distancia y todo aquello que, bajo circunstancias normales, habría hecho imposible saber siquiera que estaba allí si no lo sabía con antelación.

Más curioso era el detalle de saber que conocía el nombre de la mascota incluso antes que el propio soldado. El profesar interés por los animales era otro pequeño detalle que no se le había escapado, pero que tendría que reconocer con más ejemplares a futuro.

—Así que en esencia, permite notar tanto la fuerza de una persona, como reconocer de quién se trata si recuerda como es la presencia de esa persona, según como se note.

Si el Haki no dependía de la vista, entonces debía existir alguna clase de percepción distinta. Si cada individuo podía sentirse de una manera diferente, entonces quizá aquella percepción poseía características que podían aprenderse a distinguir.

Caminó unos pasos sobre la cubierta. Kael estaba intentando desmontar aquella habilidad tan singular y aparentemente compleja, hasta convertirla en principios que él mismo, en su cabeza siempre pensante, pudiese comprender para facilitarle su tarea de aprender a usarla.

—Si usted puede saber que Ford está durmiendo en la bodega sin verlo... entonces debe existir una forma de aprender a distinguir aquello que normalmente se me escapa.—Una habilidad que comenzaba a comprender. Un poder que, en el sonido de su teoría, era demasiado valiosa como para dejarla escapar. Hizo una breve pausa—.Enséñeme.

No hubo entusiasmo en su voz. Tampoco impaciencia.

Lo único que mostraba...

 era su determinación.
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#6
Stroud asintió con entusiasmo cuando Kael pareció entender que, en efecto, no era aquello que decían de ver sin ver. El fervor con el que reaccionó dejó entrever que, al fin y al cabo, y tras todas las formalidades que lo caracterizaban, no dejaba de ser un muchacho que apenas rozaba la veintena. Su satisfacción fue en aumento a medida que Kael, ininterrumpido, continuó detallando lo que había extraído de su explicación. Parecía entenderlo a la perfección, al menos, a nivel teórico. La práctica, claro, era otra cuestión. Antes de enseñarle, resultaría fundamental terminar de apuntalar algunos conceptos. Aquello se alejaba de la forma en que había aprendido él mismo, pero no estaba seguro de que el método que había seguido en Skypiea funcionase tan bien para todo el mundo.

"Está en lo correcto," acabó concediendo, tamborileando con los dedos de su mano derecha sobre la barandilla de la batayola, empapada por la lluvia, contemplativo, haciendo un ademán con el índice de su mano izquierda, bajando su mirada hacia los tablones de la borda. Kael había parecido ser capaz de tomar aquel hilo y tirar lo suficiente de él, alcanzando las conclusiones adecuadas. Comprendía lo que importante que podía ser una habilidad como aquella. "Está exactamente en lo correcto. Se trata... ¿Cómo decirlo?," masculló, mientras buscaba las palabras adecuadas. La oratoria nunca había sido uno de sus dones, para su ocasional frustración. "Se trata de añadir un sentido más, si quiere verlo así. Tal y como yo lo veo, permite percibir algo que los demás sentidos no pueden, algo más allá de lo material, la voluntad, la esencia de una persona, si quiere. No la ve, no la oye, no la huele, sino que la percibe de otra manera. Y esa alma, si prefiere llamarla así, se superpone a todo lo demás," continuó, entornando los ojos y contemplando al pelinegro, "o, más bien, se complementa. Por ejemplo, ahora mismo lo veo a usted, pero también veo su aura. Con su propio color y sus propias ondulaciones. Tiene una textura particular, una presencia. Perfectamente reconocible entre todas las que pueblan el Ford's, y, en definitiva, mucho más difícil de enmascarar que algo físico." Pausó por un instante y devolvió su mirada, de forma instintiva, hacia donde percibía el aura del felino del barco. Admiraba la profunda paz que parecía emanar.

Se preguntó entonces cómo podía enseñar a su subordinado una cosa como aquella. Él no era como Kaelith, ni como Jalindra, no tenía aquellos dones para lo didáctico ni para enseñar una habilidad tan complicada, más allá de sus torpes explicaciones. Tal vez el método que él había empleado no fuese tan malo, después de todo. Señaló con el dedo hacia Kael. "Cierre los ojos e intente golpearme, soldado Omuyaga," dijo finalmente, ajustándose las mangas de la camisa, que empezaban a gotear bajo la lluvia. "De hecho," añadió, corrigiéndose, "no solo los cierre; desate el pañuelo que lleva al cuello. Dóblelo y hágalo una venda, y cúbrase los ojos con ella. Vamos al lío." Pese a lo estrafalario que pudiese parecer el método, por la forma en que emitió la orden, no había lugar alguno para la contestación ni para la vacilación.



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#7
La línea entre el hombre y el muchacho diferían. Lo que en apenas unos segundos atrás tenía como un hombre de gran renombre, adulto en una suma de conocimientos que superaban a las de soldado, cambió momentáneamente por la visión de un joven emocionado, una persona que, aún con su apariencia que buscaba sumar años por encima de los que porta en sus hombros, rejuvenecía por poder explicar algo. No era el modelo que tenía en su mente. Al final del día, nadie es como verdaderamente aparenta.

Y eso él lo sabe especialmente bien.

En aquel día, por simple interés regalado, prefiere centrarse en lo importante. Incluso fijándose en los detalles a sus ojos, no es algo que en mitad de una tormenta, tratando de aprender el haki de observación, pueda tomarse el lujo de pensar en demasía.

—¿Oh? Así que ve el color de mi aura.—Interesado, mantuvo el oído puesto en aquellas palabras, buscando una respuesta que no había logrado escuchar salir de los labios contrarios.—Y dígame, comandante. ¿De que color es mi aura? ¿Acaso usted mismo es capaz de ver la suya propia?

Una mera curiosidad, un simple detalle que quizás le haría entenderse algo mejor a sí mismo. Que las auras tuvieran color no podía ser normal. El color es un reflejo de la luz tras absorber todos los colores, y por lo tanto, para el joven Omuyaga, aquel que tuviese reflejo sobre su propia alma debía significar algo, pero...¿el qué?

La sorpresa nació en un levantamiento de ceja derecha en cuanto le pidió quitarse la banda para taparse los ojos. ¿A eso se refería con ver sin ver? Tener la capacidad de observar el color de las almas sin la necesidad de ver el mundo a su alrededor era una interesantísima habilidad, pero...entrenarla iba a ser un verdadero problema

Por supuesto, no dudó un segundo en obedecer, incluso con sus reticencias personales.

—Haré mi mejor esfuerzo, pero con esta tormenta seguramente voy a terminar resbalando.—Comentó, como si no fuera ya evidente la enorme tormenta que estaban sufriendo en aquel mismo momento, enfriando sus cuerpos y dejado sus uniformes con la urgente necesidad de un lavado en cuanto terminasen.

Nyra seguramente los mataría después.

Tras atarse la banda frente a sus ojos, con un nudo sencillo tras su cabello, trató de recordar la posición de su comandante, tratando de prestar atención con dificultad a los sonidos de su alrededor, intentando descifrar si se estaba moviendo o no. Desconoce por completo que es lo que tiene que hacer a continuación, por lo que, hasta el momento, solo seguiría sus instintos.

—No se preocupe. No creo que le duela.

Comenzó a caminar con cuidado en la supuesta dirección donde creería encontrarlo, lanzándole un puñetazo tan veloz como pudo. Estaba seguro de que lo esquivaría sin mucho problema, pues a diferencia del Gyojin de nuestra tripulación, la gente no suele tener la necesidad de encajar los golpes como si estos no fueran nada para sus cuerpos.

Aunque...¿Quién sabe si el rubio le terminaría sorprendiendo con una nueva faceta?
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