Siete nudos para la amistad, uno para la resiliencia :: PR :: Recolección/Fabricación
#1
Narrador / María Merlot / Vanessa

MUSIQUITA



Día 6, Año 18.
Primavera.
Hora: 6:11 a.m.
Habitación, Zona en los cielos.

Con el paso de los días, María Merlot, se iba sintiendo mejor y mejor. Lo cierto es que el dolor en la panza no le incomodaba, aunque deseaba que terminará pronto de desaparecer. Cuando se inclinaba o rozaba en esa zona, un leve malestar la embargaba. Definitivamente, debía cuidar su abdomen más que nunca porque podría hacerle pasar un mal rato si alguien, por error o con toda la intención, tocaba ese punto en particular. Cada vez se convencía más que necesitaba una especie de faja escudera para sortear esa preocupación que la acobijaba cuando evaluaba esa área tan vulnerable de su cuerpo.

Como siempre la mestiza se levantó temprano, es más, había dormido poco luego de su paseo con el objeto de su lealtad y amor incondicional: Hyákinthos. La noche anterior estuvieron juntos, y eso solo podía traducirse en una boba sonrisa en los labios rosado de la fémina. ¿Por qué lo quería tanto? Explicarlo llevaría toda su vida pero podía resumirlo en que él le dio la vida que vivía en ese momento, por eso le pertenecía, por eso haría cualquier cosa, buena o mala, que él le pidiera. Cuando se trataba del hermoso médico... María Merlot no pensaba, no analizaba, solo se abocaba a su bienestar, seguridad y felicidad. ¿Moriría por él? Mil millones de veces, y no solo daría su existencia a su favor, sino la de cualquiera, si eso significaba que el masculino estuviera bien. Solo habían dos personas que podían competir con este, o como mínimo intentarlo: La primera de estas... su padre muerto, Juan Sebastian, el horrible cangrejo difícil de mirar que la arropó bajo su tenaza y le enseñó el amor puro e incondicional de la familia, algo que ella nunca había experimentado, claro, tampoco recordaba su pasado. Su padre no se encontraba ya en el plano de los vivos. La otra persona, una muy viva y saludable Maki D. Zennin: su hermana, su capitana, su mejor amiga, su confidente, su compañera, su ejemplo a seguir en poder. La Valkiria Besada por el Sol se convertió para la semi-sirena en alguien muy importante en su cotidianidad, no podía imaginarse una vida sin ver sus cálidos ojos amarillos, sus espantosas quemaduras, su gran trasero, sus pequeños senos y esa sonrisa traviesa de mil y una historias.

Mientras estuvo en la bañera, rodeada de burbujas, pensó en un par de ideas para fabricar. Cuando recorrió en los días anteriores esa ciudad y sus alrededores se dio cuenta que tenían mucho que ofrecer, desde materiales de primera calidad hasta objetos con historias mágicas. No sabía cuanto tiempo tendrían en ese lugar pero deseaba que sus nakamas tuvieran un recuerdo de esa aventura tan singular que fue estar en el Reino de las Nubes. Por eso cuando salió del baño, aun en envuelta en la toalla, tomó lápiz y papel empezó a anotar ideas para regalos: camisa, zapato, gorra, bolso, daga, frascos de cristal para encerrar estrellas, un cuadro artístico para colgar en el Flush Royal, más hijos adoptivos. Tantas opciones aunque quería algo realmente especial y único. En ese momento llegó a la conclusión de que tendría que salir de compras y seguro que cuando lo viera, sabría que sería para cada quien.

Atando su cabello en una cola alta, con una camisa blanca holgada que dejaba al descubierto sus hombros con preciosas escamas celestes, un short de mezclilla y unos zapatos blancos, estaba lista para salir a desatar su lado comerciante. Tenía dinero que Hyakinthos le dio, luego de pasar el mal rato en la arena por no llegar a lo que pedía el mono primo gyojin. Un bolso de medio lado. Y con una sonrisa, su mejor accesorio, emprendió esa nueva aventura.



Hora: 8:24 a.m.
Alrededores de la ciudad, Zona en los cielos.

Salir de la vivienda no fue difícil, sus nakamas solían dormir mucho, o por lo menos Hyákinthos sí. La Valkiria Besada por El Sol seguro estaba entrenando o, y este ya era un deseo personal desde el fondo del corazón mestizo, teniendo sexo salvaje con algún pollo, chocolate, pez, hombre o ser vivo del genero que fuera. Como siempre, la dama de larga cabellera rosada, solo puso un pie delante de otro, dejándose llevar por el destino a dónde fuera que quisiera este que fuera. Hacía mucho tiempo, dejo de intentar llegar a los lugares, así que para ella el sitio correcto era al cual arribaba, y ya.

La caminata matutina la llevó a una especie de mercadillo. Como era habitual, la joven atraía las miradas de todos. A pesar de la hora habían personas comprando y vendiendo, eso le gusto muchísimo. María se puso a ver los stands artesanales. Compró ropa aquí, unos zapatos allá y accesorios en el acullá. Por suerte, le enviarían todo al domicilio, a un precio mayor a pagar. La dirección la tenía anotada en su cuaderno de notas, así se las suministró a los vendedores. No solo compró para ella, sino también para sus nakamas. Se detuvo en un stand de comida, más bien de frutas, preguntó una y otra vez si eran frutas normales “no malvadas que impedían hacer nadar”. El señor pollo la miró extrañado pero al ser tan hermosa y con sintonía natural, solo le sonrió, explicó que eran frutas recolectadas de su huerto personal. La muchacha se compró una manzana, la otra que guardó en su bolso, esa se la regaló el anciano.

Con muchas compras, y el estómago lleno, la joven se sentó en un banco a pensar sobre algo especial para llevar a sus compañeros. Todo lo que adquirió era básico, nada relevante la verdad. Con las manos apoyadas en sus mejillas suspiró… ¿qué podría hacer? Se cuestionó mentalmente viendo el suelo. 

— Señorita Bonita. ¿Me compraría una pulsera? — La mestiza levantó la mirada encontrándose con una niña pequeña de corto cabello verde menta y ojos de igual tonalidad, con unas pequeñas alitas y la sonrisa mas adorable que haya observado esa mañana.

— ¿Una pulsera? — preguntó con una sonrisa en los labios. La niña mostró lo que tenia en las manos, una especie de cilindro de plástico donde habían pulseras delgadas y coloridas — ¡Qué lindas! — exclamó con los ojos brillando por la emoción, porque los grillos en su cabeza gritaban “ESO ESO ESO”.

— Gracias, Señorita Bonita. Las tejí yo misma. Mi madre me enseño, y mi abuela a ella, y la madre de mi abuela a ella, y así. Las hice para venderlas mientras estuvieran los turistas aquí, pero a nadie parecen gustarle — explicó con alegría para luego ir bajando la vocecita con tristeza evidente.

— No ¿Cómo es posible? Míralas… la sencillez de cada una es encantadora. Son perfectas — dijo con honestidad ella quería todas.

— ¿De verdad lo cree? — refutó la niña con los ojos abiertos como platos. La mestiza confirmó moviendo su cabeza, y con ese gesto su largo cabello rosado danzó a su alrededor haciéndola ver aun más hermosa — Gracias Señorita Bonita — la niña sonrió con alegría sonrojándose por el cumplido — … y no solo son encantadoras, son mágicas. Me lo dijo mi mamá, a ella mi abuela, y a mi abuela su mamá — comentó con orgullo acercándose a María que aún seguía sentada — … ¿Ves los siete nudos? Representan cada uno algo especial, quien la lleve en su mano izquierda, cerca de su corazón, logrará mantenerlos en equilibro… es como el abrazo cálido de un ser querido, como el que mi mami me da cada noche antes de dormir — la vocecita sonaba dulce y entusiasmada con su narración, al tiempo que la semi sirena escucha con atención. Le gustaba la historia, le gustaban las pulseras… eran el regalo perfecto para sus nakamas pero las haría aún más especiales.

— … te las compro todas, tengo muchos nakamas pero me gustaría, a cambio pedirte un favor, te pagaré por ello también. ¿Me enseñarías a hacerlas? Deseo que esas mágicas pulseras que mis amigos llevaran cerca de su corazón sean fabricadas por mis manos. ¿Me ayudarías? — solicitó con expectativa. Ese sin duda alguna sería el mejor obsequio para Valar.

— ¿De verdad? — preguntó sorprendida de que alguien le hiciera caso y más aún quisiera aprender. María asintió con la cabeza — Claro que si te ayudo, Señorita Bonita — declaró inflando el pecho llena de orgullo.



Hora: 9:41 a.m.
Alrededores del bosque, Zona en los cielos.

Vanessa, así se presentó la pequeña niña alada. También le dijo que le podía decir Nessa. Sin perder tiempo llevó a María Merlot al bosque dónde recolectaban el algodón, ella conocía bien dónde encontrarlos y más aun, dónde hacerlo de colores, aquellos que la mujer de escamas en los hombros le comento representaban sus amigos: Verde para Maki D. Zennin, Rosado para Hyakinthos, Anaranjado para Vivi, Rojo para EL MACHO, Azul Celeste para ella… y Azul Oscuro para alguien al que aun no tenia el valor de den den mushear. Las dos primeras pulseras, las tuvo claro desde el inicio luego pensó en el enorme hombre de chocolate con leche, quien estaba llevando peor la extracción de la fruta, y después en la dulce violinista, a quien le pediría un gran favor, si… necesitaba una coartada sino quería preocupar a sus compañeros de tripulación cuando decidiera ir a comer arroz con el Malvavisco, quien sería el dueño de la ultima pulsera.

La palomita verde le explicó que el primer paso era buscar los algodones de colores, por suerte crecían de colores primarios además de blancos y negros, entonces solo deberían mezclarlos para lograr las tonalidades deseadas. Algodones, algodones y más algodones. Lo cierto es que fue muy divertido ir buscándolos en los pequeños arbustos con la niña explicándole sobre Skypiea, y lo que aprendía de su madre y abuela.

— ¿Cómo es el mundo allá abajo? — cuestionó la niña haciendo que María se detuviera de la recolección. ¿Cómo explicarle a alguien el hermoso planeta azul?

— Es azul, muy azul. El océano indomable pero cálido se extiende en todas las direcciones, es el mejor lugar que puede existir. No lo conozco aun completo pero mi Unnie quiere recorrer todo el mundo y yo iré con ella, escribiré sobre cada lugar que visitemos, sobre cada cultura que conozcamos. Algún día, Nessa, tendré mi propio periódico que llegará hasta lugares como este, le pondré una sección de viajes para que lo leas y descubras con tus propios ojos como es allá abajo, y tal vez, un día, puedas vivirlo tú también — le sonrió contándole algo que soñaba desde hacía mucho tiempo mientras arrancaba los capullos coloridos del arbusto.

— Suena increíble. Entonces, tendré que prestar más atención a las lecciones que me da mi madre para poder leer su periódico Señorita Bonita. En especial, esa sección que me dedicará. Y cuando sea grande, visitarlas personalmente, pero solo a los que dé reseñas positivas, no quiero meterme en lugares peligrosos. Aunque cuando sea grande seré muy fuerte, así que no tendré miedo — respondió riendo con la ocurrencia del final.

— Tan fuerte como Algodón de Azúcar, es el mejor en eso. O tan diestra como mi Unnie, nadie le gana con una espada. Solo debes estudiar, comer todas tus comidas, hacer caso a tu madre y nunca dejar de soñar — la animó con su habitual simpatía y encanto.

Cuando tuvo suficiente, según la maestrita, se sentaron en una roca. El paso siguiente consistía en separar lo que necesitarían del capullo, que además del algodón traían semillas y ramitas. Así que enfocando el tiempo pertinente, y con la meta de lograr algo único para sus amigos, María empezó a desmontar cada uno de los que recogió. Lo cierto es que el tiempo paso rápido, la niña era una excelente conversadora, sin pretensiones y con la ilusión de quien no conoce la maldad. Justo en ese momento, la joven observo unas piedras con brillo que le recordaron al metal, entonces las guardo en su bolso para después.

El paso a continuación seriá el cardado y estirado pero para eso necesitarían ir a la casa de Vanessa, dónde tenía todos los implementos para volver ese algodón hilos-tela-pulseras. Así fue como llegaron a la humilde morada de la palomita. La madre y abuela de la niña la recibieron con calidez, le dieron té de limón y unos trozos de una fruta típica de esa isla. Así fue como la familia de tres le explicaron a la mestiza como limpiar y ordenar las fibras de algodones y luego a hilarlas. El proceso le pareció artesanal, si, pero maravilloso. Era lo que más le gustaba de ese pequeño oficio, ver como daba vida a las ideas en su cabeza.

Cuando estuvieron listos los hilos de colores, comenzó el verdadero reto… ¡Tejer! Vanessa le enseñó con un ejemplo, María la observó pasar hilo por aquí, hilo por allá. Al principio le costo muchísimo, terminaba enredado todo ocasionando que tuviera que desenredar y volver a tejer. Luego de más intentos fallidos de los que le gustaría admitir, logró entender las secuencias, giros y nudos que debía realizar.

Tomando los hilos de colores amarillo y azul, logró dar con un verde muy característico de su Capitana, Maki D. Zen’nin. Mientras tejía la pulsera para ella pensaba en cuando la quería, y como su corazón se sentía a desbordar por el amor que le demostró cuando tomó la decisión de extraerse la maldita fruta del diablo. Más allá de las palabras, que aun no las escuchaba y no las necesitaba escuchar, sabía por sus acciones que el gran cariño, respeto y admiración que sentía por ella, era reciproco. Solo esperaba estar a la altura cuando los tiempos se volvieran difíciles, en el peor de los casos su vida siempre estaría a su disposición.

La segunda pulsera que elaboró, combinó blanco y rojo, para crear contrastes de un hermoso color al que le gustaba decirle Rosado Celestial Hyákynthos. El médico, tan divino y fabuloso, además de hermoso, no solía usar baratijas pero este accesorio aunque sencillo, representaba el corazón de la mestiza, uno dónde él gobernaba a diestra y siniestra. Si el hombre no aceptaba el regalo o le parecía poca cosa, María se sentiría muy mal. Claro, lo compensaría de otra forma, pero esperaba que él supiera ver el significado del valor sentimental de la pulsera.  Sabía que si, por eso solo pudo sonreír.

El siguiente que realizó fue una pulsera para si misma, combinando los hilos azules y blancos, creando el celeste que empezaba a extrañar de su cabellera. Con cada nudo que iba cerrando evocaba el miedo que la embargaba cada vez que pensaba en nadar, por eso aun no lo había hecho. Si el primo mono gyojin le mintió, si ella seguiría hundiéndose como una roca, no sabría en cuantos pedazos se astillaría su corazón. Por eso daba larga a ese asunto, tal vez más adelante, cuando volviera a ostentar el Azul Celeste que la caracterizaba.

Necesitaba un gran favor, y más allá de eso, pensar en la amiga que hizo años atrás la hacia desear encontrarse con ella, darle un presente si no volvían a verse en largo tiempo, por eso utilizando hilos de colores rojos y amarillos obtuvo un precioso anaranjado que comenzó a formar la pulsera para Vivi. No solo debía llamarla para saber como estaba, sino para saber si el Malvado Misógino Hacedor de Sopas y Ensaladas le hizo algo cuando se la llevó inconsciente de la arena. Si, tenían mucho de que hablar, esperaba tener tiempo para eso… aunque encerrarla en el Flush Royal no era mala idea tampoco.

Con el color rojo primario pensó en EL MACHO, aquel musculoso hombre que conoció en Tequila Maní, y que la llevó en sus hombros durante todo el camino hasta el coliseo. ¿Por qué una pulsera para él? Porque era su amigo, o eso consideraba la mestiza, además quería animarlo para que se recuperará más rápido de sus males, unos que mantuvo monopolizado a su querido Hyákinthos. La verdad no sabía mucho del sandwichero pero le intrigaba su historial y cuando le entregará el accesoria averiguaría más, quizás tenía buenos chismes que compartir.

Y por ultimo, pero no menos importante, la tela azul marine, con hilo blanco, esta poseería un solo nudo ajustable pero antes debía bordar, si bordar con hilo blando el patrón que según Vanessa aportaría algo más especial a la sencilla pulsera azulada. La niña, en compañía de su abuela, le explico que los patrones con formas hexagonales y flores de cuatro pétalos significaban buenos deseos para quien lo llevará. Justamente, eso la hizo pensar en aquellos ojos que la traspasaban. Con cada puntada, esperaba que los augurios de prosperidad, felicidad, éxito, amor y resiliencia siempre lo estuvieran acompañando. ¿Por qué? Porque él estaba tan roto como ella, porque entendía el dolor debajo de la coraza ocultándolo tras esa sonrisa traviesa y ese ego brillante, porque esperaba que al igual que ella… él también estuviera reconstruyendo pieza a pieza una maravillosa vida.



Hora: 7:07 p.m.
Habitación, Zona en los cielos.

Luego de una merienda con la familia de Vanessa, y habiendo cumplido su palabra de comprarle todas las pulseras por enseñarla a hacerlas, la pequeña palomita la ayudó a llegar a su residencia. Cuando María estuvo en su cuarto miró las seis pulseras, una sonrisa de satisfacción se dibujó en sus labios. Justó era lo que esperaba de ese día, obtener algo especial e irrepetible para sus nakamas.

Con un suspiro, pensó que no podía seguir alargando lo que su corazón anhelaba. Ir por ese tazón de arroz con el Malvavisco de Isla Bonsai. Claro, su hermana antes le dijo que hiciera lo que la hiciera feliz pero no pudo evitar ver la preocupación en sus orbes amarillos. María Merlot sabía que el hombre, por muy marine que fuera, no le haría daño, eso le decía su corazón. Por eso, y para evitar que sus personas amadas estuvieran angustiadas decidió ejecutar el plan que estuvo pensando todo el día, y que incluida a Vivi. Saco su den den mushi, le dio un beso en su babosa cabeza y le contó antes a él todo lo que tenía planeado hacer. ¿Por qué? No lo sabía, quizás necesitaba escucharlo en voz alta para convencerse de que era lo mejor, aunque algo travieso.


“Viviiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii. Soy yo, María Merlot, aun pelirrosada. ¿Cómo estás? ¿Cómo te sientes? ¿Has comido algo además de sopas y ensaladas? ¿El Malvado Misógino te hizo algo? ¿Te dijo cosas feas como hizo con mi Unnie? ¿Quieres que lo lleve al fondo del mar por ti? ¿Dónde estás? ¡Quiero verte! No sé cuánto tiempo estemos aquí, quiero escuchar tu violín otra vez, me gusta tu música. Aunque antes de eso necesito un gran favor tuyo. ¿Recuerdas a los príncipes azules? Bueno, no son azules ni príncipes, son estrellas brillantes, y necesito ir a verme con una pero no puedo sin preocupar a mis nakamas. ¿Me ayudarías? Si, si, si, no es nada malo. ¡Simple! Mañana 07 de primavera, ven a nuestra vivienda, distráelos por mí. Si ven una linda chica seguro me confunden contigo, ellos son algo olvidadizos, aunque dudo que pase así, entonces tu solo tócales todas las melodías violinísticas que sepas, o solo vigílalos mientras entrenan, ven con ropa cómoda pero fashion, Algodón de Azúcar le gustan las cosas lindas y elegantes. Si tienes que sudar con ellos, hazlo, solo evita que piensen en mi durante todo el día… o evita que vengan a mi habitación… mi corazón, estomago y yo confiamos en ti, de verdad deseamos comer arroz con el Malvavisco. Tengo que colgar, el futuro me espera... Gracias Vivi eres la mejor cupido del mundo...”



ORFEBRERIA ESQUIZO ESQUIZO MERELOT
Karma Fanático: Hyakinthos. 
[Imagen: mmocheja.png]
#2
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TEMA: CERRADO

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