[Fic][Entrenamiento][Presente/Relativo] Primeros pasos de la Danza Salvaje
#1
Día 3 de Primavera, Año 18

La llegada a las islas del cielo y los juegos fueron una locura increíble tanto para conocer las habilidades de posibles enemigos como para disfrutar de un gran espectáculo, y aunque al principio desconocía el tiempo que íbamos a poder permanecer en este lugar, al finalizar el emperador nos dio la opción de quedarnos una semana más y hasta incluso nos dio alojamiento. Aquel señor mayor era todo un anfitrión. Y como no, y sin dejar que apenas pasara un día, ya me había puesto a darles charla a los habitantes de Shandora en busca de algo emocionante que poder hacer estos días. Aunque era como estar de vacaciones, uno, digo una, nunca podía bajar la guardia, y mucho menos ahora que sabía de lo que eran capaces los piratas…

Así que entre pregunta y pregunta, conseguí dar con mi siguiente objetivo: Tala. Y no tala de árboles para poder hacerle mejoras al barco con mis enorme destreza en carpintería, sino Tala, una chica que se llamaba Tala y que también conocía el hasshoken lo suficiente como para poder enseñarme el siguiente paso en este estilo de combate: la danza salvaje.

Parte I: Roto el canon, rota la puerta

Había escuchado suficientes historias sobre esta mujer como para entender que a partir de ahora, la disciplina marcial se extendía a lo extremo y que, en efecto, este sería el punto de inflexión en el camino de las vibraciones con mis golpes. A partir de aquí, y una vez dominara esta técnica, las siguientes ya iban a convertirme en una verdadera arma de destrucción masiva. Quiero decir, ya soy un arma, la fuerza de mis puños y mi velocidad asustarían a cualquiera (que no estuviera en Skypiea ahora mismo, ya que madre mía… menudas pruebas), y domino varias técnicas, poquitas, pero que exigen previo entrenamiento y buena coordinación. Es más, ya conozco un par de técnicas del propio hasshoken—. ”Soy un proyectil giratorio, una bala perforante” —tal vez eso me coloque en una buena posición para aprender variantes superiores, y por eso aquí estamos. Aunque necesito más de… todo. Mejorar en general, ¿qué fue eso de cubrir el cuerpo en una armadura? Seguro que Juan con su enorme resistencia podía aprender eso del bosu aquí en Skypiea… Sí, también me informé un poquito sobre el haki… Aunque siento que eso todavía me queda algo lejos de poder aprenderlo.

—¿Por qué mejore tan poco tras los acontecimientos de kutsukku? Maldita hemorragia —me miré la cicatriz del pecho, y el pecho—. Wow, a veces se me olvida, que increíble… Cuando me vea mi madre… Ella… Que siempre quiso una niña… ¡¡Tchakikikiyah, que gustazo!! —hablaba sola mientras me tocaba los pechos sin darme cuenta y tomaba mi camino en dirección a la casa donde vivía aquella tal Tala para, EXIGIRLE, que me enseñe la auténtica mejora del buto kaiten, y no una de un bazar donde explotan niños laboralmente, la auténtica danza, a volverse una bailonga—. ¡Allá vamos, Aki-RA! —me gusta como suena jeje. Spoiler: sonaba igual.

Lo único malo que tenía este cambio es que no me estaba nada de la ropa. Conseguí hacer un apaño con el uniforme cortando la parte de abajo de la camiseta y atándome los costados con un lazo en la parte de alante, y la ropa interior… Que horror, ahora era incómoda… Me había tocado quitarle a Nyra un par de cositas sin que ella se enterara, sin duda que la ropa interior de mujer era más cómoda que la de hombre, tal vez porque no tenía que sujetar ejem, cosas, pero era como no llevar nada. ¡Cuánta movilidad, daba gusto! Aunque por la isla había tiendas, así que más pronto que tarde le preguntaría a mi compañera que me ayudara a idear un nuevo estilo para esta nueva vida. Como Akira hombre, y dado que casi siempre llevábamos puesto el uniforme, tampoco me había complicado más que con un par de camisetas y un par de pantalones, pero ahora se me había abierto un mundo y es que había tantas opciones—. ”Normal que Masami prefiriera vestir de mujer” —pensé mientras todavía seguía, sin darme cuenta, con mis manos sobre mis pechos.

Y por fin el poblado Birka y la casa de Tala. Toqué la puerta, pero no respondió nadie… Así que hice lo propio y le pegué una patada para tirarla abajo. Si realmente era una maestra del hasshoken, estaría acostumbrada a esto y no le importaría en absoluto—. ¡¿Pero qué cojones haces?! ¡¿Estás enferma?! ¡PUTA LOCA! ¡MI PUERTA! —una mujer se lanzó corriendo a la entrada para recoger los trozos de madera que se habían quedado tirados por el suelo, y de qué malas maneras, empezó a insultarme por la cara.

—¡Oye, que yo no te he insultado, SERÁS MALEDUCADA! —le grité de vuelta a aquella tipeja, que a saber quién era y qué hacía ahí.

—¡¿CÓMO QUE MALEDUCADA?! ¡HAS ROTO LA PUERTA DE MI CASA, PERO SERÁS SINVERGÜENZA! —lo siguiente que noté fue como sus manos me rodeaban el cuello para intentar estrangularme como hacía Homer con Bart Simpson—. ¡¡AHHH, AHHH, QUE SOLO BUSCABA A TALA, PENSABA QUE VIVÍA AQUÍ, AHHH!! —grité con la lengua fuera e intentando no quedarme sin aire, y acto seguido la tipa cogió y me arreó un fuerte cabezazo intentando que dejara de gritar—. ¡JA, JÓDETE, yo también tengo la cabeza dura! —y tras un suspiro entendió que, efectivamente, buscaba a su mujer para que me entrenara en el hasshoken, y me soltó.

—Aggg, qué remedio… Vienes por el hasshoken, ¿verdad? Está cazando, no tardará en volver, anda, siéntate mientras arreglo la puerta y tomate algo… Y por dios te lo pido, no rompas nada.

—¡¡Ay, genial, muchas gracias, muy amable!! Espera, te ayudo con eso… Perdón —y tras un par de horas hablando con la mujer birka y ayudándole con la puerta hasta que pareciera que nadie había roto nada, por fin llegó la protagonista de nuestra pequeña historia: Akira. Que en realidad ya estaba aquí, y el personaje secundario: Tala.

Parte II: ¡Ya estoy aquí! La cazadora y el primer rechazo

Salí fuera de la casa corriendo, y la sensación que tuve sobre el poblado Birka, de nuevo, fue la de que, a pesar de haber estado aquí ya varios días, el tener bajo los pies nubes se sentía algo extraño y lejano. Las casas del pueblo estaban perfectamente ordenadas y siguiendo los caminos de las nubes, y el viendo corría constantemente las zonas mas calurosas que hacían ondear las telas de las ventanas. Pero sin fijarme de nuevo en todo aquello, me fijé en Tala. Mi primera impresión fue que no parecía una maestra de artes marciales, sino una persona que podía derribarme sin apenas esfuerzo. Estaba bastante fuerte y llevaba un hachazo en el flequillo que le quedaba bastante mal, vestida con pieles de sus presas y cargando una mirada seria y más fría que el hielo de un cubata.

El sol ya había bajado lo suficiente como para que las nubes se mostraran de un color dorado/naranja—. ¿Buena jornada de caza? —expresé cruzándome de brazos. La mujer llevaba el cabello recogido en una coleta que descansaba sobre su hombro derecho y tenía roña y mugre en las sandalias, mientras que cargaba parte de la caza del día con una facilidad que me hacía pensar que, perfectamente, podía cargar el doble sin despeinarse. Sin despeinarse más de lo que ya estaba, porque menudo corte de pelo más feo que me traía la pobrecica. Era alta, atlética y bien musculosa, con dos alas a la espalda y un par de antenas en la cabeza. Tenía además varias cicatrices, una visible en el hombro derecho y otra que se dejaba ver por la cadera—. ”Si es que todos tenemos marcas de algo… Que peligroso el mundo, madre mía…” —no había nada especialmente elegante en su aspecto, solo una sensación de fuerza bruta y seguridad que hacían que todo lo demás pareciera secundario.

—¿Tu eres Akira? —me increpó con su mirada seria y penetrante sin ni siquiera molestarse en decir un mísero “hola”.

—Sí, soy yo, un placer Tala, me han hablado mucho de ti y… —intenté presentarme de la mejor manera posible, ya que había roto la puerta de su casa, y aunque ahora estuviera perfecta y me hubiera llevado bien con su mujer, la primera impresión había sido a voces y con insultos, y solo esperaba que esta segunda vez fuera algo diferente… A fin de cuentas, esta mujer era quien realmente debía de entrenarme, pero me cortó la frase en seco.

—La gente habla demasiado —joder, a parte de seria, era una mujer seca. ¿Alguna vez sonreía? Seguro que a su mujer le ponía buena cara siempre, ¿por qué conmigo tenía que ser tan seria? No llegaba a ser borde, pero me resultaba un poco incómodo…

—Me dijeron que eres una de las mejores practicantes del hasshoken —dije con entusiasmo y un gesto que ya rozaba la desesperación—. ”Sonríe, hostia.”

—La gente también exagera demasiado —su expresión no cambió nada, ni una mueca, ni un suspiro, simplemente estaba ahí, quieta, con la presa todavía al hombro y mirándome fijamente. Ya no conseguía diferenciar si aquello era modestia o simplemente falta de interés… Pero no me detuve y continué hablando.

—Quiero aprender, maestra —le expresé acompañando mis palabras con una leve reverencia, para después volver a erguirme para mantenerle la mirada, esta vez también con seriedad.

—¿Qué quieres aprender? —pero esta tipa… Acabo de decirle que vengo por el hasshoken, cómo que ¿qué quiero aprender? ¿A cultivar patatas?

—La Danza Salvaje, el Ranbu —noté como dejaba a un lado los frutos de su caza y cómo recibía a su mujer para que ella empezara a despiezar las presas para repartir al resto del pueblo, y tras eso y por primera vez, por fin noté que me prestaba verdadera atención. Sus ojos color avellana se volvieron a clavar en los míos y permaneció callada un momento, como si estuviera evaluándome o intentando descubrir si realmente le estaba hablando en serio o intentaba quedarme con ella.

—¿Dominas el Buto Kaiten? —levantó el mentón y se cruzó de brazos, esperando mi respuesta.

—¡Sí señora!

—Enséñamelo, contra ese poste de ahí —me dijo señalando al típico maniquí de entrenamiento, siendo este un tronco de madera con ojos pintados y una sonrisa a media altura.

No me lo pidió dos veces, y aproximándose a aquella área de “entrenamiento”, me coloque en posición y ejecuté la técnica tal y como la había aprendido. Apoyé mi cabeza en el suelo, elevé las piernas, junté el cuerpo y empecé a girar como una peonza hasta convertir la rotación en un movimiento continuado—. ¡Buto Kaiten! —grité, y tras eso, avancé hacia el poste, intentando demostrarle a Tala que tenía el control suficiente como para cambiar ligeramente mi trayectoria mientras me desplazaba.

Pero por desgracia, esta mujer no se impresionaba fácil, y al acelerar un poco más de lo necesario, forcé el cambio de dirección perdiendo el eje y saliendo despedido, digo despedida, hacia un lado. Había conseguido impactar en el poste, pero frenar aquel giro a aquella velocidad y movimiento, era más complicado de lo que parecía a simple vista.

Me levanté con dignidad, y al volver la vista a la skypieana, noté como me miraba con una expresión que no dejaba lugar a dudas de que no le había convencido del todo—. Eso no ha sido un Buto Kaiten controlado.

—Puedo hacerlo mejor.

—Lo sé.

—Pues enséñame el Ranbu.

—No.

Parpadee rápidamente, intentando volver a fijar la mirada. Ni la señorita Matcha se había hecho tanto la difícil—. ¿Por qué no? —le pregunté con curiosidad y algo de rabia. Si sabía que podía hacerlo mejor, ¿por qué no me ayudaba a mejorar para conseguir dominar la siguiente fase de mi entrenamiento en hasshoken? Y entonces entró a su casa y cogió un paño de la cocina para salir fuera de nuevo mientras se limpiaba las manos.

—Porque no dominas lo que ya conoces —y oh… Esa respuesta me molestó más de lo que estaba dispuesta a admitir. Me había pegado una paliza andando hasta llegar al pueblo para encontrarla y esperaba algo más que una negativa… Pero cuanto más intentaba convencerla, menos parecía interesarse en escucharme. Y finalmente acepté para quedarme allí, quieta, sentadita en el suelo, con las piernas cruzadas, para simplemente verla a ella entrenar, y así aprender a mejorar.

Parte III: Escuchamos, pero no juzgamos

La definición de Tala sobre lo que significaba entrenar era más curiosa de lo que imaginaba, a diferencia de Sira, que era más salvaje a la hora de ejecutar sus técnicas, pero a simple vista lucía una chica amable, Tala parecía más metódica con sus movimientos… Cualquiera lo diría vistiendo con pieles de animales… Aunque también me habían avisado que tuviera cuidado dado su nulo autocontrol, así que lo mejor sería hacer lo que decía sin rechistar.

Ahora mismo, la mujer, parecía indiferente con todo, siempre con esa cara de seria, de intelectual, de enciclopedia. Estaba en el centro de su extraño “campo de entrenamiento”, que se traducía en un monigote que era un tronco mal cortado, al lado del palo, con los brazos cruzados y las alas recogidas en su espalda, observándome… Pero esta vez como si hubiera estado esperando este momento durante horas… Cuando apenas llevaba ahí unos minutos.

—Venga, empieza.

—¿Empieza? ¿Qué quieres que haga?

—Buto Kaiten.

—¿Otra vez?

—Otra vez.

Me iba a tener dando vueltas todo el día… Lo estaba viendo venir… Así que hice lo mejor que pude en colocar la postura de la técnica, y de nuevo comencé a ejecutarla, esta vez con mayor cuidado, porque ya sabía que cualquier error supondría que se enfadara y que me pegara una hostia—. Buto Kaiten —expresé esta vez con algo de recelo y una mueca de rabia. La primera vuelta fue estable, la segunda también y durante las siguientes pude mantener la trayectoria sin ningún problema, pero entonces Tala me volvió a parar en seco, para señalar una marca que había dibujado en el suelo, con la misma pintura con la que le había dibujado la cara al monigote.

—Hay un círculo, ¿no lo ves? —me hizo mirar hacia abajo mientras volvía a ponerme de pie, y en efecto, había un círculo alrededor del punto donde me había dicho que comenzara a dar vueltas—. No puedes salir de ahí mientras giras. Y vas a estar girando hasta que yo diga lo contrario. —y qué remedio. Volví a gritar el nombre de la técnica y me puse de nuevo a girar. Lo único que esperaba ahora mismo es que no me tuviera girando durante horas y horas, ya no solo por marearme, que aunque me costara bastante llegar a ese punto, acabaría sucediendo, pero por el hambre, por el sueño, por la fatiga… Y esta mujer era muy firme en lo que decía…

Había hecho el Buto Kaiten bastantes veces desde que lo aprendí, pero mantenerlo durante tanto tiempo… Ni de coña. Gira, avanza, ataca y fuera, a otra cosa mariposa. Y ahora mismo es que no me estaba permitiendo avanzar, tenía que girar sobre el mismo punto mientras la fuerza centrífuga hacía que la velocidad de mi rotación aumentara por momentos, y como era natural y de esperar, mi cuerpo tendía a desplazarse ligeramente hacia un lado. Y eso no podía pasar. Tenía que compensar el movimiento del giro con el movimiento de mi cuerpo al realizarlo para corregir la posición sin parecer brusca. Y entre tanto y tanto, Tala me ordenaba parar para volver a empezar de nuevo. Había dado ya tantas vueltas que hasta perdí la cuenta…

—Estás luchando contra tu propio movimiento —me dijo después de que casi tropezara conmigo misma al intentar levantarme sin salirme del círculo.

—Intento controlarlo…

—No es lo mismo —y se volvió a marchar, haciendo que me quedara de nuevo con la duda de si volvería, pero sí lo hizo, y regresó con un par de sillas del interior de su casa—. Siéntate donde estás —y me dirigí a la silla, pero me la movió velozmente haciendo que me cayera de culo al suelo.

—¡Oye, ¿por qué has hecho eso?! —le grité mientras me levantaba y me secaba el sudor de la frente.

—Te dije, donde estabas —y entonces señaló de nuevo al círculo, y ella con todo su papo se sentó en la silla como una señora—. ¿No sabes donde estabas? Sabías dónde creías que estabas, pero no dónde estabas.

Esa frase hizo que me quedara callada pensándolo un poco. ¿Tenía que saber dónde estaba en realidad, no donde creía que estaba? ¿No era lo mismo? Miré a Tala una vez me senté en el círculo, y la mujer señaló mis piernas—. Eres una inútil y me estás empezando a sacar de quicio… Cuando giras, piensas en tus malditas piernas. Después piensas en tus malditos brazos, y luego en tu cintura y luego en tu dirección. Es como si intentaras controlar cada parte de tu cuerpo como si fueran piezas sueltas, pedazo de inútil.

—”Oye pero qué les pasa en este pueblo, ¿no eran tan felices? ¿Por qué todos me insultan? Ahh, ya sé… Es envidia de lo guapa que me he vuelto, debe ser por eso” —pensé mientras le observaba nuevamente aquel flequillo tan mal cortado.

—Debes girar como un todo, eres una y ya. Cada parte de tu cuerpo es parte de ti, no este brazo de Pepito y esta pierna de Jaimito —se cruzó de brazos con más énfasis y se puso recta estirando su espalda, mientras permanecía sentada en la silla con las piernas espatarradas y observándome—. Gira como un todo, que para eso entrenas coño.

Las siguientes horas fueron yo intentando cambiar la manera de ejecutar el Buto Kaiten, y empezando a despreocuparme, no siguiendo tanto con la mente cada músculo sino concentrándome en la sensación general que me hacía sentir el movimiento. Cuando relajaba el cuerpo la rotación se volvía más estable, y cuando intentaba forzar la trayectoria con según que parte de mi cuerpo, me acaba desviando…

Poco a poco empecé a notar lo que antes ignoraba, según Tala, la forma en la que el viento se unía a mi cuerpo cuando empezaba a inclinarme y cómo me golpeaba en según que ángulo, cambiando la presión y la manera en la que los brazos y las piernas se podían separar de mi torso apenas unos centímetros, consiguiendo que esto alterara por completo el eje de rotación y empezará a sentir que podía moverme a voluntad, y no solo en una dirección, sino en una dirección yendo más rápido de lo habitual.

No era cuestión de fuerza, sino de percepción, y esa fue la primera lección que la pesada de Tala consiguió enseñarme, entre insultos y malas caras, por supuesto. Aunque visto desde fuera, parecía absurdo, la mujer no dejaba de dibujar círculos, esta vez sobre las nubes, obligándome a girar dentro de ellos durante mucho, muuuucho tiempo, hasta que finalmente conseguía mantenerme estable y entonces cambiaba el tamaño del circulo, fozandome a trabajar con menos espacio.

Y luego con obstáculos alrededor, ordenándome que los atravesara sin detener la rotación, para controlarla mejor. Al principio eran postes sencillos de madera, pero luego iba moviéndose ella para que ni siquiera pudiera memorizar el recorrido. Segunda lección aprendida: el control no significa aprender una trayectoria perfecta, sino ser capaz de adaptar dicha trayectoria—. ”Avanzamos, Akira, avanzamos.”

¿Y lo siguiente qué fue? Que dejó de mover los troncos para empezar a lanzármelos directamente, cosa que no me esperaba y que hizo que reaccionara demasiado tarde, realizando un movimiento rápido para evitarlo y rozando ligeramente mi hombro contra otro poste, y aunque terminé esquivandolo, me salí del maldito recorrido. Parecía un examen de conducir esto.

—¡¡Has fallado, estúpida!! —me gritó desde lo lejos con los dientes que parecían de un tiburón y con la cabeza de un tamaño más grande de lo habitual.

—He esquivado el tronco.

—Y has perdido el control.

—Pero no me he golpeado.

—Me la pela, tu cuerpo sabe cuándo cambia el equilibrio antes de que tus ojos lo entiendan, no confías en tu equilibrio, maldita sea, confía en tu puto equilibrio.

—”Que maleducada, dios…”

Pero sus palabras me obligaron a pensar. Había dependido de la vista durante prácticamente siempre, veía al enemigo, calculaba distancia y entonces analizaba como actuar, pero esta vez Tala me estaba pidiendo que desarrollara una percepción distinta, que me permitiera reaccionar incluso cuando mi visión quedara anulada a causa de la velocidad de la rotación. Joder, que difícil, ¿cómo se hacía eso? Aunque también empezaba a entender porqué tenía que dominarlo antes de dar el salto con el Ranbu.

Parte IV: Vamos a construir el impulso

Una vez que mi control fue suficiente, por fin, tocaba empezar a trabajar la velocidad, había soñado por este momento y por fin, había conseguido que la malhumorada de Tala se dignara a enseñarme la mejora del Buto Kaiten, pero para mi desgracia, esa parte era hasta más complicada que el entrenamiento que me había estado haciendo anteriormente.

—Para que te enteres, el Ranbu es más rápido —ya estaba de nuevo hablando con malas formas, esta tía… De verdad—. Pero no quiero que pienses que simplemente es girar más deprisa, si haces eso, te vas a morir antes de dominarlo.

—¿Cómo que morir? Si no me he partido el cuello ya con esto no creo que me lo vaya a partir ahora, ¿no? —la mire seriamente y con algo de preocupación, más que nada porque la tía seguía ahí, seria, y dandome a entender que realmente conocía los peligros de esta nueva técnica.

—Es una posibilidad, sí. No intento tranquilizarte.

—Creo que diciéndome eso, tranquilizarme es lo último que haces.

—Lo sé —”¡MALDITA TALA!”—. La velocidad aumenta el impacto porque acumulas más fuerza durante el desplazamiento pedazo de inútil, cualquier error hace que sea más peligroso. Si pierdes tu eje utilizando el Ranbu, te mueres. Simple y sencillo. Controla la velocidad y ya.

Sin ningún tipo de duda, Tala era de lo más… Qué decir… Parecía que estaba en un punto en el que ya le molestaba todo… Aunque esta última diferencia resultó ser fundamental. Durante los primeros intentos de acelerar medía la fuerza, pero la skypieana me detenía inmediatamente. Me obligaba a aumentar la velocidad poco a poco, utilizando la posición de mi cuerpo para reducir la resistencia y corregir la postura para poder ir aumentando los impulsos en cada vuelta, hasta que finalmente mi movimiento comenzó a cambiar y ya no necesitaba esforzarme tanto para conseguir lo mismo. Estaba consiguiendo girar más rápido, mucho más rápido, mientras Tala observaba en silencio cada movimiento en busca del más mínimo error.

Era una tipa seria y de reacciones algo desproporcionadas acorde a la situación, pero sin duda se estaba preocupando de enseñarme y lo más importante, de enseñarme sin que me lesionara o me matara en el intento de hacerlo.

—Tus hombros —los relajaba.

—Tu cintura —la relajaba.

—La pierna izquierda —corregía y la colocaba de nuevo.

—Otra vez —y así durante horas hasta que ya por fin se hizo de noche y le tocó tanto a ella como a su mujer acogerme en su humilde hogar. Pero eso no llegó hasta que por fin mi cuerpo recordaba sin siquiera yo pensarlo todas y cada una de las correcciones, incluso antes de procesar los movimientos en mi cabeza, memoria muscular tal vez, era genial.

A la mañana siguiente bien temprano, volvimos a lo mismo, pero esta vez ya no me lanzaba troncos sino piedras. Una, otra. Y otra más. Muchas de golpe. Piedras grandes, piedras pequeñas, piedras que venían del cielo, piedras que venían del suelo. Piedras verdes, piedras negras, piedras en salsa, piedras al vapor. Piedras.

—¡No mires las gambas, digo las piedras! ¡Mírame a mí! —no quería que reaccionara a la piedra, sino al movimiento antes del impacto que tendría contra mí, contra el movimiento de Tala antes de lanzarla. Si esperaba a ver la piedra, sería tarde, tenía que leerla a ella. Le observe el hombro, como lo movía ligeramente, y entonces cambié yo mi trayectoria. Después desde otro ángulo, y volví a cambiar. Y poco a poco, el ejercicio se convirtió en una especie de conversación por gestos. Y cada vez que intentaba anticiparme con demasiada prisa, me sorprendía con un nuevo lanzamiento.

—No intentes adivinar, observa, siente, y reacciona.

Parte V: La auténtica Danza Salvaje

Por fin, tras muchas horas, mucho hambre y mucho sueño, conseguí mantener el Buto Kaiten tanto como me diera la real gana. ¿Cómo podía ser que una técnica que creía que ya dominaba me hubiera costado tanto de mantener en el sitio? Los cambios de dirección que estaba haciendo antes de conocer a Tala eran bruscos, como si fuera un toro embistiendo, pero gracias a ella había logrado entender que, para cambiar de dirección sin perder el eje, si quería alcanzar grandes velocidades, notablemente superiores a mis ya habituales dando vueltas como peonza, tenía que ser capaz de fluir y de anticiparme a mis propios movimientos.

Nos acercamos a una plataforma amplia y flotante, un poco alejada del pueblo. El viento soplaba fuerte y el cielo estaba totalmente despejado, y es que allí en las alturas, entre las nubes, lo raro era que no se alcanzara a ver el sol. Una vez en la plataforma, con suficiente espacio y esta vez sin obstáculos, o bueno, sí que había un obstáculo: mi maestra.

—Bueno Akira, venga, que ya me he cansado y te veo capaz. Hoy vas a usar el Ranbu. Y tal vez pienses que es lo mismo que el Buto Kaiten, pero notarás la diferencia, creeme. Y no te emociones demasiado, probablemente necesitarás muchas otras horas para terminar de dominarlo. Así que venga, que no quiero tener que volver a recibirte en mi casa —duras palabras para alguien que solo había mostrado amabilidad. Hice una mueca y solté un suspiro.

La mujer salvaje se colocó frente a mí y se mantuvo inmóvil, con los brazos cruzados, mirándome. Otra vez. Pero sin darme tiempo se abalanzó doblando su cuerpo para colocar la cabeza sobre el suelo y empezar a girar a una velocidad de infarto. Dándome una buena hostia que me mandó volando fuera de la plataforma y que hizo que me volviera a tocar subir.

—¿Ves? Ahora impacta contra mi impacto o te mato.

Y entonces de un salto sin apenas llegar a colocar mis pies de nuevo sobre aquella elevación que estábamos usando como campo de combate, me lancé junto con ella con mi propia técnica que acababa de aprender—. ¡¡RANBU!! —y con una fluidez a la que no estaba acostumbrada, noté como la velocidad de mi giro y de desplazamiento aumentaba al mismo tiempo que mi cuerpo permanecía estable. Podía sentir el eje, la rotación y hacer correcciones sin perder la trayectoria, es más, ni siquiera necesitaba tener la vista fija en un punto para dirigirme hacia él. ¿Estaría mi cerebro dándo vueltas dentro de mi cráneo?

Y sin darle más vueltas, no literalmente… UN ESPACIO, una abertura, Tala lo había hecho a propósito. No la estaba viendo con la vista fija, pero era como si mi mente tomara las secuencias del espacio donde había conseguido verla, y crear una imagen clara en mi mente de su posición en el escenario. Y entonces me aproximé pensando en el impacto, Ranbu contra Ranbu, y de nuevo salí disparada.

—No vas a poder conmigo, pero lo has hecho bien —se acercó al borde y me estrechó el brazo para ayudarme a subir—. Has conseguido golpearme con mi misma técnica, aunque todavía te falta fuerza, y en eso ahora mismo te gano. Tu simplemente ten esto en mente: el golpe es una consecuencia del movimiento. El Rabu no es más que un Buto Kaiten a mayor velocidad. Lo tenías desde el principio, solo te he molestado un poco para que aprendas a salir disparada a mayor velocidad.

—¿Es lo mismo pero más rápido y con más fuerza? —expresé con algo de duda. Pensaba que todo esto era para aprender una técnica nueva, pero al final era casi lo mismo, solo que con mayor control y potencia.

—Sí, eso mismo. Ale, ¡que te vaya bien! —y me dió la espalda y volvió a marchar al pueblo, a su casa. Que tenía prisa y quería cenar con su mujer. Y que no fuera, obviamente, que hoy no me iban a recibir con buena cara. ¡¿Cuándo había pasado eso?! ¿Realmente le había caído bien yo a esta señora? Me vacilaba y me sonreía, pero se quedaba conmigo todo el tiempo. ¿Me había conseguido caer bien a mi? Matcha era más amable, aunque esta mujer parecía más directa, a pesar de sus malos modales y su cara tan seria.

—¡Eso, vete! ¡Que te den lo tuyo a ver si alegras por fin ese careto que me traes! —y mientras caminaba en dirección opuesta a mí y dándome la espalda, me sacó el dedo. Jajajaja, esto último más que molestarme me hizo gracia, me hizo sonreír y sentarme en la plataforma agradeciéndole, de manera extraña, el haberme presionado hasta controlar mejor el Buto Kaiten hasta conseguir dominar el Ranbu.

Y ahí me quedé, con una mano delante y otra mano detrás. La pava se había ido y me había dejado allí en mitad de la nada, subida a una plataforma flotante, y diciéndome que ¡ya lo tenía controlado desde el principio! Durante mucho tiempo pensé que las técnicas eran acciones, la haces y ya, pero esta mujer me había vacilado como le había dado la real gana, haciéndome creer que cada acción era capaz de transformarse en una siguiente. Y qué razón tenía, y qué útil me había resultado venir aquí a “perder el tiempo”. Por lo menos había aprendido a salir disparada al realizar el Buto Kaiten y a ejecutar la técnica con mucha más potencia.

Me volví a las casitas que Zarutsuki nos había dejado como alojamiento durante esta semana hasta que abandonásemos Skypiea, y la verdad es que tampoco aguante despierta hasta muy tarde. Mientras cenaba no podía dejar de pensar en el entrenamiento y aquellas palabras tercas de Tala: “Lo tenías desde el principio, solo te he molestado un poco. Ale, ¡que te vaya bien!”.

—Será desgraciada… —susurraba entre bocado y bocado, para terminar entre risas—. ¡Menuda tía, tchakikikiyah!



Resumen

—Hablo —. ”Pienso”
#2
✓
Entrenamiento: Completado
TECNICA:

— Buto kaiten: ranbu

STAFF DE NAKAMA NO MI
Aviso


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