En mi corazón tu tu tu tu tu tu tu tu tu tu tu tu tu tu tu tu tu tu tu vivirás :: PR
#1
Narrador / María Merlot

MUSIQUITA




Día 2, Año 18.
Primavera.
Coliseo, Zona en los cielos.

Las monedas en sus manos no alcanzaban para nada. ¡No volvería a nadar! Las lágrimas no derramadas brillaron en sus ojos mientras la angustia de perder lo que amaba se escabullía de estas. Siempre había sido optimista, alegre, la mejor de las formas para superar las adversidades, pero ahora, se sentía tan sola, pequeña…

Por favor… ayuden a mi hermana, quiere volver a nadar… por favor se los ruego.

Escucho a su hermana, la Valkiria Besada por el Sol a su lado, pidiendo por ella, ofreciendo pagar lo que hiciera falta, al punto de arrodillarse. Los ojos ámbar se abrieron ante la escena de hermandad sin precedentes, sabía que Maki D. Zennin era orgullosa y verla ceder los principios de guerrera invencible por su bienestar... hizo a su corazón entrar en taquicardia. Sin embargo, antes de poder reaccionar, otra voz, la de su amado Hyakinthos se hizo presente también, con su delicada mano dándole apoyo en el hombro, ofreciéndose también a pagar por lo que hiciera falta.

Las lágrimas contenidas cayeron, y lo que fuera que dijera el mono anciano sobre flotadores se perdió en las emociones descontroladamente felices de la mestiza que quiso abrazar a sus nakamas pero la oscuridad la abrazo antes…



Día 2, Año 18.
Primavera.
En el sueño más profundo.

¡ENTONCES DESPIERTA ATÚN TONTO!



Día 2, Año 18.
Primavera.
Hora: 9:47 p.m.
Recamará, Vivienda asignada por el Rey.
Skypiea.

¿Qué sentía?
Nada.
Vacio.
Oscuridad.

¿Había muerto? Si era el caso… ¿dónde estaba la luz al final del túnel? ¿No se suponía que alguien amado la vendría a buscar? Siempre pensó que cuando llegará la muerte su padre Cangrejo estaría ahí, sonriendo con los brazos abiertos, con la mirada llena de amor para recibirla en el más cálido de los abrazos y preguntándole como había estado, no porque había tardado… seguro si llegaba muy temprano, la regañaría.

Acababa de tener un sueño muy extraño… aun sentía aquello a flor de piel, el recuerdo amorfo de los amigos del pasado. ¿Dónde estaban los grillos? ¿Dónde estaban las cebras? Todo estaba muy silencioso, no le gustaba el silencio… no cuando significaba soledad extrema. ¡Estaba sola! Había aprendido a estar acompañada de sus nakamas, dos años juntos desde que fue rescatada de las garras del proxeneta asqueroso de aquel burdel. El hermoso Hyakinthos, siempre tan amable y atento. La increíble Maki D. Zenin siempre tan poderosa y temible. Claro, estar en la nada… tampoco estaba mal, solo que le resultaba ruidoso…

Dolor.
Comenzó suave.
Aumento poco a poco.
Dolía.
Mucho.
Demasiado.

¿Qué le estaba sucediendo? ¿Por qué sentía el peor dolor del universo concentrado en… su estómago? No tenía relación con nada vivido antes. Intento gritar, pedir ayuda, tocarse el sitio afectado pero no pudo, solo veía oscuridad, solo sentía a la nada.

En la realidad, el cuerpo de María Merlot se retorcía, sudaba, de los ojos salían lagrimas y de su boca quejidos de dolor, peticiones de ayuda.

¡Alguien quien sea!
Por favor, por favor.
Papá no vayamos, no quiero ir a ver los gusanos.
Matame, piedad, mátame.




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#2
La podría haber llevado a un lugar seguro, nada más seguro que una habitación de una posada en un lugar de mala muerte de Skypea. Aunque era una ciudad maravillosa, dorada y hermosa, como todas, tenía barrios bajos y de mejores ingresos. Sobre todo, en este lugar donde aparentemente había más estima con respecto a los lunarians que a los demás seres alados. Eso no podía importarle menos que tres hectáreas de pitos. Pues mientras no se metieran con ella ni con su hermana no le importaba que se desatara una guerra civil o una nueva inquisición. Estaba conforme.

Pero no. tuvo que quedarse en una recamara indicada por el rey… eso no le gusto, era un lugar vulnerable, un lugar donde cualquiera podría encontrarla a ella o a su Unnie. Se sentó al lado de la cama, donde estaba Hyak? Quien putas sabia. Seguro que estaba en sus negocios sucios y dejo al Gigante Sandwichero en una habitación bajo llave para ir a chismosear con sus amigotes.

Aun así… Maki se acerco a la cama. La miro, sus ojos no soportaban verla de esa forma… se acurruco a su lado y le abrazo muy muy fuerte. —Por… por favor… despierta… no te llamare mas atún tonto… no… no me dejes sola o me moriré… por favor…— Se limpio las lágrimas con el hombro de su inconsciente hermana nacida de las huevas de algún pez travieso y un subnormal que le ponían las cosas del mar. Dormito… abrazo fuerte… sintió que esto jamás acabaría, su pecho comenzó a picarle, a dolerle y pesar. Hasta que de pronto comenzó a pensar. Que pasa si no despierta. Que pasa si no abre sus ojos. el dolor comenzó a emerger en el alma de Maki. Qué sería de aquellos amaneceres rebosantes de perfumes solares que le había prometido? Qué sería de todas esas promesas, del vaivén de las olas, de aquella frescura y aquella alegría que algún día compartirían? Si ella no despertaba, todo eso se rompería… su promesa se rompería… No… no podía ser así.

Maki se levantó… enfurecida, enojada y llena de dolor el blanco de su ira —MAL… MALDITOS MALDITOS TODOS!!— Grito mientras el velador al lado de la cama salió disparado de una patada hasta el muro cercano haciéndose pedazos en miles d astillas. —ATUN TONTO SI NO DESPIERTAS ME ENOJARE… ME ENOJARE MUCHO… QUE NO SABES QUE ME PONGO DE MAL HUMOR!!! YA DESPIERTA!!!— Cayo de rodillas abrazándose a si misma con un amargo sentimiento en su corazón. Dos minutos después golpearon la puerta. —Señoritas… todo bien?— se escucho una voz en el pasillo seguido de dos golpeteos

Dont Look!! this bald
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#3
Narrador / María Merlot



¿Soñaba?

Ahora lo hacía, luego de que una calidez la abrazará y le brindará paz. Eso animo a su subconsciente a relajarse, a alejarla de las pesadillas psicodélicas y del dolor de la realidad en su estómago. De pronto apareció en un jardín, con un gran árbol de manzanas y en una de sus ramas un columpio hecho con trozos de maderas. Se miro las manos, se toco la cara y el cuerpo. No eran solo pensamientos, estaba ahí, en dónde sea que fuera ahí. Vestía un precioso vestido estampado con flores primaverales y el cabello recogido en dos chunguitos.

El cielo azul, el sol brillante, la brisa fresca. Un paisaje idílico. Camino hasta el columpio. Lo observo por un momento luego procedió a sentarse, sujetando las cuerdas a sus lados mientras miraba sus zapatos estilo bailarinas que combinaban con su atuendo. Al levantar los orbes ámbar se encontró con una casa, una que recordaba demasiado bien: La casa de su padre cangrejo. Intento levantarse para ir hasta ella, tal vez si entraba vería al añorado gyojin. Su cuerpo no respondió, se sintió como esas veces que intento nadar y se hundió por una fuerza sobrenatural. Trago saliva, respiro profundo. Sintió unas manos en sus hombros. Quiso voltear pero tampoco pudo, las manos en vez de asustarla la calmaron, le transmitieron seguridad… ¿en qué? No tenia ni idea.

Al lejos, en el ventanal que recordaba perfectamente que daba a la cocina lo pudo ver: Juan Sebastián. Estaba ahí su padre tan rojo, tan difícil de mirar, tan sonriente, tan cerca y lejano a la vez. El corazón se le achicopalo. Intento llamarlo, cuando eso fallo... intento decirle lo mucho que lo extrañaba y que lo amaba. Las manos sobre sus hombros los apretaron en un gesto de consolación, que curiosamente funcionó. Luego bajaron a su espalda y empezaron a columpiarla. Poco a poco fue ganando altura… y con eso una voz más y más nítida venia a ella.

ATÚN TONTO
ME ENOJARE MUCHO

Otro sonido a lo lejos, esta vez de algo rompiéndose. La casa frente a ella se vino abajo. ¡Su padre! ¡No, no otra vez! La desesperación la invadió, y más aun porque estaba volando en aquel columpio, de un lado a otro, ya no estaba presente la calidez. ¿A dónde había ido? No quería estar sola.

YA DESPIERTA!!!

Ese grito calo en ella, la respiración agitada, el cuerpo sudando, los ojos se abrieron a la oscuridad dando paso a la luz — ¡AAAAAAAAARGGGGG! — el grito salió áspero de sus labios, la garganta reseca, el dolor en su estómago era insoportable, tanto que empezó a agitarse — … PAREN POR FAVOR, DUELE, DUELE MUCHO… DETENLO PAPÁ, POR FAVOR PAPÁ — gemía entre lágrimas, viendo sin ver y sintiendo todo en carne viva.



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#4
—Nada… no pasa nada. aprovechando… podrías traernos un poco de agua… agua con gas para mí y… agua… verga no se si existe o si toma agua regular… agua vegana… dos botellas de esas.— cerro la puerta ante la pregunta del Birkaniano que llego a consultar si había algún problema. Era. Excelente ocultando sus cosas. Cuando abrió pudo apreciar el miedo en el alma del emplumado. Sus ojos serios y furiosos más su piel marcada por el fuego le dotaban de ese aspecto.

Volvió a su hermana, la mujer apenas se movía en sueños, había sido así siempre? Tan hermosa y etérea. Se sentó nuevamente en la cama a su lado, tomo su mano. Algo fría, pero suponía que era normal en su raza. Mierda. Nunca le había tocado de esa forma? Nunca había… no… no recordaba la temperatura normal de sus manos, de su piel… su aroma, no recordaba nada de eso. Por… por qué. —Mi dulce hermana… que piensas… dime que sueñas, por favor. Sea lo que sea. Vuelve conmigo, te espera tu caballero rosa también. O es que no lo quieres?.— Trato de forzar su despertar.

Toc toc!.

Se movió a la puerta sin despegar la vista de la doncella durmiente y el Birkaniano había vuelto con las cosas. —Se… señorita, solo había aguas regulares. Y le envía esto el señor de la casa. Como cortesía— El alado destapo una especie de plato con galletas café dulce y unas pocas frutas que Maki no conocía. —Dígale a su señor que le pagaremos cuando nos vayamos y mi hermana este recuperada. No nos gusta que nos regalen cosas. Entendido?— Dijo con una vista terrible de mirar. —Pe… pero… pero señorita— Quiso decir algo, pero cuando vio el velador hecho pedazos prefirió solo asentir con un movimiento de si cabeza. Maki cerro la puerta y volvió con ella, abrió una botella de agua y antes de beber ella misma busco algo dentro del cajón… del maldito velador hecho pija. Algo para darle de beber a Merlot… un gotario.
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#5
Narrador / María Merlot



Lágrimas.
Sed.
Angustia.
Dolor.

La respiración agitada, el dolor insoportable en su vientre, la recibieron para recordarle que estaba viva. Demasiado, y no por mucho tiempo si eso continuaba así. Los gritos llamando a su padre, quería ver a su padre, lo necesitaba…, ahora mismo en su cabeza era la pequeña niña encerrada en aquella habitación con Corina, dónde suplico y suplico por piedad, una piedad que nunca llego. Los ojos volvieron a cerrarse, no podía soportarlo. ¿Cayo de nuevo inconsciente? Si, no, quien sabe. Su cuerpo se sentía caliente, muy caliente, ardía como brasas en una hoguera. ¿La estaban quemando viva? — Ag… agua — musito esperando que el vital líquido viniera ella.

Antes, mucho antes, lo sintió, la calidez de nuevo, no la fiebre, sino una calidez que la calmaba. ¿Por qué se iba, por qué se separaba de ella? ¡Quería gritarle que no se apartara! Pero iba y venía, recordándole que no era ni dueña de sus más primarios deseos.

Inhalo.
Exhalo.

Respirar era tan fácil, tanto que empezó de nuevo a sentirse en este plano. Los parpados pesados, busco abrirlos, ir de nuevo a la luz. Seguro ahí estaba Hyakinthos, su Unnie, Cara Melo, Rochallor. Los extrañaba muchísimo. Quería verlos nuevamente. Solo debía forzar a esa parte de su organismo a hacerle caso y levantarse, no podía ser tan difícil. Su rostro se distorsiono, los labios se fruncieron, los gemidos balbuceados y lastimeros anunciaban nuevamente su estado agónico. Hasta que lo logro, otra vez, abrió los ojos ámbar. Oscuridad. Luz — Hay… Mak… — busco llamar a sus nakamas, en su inconsciencia era lo único que importaba, que ellos estuvieran bien, junto a ella.

El techo era… de un color común. La cama, dónde supuso estaba, no podía determinarla cómoda o incomodo, lo que busco fue levantarse, pero no tuvo fuerzas para eso. No tenía energía, toda la había usado para despertar… — ¿Flush… Royal? — balbuceo, ese techo no se veía como su hogar, sin duda no era el barco de Valar. ¿Dónde estaba? Y peor… ¿A merced de quien estaba?



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#6
El gotario era lo mas desesperante del maldito universo. Poco a poco tomaba agua con el y poco a poco lo depositaba en los labios de la sirena inconsciente. Maldito gotario. Había enfrentado cosas mucho peores. Había recibido cortes, golpes, había visto sangre derramarse frente a ella y jamás había sentido que una situación tan pequeña pudiera ponerla tan nerviosa. Quería romperlo. Era una estupidez. Un pedazo de vidrio contra el que no podía descargar su frustración porque, por alguna razón, romperlo significaría dejar de ayudarla. De refrescarle, hacia mucho calor. Demasiado, ella en su desconocimiento suponía que era por que estaban cerca del sol. Gota a gota cayendo dentro de su garganta. Masajeaba su garganta un poco. No quería ahogarla tampoco. —Vamos… bebe… bebe algo de agua preciosa que pronto volverás al mar, pronto serás libre y una vez más vas a sentir el agua entre tus dedos… tus hermosos dedos.— Agarro su mano, delicada, suave, blanca y nada carbonatada. Danzaron sus dedos unos con otros. Muy distintos a los suyos Maki bajó la mirada hacia sus propias manos y eran horribles, ásperas, llenas de pequeñas cicatrices. Manos hechas para sostener espadas, romper cosas y aferrarse a aquello que se negaba a perder. Pero se sentía bien pues ahora estaban sosteniendo aquella mano diminuta como si fuera algo que pudiera romperse con demasiada fuerza, la mano de su amada hermana. Una cosa más que descubrió de la hermosura de el objeto mas preciado de los Valar.

—Mi hermana… sabes. Mai… la amaba… no. no es cierto, la odiaba, era perfecta, era. La mejor de todos en la academia. y nunca pude superarla ni ser mejor que ella en ningún sentido. Nunca la vi que le ganasen ni con la espada ni con besos… … … menos aun con la pluma. Hubo un tiempo en que creí que era mejor por vivir u ella no, pero con el tiempo me di cuenta que jamás podría hacerlo.— Toco su frente y la propia. Quería ver si tenia fiebre. Nada.

Continúo dándole agua con un gotario, uno que parecía le daba un trabajo tan grande y abrumador que nadie lo haría en serio. Pero ella. en Maki. Parecía que fiera un premio. Devolverle el favor de cuando la destruyeron en Little Garden era lo menos que podía hacer. Y se sentía en deuda. Claro. Pero no para ir hasta devolver el doble de amor que le habían dado en esa oportunidad. Tanto ella como el doctor caramelo.

Cuánta agua necesitaba una sirena? ¿Sería diferente de un humano? ¿Y si tenía demasiada? ¿Y si era muy poca? ¿Por qué nadie le había explicado cómo cuidar a una persona inconsciente? Pelear era mucho más fácil.

No sabía por qué demonios le importa tanto, pero le importaba. Y eso es suficiente por ahora.
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#7
Narrador / María Merlot



Ardor.
Dolor.
Delirio.

No lograba enfocarse, nunca lo estaba realmente, pero ahora era diferente. Estaba totalmente ida, como cuando la drogaban sus amos para que fuera más “colaboradora”, más "dispuesta" a sus juegos perversos. Por un largo momento tuvo miedo, mucho miedo de estar de nuevo en esa vida que había dejado atrás. Dónde nunca fue dueña de su cuerpo, dónde hacían y deshacían con ella como mejor les parecía. Por eso fue que se recluyo en su cabeza, no estaba loca solo encontró paz en los recodos más soñadores de un cerebro que buscaba mantenerla cuerda con un método muy efectivo pero estrambótico para el mundo real.

De pronto una voz que creyó nunca volvería a escuchar vino hasta ella, en forma de caudal voluminoso, chillando sin parar. ¿Cuántas veces había apagado sus oídos para no escucharla? Miles de miles, millones de millones, en el fondo Corina estaba en su Top 4 de piratas del abismo más odiados… porque ella fue quien desbarato su inocencia, porque ella fue quien la entreno en algo que detestaba, porque ella siempre disfrutaba de su miseria, porque ella hacia cualquier cosa por el asqueroso capitán…

Kassandra.
Lo haces mal.
Tienes que seducirlos.
No espantarlos.
Con esa hermosa cara tuya.
Solo debes sonreírles y ya.
No vuelvas a hablar.
Si ÉL se entera de tu comportamiento.
Te va a castigar.
No me pienso meter.
Es más, lo disfrutaré.
No puedes tener todo.
Belleza, y su atención.
Ojalá yo tuviera su completa atención.
¿No es el más guapo tritón nuestro Capitán?

¡No! No lo era, quiso gritarlo pero su voz estaba apagada. Apretó con fuerza los ojos. ¿Por qué si estaba despierta escuchaba a Corina…? ¿Acaso ella estaba ahí? ¿La habían encontrado? Intento levantarse entre la agonía de su estado pero el cuerpo no respondía. Si ÉL ponía sus manos sobre ella, esta vez no la dejaría escapar… lo sabía, lo conocía demasiado bien…

Vamos… bebe… bebe algo de agua preciosa que pronto volverás al mar…

La suave voz, ahora no parecía la de Corina, y vino acompañara del clamor refrescante del agua. Gota a gota fue empapando su boca, bajando por su garganta. Cerro los ojos, no para dormir, sino para disfrutar de la sensación que invadía su cuerpo como si hubiera estado años sin el líquido, y mas aun porque vino con un relajante masaje en su garganta. La Madame de los Piratas del Abismo jamás la hubiera tratado tan bonito.

Mi hermana… sabes. Mai… la amaba… no. no es cierto, la odiaba, era perfecta…

¿Mai? Jamás escucho ese nombre antes. Los orbes ámbar se abrieron, ahora con un poco más de lucidez mientras sentía las manos aspearas de alguien jugando con la suya, cuando giro la cabeza en busca de la voz se encontró con la Valkiria Besada por El Sol. El corazón le latió, los ojos se le llenaron de lágrimas. ¡Su Unnie estaba a su lado! No la había dejado sola, no estaba un hombre asqueroso cuidándola — Unnie… — la llamo sorbiendo por la nariz, ignorando el dolor —… nunca… me… contaste nada… sobre… ti — fue lo primero que se le ocurrió decir, no era un reproche, sino más bien una muestra de alegría al conocer algo del pasado de ella — … ¿dónde esta... Mai...? yo… tambien... la odiaré... aunggg — se quejo llevando la mano al estomago… ¿Por qué dolía tanto?



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#8
La tomo por sorpresa otra cuestión bastante básica. ¿Necesitaría ir al baño? Era muy posible que lo necesitase, por ello pensó como hacerlo, al menos ya había bebido agua. Ella también bebió y sintió que era un agua bastante peculiar, quizás mas pura? Mas gasificada? Le provocaba cosquillas en la boca cuando bebía. Era… deliciosa. Seria el alcohol mejor… uuu… de pronto se le ocurrió una idea. ¿Drogarse con yerba del mar azul sería más potente en este sitio? ¿Con menos aire? Era muy posible. Descubrirlo sería divertido y más aún encontrar quien le vendiera algo de eso en los cielos.

Sus deseos de portarse mal comenzaron a rondarle la mente sus palmas fueron directamente a su rostro, la sensación de volar en las nubes además seria algo enriquecedor. Nada mejor que una drogadicta educada. Cuando se llevó ambas palmas al rostro con una gran sonrisa y la mente comenzando a calentar. Pero cuando vio a la bella durmiente joya del mar. Su rostro se puso realmente serio. —Primero el placer, después el deber…— Pero entonces cuando se paso la mano por la calva. Su rostro se puso sombrío… muy… muy sombrío. ¿Y si se portaba mal?

Busco entre las cosas que había en la habitación. Desesperadamente como un lobo rabioso. Hambrienta de algo que notaba le faltaba. Entonces las encontró en una pequeña caja de madera. Con un broche simple… abrió la caja. Ahí estaban. Brillantes, de acero, afiladas, curvadas y listas para para le ejecución definitiva de la impulsividad. Un par de Tijeras. Las tomo y su tacto parecían ser parte de ella. las tomo, las giro con maestría sobre sus propios dedos.

Se acerco a su hermana, sus ojos fijos en ella… en imaginar su reacción al darse cuenta. Si… despertaba claro… ¿Tenía que hacerlo no? si no despertaba… Maki se sentiría atroz. Antes de hacerlo tomo el rosado cabello de María Merlot y capto su aroma profundamente sus ojos brillaron… tan intensamente como el deseo cumplido de un gran señor. —Jajajajaja… ahora nada podrá detenerme, y aunque me culpen podre decir que fui dominada por la locura y el dolor— Le acaricio la cabellera con dulzura… abrió y cerro las tijeras. Como saboreando el momento.
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#9
Narrador / María Merlot



Dolor.
Dolía.

Las manos en su estomago demostraban el punto exacto y el culpable de su agonía. Cerro los ojos con fuerza esperando a que pasará aquel tirón, iba y venia como si algo estuviera acomodándose en su interior. Definitivamente lo que le hiciera el primo mono gyojin le había dejado al borde de la muerte y, temía que con algo muy difícil de curar. Solo esperaba que ese sacrificio hubiera valido la pena, que cuando volviera a ver el mar… pudiese nadar en este, ser recibida como la hija amada que siempre fue y que nunca busco dejar de ser.

Un secreto.
Tal vez no lo era.
¿Ella alguna vez pregunto?
No, nunca.

Su hermana tenia una hermana a la cual odiaba, entonces ella también la odiaría. No podía dejar a su Unnie sola en el sendero del odio. Intento decirlo pero aun le costaba articular palabras. Claro, más allá de esa confesión, lo que más emocionaba de sobre manera a la mestiza, tanto como que las lágrimas cayeran de sus orbes, fue ver la cara conocida de su querida Maki D. Zennin. Cuando pensó que podía haber caído nuevamente en las manos de los Piratas del Abismo, quiso recluirse en la oscuridad y dejarse arrastrar por el dolor hacia la muerte segura.

Recordar como ella pidió al mono gyojin por su petición, como pago el sueño de volver al mar, la hizo esbozar una tímida y alegre sonrisa. Sabía que la mujer la quería muchísimo pero nunca lo decía, y no hacía falta porque sus acciones siempre demostraban lo que las palabras no se atrevían a expresar — Unnie… te… quier... quiero mucho. Grac… gracias por estar aquí… yo… yo… tenía... miedo... pero ya... no más — susurro con la voz entrecortada por la emoción, y decía la verdad... en la oscuridad estuvo asustada pero con su hermana cerca estarlo sería absurdo, jamás, con nadie, se sentía tan segura como cuando estaba a su lado... la única, excepción a la regla, siempre, era Hyakinthos.

Luego la calidez se apartó, la vista de María volvió a nublarse. ¿Dónde estaba? ¿Por qué le daba amor y luego se lo arrancaba? Se sentía totalmente ida, aunque pudiese haber medio entendido a la Valkiria Besada por el Sol antes ahora volvió a la espesura que le provocaba la fiebre.

… ahora nada podrá detenerme…

A lo lejos escucho algo, seguido de algo similar a un “shass shasss” ¿Qué era eso? Abrió de nuevo los orbes, vio a su hermana, esa hermosa calva y quemada cabeza muy cerca… solo pudo sonreírle con el mayor de los encantos y la felicidad — Unnie… ¿me… me… quieres? — le pregunto con el brillo de la desorientación en sus orbes ámbar mientras un suspiro escapaba de sus labios — … yo… tu… igual… Hyak… ambos… mi… mi… mundo… — intento balbucear que la quería igual que al médico, ellos daban significado a su vida. Nunca se lo había dicho, no tan directo como deseaba decirlo ahora.



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#10
Las tijeras lanzaron sus veloces y crueles mordidas y el cabello de la sirena cayo al sueño brillando como estrellas precipitándose a la tierra. Un corte aquí, otro allá, dos mas por abajo y uno por arriba. Las tijeras como parte de sus propias manos se dirigieron al cabello más hermoso que Maki hubiera cortado jamás. las puntas. Esas puntas partidas dañadas por quizás arrastrarse por la cubierta del barco, las losas de la arena. Odiaba ver a Merlot tan descuidada en ese aspecto. Sabiendo que era la más hermosa de todas. Lo odiaba.

Corto todo lo que pudo ver, y finalmente cuando hubo hecho la tarea. Arreglo todo el hermoso cabello en una larga trenza para adornarla finalmente con algunas flores que habían sido traídas con la comida de antes. Flores rojas, blancas, amarillas y azules… azules?... puaj… Se aseguro de tomar todas las flores azules y procedió a lanzarlas por la ventana. —Adiós color asqueroso!!— cayeron directo a la calle para ser pisoteadas por la gente ocupada con sus propios asuntos.

Volvió a su hermana, guardo las tijeras y empezó a buscar algo de ropa para cambiarle, desde que había caído inconsciente que llevaba esa ropa. Quizás incluso necesitaba un baño, pero… como bañarla? Como hacerlo sin que pareciese raro?... mierda. Por qué no tenían a alguno de las chicas que salvaron en Drum… ellas podrían ser excelentes criadas barra grumetes barra cargadoras de bolsas de compras.

Pensó un momento y busco en el baño que tenían toallas, bata, jabón, shampoo. ¿Qué más necesitaría? ¿Algo para sacarle percebes del culo?... Maki se rasco la sien pensando que nunca se había fijado en el cuerpo de ella y si tallaba muy fuerte le arrancaría sus hermosas escamas?... sabia tan poco de ella. Decidió que a partir de ahora seria mas dulce amable y paciente con ella HAHAHAHAHAHA como si eso pasara, solo necesitaba saber que era su ancla de emergencia… pero… solo pedía que despertase… se acerco a la durmiente y la tomo entre sus brazos, primero para ponerla sentada en la cama.
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Salto de foro:


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