Maria Merlot
Fuerza
Resistencia
Destreza
Precisión
Agilidad
Reflejos
Inteligencia
Voluntad
C. de Haki
C. de Akuma
272
136
277
84
173
277
122
287
100
0
Día 2, Año 18.
Primavera.
Isla Skypiea, Zona en los cielos.
Oscuridad.
Silencio.
¿Dónde estaba?
Por primera vez en mucho tiempo su mente se encontraba apagada y los grillos en silencio absoluto. No había color, no había emoción. Un lienzo azabache que absorbía cualquier síntoma de vida. Aunque su consciencia seguía palpitando. ¿Estaba viva? ¿Murió? ¿Se trataba de un limbo? El abrazo frio de la nada, solo existía eso. La sensación de estar en algún sitio pero no poder tocarlo, sentirlo, verlo, olerlo o escucharlo. ¡Eso, eso era! Sus sentidos estaban fuera de servicio, como cuando algo no puede ser usado y requiere reparación y tal vez un poco de amor.
Latido, Pum, Pam. ¿Se trababa de su corazón? Difícil saberlo, no sabía nada, no podía conjugar una sola palabra o pensamiento. Ni frio, ni calor. ¿Alguien, cualquiera, sabía dónde estaba? Flotaba en las tinieblas más sombrías que jamás conoció. Ella solo deseaba nadar nuevamente, tocar el agua, sumergirse a las profundidades, ser abrazada y consolada por lo único que siempre estuvo ahí para ella y que nunca le falló. No importaba cuanto daño le hicieran o cuantas lágrimas derramará, si lograba terminar su día inmersa en el hermoso líquido incoloro y salado podría resistir un día más, un poco más, hasta que llegará el día en que pudiese encontrarse con aquel que la amo sin prejuicios, que la cuidó y le enseñó tanto, por breve tiempo... y que le hizo entender lo que significaba tener una vida normal. ¿Por eso la buscaba tanto? ¿Por eso la anhelaba por sobre todas las cosas? Tal vez sí, esa pequeña niña, su yo del pasado no tan lejano, añoraba la sensación de ser alguien normal, común y corriente, aunque no dudaba que su precioso rostro, con el paso de los años, causará una que otra mirada incomoda pero bajo la protección de su padre… ¿qué daño podrían hacerle?
Dolor.
¡Duele!
El estómago… no como antes en los juegos, no como después con el Malvavisco. Ardía, poco a poco fue siendo más y más. ¿Por qué dolía? ¿No se suponía que la muerte la llevaría a descansar eternamente sin sufrimiento ni remordimientos? Intento llevar las manos al sitio pero no había manos, tampoco estómago, no había nada… solo oscuridad. Entonces… ¿De dónde provenía ese fuerte dolor e incomodidad? No lograba entender nada, por lo general necesitaba leer sus bitácoras para recordar cosas importantes del mundo… ¡No! No necesitaba entender nada del mundo ahora mismo, lo que necesitaba era… encontrar su cuerpo… si, eso, necesitaba su cuerpo. ¿Dónde lo dejo? ¿Cuándo fue la ultima vez que lo vio? Un coliseo, Maki D. Zennin, Hyakinthos, un viejo primo gyojin, un flotador, luces, colores, plumas, trenzas, arcoíris, mermelada. ¡No lograba enfocarse!
Hola. Alguien…
¡Hola!. Por favor…
¿Hola?. Tengo miedo…
María esta perdida en el limbo de su inconsciencia. Siente dolor, siente miedo... y a la vez no siente nada.
Karma Fanático: Hyakinthos.
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¿Alguien?
¿Nadie?
¿Unnie?
¿Algodón de Azúcar?
El limbo la seguía abrazando. Estaba sola, asustada y en completa oscuridad, con un dolor insoportable en el área intermedia del estómago. Quería gritar, llorar, quejarse, retorcerse, cualquier cosa… pero no encontraba en ningún lugar su cuerpo. ¿Por qué ni muerta podía obtener paz? ¿A quien ofendió en su otra vida, si es que existían otras vidas? ¡No! Ella no estaba muerta, solo estaba… en… un sitio indeterminado y mientras pudiese hilar una línea de pensamiento lógico o ilógico, estaría bien. ¡Siempre estaba bien! Debía ser positiva… porque no la dejarían sola, ellos no… ellos demostraron ser verdaderos nakamas. Su Algodón de Azúcar, su hermana nacida de otra madre. Encontrarían su cuerpo, si, seguro ahora mismo estaban buscando su sus extremidades para armarla como un rompecabezas y pagando la renta de la luz para que dejará de estar en oscuridad absoluta... pero no podía dejarles hacer todo a ellos… debía intentar… ¿intentar qué?
Despertar, sería buena idea.
¿Quién dijo eso?
Lo dije yo.
¿Yo?
No, tu no. Yo.
¿Eh?
Si sigues así jamás saldrás de la oscuridad. Inténtalo, pon más de tu parte sirena vaga. Esa voz le resultaba familiar, extrañamente familiar, demasiado si le preguntaban. Sería lindo que alguien le preguntará. En cualquier otra circunstancia hubiera refutado pero ahora mismo se sentía… en los brazos de una niebla tenebrosa que no la soltaba, y nadie la ayudaba. ¿Por qué nadie la ayudaba? Porque debes ayudarte a ti misma. Ahí estaba de nuevo la voz con ese tono que le gritaba sin gritarle. Ella no sabía nada, quería decírselo pero se sumergió nuevamente en el dolor de su estómago. Ahora que lo pensaba… estar ahí flotando en la oscuridad podía ser su nueva forma de nadar, ya que estaba maldita por culpa de la fruta… se podría quedar así por y para siempre…
No autorizo.
¿Y quien era esa voz para decidir que hacia o dejaba de hacer ella? Si tuviera su cuerpo la mirada asesina que le hubiera dedicado no tendría precedente alguno. ¿Por qué tenía que ser todo tan difícil? ¿Por qué no podía solo dejar de pensar? ¿Dónde estaba la luz al final del camino? ¿Cuándo vendría Juan Sebastián por ella? ¿Habrá cambiado en todos estos años su padre muerto? ¿La reconocería? Ella si había cambiado… creció... se rompió.
Sal de la oscuridad. No puedo sacarte yo. María Merlot. Levanta ese divino trasero, abre esos preciosos ojos, haz algo o los preocuparas. ¿Eso quieres? La Valkiria Besada por El Sol debe estar quemando todo por ti. El médico olvidadizo debe estar afligido y buscando mil y una forma de traerte a la vida. ¿Y que haces tu? Te quedas ahí esperando a ser rescatada como una hermosa princesa de cuentos de Hadas. Te doy un spoiler, hermana, no lo eres… y si quieres salir de aquí debes hacer algo más que dejarte hundir por el limbo.
¿Cómo salgo? No lo sé… ayúdame.
Con temor, con miedo… con suplica, fue el susurro que su mente le dio a la otra voz en su cabeza. ¿La muerte la había terminado de volver loca? No lo sabía, solo entendía tres cosas: 1. No sabía dónde estaba. 2. Sentía un gran dolor en el estomago incorpóreo. 3. Esa voz le recordaba tanto a su hermano Jensen Valentin.
María continúa perdida en el limbo de su inconsciencia. De pronto una voz dentro de su limbo personal generado por el sueño en el que se encuentra sumergida la empieza a animar para que despierte. Ella no sabe cómo…
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¡Con fuerza!
Eso intento.
No lo parece.
No lo ves porque todo esta oscuro.
No lo veo porque no lo estas intentando, carajo.
¿Por qué no regresaban los grillos? Los extrañaba. Ellos solo chillaban, hacían mucho ruido pero jamás hablaban ni la hacían frustrar como la voz que actualmente la acompañaba en el limbo oscuro en el cual se encontraba y no podía salir. Si pudiera llevarse las manos a la cabeza y tirar de su larga cabellera rosada lo haría sin dudar, también morder su labio inferior hasta hacerlo sangrar, justo como su persona favorita del mundo solía hacer y que poco a poco se había vuelto un habito inconsciente en ella… ¡Inconsciente justo como estaba ahora! Aunque sentía que… lo podía lograr. Tal vez la voz tenía razón, no estaba poniendo suficiente de su parte pero… ¿Cómo culparla? Si todo estaba oscuro.
Un pitido empezó a sonar. Suave y aumentando paulatinamente. ¿Qué estaba sucediendo? ¡Cállenlo! Su respiración se agitó, aunque no tuviera pulmones podía sentir el aire desesperado o solo era la desesperanza de la situación. Un golpe. Viento. Un apretón en sus pies. Vueltas, y más vueltas. ¡QUEEEEE ESTABAAAAA PASAAAANDOOOO! Apenas pudo balbucear cuando sintió como si un barco se estrellara contra ella. La oscuridad se volvió una luz cegadora. Poco a poco iba bajando la intensidad hasta que pudo, al fin, ver algo… ¡Sus manos! Le siguieron sus brazos y piernas. Toco su cabeza, la cabellera seguía igual de larga. Estaba desnuda, no le importaba porque podía verse al fin, aunque estaba en una especie de habitación blanca, impoluta, le recordó a un malvavisco. Llevo las manos a su pecho, los apretó, seguían siendo del tamaño perfecto. Miró abajo nuevamente, algo apretaba sus pies. ¡Unas zapatillas de tacón de color rosado brillante y llenas de purpurinas plateadas! Y en su cabello dos lazos verdes como iguana. De la nada apareció un vestido a cuadros azules, y en su mano una cesta… ¿Eh? Empezó a caer, la falda se levanto dejando a la vista su ropa interior. ¿Qué esta pasando? gritó esperando obtener una respuesta pero llegó con forma de… suelo.
¿Dolió?
No, no dolió nada. Solo dolía su estómago. Se levantó del suelo, un césped muy verde. Miró a su alrededor. Un paisaje muy… de pradera. Cielo azul, nubes blancas. Se estiró y limpió. Cotillo dentro de la cesta. Vacía. Inclinó la cabeza. Estaba muy confundida.
Sigue el camino de baldosas azules… azules como los marines, si ves alguno envíalo a mi huerto. Si quieres despertar, llega hasta el final. Te estaré esperando. No puedo hacer más por ti, hermana. Sigue el camino, no te desvíes. Ellos te están esperando. No los hagas preocupar más. O si, hazlos preocupar así te aprecian aún más.
La voz de antes resonó de algún lado. María giró sobre su propio eje buscando al dueño de la misma y mientras lo hacia todo le dio vueltas. El cielo se vino abajo, la tierra se elevo. Y una manada de cebras aladas y con rayas multicolores pasaron a su lado, hasta pudo jurar que una de ellas le guiño uno de sus orbes, y otra le lanzó desde el hocico un papel, que cuando lo abrió decía: “Anota mi Piruleta Preciosa”.
¿Podía regresar a la oscuridad?
María continúa perdida en el limbo de su inconsciencia. Intenta salir de la oscuridad, no lo logra a la primera. Luego de no sabe cuánto tiempo, la oscuridad es reemplazada por mucha luz hasta que queda en una especie de habitación blanca y desnuda. Después se mira los pies y descubre unas zapatillas rojas en sus pies, y parece un vestido a rayas azules. Logra conseguir su cuerpo en medio de una pradera mientras la voz le dice que siga el camino de baldosas azules pero antes de hacer nada una manada de cebras multicolores pasa a su lado.
María Dorothy Merlot
Karma Fanático: Hyakinthos.
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Seguir el camino.
El de color azul marine.
Las instrucciones eran fáciles solo debía el mundo dejar de distorsionarse, dar vueltas y hacerla marear. ¿Estaba flotando de nuevo? Cerró los ojos con fuerza mientras apretaba el papel con el contacto de la cebra coqueta. Al abrirlos el cielo volvía a estar arriba, el suelo volvía a estar abajo. No había ninguna manada de cebras aladas pero el papelito seguía existiendo. Dudo por un momento. ¿Quién era ella para no llamar a la cebra imaginaria de su cabeza? Lo guardo entre su camisa, justo en el lado izquierdo del seno derecho. Echó su cabello hacia atrás. Respiró profundo. Debía seguir el camino amarillo. ¡AZUL, MARI, AZUL! Si, eso dijo, debía seguir el camino azul marine... azul como el mar, azul como los ojos de una estrella radiante y brillante.
La mujer no sabía a dónde ir así que fue al oeste. ¡HACIA EL OTRO LADO! De nuevo la voz… ¿Por qué le gritaba? ¿Qué iba a saber ella cual era la dirección? Si bajas la mirada lo verás. Siguió la instrucción, ahí estaba… comenzaba a pocos centímetros de sus preciosos zapatos rosados. Oh, el camino azul marine. Debo seguirlo. Murmuró llevando una mano a sus labios. ¿Por qué debía seguirlo? Él había dicho despertar. ¿De qué debía despertar? Auuugh balbuceó sintiendo una punzada en el estómago, justo a la altura del ombligo. Se llevo las manos a este, el rostro se frunció. Si, ya recordaba. La oscuridad. El Miedo. Sus nakamas. ¡Quería verlos! Los vería… ¿estaban al final del camino azul? No lo sabía pero iba a descubrirlo. Puso un pie delante de otro pie dando inicio a su caminata. Minutos, horas, semanas, días, lustros, milenios. No supo cuánto tiempo transcurrió. Iba saltando, y tatareando una nana que escucho antes, en algún lugar remoto.
No, no, no. ¿Qué haré? Soy tan tonto como una piedra. ¿Cómo lo hago? María se detuvo cuando de la nada, o siempre estuvo ahí a un lado del camino, un espantapájaros con alas blancas y cabello azabache llamo su atención. Ese ser de cara pálida le recordó al Príncipe Einar. ¡Una cara conocida! Sin dudarlo la mestiza salto a sus brazos. El sujeto se petrifico. ¿Qué haces? interrogo sin saber qué hacer. Pensé que no volvería a verte, te he extraño mucho, un millón más dos millones. ¿Por qué no respondes mis llamadas? Tengo tanto que contarte. Le habló con evidente cariño la damita. No sé quien eres, no te conozco. Refutó el espantapájaros. Soy yo, María Merlot. La chica se separó viéndolo con sus grandes ojos ámbar. Lo siento, no te conozco. No tengo tiempo para esto. Tengo que resolver como separar estos dos aros. La apartó con cuidado, volviendo a su misión de entender como uno un circulo quedaba atrapado con otro circulo. Por un momento la joven quedo confundida. Llevó la mano a su cabeza. Cerro los ojos con fuerza buscando los grillos habituales. Nada. Silencio. Cuando los abrió de nuevo el Príncipe Espantapájaros Einar seguía ahí intentando separar los dos aros.
¡Sigue el camino, María, el camino!
La voz retumbo. Ella negó con la cabeza. Miró por última vez a su “no amigo” y volvió al camino. ¿A dónde vas? La voz del espantapájaros la alcanzó. A despertar, si sigo el camino azul marine lo lograre. La voz me lo dice. Le explicó sin detenerse. ¿Una voz? ¿Cómo un mago que puede cumplir tus deseos? Cotilló manteniendo el paso de la muchacha con los aros unidos sostenidos por su diestra. No lo sé, creo que sí. Solo debo seguir el camino azul marine y volveré a ver a mis nakamas. Le sonrió, la primera sonrisa en ese extraño sueño, o muerte, que sabía ella a donde la había enviado el primo anciano parapeto. ¿Puedo acompañarte? Tengo un deseo. Necesito un cerebro. Estos aros no se separarán solos. Le mostró los dos objetos unidos. Claro, vamos juntos por el camino azul marine. Aceptó la joven, pasando su mano por el brazo del Espantapájaros y caminando a brincos por el sendero que se abría ante ellos.
Minutos después. Ambos amigos se detuvieron. En el medio del camino un individuo vestido con hojalatas estaba sentado y de él provenía un lastimero sonido. Estaba llorando. ¿Qué te pasa? Preguntó la semi sirena soñadora. No tengo corazón. Respondió volteando para encarar al dúo. La boca de María se abrió, reconociendo esa cara y ese cabello. ¿Tomate eres tú? Cuestionó al hombre de hojalatas. ¿Tomate? No, soy de hojalatas, señorita. Y no tengo corazón. Seré un ser frio, apático. ¡Oh, que tristeza! Se lamentó limpiando las lágrimas de kétchup que salían de sus orbes verdes. Definitivamente se parecía muchísimo a aquel marine que una vez conoció. No llores, no desperdicies así el kétchup. Lo consoló la de larga cabellera, sentándose a su lado y abrazándolo con cariño, un cariño que él correspondió. El espantapájaros al ver eso decidió proponer algo. Ven con nosotros, vamos a ver a un mago. Esta al final del camino. A María la despertará. A mí me dará un cerebro. A ti puede darte un corazón.
Así fue como de dos pasaron a tres recorriendo aquel camino de baldosas de colores azul marine. El amable hojalatero cargo la cesta de la mujer, así ella puso pasar un brazo por cada nuevo amigo. Iban saltando y cantando mientras el paisaje se distorsionaba y volvía a formarse como si de plastilina se tratará.
GRRRR GRRRR GRRRR
El gruñido los hizo detener. Los tres se miraron sin saber que hacer. Debe ser el viento. Dijo el María. O quizás mi estómago. Comentó el hojalatero. O ese León de allá. Señaló el espantapájaros. Se acercaron, porque parecía necesitar ayuda. Hola Miua Miua. Saludo la mujer. El gatote salto asustado al escucharla, escondiéndose detrás de sus garras. No me hagan nada, por favor. Suplicó temblando. No te haremos nada, no te asustes, me harás llorar. Intento consolar el Tomate de Hojalata. ¿Qué tienes? ¿Por qué estas asustado? Preguntó la mestiza. ¿Existir no es motivo suficiente para estar asustado? Puede pasar algo, cualquier cosa, no lo sé, tengo miedo. Evidente el temor en su voz. Los tres se vieron. Entonces ven con nosotros. Vamos a buscarle un despertador a la señorita, un corazón al hojalatoso, un cerebro para mí, y podemos pedirle al mago valentía para ti. Propuso inteligentemente el Espantapájaros.
María asintió.
Tomate de Hojalata también, limpiando sus lágrimas de alivio.
El León, que tenía una melena rojiza como la de Thrym-sama. Lo pensó pero termino aceptando.
Ahora eran cuatro en ese camino. Felices. Sonriendo. Cantando. Claro, eso no disminuía el dolor en la zona abdominal de la mestiza, y a medida que se acercaba más y más al final del camino, ese dolor aumentaba. Ojala pudiera entender que pasaba, aunque ese mundo psicodélico la hacía sentir… que podía pasar una eternidad ahí sin aburrirse.
María continúa perdida en el limbo de su inconsciencia. Siguiendo el camino azul marine se encuentra con un Espantapájaros sin cerebro que le recuerda a Einar. Un hombre de hojalatas que le recuerda a Jesse. Un León cobarde que le recuerda a Thrym. Terminan caminando todos juntos para ir a buscar cumplir sus deseos… creen que al final de ese sendero encontraran respuestas. El mundo alrededor es psicodélico y extraño.
María Dorothy Merlot
Karma Fanático: Hyakinthos.
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Maria Merlot
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Siguiendo el camino.
Cuatros individuos.
La pradera se volvía multicolor.
El cielo subía y bajaba.
¡Qué mundo más raro!
El cuarteto iba andando. Diciendo lo que quería conseguir. El León valentía. El Tomate de Hojalata un corazón. El Príncipe Espantapájaros un cerebro. La joven despertar… ¡Lo que sea que significara eso! A lo lejos, dónde finalizaban las baldosas de color azul marine, se alzaba un castillo muy dulce. ¡Algodones de Azucares! Si, estaba lleno de estos... de muchos colores. Yeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeheiiiiiiii chilló la mujer soltando a sus amigos y corriendo hasta la entrada. Le encantaba ese dulce, no tanto por el sabor sino porque le recordaba a su amado Hyakinthos, el mejor hombre del planeta azul. Su salvador. Su amigo. Su confidente. Su todo.
Las puertas de caramelo se abrieron, dejando pasar al grupo singular. Todos admiraban la arquitectura que parecía sacada del más increíble pastelero. El León, a pesar de su cobardía, intento lamer una columna. Sabe muy rico. Les indicó, haciendo que todos soltaran una carcajada por tal acción. Luego de andar por el lugar, llegaron a una recamara muy grande. ¡BIENVENIDOS! La voz de antes retumbo en las paredes de azúcar cristalizada. Lo lograste María Merlot, seguiste el camino azul marine. ¿Trajiste alguno para mi huerto? Ante la pregunta, la mestiza dudo. No. Respondió con honestidad. ¿Por qué llevaría un marine a su huerto? No importa, lo importante es que llegaste. ¿A quienes trajiste contigo? Cotilló la voz. A mis nuevos amigos, ellos también tienen un deseo que cumplir. Príncipe Espantapájaros quiere un cerebro que le permita soltar los aros. Tomate de Hojalata quiere un corazón que le impida odiar. León quiere ser valiente. Y yo, bueno, yo quiero ver a mis nakamas otra vez… explicó callándose abruptamente, el dolor en la panza estaba aun más insoportable. Y si pudieras darme un analgésico, lo agradecería muchísimo. No aguanto el dolor. Otra vez su ceño se fruncía.
Latido.
Pitido.
Dolor.
¡Duele! Mucho. Musitó soltando la cesta y llevando ambas manos al estomago mientras se dejaba caer sobre sus piernas. Los amigos se acercaron preocupados. Claro que duele, es lo que te mantiene conectada, Tonta. La voz explicó saliendo de detrás de la cortina. ¿Hermano? Pronunció al ver al pelinegro que tanto quería, el que quedo atrás en el viaje. No, no soy tu hermano. Solo soy un reflejo de tus deseos María. El príncipe Espantapájaros, El Tomate de Hojalata y el León también lo son. Este castillo. El camino azul marine. Nada existe. Solo estas tu. En el limbo y la soledad. Con dolor y agonía por rechazar lo que el destino te otorgo. Aunque es paradójico porque nunca debiste consumirla en primer lugar. Tu esencia es el mar. No te acerques más a esos demonios. No si deseas volver al oceano.
Señorita. Mire. He separado los aros. El cerebro siempre estuvo aquí, en mi cabeza. Y esta ahí... en la tuya. No lo olvides.
Desapareció.
María. Lo siento latir. ¿Cómo no lo vi antes? Palpita lleno de amor y alegría. Por cada nakama, por cada nueva aventura. No lo olvides.
Desapareció.
¿Soy valiente? ¡Claro que lo soy! Lamí esa columna, y aunque tuve miedo seguí ese camino azul marine hasta llegar aquí. Ser valiente es enfrentar los miedos, superponerse a ellos a pesar de. No lo olvides.
Desapareció.
La joven los vio, uno a uno esfumarse. Y con ellos la puesta en escena también. El castillo. La ropa. Los zapatos. La luz. Oscuridad otra vez… ¡NO! No me dejen sola. Regresen por favor. Tengo miedo. Alguien… quien sea… por favor. Suplicó sollozando, volviendo al vacío inicial y con el dolor insoportable en sobre su ombligo.
No luches, Mari. Siente el dolor. Sucumbe a él. ¿Querías ver a tu padre? Si dejas que gane, lo verás. Esta esperándote. Quiere verte. La voz la sedujo. Ella realmente lo extrañaba. ¿Si dejaba de luchar podría reencontrarse con él nuevamente? Si, lo haría…
Una voz.
Femenina.
Lejana.
Irreconocible.
La mestiza dejó de pensar. Detuvo cualquier acción de ceder a lo que fuera que debía ceder. Porque de pronto una calidez la abrigo. ¡No! No podía ir con su padre aún… no sin antes ver una ultima vez a sus nakamas: Hyakinthos, Maki D. Zennin, Cara Melo, Rochallor, El Flush Royal. No quería separarse de ellos… tenía miedo, los necesitaba… por favor… por favor… alcáncenme.
¡ENTONCES DESPIERTA ATÚN TONTO!
María continúa perdida en el limbo de su inconsciencia. Llega al final del camino azul marine. En el sueño la inteligencia se le presento como un espantapájaros, el corazón como un hombre de hojalata, la valentía como un león miedoso. Siente cada vez peor el dolor en su abdomen. Tanto que desea morir, y encontrarse con su padre. Pero una calidez la invade haciéndola recordar a los Valar… y haciéndola luchar con más fuerza para despertar.
María Dorothy Merlot
Karma Fanático: Hyakinthos.
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Saint Ethanbaron V. Nusjuro
Fuerza
Resistencia
Destreza
Precisión
Agilidad
Reflejos
Inteligencia
Voluntad
C. de Haki
C. de Akuma
300
300
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300
300
Revisado por la administración.
Todo correcto.
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